mardi 27 décembre 2011

Winston MANRIQUE SABOGAL/Entrevista a Peter CAREY


ENTREVISTA a Peter CAREY
"Necesitamos el humor como la luz que te alumbra"
Por Winston MANRIQUE SABOGAL

El viaje de Tocqueville a Estados Unidos inspira la novela del escritor australiano más importante y ganador del Booker. Ironía y humor sobre los orígenes de la democracia moderna para comprender el presente

En el número cuatrocientos y algo de una de las calles más jacarandosas de Nueva York y más famosas del mundo, Broadway, vive el escritor australiano Peter Carey (Victoria, 1943). Es un apartamento amplio, de decoración sobria y elegante, techos altos y con tanta luz natural y aire por todos lados como si fuera la mismísima Australia. Allí Carey es como sus libros, pura reflexión trenzada de presente y pasado, y crítica e ironía esparcida de humor.

Es el escritor australiano más importante de las últimas tres décadas y el segundo más destacado de la historia de su país, tras el Nobel Patrick White, y doble ganador del Premio Booker en Reino Unido por Oscar y Lucinda y La verdadera historia de la banda de Kelly, además de varias veces finalista. Así ocurre con su última novela,Parrot y Olivier en América (Mondadori), en la cual no habla de su país sino de Estados Unidos y de las raíces de la democracia moderna. Y para explicar cómo ha llegado hasta ahí, un australiano reflexionando sobre uno de los pilares del mundo, Carey empieza a hablar a las cinco de la tarde pasadas, como en su novela, a la manera de Dickens:
"Mi vida es una serie de accidentes. Empezó en mi concepción. En los años sesenta viví en Londres. Con el tiempo vine a Manhattan porque la mujer con la que me casé quería vivir en Nueva York, y pensé que sería interesante. Aquí estoy 20 años después, con dos hijos norteamericanos y casado con otra mujer que es de Inglaterra y es editora. Amo Manhattan, pero me asusta Estados Unidos. Amo Manhattan más y más y más porque está llena de personas que pertenecen por lo menos a dos países y nosotros tratamos de vivir juntos muy bien. Me gusta la energía de esta ciudad y porque siempre encuentras una compasión inesperada".

Está sentado en la cabecera de la mesa del comedor de madera, de espaldas a los tres ventanales que dan a la calle, en un contraluz que casi lo convierte en una silueta ayudado por su vestuario negro. Sus palabras siguen rastreando su relación triangular Australia-Reino Unido-Estados Unidos, para luego adentrarse en los meandros y bifurcaciones de la identidad latente en sus libros. Piensa. Duda.

"Después de todo ese tiempo, mi relación con mi país es básicamente con las personas cercanas. Pero hay una cosa... en el momento en que llego a Australia empiezo a pensar diferente, mi cuerpo se siente diferente, reconoce el lugar. Toda mi familia está allá y vuelvo todas las veces que puedo. Políticamente no estoy conectado porque hace mucho tiempo que vivo fuera. Y, la verdad, es que no me imagino viviendo en ninguna otra parte en el mundo. Ya sé que se espera que tenga un poco más de argumentos para decir esto, pero es que ¡dejé Australia hace veinte años!. El país ha cambiado como cambia el curso del río. Australia tiene una extraña historia, y la historia ha actuado extrañamente como una herida..., se ha hecho un fósil, por un lado está el dolor de la colonización y, por otro, el trato que se le está dando a los indígenas.

Mi relación con Reino Unido es... bueno... estoy casado con una mujer de allí. En todo caso con cada uno de estos tres países tengo relaciones diferentes: la relación con Reino Unido es profundamente familiar ya que mi país no existiría si mis ancestros no hubieran sido deportados. Crecimos sintiéndonos segunda clase, inseguros... Siempre esperábamos la aprobación. Es un lugar donde me siento como en casa.

En cuanto a mi país y Estados Unidos debo decir que son muy diferentes aunque parecen iguales... Ambos mataron a los indígenas... Australia empezó con personas que no querían ir allí, los prisioneros y los soldados sabían que estaban allí y que eran unos perdedores...

