dimanche 30 janvier 2011

Recuerdo de El Cultura/ ORTEGA Y GASSET



Ortega y Gasset, hoy
El humanismo de Ortega
Por José Luis MOLINUEVO

El humanismo de Ortega se elabora desde la síntesis española en Europa y con la mirada puesta en Iberoamérica. Es, para decirlo con propiedad, un humanismo cervantino

El humanismo de Ortega tiene sus raíces en la experiencia de la vida. Se ramifica a través de una obra dilatada en el tiempo y truncada en el espacio; anima sus “empresas” culturales, educativas y políticas llegando hasta el Instituto de Humanidades. No es una mera adaptación del humanismo clásico sino que configura un proyecto de futuro en nuestras actuales sociedades tecnológicas. Tiene un sentido afirmativo, pero no a través de la reivindicación de un territorio propio entre los saberes sino recogiendo las aportaciones de todos ellos. No se trata, pues, de un humanismo literario y hermeneútico al uso sino más bien de un humanismo vital, en el que vivir significa no renunciar a nada porque la vida es una suma y no una resta. Y ésta es la forma como la vida integra la muerte que nos va, en la suma de instantes, restando tiempo. El modo de existencia es una vida tensada hasta el límite de sí misma, tal como acuñó en ese pensamiento en imágenes que es su ex libris del Arquero, expresión aristotélica de la vida plena.

La singularidad del humanismo orteguiano se aprecia mejor si lo situamos en una tradición propia y lo comparamos con otras propuestas de su generación. Aparece como un humanismo latino que construye su identidad en la tradición clásica renacentista pero desde la síntesis española. Comparte la visión de la Filosofía como Filología, y ello constituye el nervio de los “principios de una nueva Filología” que confiara a Curtius; entiende la vida como amor a la palabra, sospechando que en esa definición del hombre como “animal racional” tomada de Aristóteles es preciso recuperar el logos, no como razón, sino desde nuestra perspectiva de seres que tienen y son tenidos por la palabra. De este modo, el humanismo expresa su verdadera relación con las letras, no sustituyendo las cosas por palabras, sino convirtiendo la vida en un género literario, los textos en tejidos vitales, es decir, en el modo como la vida se ve a sí misma a través de un ser humano en una época y lugar determinados. El pensamiento y el lenguaje tienen patria aunque no sean patrimonio de una nación. Por eso, el humanismo de Ortega se elabora desde la síntesis española en Europa y con la mirada puesta en Iberoamérica. Es, para decirlo con propiedad, un humanismo cervantino. Consiste en una fidelidad al presente y a las cosas, que se tratan de “salvar” (es decir, de llevar a la plenitud de su significado) mediante la acción cultural. Pero no concebida como una tarea heroica según el ejemplo de mitos seculares a revisar, sino desde la perspectiva de lo sublime cotidiano que nos concierne como ciudadanos. Lo que revela a juicio de Ortega nuestra modernidad en su género literario por excelencia que es la novela cervantina y también el texto pictórico velazqueño es que la antigua exigencia de belleza cede paso a la nueva de verdad. Las imágenes ya no son transparentes y devuelven la mirada mostrando que somos, nosotros y las cosas, seres inacabados y menesterosos que para vivir necesitan convivir. Una convivencia basada en la distinción de la distancia que es la tolerancia o en el respeto que es como Ortega define a la cultura. En definitiva, sólo se trata de ayudar a que los demás alcancen su propio ideal, el que (todos) puedan ser lo que ellos quieren ser y no lo que nos gustaría que fueran.

Esta propuesta de Ortega tiene unos matices generacionales bien diferenciados. Al sentimiento trágico de la vida y nihilismos epocales opone un sentido estético, afirmativo de la vida. Su humanismo es de signo distinto al debatido tanto en la Carta sobre el humanismo de Heidegger como en El existencialismo es un humanismo de Sartre. Si lo que se plantea en la polémica anterior (y vuelve a resurgir ahora desde la provocadora intervención de Sloterdijk) es que hay que tomar una opción, en Ortega encontramos una opción clara por el hombre frente al ser. Es cierto que el “ser es tiempo” pero porque él mismo está sujeto al tiempo, ya que se trata de un concepto histórico que el hombre griego elaboró para hacer habitable su mundo, y es posible que igual que surgió desaparezca.

La creencia orteguiana de que somos nuestro tiempo y debemos estar a su altura le lleva a abordar uno de los fenómenos más característicos de nuestro presente, como es el de la técnica. Ha sido la piedra de toque del humanismo tradicional. En el caso de Ortega su actitud no es de rechazo sino que apunta la posibilidad de un humanismo tecnológico. Pero eso implica construir una nueva identidad y dejar fluir viejas tradiciones. Frente al discurso platónico basado en la dignidad humana, Ortega recoge la otra corriente moderna, de fuerte presencia en España, y que ensaya el discurso sobre la llamada “indignidad humana”. Para defender sus tesis de que sin la técnica el hombre no existiría ni habría existido nunca, elabora un “mito allende la técnica” según el cual el hombre ya no es en su origen un ser natural sino una anomalía, un monstruo, de la naturaleza comparado con los otros seres vivientes. La técnica es así una genuina posibilidad humana necesaria para poder estar y bien-estar en el mundo. Pero, dando un paso más, el discurso de Ortega no sólo es valioso para la técnica del siglo XX sino para las nuevas tecnologías del siglo XXI. Ya no se trata de transformar la realidad sino de crear nuevas realidades. Y es aquí donde el discurso humanista sobre el hombre como animal metafórico cobra su vigencia hoy en la “realidad virtual”, ya que la metáfora para Ortega no es sólo una forma de conocer sino también de ser y de creación de nuevas realidades fundiendo otras, pero sin confundirlas. A partir de ahí se abren todos los interrogantes. A la conocida pregunta sobre “el puesto del hombre en el cosmos” se añade ahora esta: ¿Cuál es el lugar del hombre en nuestras sociedades tecnológicas? éste es el tema de nuestro tiempo.

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Ortega y Gasset, hoy
La rebelión de las mesas
La Papelera
Por Juan PALOMO

Con el otoño, empiezan a caerse nombres de las mesas. Eso ocurre en el Círculo de Bellas Artes, el mismo lugar en el que Luis Alberto de Cuenca hizo una aparición estelar para recordar a Carmen Martín Gaite. Me encuentro a Arturo Pérez Alatriste en Internet con un ataque incontrolado de accesos, a Tom Wolfe hecho todo un hombre y a Sánchez Dragó convertido en improvisado agente de Pániker...

Harto ya de estar harto, Tom Wolfe acaba de dar cumplida respuesta a quienes criticaron su última novela, Todo un hombre, producto de once años de trabajo y muchos desvelos. No se salva nadie. El dandy neoyorquino fustiga sin piedad a John Updike, Norman Mailer y John Irving, que le negaron como novelista. Y de qué manera. En “My three stooges”, un extenso ensayo de cuarenta páginas que forma parte de Hooking Up, recién aparecido en las librerías, asegura que las críticas de los tres narradores se debieron al terror, al pánico de tres viejas glorias ante “un ejemplo -muy visible- de cómo puede ser la novela del siglo XXI”. La novela americana, insiste, se está muriendo... “de anorexia. Necesita alimento... necesita narradores”. Y él, claro, es el primero.

