dimanche 18 décembre 2011

Pedro Pablo GUERRERO/ Almudena Grandes y los sentimientos como materia narrativa


"Inés y la alegría" Su más reciente novela:
Almudena Grandes y los sentimientos como materia narrativa
Por Pedro Pablo Guerrero 

La escritora recibió este año dos premios en México por la primera de seis novelas en las que reconstruye la pequeña historia de la resistencia antifranquista después de la Guerra Civil Española.

Verano de 1939, Toulouse. Carmen de Pedro, una insignificante ex mecanógrafa del Comité Central de Madrid del Partido Comunista, se ha convertido, por voluntad de Dolores Ibárruri, La Pasionaria, en la responsable en Francia de los militantes españoles en el exilio. Uno de ellos, Jesús Monzón, seduce a Carmen con el objetivo de llevar a cabo un plan audaz: organizar el grupo más disciplinado de la Resistencia contra la ocupación alemana y reunir un ejército dispuesto a invadir España.

La coyuntura propicia llega en el otoño de 1944, tras el desembarco aliado y la retirada nazi de Francia. El plan de estos guerrilleros veteranos es ingresar a través de los Pirineos, en el Valle de Arán, y establecer un gobierno republicano en Viella, Cataluña.

"La Historia inmortal hace cosas raras cuando se cruza con el amor de los cuerpos mortales", comenta la narradora de Inés y la alegría . Luego dice que "Las barras de carmín no afloran en las páginas de los libros".

La novela cuenta la historia de mujeres que estuvieron a punto de cambiar esa Historia con mayúscula. Pasiones como la de Carmen de Pedro o la de Dolores Ibárruri, enamorada de un hombre mucho más joven que ella. Pero también la de Inés Ruiz, una simpatizante de la causa republicana que, luego de pasar una larga temporada en prisión tras la victoria franquista, es recluida en casa de su hermano, delegado provincial de la Falange Española en Lérida. A través de Radio España Independiente, "la Pirenaica", emisora clandestina del PC, Inés se entera del inicio de la operación "Reconquista de España", muy cerca del punto elegido por el ejército de la Unión Nacional Española para cruzar la frontera, el 19 de octubre de 1944.

Oculto, censurado, desconocido por la mayoría de los españoles, este episodio verídico es el punto de partida de un ciclo de seis novelas independientes bautizado como "Episodios de una guerra interminable", con el que Almudena Grandes se propone contar, a diferencia de los "Episodios Nacionales", de Benito Pérez Galdós, no las grandes batallas como Trafalgar o Bailén, sino "historias igual de heroicas pero mucho más pequeñas" de la resistencia antifranquista.

La segunda novela, anuncia la escritora, aparecerá en marzo y ya está escribiendo la tercera, que pretende entregar en 2012. "Pienso dedicarme a esto los próximos años y creo que terminaré publicando en 2020 el último de los seis libros", anticipa.

-¿Qué experiencia te decidió a iniciar este ciclo?
-Cuando estaba escribiendo El corazón helado , mi novela anterior, aprendí una cosa fundamental: creía yo que de la historia contemporánea de España lo sabía todo. Los españoles tendemos a pensar eso. Había un par de lagunas que me convenía documentar, pero al empezar a leer descubrí que no sabía nada. Leí entonces para comprender. De pronto necesitaba entender qué era lo que había pasado en mi país en el primer tercio del siglo XX, no solamente las batallas de la guerra, que esas me las sabía, sino el camino que había desembocado en ellas. En este proceso me fui encontrando con un montón de historias de la posguerra que me tentaban, que me llamaban, que tenían una novela detrás.

Pérez Galdós cambió su vida

-¿Por qué no las incorporaste a "El corazón helado"?
-Porque en ese libro ya había tomado la decisión de exiliar en Francia a la familia Fernández, entonces si contaba el destierro no podía contar la posguerra desde adentro. Fui coleccionando esas historias sin saber qué iba a hacer con ellas, y al final comprendí que lo que tenía que hacer eran novelas. Claro que para llegar a esa conclusión primero me equivoqué. Inés y la alegría en principio fue un guión de cine, porque cuando leí la historia de la invasión de Arán, lo que vi fue una mujer que huía a caballo con una pistola y cinco kilos de rosquillas. Y pensé que esa escena, quitando las rosquillas, ya la había visto, porque era la escena de un western . Escribí un guión que no salió y lo divertido es que ahora, después de todo, parece que Inés y la alegría va a ser una película, dirigida por mi amiga Azucena Rodríguez, a la que está dedicada la novela.

-¿Cuál es el mayor desafío de hacer literatura sobre un tema del que se ha escrito tanto?
-Es verdad que hay mucha literatura sobre la Guerra Civil, pero también es verdad que lo que hay es mucha literatura desde dos puntos de vista. El de los triunfadores, que durante 40 años hicieron novelas sobre la guerra explicando su versión, que era una cruzada contra la barbarie. Y luego el de los exiliados, que contaron con rabia su propia experiencia. El reto está en elegir perspectivas distintas, que es lo que he intentado hacer. En concreto, sobre la resistencia prácticamente no ha escrito nadie; es un tema que, aunque parezca mentira, está virgen. Los españoles vivimos encima de un inmenso filón narrativo de historias, de héroes, de villanos, de contradicciones. Es casi irresistible la tentación de contar eso, y creo que, al margen de la ideología o de la inclinación al homenaje, yo soy escritora y estoy obligada a hacer buenas novelas.