En cambio los que vinieron aquí, a Estados Unidos..., fue por la ambición y porque querían estar aquí...
Nosotros fuimos a Occidente y nos perdimos...
No nos gusta tener éxito... ¡No confiamos en el éxito!
A los americanos les gusta el poder... En Australia es la lucha de quien siempre será pobre...
No sé si la identidad es el tema principal de mis libros como usted dice... Bueno, sí, no... Sí, no... Estoy de acuerdo con eso en el caso de los libros que primero tienen que ver con Australia que dicen: ¿quién soy? ¿Quiénes somos? ¿Qué significa ser australiano? Es manejado con cierto narcisismo porque hablo acerca de mí y quién soy porque quiero saber de Australia... De la gente a mi alrededor. Como australiano he tenido una vida feliz en Estados Unidos, pero no soy americano aunque estoy muy conectado con la vida de aquí. Nunca pensé en escribir un libro sobre Estados Unidos. Los americanos pueden escribir libros sobre su país, y la pregunta que me hacía era si yo lo podría hacer, hasta que en el último año de la presidencia de Bush leí De la democracia en América, de Alexis de Tocqueville. Entonces empecé a pensar que podía escribir algo que fuera la verdad para Estados Unidos, pero también una verdad para mí".

Se veía venir, y es cuando aflora la era de Bush en las reflexiones de Peter Carey hasta imbricarse con el presente de la crisis política, democrática y económica que embosca al mundo. Al rato sus palabras volverán a Parrot y Olivier en América, para remontar el curso de la historia de la democracia moderna desde Estados Unidos. El pretexto literario es el viaje que hace un joven, inspirado en Tocqueville, desde Francia en compañía de un criado, lo cual produce el doble encuentro de dos mundos: el de los dos personajes procedentes de clases sociales distintas y el de ellos, dos europeos, con la tierra de promisión.

"No sé si lo que busco son las raíces en América... No utilizo la palabra raíces
... Mi pasión fue entender el presente mirando el presente... Y entender la democracia... El centro del libro es la clase social, la maquinaria de las clases sociales es lo que mueve el libro... Y es a través de eso que los dos miran las raíces... Sí...
Pero la historia de estas dos personas, la visión de ellos sobre Estados Unidos me descubre como lector parte de las raíces y cómo se fue forjando este país. Sí...
La democracia es un descubrimiento en el mundo... La manera como este país fue construido... Bueno, solo algunos aspectos porque no es posible redactarlos todos...
Lo que resulta profético es lo que escribió Tocqueville hace más de dos siglos y que sirve de epígrafe a la novela...
Es posible que surja la democracia de la gente que trabaja con la mano, los obreros...
La educación y la cultura son dos puntos importantes en este libro. El problema en este momento es la fisura de la educación y de la cultura en la democracia. La democracia no está desarrollada... Hay mucho más por hacer.

La falta de educación es el problema para llegar a la democracia. La diferencia entre el que va a ser elegido y el que elige es la educación. La educación es negada y los recursos de la educación no son verdaderos. Tenemos un vacío porque a la gente no se le ha dado lo que la democracia promete.

Alguien dirá que ahora hay más información y eso es más democracia, pero también contribuye a desinformar y baja el nivel cultural. La solución de la democracia es tener una población educada y solo podemos tener esto haciendo de la enseñanza algo importante y atractivo. Yo trabajo con un grupo de niños en Brooklyn... Les enseñamos cómo leer... escribir... a ser grandes... Si lo puedes hacer aquí, lo puedes hacer en cualquier parte y, entonces, tienes la democracia.

Pero yo soy un novelista estúpido y no sé si la democracia retrocederá ante los comerciantes y los capitalistas... En esta economía mixta... En el capitalismo debe haber reglas de control y límites. Tengo un amigo sindicalista en Australia que define el capitalismo como un toro que le está dando comida a un pollito.
La verdad es que el libro es una buena oportunidad para que la gente conozca a Tocqueville porque es uno de los intelectuales reconocido por analizar la democracia en Estados Unidos. En cuanto al presente de Europa, puede sonar duro, pero su sociedad no tiene el mismo vigor que la de Estados Unidos. Europa piensa en el pasado".

Para entonces su mujer ya ha llegado, bromea con ella mientras pasa casi de puntillas hacia la cocina abierta al salón. Van a ser las seis de la tarde y el día languidece mientras las tres lámparas del salón empiezan a convertirse en tres pequeños soles que imantan la mirada. Las palabras de Carey ya van por la manera en que indaga y analiza la historia usando la ficción... y el humor.

"Va con mi personalidad... Soy serio y hago humor de las cosas... Soy como mis libros... Esos aspectos de mi carácter están ahí... Le agradezco que diga eso del humor en mis libros... Como humanos tenemos que vivir la vida seriamente, pero necesitamos tener sentido del humor. El humor es la luz que te alumbra, necesitas la luz para ver la parte de la oscuridad.

Uso la ficción como camino para preguntarle a la historia en diferentes momentos y diferentes formas. Creo que los australianos somos perezosos al imaginarnos la historia. Necesitamos el humor para estar vivos. Algunas veces nos reímos cuando reconocemos la verdad".