César Antonio Molina se cree que el cortijo es suyo. Resulta que al pope del Círculo de Bellas Artes no le ha gustado el artículo que García Martín, insolente como siempre, escribió sobre su último libro -ya saben, aquello de que es un lobo estepario que camina solo por la selva de las letras-, y ¡zas!, desde ahora García Martín no presenta, ni dialoga, ni pisa su Círculo. Ha sido vetado y expulsado fulminantemente de todas las mesas.

Lo de Luis Adelantado es para nota. En un ataque de no se sabe si estupidez o vanidad, el prestigioso galerista valenciano ha remitido a un centenar de artistas, desde Tàpies a Gordillo, desde Julian Schnabel a Tony Cragg, desde Louise Bourgeois a Carmen Calvo, o sea, ninguna tontería, una carta en la que entre otras cosas dice: “Pensamos organizar una exposición en la cual cien artistas nacionales e internacionales de distintas generaciones aporten su visión, sobre mi persona (como galerista, amigo, hombre...). Se pretende que la exposición itinere por museos y por último ser donada a uno de ellos”. Luis Adelantado espera la respuesta y la obra de los artistas a la mayor brevedad posible. Así ya se puede.

Ahora que tantos silencios castigan a grandes de nuestra escena, vale la pena releer unas reflexiones del último premio Nobel, el chino Gao Xinjiang: “Si un dramaturgo pretende ganarse el favor del público no puede olvidar algo esencial: debe tener total confianza en la capacidad de comprensión y en la imaginación del público. No puede darle todo digerido”. Sin concesiones.

Qué bonita es la amistad... El laureado Sánchez Dragó dura y dura con Salvador Pániker en un delirio sin final. Entrevista en dos entregas en su Blanco sobre negro y recomendación en el de mi canario favorito. Fernando, amor, me lo sé ya de memoria.

Los hermanos Ibarretxe se van de la boca y destripan los “secretos orientales” de Alex de la Iglesia. Las horas de avión dan para mucho, incluso para contar que el director de La comunidad está localizando exteriores en Tailandia para su ansiado Fu Manchú, que Michael Caine le ha dado calabazas y que busca ya desesperadamente protagonista en los agentes de Richard Harris y Antonio Banderas. Me dicen que al malagueño se le abren las carnes con la idea...

La inmortalidad está más cerca: ¿desea figurar en un best-seller y no le quedan danieles estiles que plagiar? ¿no tiene talento? No importa. El 5 de diciembre la British Academy of Film and Television Arts organiza una subasta en Londres en la que se juega el derecho a que un autor como Hanif Kureishi o Nick Hornby utilice el nombre del ganador en su próxima novela. Lo único que no garantizan es que el personaje luego sea lo más... British idea.

PD. Con esto del plagio y la negritud hemos perdido la cabeza. Y no, no se puede comparar impunemente a Vargas Llosa con una anarrosa cualquiera, por un quítame allá un cero de más o un dato de menos.

Item más, querido Luis Alberto, no te ofusques, que esas muletas no se embisten...

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Ortega y Gasset, hoy
Simón Marchán, sobre "La deshumanización del arte"
"Ortega asumió la ruptura"
Por Javier LÓPEZ REJAS

El catedrático de Estética de la UNED, Simón Marchán, participará en el congreso sobre Ortega y Gasset con la conferencia Modernidad y vanguardia. Para Marchán, La deshumanización del arte sigue siendo un texto de referencia para abordar la tradición de lo nuevo en un periodo en el que nuestras vanguardias empezaban a desarrollarse.

El arte y las masas, el arte ante el hombre “egregio”, el arte como temperamento y la hostilidad hacia lo real son algunas de las cuestiones que Ortega y Gasset analiza en La deshumanización del arte, un lúcido ensayo escrito en un época de auténticas convulsiones estéticas en el que, según Simón Marchán, Ortega se presenta como el primero en tomar conciencia del imperativo de la modernidad.

-Desde la perspectiva actual, ¿han sido superadas las consideraciones estéticas realizadas en La deshumanización del arte?
-Creo que sigue siendo una lectura de referencia básica para abordar nuestra tradición de lo nuevo, pues Ortega fue posiblemente el primero en tomar conciencia de lo moderno no sólo como algo superior a lo antiguo, sino en cuanto imperativo para el arte a la altura de los tiempos; se percató con lucidez de los procesos de cambio en curso cuando, en la realidad española, apenas estaban despuntando.

-Según esa realidad, al final Ortega señala categóricamente la imposibilidad de volver hacia atrás en el proceso iniciado con las vanguardias. ¿Pudo equivocarse?
-Ciertamente, la agresividad y la burla frente al arte tradicional, al considerado como viejo, se guían por un instinto futurista que imposibilita o al menos no hace aconsejable volver la vista atrás.

Legitimación de lo nuevo

Ortega asume sin decirlo dos hipótesis compartidas por los impulsores del arte nuevo: la ideología de la ruptura radical, la ruptura con todo el pasado del arte, por un lado, y la concepción evolutiva, un tanto lineal, de la historia del arte moderno. Abogando por la legitimación de lo nuevo en unas condiciones históricas y culturales nada favorables, no se equivoca en sus pronósticos respecto a su actualidad, si bien no podía vislumbrar el destino postmoderno, postvanguardista, postformalista, posthistórico o como se quiera del arte.

-¿Considera su admiración por la obra de Zuloaga como un reflejo de su concepción estética?
-Me da la impresión de que la nueva sensibilidad estética que Ortega capta atinadamente en La deshumanización del arte se distancia, entra incluso en conflicto con su sensibilidad personal hacia una modernidad más atemperada, casi racial. Precisamente, hacia aquélla que desde unos años antes encarnaba para él la pintura de Zuloaga.

-¿Cuál cree que fueron las intenciones últimas de Ortega?
-Ante todo, intenta comprender sin ira ni entusiasmo los propósitos artísticos compartidos por las diversas tendencias del nuevo arte, la nueva Kunstwollen o voluntad artística colectiva. No obstante, consciente de que en España no existe una vanguardia a la manera de otros países europeos, como Alemania o Francia, propone, sin embargo, a la manera de aquélla, el primado de la teoría y de los programas sobre las mismas obras, las intenciones sobre las realizaciones. Roza así la consideración de la vanguardia no sólo como renovación formal, sino en cuanto proyecto insatisfecho. ¡Lástima que no se moviera más a ras de tierra y nos ofreciera más pistas sobre aquellas manifestaciones o nombres propios que suscitaban sus reflexiones!

-¿Puso las bases “conceptuales” de la Generación del 27?
-Contribuyó a ello, aunque creo que sintonizaba más con la Generación del 98. Sería excesivo prescindir de otros autores coetáneos, sobre todo en el campo literario los ensayos de Guillermo de la Torre.

