samedi 26 novembre 2011

Justo NAVARRO/Mark TWAIN: la más grande autobiografía que nunca existió


Mark Twain: la más grande autobiografía que nunca existió
Por Justo NAVARRO
Escritor

Aunque se le llame Autobiography of Mark Twain, no se trata de una autobiografía, sino de un cúmulo de recuerdos y apuntes, escritos o dictados en distintas épocas por Samuel L. Clemens, alias Mark Twain, y ahora reunidos en tres volúmenes, de los que conozco el primero. La editora principal, Harriet Elinor Smith, ha incluido en este primer tomo sucesivos intentos autobiográficos de Twain, ordenados según la fecha de su composición, a partir de 1870 y hasta 1905, textos que el autor revisó y rechazó, aunque no destruyó, en 1906, para, a partir de la página 201, continuar con lo que debería haber sido propiamente la Autobiografía, una serie de dictados que se sucedieron del 9 de enero al 29 de marzo de 1906.

Twain se había fijado públicamente un objetivo: decir la verdad sin reservas a propósito de su vida, sus contemporáneos y su época, y, al cabo de más de tres décadas de tentativas autobiográficas, llegó a la conclusión de que «un hombre no puede decir toda la verdad sobre sí mismo, aun cuando esté convencido de que nadie verá lo que escriba». Este primer tomo de escritos, miscelánea tan variada como sería la transcripción de un año de azarosas conversaciones de sobremesa, testimonia la imposibilidad de contar la propia vida hasta el fondo, o la impotencia inevitable que sufrimos cuando queremos desentrañar en voz alta los secretos de nuestra intimidad o de nuestros seres más próximos. Y eso a pesar de que Twain había tomado precauciones para acercarse sin miedo a la imposible verdad: estipuló que su autobiografía no se publicara hasta un siglo después de su muerte, pues «un libro que no será publicado hasta cien años más tarde concede al escritor una libertad que no estaría asegurada de otra forma», la libertad de quien habla desde la tumba. Un libro así no podría perjudicar a su autor, ni herir los sentimientos de sus hijos o de sus nietos.

Admiraba la franqueza de las memorias de Casanova, capaz de decir sobre sí mismo «las cosas más viles, sucias y despreciables» con feliz fluidez, y valoraba mucho las confesiones lamentables de Rousseau, tan admirablemente sinceras, a su juicio. Clemens ambicionaba escribir una memoria veraz, sin censurarse ni permitir que otros lo hicieran, pero un buen día, como hemos visto, tuvo que reconocer lo difícil que resulta decir toda la verdad en una autobiografía. Para decir la verdad servía mejor la ficción, ya fuera ficción autobiográfica, es decir, el recurso a experiencias y anécdotas personales para Las aventuras de Tom Sawyer (1876) o Las aventuras de Huckleberry Finn (1885), o autobiografía de ficción, presentación de ficciones bajo forma fingidamente autobiográfica, como en el caso de la Autobiografía (burlesca) de Mark Twain (1871). «La verdad es que mis libros son simplemente autobiografías», dijo alguna vez Clemens, que presumía de que jamás contaba nada que no estuviera avalado por su experiencia personal, y de que, ordenando y fechando los principales incidentes de sus historias periodísticas o narrativas, podría articularse su más genuino relato autobiográfico.

Era consciente del prestigio de las anécdotas verídicas, al que acogen, incluso, los contadores de chistes, pues no hay nada más poderoso que la verdad de lo real para conquistar y maravillar a un auditorio. Clemens tenía un concepto de la literatura como entretenimiento, como espectáculo, como diversión de masas, fortalecido por su experiencia en charlas y lecturas públicas «en teatros, salas de conferencias, pistas de patinaje, cárceles e iglesias». El protagonista de estos recuerdos y apuntes diarísticos acumula anécdotas u ocurrencias, según la lógica de una conversación entre amigos, en la que unos episodios llevan espontáneamente a otros, y en la que el narrador apela a la autoridad de lo realmente vivido, a la fiabilidad y credibilidad que concede la vista, la observación personal, testigo ocular o, cuando menos, receptor de las confidencias de personas que también vieron y oyeron. La literatura era una variante de la oralidad: recurría al aval de la experiencia y las fuentes orales. Por ejemplo, a propósito de uno de sus personajes (en The Gilded Age, 1873), el coronel Sellers, estafador o embustero empedernido, Clemens desmentía que se tratara de una criatura ficticia o inventada. Consideraba un honor que se le atribuyera la creación de tal personaje, que, por más que pareciera una extravagante imposibilidad, estaba basado en la realidad, por supuesto, y no se llamaba Sellers, sino Lampton, y además era pariente suyo.