-¿Cómo llegó Benito Pérez Galdós a convertirse en tu modelo de escritor?
-Lo descubrí a mis quince años. Veraneaba en la sierra de Madrid y a mediados de julio me quedé sin lectura. En la casa familiar estaban las obras completas de Galdós. Mi abuelo era tan fanático que tenía unas en su casa de Madrid y otras en la sierra. Yo las miraba y me daban miedo, pero la desesperación fue mayor. Abrí un tomo al azar y don Benito debía velar por mí desde el cielo, porque la primera novela que encontré fue Tormento . Ese libro me cambió la vida, no sólo porque me gustó muchísimo, sino también porque para una niña nacida en 1960, que se había educado en el tardofranquismo, que España fuera un país donde un cura podía perseguir a una huérfana, buscarle la ruina y sin embargo estar enamorado de ella, era como que Marte hubiera invadido la Tierra. No me lo podía creer. Fue un punto de partida para preguntarme en qué país vivo, ¿qué ha pasado aquí?

-Más allá de Pérez Galdós, ¿hay autores contemporáneos que han influido tu trabajo?
-Me ha marcado más la literatura del exilio. Hay una serie de seis novelas de Max Aub que se llama "El laberinto mágico". Es lo mejor que se puede leer para entender la Guerra Civil. Mejor que cualquier libro de historia. Aub también adopta el modelo de Galdós, pero cuenta el testimonio de su vida, en primera persona, lo que vivió y lo que le contaron. "El laberinto mágico" me señaló un modelo. Esa preocupación por la memoria es un rasgo fundamental de mi generación, no sólo literaria, sino también vital. Es un tema que siempre me ha interesado. En este sentido, las obras de Julio Llamazares o las películas de Montxo Armendáriz también me han acompañado, como me han acompañado los historiadores de mi generación.

-¿A quiénes te refieres?
-A Julián Casanova, Ángel Viñas, Enrique Moradiellos, Secundino Serrano... Yo creo que la historia contemporánea de España, desde el final de la guerra hasta ahora, ha estado en manos de historiadores extranjeros -anglosajones y franceses-, y hasta hace muy poco no ha habido historiadores españoles que hayan dicho "un momento, esta es nuestra historia, la vamos a hacer nosotros". Esto es lo más importante que está pasando ahora en España. Ellos están consolidando una versión distinta de la verdad oficial y democratizando la memoria.

"Los libros de historia ignoran las pasiones"

-Te has declarado más partidaria de una narrativa clásica que experimental.
-En realidad, la experimentación ha pasado de la forma al argumento. Hay una vuelta al narrativismo y a los géneros clásicos, pero mezclándolos y rompiéndolos. Novelas de estructuras cada vez más complejas, en las que hay partes de ficción, partes de no ficción, incluso ficciones que aparentan ser no ficción, y al revés. La experimentación formal condujo a un callejón sin salida. Llegó un momento en los años 70 y 80 en que la literatura les dio la espalda a los lectores, y naturalmente los lectores le dieron la espalda a la literatura. Si no escribes para que te lean, ¿por qué te van a leer? Yo creo que ninguna literatura puede vivir al margen de los lectores.

-¿Las historias que cuentas en "Inés o la alegría" son reales?
-Es un libro que cuenta tres historias de amor, y una es de ficción, pero las otras dos fueron reales. Aunque parezca una tontería, una frivolidad, la verdad es que si la historia de Dolores no se hubiera cruzado en el tiempo con la historia de Carmen nunca se habrían dado las circunstancias para que se produjera una invasión militar. Muchas veces en los libros de historia se ignoran las pasiones humanas, pero los protagonistas de la historia tienen sentimientos, contradicciones, rencores y debilidades, y todo eso se puede llegar a proyectar en la Historia con mayúscula hasta el punto de torcer el destino del proceso histórico.

-El crítico J. Ernesto Ayala-Dip dijo que habías escrito una "novela sentimental".
-Me parece muy bien. Cuando escribía El corazón helado, yo quería hacer una novela política, no un panfleto. No me interesa la literatura de tesis. Quería mostrar cómo era posible que acontecimientos tan antiguos fueran tan importantes para mi generación. Decidí que lo mejor era escribir una novela política desde el punto de vista de los sentimientos de los personajes, es decir, hacer literatura política desde una óptica sentimental. Es una elección poco habitual, pero, bueno, la posmodernidad tiene esas ventajas, ¿no? Se supone que somos posmodernos y que todo vale. Estoy muy contenta de esa opción y me dio tan buen resultado, que he decidido mantenerla. En definitiva, los sentimientos son la materia narrativa de la literatura de todos los tiempos.

Su relación con América Latina

En México sí que la quieren. Dos importantes reconocimientos mereció este año Inés y la alegría : el Premio Iberoamericano de Novela Elena Poniatowska (US$ 37.600), concedido por la Secretaría de Cultura del Distrito Federal, y el Premio Sor Juana Inés de la Cruz, creado para distinguir las mejores novelas de escritoras en lengua española, y que Almudena Grandes recibió en la última versión de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

"Estoy muy contenta. Quieras que no, llevo 22 años en esta batalla de ser una mujer que escribe y de no querer formar parte de ningún gueto. Soy consciente de que tengo lectores en Latinoamérica y de que pertenezco a una misma literatura escrita en español", declara.

La autora reitera su conocido interés por los autores de la región. "Sigo leyéndolos. Últimamente Alejandro Zambra nos ha gustado mucho a mi marido (el poeta Luis García Montero) y a mí", declara. También sigue a los colombianos Jorge Franco y Juan Gabriel Vásquez, así como a los mexicanos Cristina Rivera Garza y Élmer Mendoza. "Creo que los escritores latinoamericanos se han liberado del pasmo que les produjo el Boom a los de la generación anterior. Han sido capaces de volver a escribir como latinoamericanos sin pretender parecer europeos", afirma.

Articulo : http://diario.elmercurio.com 11/12/2011

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