Un triunfo sobre lo humano

-¿Era necesaria la “deshumanización” del arte para su evolución o revolución? ¿No era esto lo que intentaba insinuar el propio Ortega?
-La deshumanización suponía una eliminación progresiva de los elementos o contenidos humanos. Incluso, un “triunfo sobre lo humano”, en una expresión que habría que matizar. Por vía afirmativa se resolvía en el abandono de la referencialidad, de la representación que entendía la mayoría, y un deslizamiento hacia la estilización formal, hacia la purificación, hacia el ensimismamiento del arte.

-¿Qué papel juega la interpretación filosófica de Ortega en la teorización de estas vanguardias?
-Es fundamental, y no sólo en la situación española, sino, como se ha visto hasta nuestros días, en la europea o norteamericana.

-El arte como vidrio, como transparencia, como cosmética, su negación, la ironía, la burla... conceptos muy gráficos para abrir un camino de reflexión ¿Hubo un antes y un después de estos estudios sobre la llamada estética deshumanizada?
-Los ensayos de Ortega abundan en figuras artísticas que promueven la reflexión sobre lo moderno en unas coordenadas larvadamente kantianas y románticas. Resultan sutiles sus pensamientos sobre el poder de acomodación a lo virtual, a la ficción del arte, otros tantos sinónimos, como buen administrador de la Ilustración, sobre la diferenciación de la experiencia artística respecto a la cotidiana. Entre otras muchas aportaciones, destacaría en primer lugar la introducción en la crítica y el debate teórico sobre la contraposición entre el arte de minorías y el arte de masas, intuición pionera que desplegará en La rebelión de las masas y será uno de los puntos de partida en las posteriores consideraciones postmodernas. Y una segunda que suele pasar más desapercibida: antes que Walter Benjamin y otros, Ortega reflexiona hacia una estética del espectador, hacia una “estética de la recepción”.

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Ortega y Gasset, hoy
Navarro Cordón, "Misión en la Universidad"
"Integró crítica y utopía"
Por Bernabé SARABIA

El Decano de la Facultad de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, Juan Manuel Navarro Cordón, interviene en el Congreso con “Universidad, filosofía y sociedad”, en torno a Misión de la Universidad. Según Navarro Cordón, se trata de un texto clave para reinventar aquí y ahora una universidad que no sea mera expendedora de títulos ni muerta transmisión de cultura.

-En 1930 ve la luz Misión de la Universidad. ¿Qué lugar ocupa en el conjunto de la obra orteguiana?
-Quizás sea excesivo intentar localizar Misión de la Universidad en el conjunto de la obra orteguiana como si significara un momento relevante, no digamos ya decisivo en un sentido u otro de su constitución o madurez. En cambio, sí considero de interés señalar que las tesis fundamentales de este pequeño texto, por ejemplo, el significado y función de la cultura para la vida, el compromiso público de la inteligencia, la implantación vital de la razón, el carácter crítico, proyectivo y utópico del pensamiento, la relación entre ciencia e ilustración cultural y moral, todas estas tesis sí que arraigan en las más profundas ideas de su filosofía. Y a la luz de ellas Misión... se torna un texto más denso y fructífero. Me parece todavía hoy muy digna de ser considerada la idea de hacer de una “Facultad” de Cultura el núcleo de la Universidad y de toda la enseñanza superior.

El concepto de Universidad

-La Universidad española de los años 30 era una institución minoritaria, por no decir elitista, y sin mujeres en sus aulas. En la actualidad contamos con un millón y medio de universitarios, de ellos más mujeres que hombres. ¿Qué puede enseñarnos hoy Misión de la Universidad?
-Quizás antes que nada recordar la idea de lo que tiene que ser la Universidad. Ni una institución meramente expendedora de títulos, y ni siquiera que sólo forme buenos profesionales y especialistas. Ni un ámbito enclaustrado de investigación, ni una muerta transmisión de cultura, entendida además como aditamento ornamental. Buenos profesionales y especialistas sí, pero el especialista a ultranza quizá no deje de ser un bárbaro que sabe mucho de una cosa. La investigación en los respectivos campos sí, y cuanto de mayor calidad mejor, pues la investigación es, señala Ortega, la dignidad y el alma de la Universidad; mas una investigación que sirva a las necesidades y mejores fines de la sociedad, y que vivifique la enseñanza en sus aulas, impidiendo que ésta devenga rutinaria, repetitiva y sin vigor creativo.»Transmisión apropiadora de la cultura entendida ésta como la interpretación que la vida humana necesita hacer de ella misma y de su mundo, pues no se puede vivir, humanamente, sin ideas, sin una instalación en la realidad con el bagaje cultural que esté a la altura de su tiempo. Es este carácter integrador de los diferentes aspectos señalados lo más urgente y necesario que Misión de la Universidad puede enseñarnos hoy. Y todo ello además y a la par con la intervención de la Universidad en la actualidad de la vida pública, y la presión y vivificación que la sociedad tiene que ejercer sobre la Universidad para que ésta no olvide ni su procedencia ni su última destinación. Una relación entre Universidad y sociedad que no debe tener en la mera rentabilidad de mercado ni su única ni su principal función.

Cierta desmoralización

-Del intelectual dijo Ortega que su misión era la de “oponerse y seducir”. Desde su posición de decano de la Facultad de Filosofía, ¿no teme que ahora se estén formando estudiantes conformistas demasiado pegados al terreno y a sus familias?
-Si con su pregunta se refiere a una cierta despolitización o conservadurismo, así me lo parece, sobre todo en comparación con los estudiantes universitarios de las últimas décadas del franquismo. La instauración de la democracia puede explicar en parte esta situación. Con todo, conservadurismo y conformismo no son los mejores compañeros en la vida universitaria. Hay una cierta desmoralización, en el sentido en que Aranguren usó tal término. Pero también porque quizá un modo y organización meramente consumistas de la vida acaba desalmando a cualquiera. Una de las tareas más urgentes y a la vez más ilusionantes es el remoralizar y entusiasmar la convivencia de nuestra Universidad.

-En Cartas a su padre desde Leipzig, fechada el 13 de marzo de 1905, en la que habla de la Universidad alemana, un joven Ortega y Gasset escribe: “Creo firmemente que en España hoy no existen más que dos o tres hombres que sepan media filosofía”. ¿Cree usted que la situación actual de la filosofía española sigue siendo la misma?
-Desde esa fecha hasta hoy ha llovido mucho en el labrantío filosófico español. Y esa lluvia, traída por muchos y diferentes vientos, albergada en nubes unas apacibles y otras tormentosas, ha ido calando en nuestra tierra. Y sin que haya motivos para triunfalismo alguno, sí es preciso reconocer que el edificio de nuestra filosofía está suficientemente asentado con arraigo crítico en las diferentes tradiciones y actuales corrientes filosóficas, con un grado de madurez y capacidad de diálogo que en nada desmerece de otras latitudes históricamente más “filosóficas”, implantado además en los diferentes contextos científicos y culturales de que se nutre la filosofía. Una situación, en fin, que está a mil leguas de lo que da a entender Ortega en su carta. él mismo, entre otros muchos, ha contribuido a este nivel de la filosofía española. Y bueno, por si esto suena demasiado optimista, digamos que también aquí, como por doquier, vale el refrán: “De todo hay en la viña del Señor”. Y esto vale, claro, no sólo en el campo de la filosofía.