Una risa en cualquier tono, incluido el que puede suscitar el profético epígrafe de la novela, en palabras de Tocqueville: "¿Podemos pensar que la democracia, que ha derrocado al sistema feudal y ha vencido a los reyes, retrocederá ante los comerciantes y los capitalistas? Anunciar todas las verdades no es bueno".

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CRÍTICA
Peregrinaje por el encuentro de dos mundos
Por JOSÉ MARÍA GUELBENZU 

En el capítulo de reconocimientos al final de este libro, Peter Carey confiesa que el motor principal de la escritura de esta novela fue la lectura del clásico De la democracia en América, de Tocqueville.

Lo ha debido de ser, aunque la lectura del libro nos recuerde que, afortunadamente, la novela es ante todo ficción y ficción son también los dos personajes centrales, el aristócrata francés Olivier-Jean-Baptiste de Clarel de Barfleur de Clermont y el criado que pone a su disposición su madre por medio de un amigo, John Larrit, alias Parrot.

El libro comienza presentando a sus dos personajes, que se alternarán en la narración, desde su infancia y juventud. El niño Olivier pertenece a una familia escondida en provincias tras el Terror, que detesta a Napoleón y suspira por la vuelta del rey, vuelta que se producirá sin especial recompensa para ellos, seguida del decepcionante breve retorno de Napoleón y el nuevo regreso de la monarquía. Carey relata el contraste entre la dulce y atribulada infancia del débil y protegido Olivier y el duro aprendizaje de la vida de Parrot con eficiencia, utilizando una elegante escritura para el mundo de Olivier y un estilo que recuerda la locuacidad y desparpajo de Laurence Sterne para el de Parrot. Olivier y su amigo de juventud, Bacqueville, lectores y liberales moderados sin dejar de ser nobles, según su propia expresión, se encontraban en una situación en la que "mientras los consejeros de los reyes intentaban hacer retroceder la revolución y los burgueses la empujaban hacia delante, nosotros ocupábamos una categoría propia, sospechosos para un bando y para el otro y vivíamos en un estado constante de contradicción y confusión, incapaces de imaginar lo que nos depararía el futuro".

El padre de Olivier, inquieto por el rumbo que los acontecimientos toman en Francia, considera la posibilidad de alejar a su vástago del peligro enviándolo a América, cosa que el muchacho, muy afectado por la muerte en duelo de su amigo, no desea; pero en las novelas las cosas suceden cuando conviene y Olivier acabará siendo embarcado hacia América contra su voluntad, bajo los efectos de una considerable ingestión de coñac y encomendado a Parrot por mediación de un amigo de su madre, un noble francés que resulta ser un verdadero sinvergüenza. La novela sólo entra en materia -es decir: en América- a partir de la página 180, donde comienza el peregrinaje de nuestros dos héroes. Carey juega hábilmente con la condición de criado o siervo de Parrot y la distancia y atención de Olivier hacia la sociedad democrática del Nuevo Mundo para hacer una jugosa descripción de esa sociedad a ojos de dos personajes de tan diferente extracción y, a la vez, tan ajenos a esa nueva sociedad. La retranca de un Parrot suficientemente maltratado por la vida y el interés desapasionado de Olivier convierten el relato en una exhibición del mejor humor.

La pasión amorosa será también un hilo conductor. La de Parrot por su amada Mathilde y la de Olivier por Amelia Godefroy, que acabarán de modo bien distinto, se convierten en una recurrencia del relato para combinar las aventuras americanas con los sentimientos de los personajes. Sin embargo, llega un momento en que el lector se pregunta por qué diablos recurre Carey a la figura de Tocqueville (en la que se inspira para componer su Olivier). La novela tiene un fondo de apoyo muy evidente: Dickens. Tanto en su discurrir puramente narrativo como en sus extravagancias y en su peculiar humor, así como en la sensibilidad hacia los desamparados, hay un uso deliberado de la tipología dickensiana. Esto, que hace notablemente entretenida la obra, la convierte también en una escritura sobre plantilla que, por más lucida que quede, no deja de ser una escritura previsible. Y en lo que respecta a Tocqueville, su recuerdo se va difuminando a medida que el personaje Olivier se centra, se construye y acaba por independizarse de su modelo. Esto, que no es malo sino una virtud literaria, nos obliga a preguntarnos de nuevo por qué apoyarse en Tocqueville. La anécdota no lo necesita y, en cambio, crea obligaciones innecesarias; pero este es un libro entretenido, inteligente y bien escrito, lo cual es bastante. -

Articulo : http://www.elpais.com 23/12/2011

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