Pero, más allá del mundo tangible, sensible, anecdótico, la verdad profunda eludía ser dicha: lo íntimo resultaba lo indecible que quería ser dicho y nunca llegaba a decirse, ni hablando para oídos de dentro de cien años. En la primavera de 1899 Clemens se declaraba desanimado ante su inhabilidad para ser veraz y convertía su proyecto autobiográfico en una galería de retratos de contemporáneos con los que había tenido contacto personal. Las biografías ajenas ocuparon entonces el lugar de la autobiografía, incluyendo las vidas de personas «que no son famosas, pero que lo serán algún día», gracias, sin duda, al talento de Mark Twain. Aquellos bocetos de personajes nacerían del propio placer en el trabajo y, una vez más, «con el único objeto de decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad», sin malicia, pero «sin respeto a personas o convenciones sociales, instituciones o cualquier tipo de remilgos».

El motivo del abandono del primer plan autobiográfico no era otro que la imposibilidad de cumplir el objetivo inicial: «No podemos desnudar el alma y mirarla», según Clemens. Nos sentimos demasiado avergonzados de nosotros mismos. Es demasiado repugnante. «No ha nacido el hombre capaz de escribir la verdad sobre sí mismo», insistió. ¿Qué nos queda? Pintar los retratos de otros. Y llegaba a una conclusión de alcance general: las autobiografías son interesantes, pero, por verdaderas que sean, hay que tomarlas con prevención, con indulgencia.

Y, sin embargo, han ido apareciendo a lo largo de los años cientos de miles de palabras que dicen ser la imposible autobiografía de Mark Twain. De los sucesivos intentos, falsos principios, experimentos, borradores y episodios manuscritos, mecanografiados y dictados en distintas épocas, hasta diciembre de 1909, surge un cúmulo de más de medio millón de palabras al que se le podría llamar la autobiografía de Mark Twain, que nunca existió, pero que no debía ser publicada completa hasta un siglo después de su muerte, ocurrida el 21 de abril de 1910, año en el que pasó por la tierra el cometa Halley, como en 1835, año del nacimiento de Samuel L. Clemens.

Aunque se publicaran fragmentos en vida, ninguna parte de la autobiografía podría difundirse en forma de libro antes de la desaparición del autor. Esta prohibición no evitó que el editor George Harvey se interesara por los derechos de la futura autobiografía de ultratumba (fundamentalmente por los efectos publicitarios de semejante acuerdo para dentro de cien años y sobre un libro secreto) y le propusiera a Twain publicar las memorias en el año 2000. Una cláusula del contrato entre las dos partes establecía que las memorias se depositarían en la caja fuerte de un banco, selladas y sin leer.

El acuerdo contemplaba la publicación en todos los medios dominantes en el porvenir y, con extraordinaria visión anticipadora, incluía, junto a la impresión, las grabaciones fonográficas y la difusión por métodos eléctricos o por «cualquier otro modo que pueda estar en uso […] muchos de los cuales se le ocurrirán, sin duda, a su imaginación [la del autor], tan viva».

En sus últimos años Clemens descubrió el sentido práctico de sus tentativas autobiográficas, en las que había perdido casi todo su interés, excepto el económico. Las notas que iba dictando en torno a sus experiencias y a las personas más o menos ilustres con que se había cruzado en el curso de los años
valdrían para completar obras de Mark Twain ya publicadas: así renovarían y prolongarían los derechos de autor, a beneficio de sus herederos. En diciembre de 1906 su idea era clara: tan pronto expiraran los derechos, Clemens o sus herederos aplicarían un nuevo copyright, con una parte de la autobiografía como texto inédito en la nueva edición publicada. Por ejemplo: un tercio –en notas– de la nueva edición de Tom Sawyer sería autobiográfico, calculó Clemens. Y el mismo destino seguirían todos los libros cada vez que expiraran los derechos de autor. Decía haber tomado la idea de Walter Scott, que, con el mismo objetivo que Twain, enriquecía con comentarios las nuevas ediciones de sus obras. La autobiografía se transformaba en dispositivo para la regeneración económica de su obra completa y acababa fundiéndose con la obra: cabría decir que toda la obra de Mark Twain era ya la autobiografía o, viceversa, que la autobiografía asumía toda la obra. Samuel L. Clemens reconoció entonces que no escribía por el interés del mundo, sino por el de sus hijas.