Fecha de publicación: 08/11/2000
Articulo : http://www.elcultural.es  28/01/2011

Martín OEHLEN y Sabine VOGEL/ Haruki MURAKAMI

Haruki Murakami
"El Gran Hermano orwelliano ya no es una amenaza. Sabemos defendernos"
Por Martín OEHLEN y Sabine VOGEL

El éxito de Haruki Murakami (Kioto, 1949) es grandioso. Hace unos años era más popular en Europa que en su propio país, pero el autor de Crónica del pájaro que da cuerda al mundo oTokio blues ahora arrasa también en Oriente: en Japón vendió más de 500.000 ejemplares de su última novela, 1Q84, pocas horas después de lanzarla. Desde que salió a la venta, más de un millón de japoneses y dos millones de chinos y coreanos han adquirido el libro que publica la semana que viene Tusquets en España, en versión de Gabriel Álvarez Martínez.

El Cultural ofrece hoy una de las pocas entrevistas concedidas por el escritor, en este caso a un diario alemán, así como el comienzo del libro, una historia de ciencia ficción sobre una asesina que descubre un misterioso mundo subterráneo .

La cifra inicial de 40.000 ejemplares de la primera edición alemana no fueron suficientes para satisfacer a una legión de fans que crece a toda velocidad. El autor, de 62 años, fue recibido como una estrella del pop cuando apareció por sorpresa en el teatro Admiralpalast de Berlín a mediados de octubre.

Sin embargo, el narrador japonés no se siente cómodo ante la expectación que crea. Para mantener su anonimato y poder coger el metro cuando está en su país, no aparece en televisión y muy rara vez concede entrevistas. Jamás habla de su vida privada. Por su libro De qué hablo cuando hablo de correr sabemos que practica deporte, que nada, corre maratones, y también que se levanta muy temprano. Nos recibe a las nueve de la mañana, vestido de manera informal, con camiseta y tejanos, en la habitación del hotel.

-¿Necesita entrenarse físicamente para poder escribir?
-En primer lugar, me divierte mucho. Pero escribir también es un trabajo agotador y para realizarlo es necesario estar en forma. Se necesita fortaleza física y mucha resistencia.

-También para 1Q84. ¿Sabía usted desde el principio que escribiría más de mil páginas?
-Sí, sencillamente lo sabía. Durante tres años trabajé en la novela todos los días, cinco horas cada mañana. Con una concentración máxima. Y eso consume mucha energía.

-El joven escritor Tengo, uno de los protagonistas de 1Q84, dice que no le gusta escribir por la noche, porque las frases le salen oscuras y tristes. ¿Le sucede a usted lo mismo?
-No escribo una vez que ha anochecido. Es una costumbre. Pero sí que puedo imaginarme que, por la noche, las historias se vuelven más oscuras y siniestras. Me levanto a las cuatro, me preparo un café, enciendo el ordenador y, a veces, escucho algo de música, por ejemplo, barroca. Pero últimamente no escucho música mientras escribo.

El origen de 1Q84

-Los títulos de algunas de sus novelas, como Tokio blues. Norwegian Wood o After Dark, están inspirados en canciones de los Beatles, de los Beach Boys o en piezas de jazz. Al principio de 1Q84, en la radio del taxi suena la Sinfonietta de Janacek; también podemos escuchar El clave bien templado de Bach, obras de Haydn y otras piezas barrocas. ¿Su gusto musical se decanta ahora por los clásicos?
-No, siempre he escuchado todo tipo de musica: jazz, clásica, rock, siempre que sea bueno.

-¿Cómo comenzó a escribir?
-Hacía sol y estaba viendo un partido de béisbol una tarde de abril. De repente, fue como si me hubiera caído un rayo y supe con toda claridad que sería escritor.

-¿Hubo algún factor desencadenante, alguna experiencia que inspirase 1Q84?
-La idea llegó de forma muy sencilla: iba en coche por Tokio, el tráfico era intenso y me quedé atascado en una autovía en medio de la ciudad. Miré por la ventana y pensé en cómo me sentiría si bajase del coche, lo dejase allí y descendiese al subsuelo. Ésa fue la idea desencadenante, de la que partió el personaje de Aomame. Así empezó. No sabía lo que ocurriría más adelante. Pero sí que detrás se escondía una gran historia.

-Aomame desciende por una escalera de emergencia de una autovía y llega a otro mundo. ¿Le ha sucedido a usted?
-No, yo tengo una vida muy normal. No tengo experiencias sobrenaturales. Pero cuando estoy escribiendo una historia, entonces creo en todo lo que mi historia puede ofrecerme: desde lo más cotidiano a lo más increíble. Si la historia lo necesita, continúo por ese camino. Pero no creo en fantasmas, extraterrestres ni cosas por el estilo; soy bastante realista y razonable.

-¿Va mucho al cine o ve mucha televisión?
-En absoluto. Sólo veo partidos de béisbol. Me encanta el béisbol.

-¿Y lee periódicos?
-No demasiados.

-¿No le interesa el día a día?
-Estoy informado de lo que sucede, por supuesto, pero no leo periódicos japoneses. Su prosa me aburre. Las revistas de información americanas son un poco mejores. No me interesan mucho los medios de comunicación. Estamos rodeados de toda esta información, de las diferentes opiniones. Me parece agotador y podría renunciar perfectamente a todo ello.

-George Orwell, a cuya novela 1984 usted hace referencia, quería que su libro se comprendiese como una advertencia contra el totalitarismo.
-Cuando Orwell escribió 1984, en 1949, la novela constituía una visión futurista. Para mí, 1984 se halla en el pasado y eso representa una gran diferencia. El Gran Hermano de Orwell era un monstruo peligroso, un dictador que vigilaba y controlaba a todos desde su posición dominante. La Gente Pequeña de mi novela 1Q84 constituye lo contrario: casi nadie puede verlos, viven escondidos y lo que nos hacen es oscuro y misterioso. El Gran Hermano ya no representa una amenaza para nuestra sociedad. Lo conocemos y sabemos cómo protegernos de él. Pero a la gente pequeña no la conocemos, por eso nos parecen tan siniestros. Así, también mis lectores pueden imaginárselos como quieran.

-¿Son ahora los sistemas sociales más caóticos?
-Bueno, también Occidente siente desconfianza hacia aquellos valores, instituciones y sistemas que parecían estables. ¿Quién confía ya en los sistemas económicos? Desde principios de este siglo el caos se ha globalizado. La falta de estabilidad es un fenómeno global. Y esta incertidumbre nos une a todos. Comenzó con la caída del Muro de Berlín. Teníamos la esperanza de que eso fuese el comienzo de un mundo mejor. Pero esa esperanza se evaporó con los atentados del 11 de septiembre. El mundo, tal como lo conocíamos, había perdido el rumbo.

-El tradicional dualismo entre capitalismo y comunismo ha sido sustituido por otro: el dualismo entre capitalismo e islamismo.
-En mi opinión, todos los “ismos” han caducado. Vivimos un siglo post-ideológico, en el que los “ismos” han perdido su poder.

-¿Y qué ha sustituido a las ideologías, a los “ismos”? Sus personajes parecen a menudo perdidos.
-Sí, están solos, buscan una conexión con el mundo, con un mundo más allá de las fronteras de lo que conocen. Por eso espero que mi historia los dote de valentía.

-¿Colecciona libros?
-No, pero sí discos, tengo toneladas, estantes llenos. Los libros, los clasifico.

-¿También los de su favorito, Dostoievski?
-¡No, ésos no! Hay excepciones.

-En su libro cuenta que para Chéjov existía un lugar que quería visitar al menos una vez en la vida: Sajalin. ¿Tiene usted también un lugar similar, casi mágico, y cuál es?
-El mismo que Chéjov: Sajalin. Siempre he querido ir allí y conocer ese lugar supuestamente tan extraño.

-Entonces, ¿todavía no ha ido?
-Sí, estuve allí hace tres o cuatro años. Es enorme, pero no hay ni una sola librería. Aunque se pueden comprar libros en el mercado, donde los venden vendedores ambulantes que los han traído del continente. Allí encontré muchos de mis libros, una experiencia muy emocionante.

***
1Q84

Así comienza la nueva y esperada novela de Haruki Murakami que publica Tusquets la próxima semana

AOMAME No se deje engañar por las apariencias La radio del taxi retransmitía un programa de música clásica por FM. Sonaba la Sinfonietta de Janácek. En medio de un atasco, no podía decirse que fuera lo más apropiado para escuchar. El taxista no parecía prestar demasiada atención a la música. Aquel hombre de mediana edad simplemente observaba con la boca cerrada la interminable fila de coches que se extendía ante él, como un pescador veterano que, erguido en la proa, lee la aciaga línea de convergencia de las corrientes marinas. Aomame, bien recostada en el asiento trasero, escuchaba la música con los ojos entornados. [...]

Aomame había tomado el taxi cerca de Kinuta y, en Yoga, se habían metido en la Ruta 3 de la autopista metropolitana. Al principio, el vehículo circulaba con soltura; pero, antes de llegar a Sangenjaya, de repente se formó un atascó, y poco después casi no podían ni moverse. En el carril contrario, el tráfico circulaba con normalidad. Su carril era el único que sufría un atasco calamitoso. Normalmente, las tres de la tarde pasadas no solía ser la franja horaria en la que aquel carril de la Ruta 3 se atascaba. Por eso le había indicado al conductor que tomara la metropolitana.

-El precio no va a aumentar porque estemos en la metropolitana -le dijo el conductor, mirando por el espejo-. Así que no hace falta que se preocupe por el dinero. Sin embargo, señorita, supongo que le supondría un problema llegar tarde a la cita, ¿no?
-Claro que sí, pero antes me ha dicho que no se podía hacer nada, ¿verdad?

El conductor miró de soslayo la cara de Aomame por el espejo retrovisor. Llevaba unas gafas de sol de tono claro. Debido a la luz, no podía atisbarse su semblante.
-Oiga, no es que no haya absolutamente ningún modo. Existe un recurso de emergencia un poco forzado, pero podría ir hasta Shinjuku en tren.

-¿Un recurso de emergencia?
-No precisamente a la vista de todo el mundo.

Aomame, sin decir nada y con los ojos entrecerrados, esperó a que el señor hablara.
-Mire, ahí hay un espacio al que podría arrimar el coche -explicó el conductor, señalando hacia delante-. Donde está el panel grande de Esso.

Aomame fijó la vista y vio un espacio de estacionamiento en caso de accidente a la izquierda del segundo carril. Como en la metropolitana no hay arcenes, en ciertos sitios habían habilitado lugares de evacuación para emergencias. Tenían una cabina amarilla con un telé fono de emergencia desde el cual se podía contactar con la administración de autopistas. En aquel momento no había allí ningún coche parado. En el tejado del edificio que separaba aquel carril del carril contrario había un enorme panel publicitario de la compañía petrolera Esso. Consistía en un sonriente tigre que tenía en la mano la manguera de un surtidor de gasolina.

-El asunto es que ahí hay unas escaleras para bajar al nivel del suelo. En caso de incendio o de un gran terremoto, el conductor puede abandonar el coche y descender por ahí. Normalmente, la utilizan los obreros de mantenimiento de carreteras. Tras bajar por esas escaleras, hay una estación de la red Tokyu cerca. Si coge un tren, llegará enseguida a Shinjuku.

-No sabía que hubiera escaleras de emergencia en la metropolitana.
-Por lo general, nadie lo sabe.

TENGO

Una idea un tanto diferente

El primer recuerdo de Tengo era de cuando tenía un año y medio. Su madre se había quitado la blusa, había desanudado el lazo de la combinación blanca y daba el pecho a un hombre que no era su padre.

Un bebé yacía en una cuna; probablemente fuera Tengo. Él se veía a sí mismo en tercera persona. Aunque quizá fuera su hermano gemelo... No, no lo era. Aquél debía de ser el propio Tengo, con un año y medio de edad. Lo sabía por intuición. El bebé estaba dormido, con los ojos cerrados, y podía oírse débilmente cómo respiraba. Para Tengo, aquél era el primer recuerdo de su vida. Aquella escena de apenas diez segundos había quedado grabada con nitidez en las paredes de su mente. No había antes ni después. El recuerdo estaba completamente solo, aislado, como un pináculo en una ciudad anegada por una gran riada, cuya cabeza asoma por encima de la superficie turbia del agua. Cada vez que se le presentaba la oportunidad, Tengo preguntaba a las personas que lo rodeaban qué edad tenían en el primer recuerdo de sus vidas. La mayoría, cuatro o cinco años. Como muy pronto, tres años. Nadie solía recordar cosas de una edad más temprana. Era como si un niño debiera tener al menos tres años para poder presenciar y comprender, con cierta lógica, las situaciones que ocurrían a su alrededor.

En fases previas, todo se reflejaba como un caos incomprensible. El mundo era cenagoso como una papilla diluida, carecía de armazón y resultaba elusivo. Se escapaba por la ventana sin llegar a constituir un recuerdo en el cerebro.

Por supuesto, un lactante de un año y medio de edad no puede juzgar qué significa el hecho de que un hombre que no es su padre chupe los pezones de su madre. Eso es evidente. Por lo tanto, si aquel recuerdo de Tengo fuera verdadero, la escena se le habría quedado grabada en la retina tal y como la vio, sin ser enjuiciada. Igual que una cámara que graba mecánicamente los cuerpos en la cinta de celuloide, amalgamando luz y sombra. Y a medida que la mente se desarrolla van analizándose paulatinamente las imágenes reservadas y fijadas y se les da un sentido. Pero ¿podría haber sucedido aquello en la realidad? ¿Es posible que tal imagen se almacene en el cerebro de un lactante? [...]


Articulo : http://www.elcultural.es  28/01/2011

CORTAZAR, nuevos testimonios en biografía

Cortázar, nuevos testimonios en biografía

Miguel Herráez ha revisado y aumentado el libro dedicado al escritor, con información proporcionada de personas cercanas al autor de Rayuela

El catedrático de Literatura Miguel Herráez ha revisado la biografía sobre Julio Cortázar que publicó en 2001 para incluir nuevos testimonios recabados en Argentina, Francia y España de personas cercanas al autor de Rayuela.

"Julio Cortázar, una biografía revisada" analiza, a lo largo de sus 352 páginas, la vida de este escritor, considerado como uno de los precursores de la nueva literatura sudamericana surgida en la década de los setenta del siglo XX.

En este volumen, editado por la editorial Alrevés, Herráez, que ejerce la docencia en la Universidad Cardenal Herrera-CEU de Valencia (este de España) , realiza un exhaustivo estudio de Julio Cortázar, desde su infancia en el suburbio bonaerense de Banfield hasta su exilio definitivo en Francia.

Este análisis lo realiza a partir del estudio de cientos de cartas, notas de prensa, bibliografía dedicada a su producción y encuentros directos con conocidos del narrador argentino.

Con prólogo del escritor nicaragüense Sergio Ramírez, amigo personal de Cortázar, Miguel Herráez aborda los años de docencia en San Carlos de Bolívar, Chivilcoy y Mendoza; el período peronista, su fascinación inacabable y permanente por París, su condición de ciudadano proscrito por la dictadura de Videla, sus viajes por el mundo entero, sus escritos, y su compromiso con la revolución cubana y con el Tribunal Russell sobre Palestina.

Especialista en la vida y obra de este referente de la literatura hispanoamericana, Herráez ha publicado diversos libros sobre el escritor argentino, entre ellos Dos ciudades en Julio Cortázar, que analiza los imaginarios urbanos de Buenos Aires y París proyectados en la narrativa cortazariana, y la edición crítica de Los venenos y otros cuentos.

 
Articulo : http://www.eluniversal.com.mx  28/01/2011

Manuel RICO/ Amor a todo Amor. Poesía reunida. 1988-2010

CRÍTICA
Amor a todo Amor. Poesía reunida. 1988-2010
Por Manuel RICO

En Amor, Manuel Vilas (Barbastro, 1962) concentra veintidós años de escritura poética. Tres libros de madurez -El cielo (2000), Resurrección (2005) y Calor (2008)- precedidos, bajo el marchamo de 'Primeros poemas', por una selección de 19 textos que formaron parte de tres libros de iniciación publicados en los noventa, anteceden a una pequeña muestra de cinco poemas recientes e inéditos con la que cierra el volumen.

Todo ello da entidad a una obra sólida, irreverente, inyectada de realidad y, a la vez, proyectada hacia la cultura, hacia la sociedad, hacia la política y hacia lo imaginario. La poesía de Vilas, que conforma un universo compartido, con muy frágiles líneas divisorias, con su obra narrativa (cuentos y novelas, entre ellas sus recientes España y Aire nuestro), es de una acusada singularidad. Es la poesía del amor irreverente ("El amor a todo me parece la única salida del laberinto", escribe Vilas) y de los mundos de la memoria, la poesía que escribe un personaje con el nombre del autor pero con el que éste establece una distancia cultural y, sobre todo, social: la que va del "pequeño burgués" al personaje revolucionario y descreído, sólo guiado por el amor, que vive inmerso en el desafío permanente, en la burla hacia los símbolos de la cultura oficial. Es la lírica de los seres frágiles y miserables y de los mitos de una cultura urbana algo rota, nacida y madurada en la era del rock y en el consumismo en ascenso desde la España de los setenta en la que el propio poeta fue niño hasta un siglo XXI marcado por la globalización y el ciberespacio. Automóviles de segunda mano y de marcas conocidas, muchachas entrevistas en la caja del hipermercado o en un bar nocturno, conviven en la poesía de Vilas con homenajes, unas veces sutiles, otras explícitos y casi estridentes, a escritores como Catulo o Franz Kafka, Ezra Pound o Hemingway, o con la apelación a un peculiar y desafiante comunismo. Una poesía de amalgama, escrita en un prosaísmo deliberado pero salpicada de destellos líricos, cargada de humor y de giros imprevistos y provocativos que suelen quebrar la normalidad de lo cotidiano; una poesía inyectada de proteína pop, de escenarios sustentados en el artificio de la cultura del McDonald's o en la realidad pavorosa de las periferias industriales (de Zaragoza casi siempre). Y, sobre todo, de ternura, de compasión, de amor: "Todo cuanto viene de los hombres, la guerra, la enfermedad, la ciencia, el amor, la historia, los cosméticos, los bañadores, yo lo amo". Una poesía reunida que no cierra una obra. Ni siquiera un ciclo. Viva, personal, inmersa en el presente y proyectada al futuro.

 
Amor. Poesía reunida. 1988-2010
Manuel Vilas
Visor, Madrid, 2010
295 paginas, 14 euros
 

Articulo : http://www.elpais.com  29/01/2011

Javier VALENZUELA/ Retrato de diez tenores de la derecha extrema

CRÍTICA
Retrato de diez tenores de la derecha extrema
Por Javier VALENZUELA

Sus lenguas se han sido soltando y con creciente desparpajo justifican a Franco, confiesan sus rijosidades y le dan al tintorro en vivo y en directo. Prácticamente finiquitada la demolición de todo lo que huela a rojo, maricón y moruno, cautivos y desarmados los enemigos de la España una y eterna, están envalentonados ante la inminencia del regreso de las banderas victoriosas. Vuelven a ser ellos mismos, gallos de corral, toritos de lidia, oradores de taberna, liberados, al fin, de los corsés del debate civilizado. Son los cornetas del Apocalipsis, los tenores mediáticos de la derecha extrema española, retratados por el periodista José María Izquierdo en su libro homónimo.

Estamos hablando de gente de éxito. Sus libelos contra ZP, los progres, las feministas, los sindicalistas, el Mayo del 68, los titiriteros, los ecologistas y los catalanes que se empeñan en hablar una lengua que no es la del imperio se venden como rosquillas. Sus regüeldos en artículos de periódicos y tertulias de radio y televisión cosechan dos orejas, rabo y salida a hombros de la plaza. Se celebran jocosamente sus declaraciones de que, casi tanto como la patria, les gustan el vino y las mujeres, de preferencia las menores de coñitos rosados. Se presentan como agresiones orquestadas por las checas de la anti-España las hostias que puedan recibir una madrugada en un bar de copas por intentar tocarle el culo a una señora. Se les otorgan sin cesar premios a la libertad de expresión en una España que, aunque ya por poco tiempo, sufre la tiranía del islamo-bolchevismo de Rubalcaba. Reciben el elogio y disfrutan de la amistad de la invicta y castiza Lideresa. Y en las calles del barrio de Salamanca se les vitorea al grito de "Olé tus cojones".

José María Izquierdo los conoce bien. A diario cata sus venenos para los lectores de ELPAÍS.COM, los lee y escucha con atención, mucha atención, la que merece gente tan influyente y la que debe dedicar a su tema un buen periodista. En Los cornetas del Apocalipsis escribe sobre diez de ellos, incluidos Federico Jiménez Losantos, Fernando Sánchez Dragó, César Vidal y Pío Moa. A cada cual le dedica un perfil en el que evidencia que los tiene bien calados, pero que muy bien calados. Y luego, en un ejercicio no ya solo de periodismo riguroso sino de ciudadanía ejemplar, les da la palabra, reproduciendo in extenso sus opiniones sobre lo divino y lo humano. Y es ahí, en la lectura de lo que dicen y escriben sin el menor rubor estos cornetas del Apocalipsis, donde la náusea compite con el horror. Anunciaron el fin de la civilización judeocristiana, ganaron la batalla de Armaguedón y se fueron a celebrarlo a un burdel.


Los cornetas del Apocalipsis
José María Izquierdo
Ilustraciones de Tomás Ondarra
La Hoja del Monte. Madrid, 2010
131 páginas. 20 euros


Articulo : http://www.elpais.com  29/01/2011

Javier GOMÁ LANZÓN/ Lo quiero todo

CRÍTICA: PENSAMIENTO
Lo quiero todo
Por Javier GOMÁ LANZÓN

Lo grande y lo menudo, la ebriedad y la rutina, la pasión y la felicidad ... No hay por qué renunciar a nada, aunque debamos padecer la fatalidad de algunos sufrimientos

Me decían: "Todo no se puede tener; hay que elegir". Me dominaba entonces una ansiedad inflamable que no se acomodaba a nada y me aconsejaban con frecuencia: "Hay que adaptarse". Y adaptarse parecía significar renunciar a la mayoría de las cosas buenas que ofrece la vida para recibir a cambio una escasa pero segura porción de ellas.

Porque, en efecto, toda la vida del hombre es un largo ejercicio de adaptación a la realidad en busca de un punto de equilibrio entre dos extremos. A estos dos extremos los medievales, tan exactos siempre en la definición epigramática, los llamaron praesumptio y desperatio. Incurre en lo primero el presuntuoso que se hace demasiadas ilusiones con respecto a lo que la realidad puede dar al hombre: como es capaz de darle algunas flores, el mencionado presume indebidamente que todo el orbe es un jardín. Naturalmente este exceso es propio de las personas que aún no han recibido el correctivo que la experiencia administra a quienes se empeñan en negarla. La visión del lado soleado del mundo despierta la violencia de nuestros deseos y nos hace concebir esperanzas supernumerarias sobre nuestras posibilidades reales y sobre nosotros mismos. Esa cultura tan maravillosamente mesurada que fue la griega designó el pecado de desmesura con el nombre de hybris: el cosmos exhibe un orden justo y quien con un acto de injustificable arrogancia se atreve a ignorar el Derecho establecido por los dioses recibe un castigo que lo restituye a su posición original o, más frecuentemente, aún más abajo. Un presuntuoso es un pecho opulento de expectativas y, como dice Solón, la opulencia conduce a la hybris y ésta a la ruina, como le sucedió al bueno de Prometeo, que sufrió cadenas. De manera que este primer exceso con frecuencia genera su opuesto, la desperatio.

Si el error de la presunción consiste en pretender poseer ya lo que en puridad sólo nos es dado anhelar, el de la desesperación estriba en la impaciencia de anticipar demasiado pronto el nihilismo de la muerte que algún día vendrá pero que todavía no ha llegado. El desesperado insiste con lúgubre acento en la vanidad de toda empresa humana y para él, como dice el célebre parlamento de Segismundo al final de la segunda jornada de La vida es sueño, la vida es una ilusión que carece totalmente de entidad, "pues estamos / en un mundo tan singular / que el vivir es soñar / y la experiencia me enseña / que el hombre que vive sueña / lo que es hasta despertar". Hay aquí una evidente precipitación: de acuerdo, la acción devastadora del tiempo se extenderá algún día a todo cuanto existe pero, de momento, no desesperemos adelantando acontecimientos, pues hay margen para hacer algunas cosas y gozar algunas otras y en el ínterin, invirtiendo el título del drama, hasta el sueño es vida y la realidad, nocturna y diurna, parece tremendamente seria.

En determinado momento comprendí que adaptarse implica desarrollar un genuino arte para administrar las expectativas humanas mientras se envejece manteniéndolas en su punto justo de estabilidad, sin ceder a la presunción ni a la desesperación, y arreglándolas permanentemente a los límites dados. Presté atento oído a la voz de la prudencia que me apremiaba a hallar ese equilibrio entre el ya y el todavía no en el que discurre el cauce de la vida de los mortales y traté durante muchos años de sustraerme a cuanto pudiera escorarme a uno de los indeseables extremos, donde veía compendiados todos los peligros imaginables. Bien mirado, ese áurea mediócritas que pondera Aristóteles en su Ética está edificada sobre una sucesión de contraposiciones entre extremos a los que hay que renunciar para elegir siempre un austero término medio. Y, disciplinadamente, yo hice mis elecciones: elegí casa, elegí oficio y me busqué una posición en el mundo.

Y entonces me ocurrió lo que dice determinado personaje de una novela de Jane Austen: que "por haberme comportado prudentemente en la juventud, me voy haciendo romántico con la edad". Por supuesto, no tengo intención ni mucho menos de renunciar a cuanto ya he elegido, ¡no tengo intención de renunciar a nada! Pero recuerdo que la gente me decía: "No lo puedes tener todo; tienes que elegir" y ahora estoy en condiciones de responder a la gente y responderme a mí mismo con potente voz: "No, no quiero elegir. ¡Yo lo quiero todo!". Ya no más dilemas, aporías, antagonismos, aut-aut kierkegaardianos, alternativas insuperables. Lo quiero absolutamente todo. Lo grande y lo menudo, la ebriedad y la rutina, la pasión y la felicidad, el placer y la virtud, la vulgaridad y la ejemplaridad, la vocación y la profesión, esta vida y la otra, la altura y el peso, la gravedad y la gracia, la ingenuidad y la lucidez, la experiencia y la esperanza, la altura y la profundidad, el norte, el sur, el este y el oeste, incluyendo, como leí en algún sitio, el "cuerpo" y el "arma", y todo ello hasta alcanzar el grado que indica el libro de Sackville-West: All Passion Spent. Ahora que ya estoy pasablemente adaptado al mundo, lo quiero todo sin renunciar a nada, aunque también -es importante añadir- sin presunción.

Y si, para conseguirlo, he de padecer la fatalidad de algunos sufrimientos, los quiero a éstos también. Mejor dicho: no los quiero ni los invoco -hacerlo sería una jactancia muy semejante a la hybris- pero sí los acepto deportivamente porque quien desee comerse todo el canasto de las cerezas tendrá que conformarse con que unas se enreden con otras y que las más ricas se confundan con las más amargas. Si los gozos infinitos demandan penas infinitas, procuraré vivir estas últimas sin desesperación. Y cuando alguna vez esté al borde de caer en ella, para conjurarla recitaré como una letanía los divinos versos de Goethe: "Todo lo concede la Fortuna a su favorito, / por completo. / Los gozos, los infinitos; / las penas, las infinitas, por completo".

Articulo : http://www.elpais.com 29/01/2011

José Emilio PACHECO/ Las mil y una historias

REPORTAJE: HOMENAJE A LAS MIL Y UNA NOCHES
Las mil y una historias
Por José Emilio PACHECO

Con motivo del número 1.001 de Babelia, rendimos homenaje a un libro esencial: Las mil y una noches. Varios autores eligen a los mejores herederos de Scherezada. Por José Emilio Pacheco

A los tres años adquirió la adicción incurable por las narraciones. En su casa a unas las llamaban "cuentos" y formaban parte del repertorio tradicional. Las otras eran "sucedidos", historias que en teoría fueron hechos reales transfigurados por la magia del relato. Ambas estaban enmarcadas por una guerra lejana que, sin embargo, lo invadía todo mediante la radio, los noticieros cinematográficos, los periódicos y las revistas que leían sus padres y sus abuelos.

Por un momento se creyó que estaba a punto de acabar su impunidad de espectador. El avance japonés en el Pacífico resultaba incontenible. Se preparaba la invasión de México como punto de apoyo para atacar a Estados Unidos. Había oscurecimientos y ejercicios militares en las calles.

La batalla de Midway lo cambió todo. Se alejó el peligro de los bombardeos aéreos y el desembarco en Baja California. Él pudo volver al amparo de las ficciones y a partir de entonces enterarse de que era muy afortunado: estaba en posibilidad de llegar a la vejez sin conocer los desastres de la guerra, un privilegio que muy pocos seres humanos han tenido.

Hoy, cuando se vuelve a mirar hacia el abismo de la infancia, lo rodean la matanza incesante, las torturas, los secuestros, los cadáveres que penden de los puentes y, en los últimos tiempos, los coches bomba. Todo se disuelve en un horror que crece día tras día y, no obstante, quedan las ficciones que desde Scherezada son un medio de aplazar la sentencia de muerte.

Antes de enseñarle a leer su abuela fue la transmisora de ese mar de historias que llegaba de la antigüedad para fluir hasta el impredecible futuro. Gracias a ella conoció lo que después sabría eran partes de Las mil y una noches. Le fascinaron sobre todo la historia de Aladino y las aventuras de Simbad. Allí encontraba otro mundo en el que jamás pondría el pie y sin embargo le parecía tan real y tan vivido como su paso cotidiano por una Ciudad de México que ya no existe y ahora es tan espectral como los lugares de la fantasía.

Qué pobreza la de su vida sin la compañía de los cuentos y las novelas. Gracias a esas páginas ha podido habitar en Troya y en las islas de Odiseo y de Robinson, conocer la España de Cervantes y Galdós, la Francia de Balzac, Dumas y Victor Hugo, la provincia de Flaubert y Maupassant, los orbes submarinos y espaciales de Verne, las aventuras en el Tercer Mundo de Salgari, la Rusia de Pushkin, Gógol, Dostoievski y Tolstói, el día de Joyce y la noche de Proust. En el último año, cuando ya no lo esperaba, ha vuelto a hundirse durante muchos días en las novelas de Antonio Muñoz Molina, Almudena Grandes y Mario Vargas Llosa.

Él nunca hace enumeraciones. En la primera que le solicitaron acerca de las personas que determinaron su vocación literaria omitió a su abuela, Emilia Abréu de Berny, a la que debe todo. No podía esperar de ella ni recompensas ni represalias. Por eso le duele tanto esa íntima ingratitud. Hoy intenta repararla.

De las mil y una historias habrá leído, en una existencia consagrada a la lectura, menos de doscientas. Y le duele darse cuenta de que morirá sin leer lo que hacen los nuevos escritores y no tendrá oportunidad de regresar a aquellos libros que iluminaron su paso por la Tierra. Uno se va, el cuento de la tribu humana sigue y seguirá hasta el fin de los tiempos.


José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 1939, premio Cervantes 2009) ha publicado recientemente Tarde o temprano (Poemas 1958-2009). Tusquets. Barcelona, 2010. 840 páginas. 28 euros. CD. Fondo de Cultura Económica. 9 euros.


Articulo : http://www.elpais.com  29/01/2011

José María GUELBENZU/ La ira de Henry JAMES

CRÍTICA
La ira de Henry James
Por José María GUELBENZU

El novelista irlandés Colm Tóibín, autor de una novela inspirada en la figura de Henry James (The master), ha reunido en este volumen los relatos de Henry James que tienen como escenario la ciudad de Nueva York. James vivió con su familia en esta ciudad entre 1848 y 1855.

Como señala Tóibín, "aquel viejo Nueva York, tal y como lo contempló entre los cinco y los doce años de edad, permaneció para siempre intacto en su memoria, como una imagen congelada, perfecta". Sí, porque desde que la familia James partió a Europa, Henry fue cargándose de rencor hacia la ciudad; un rencor que tenía su base, de una parte, en el desarrollo de la ciudad, cada vez más ajeno a su paraíso perdido de la infancia; y de otra, en que detestaba lo que consideraba la zafiedad de sus compatriotas. El gran tema de James es el de la corrupción moral y personal, tratado de tantas y tan distintas maneras sobre la base del contraste entre la ruda ingenuidad americana y la refinada impureza europea, cuya máxima expresión es su prodigiosa trilogía final. Pero en lo tocante a Nueva York "los escritos de James", dice Tóibín, "revelan, por encima de todo, cierta ira, una ira que no se parece a ninguna otra en James, la que le provocaba todo lo que había perdido y todo lo que, en nombre del progreso, se había hecho en aquella ciudad que conocía tan bien".

De entre los relatos del volumen destaca, naturalmente, una pequeña obra maestra, Washington Square, donde el lector que no la conozca podrá asistir a un drama miserable maravillosamente narrado y conocerá exactamente ese lugar de Nueva York que permaneció "congelado" en el recuerdo del autor. Junto con él, el otro relato que se complementa a la perfección con éste en la medida que supone el reencuentro con el pasado es El lugar feliz (The jolly corner, también conocido como El rincón feliz), donde, bajo el velo de una historia de fantasma, se narra, utilizando como magnífico pretexto expresivo la figura del doble, el enfrentamiento de un hombre que regresa a rescatar su memoria del lugar perdido. Se basa en su tardío viaje a América en 1905 y es un soberbio ejemplo de relato de una lucha interior.

Éstas son las dos joyas del volumen que recogen por sí solas su sentido, pero hay más. La coherencia de Crawford, que no deja de recordar el tema de las conductas miserables, sucede en aquel viejo Nueva York y es inédito en español. Por el contrario, Un episodio internacional nos presenta a dos ingleses más bien cortos que no salen muy bien parados ante la animosa Miss Alden, pero su estancia en la ciudad es apenas relevante.

En cambio, Impresiones de una prima sí que da pistas sobre la actitud de James ante la ciudad. En fin, Nueva York se vuelve cada vez más inhóspita y desagradable y los relatos finales manifiestan aún más decididamente su rechazo. El libro cuenta una relación personal más que una ciudad, es cierto, pero dado que lo personal pertenece a James, me parece incuestionable su recomendación.


Nueva York
Henry James
Selección y prólogo de Colm Tóibín
Traducción de Teresa Barba y Andrés Barba
Sexto Piso. Madrid, 2010
696 páginas. 28 euros

 
Articulo : http://www.elpais.com  29/01/2011