Era un escritor comercial y presumía de tener buena cabeza para el dinero, pero, además de famoso despilfarrador, resultó un desastre como negociante. Tenía a gala que los mejores hombres de negocios de Estados Unidos le reconocían gran talento mercantil, superstición que Clemens no desmintió jamás. «Anhelamos más ser distinguidos por un talento que no poseemos que ser elogiados por los quince que poseemos», registró Twain en uno de sus fragmentos autobiográficos. Es verdad que cargaba con una «dilatada y dolorosa experiencia en la fabricación y publicación» de libros, pero sus esperanzas económicas recaían en proyectos como la invención y desarrollo de una linotipia, o la comercialización de un juego de mesa pedagógico, diseñado en 1885, mientras terminaba las Aventuras de Huckleberry Finn, para que sus hijas aprendieran historia («un juego para aprender y retener toda suerte de acontecimientos y fechas», lo definía). El caso es que los escritos autobiográficos se integraron pronto en el negocio editorial, para bien de los herederos: Albert Bigelow Paine, biógrafo oficial de Samuel L. Clemens, publicó en 1924 dos volúmenes de manuscritos y dictados anteriores a 1906, sin obedecer al orden cronológico de los acontecimientos narrados y respetando la voluntad del autor de mantener la secuencia en que los textos fueron escritos o dictados.

Paine, sin embargo, suprimió y enmendó pasajes sin avisar al lector, según destaca la responsable máxima de la actual edición de la Autobiografía, enmarcada dentro del monumental Mark Twain Project, de Berkeley. El sucesor de Paine como conservador de la memoria de Twain, Bernard DeVoto, reordenó los textos por temas en 1940 y eliminó todo lo que consideraba irrelevante, incluido el exceso de comas, así como las cartas y los recortes de prensa con que Twain solía completar sus textos. En 1959, Charles Neider organizó cronológicamente el fárrago verbal de Twain, prescindiendo de todo lo que él o la hija de Clemens, Clara Clemens Samossoud, ya octogenaria, consideraron inconveniencias. La finalidad de la presente edición de la Autobiografía sería, según Harriet Elinor Smith, «publicar el texto completo del modo más próximo posible al que Mark Twain tenía en mente para que fuera publicado después de su muerte». Pero, puesto que Twain solo dejó un manuscrito enorme, complicado y fragmentado, sin terminar e interminable por sus propias características, no deberíamos hablar del «texto completo», sino de una multitud de textos que jamás compusieron un texto propiamente dicho. Lo que no pudo unir ni atar Twain lo han conciliado sus actuales editores. Harriet Elinor Smith reconstruye en su introducción la historia de esta acumulación de documentos autobiográficos, confrontándola con las intenciones cambiantes del escritor. Se trata de una historia digna de ser contada, y muy bien contada por su editora principal. Todas las decisiones textuales de los editores aparecen documentadas en el MT Project Online (MTPO), publicadas solo online, difundiendo así la obra de Clemens por los «métodos eléctricos» que había previsto George Harvey.

Pero, entre las vacilaciones, titubeos, entusiasmos ocasionales, intentos fallidos y cambios de propósito de Clemens, surgió, a pesar de su impotencia para armar una verdadera narración autobiográfica, un ideal de cómo escribir la mejor autobiografía posible. En Italia, en 1904, en una villa florentina, dijo, dictando, haber descubierto la manera correcta de hacer una autobiografía. Partiríamos de un momento cualquiera de nuestra existencia y divagaríamos libremente por los años vividos, hablando del asunto que nos interese en ese instante; cuando el interés amenace con disolverse, empezaremos a hablar de cualquier otra cosa atractiva. Una autobiografía debe combinar, siempre según Twain, el relato autobiográfico y el diario, porque el contraste del momento vivo de ahora mismo con el recuerdo de las cosas pasadas tiene un encanto en sí mismo, no exige ningún talento extraordinario y convierte el trabajo en diversión, en un pasatiempo sin esfuerzo. En 1906, en Nueva York, señaló el rasgo esencial de su autobiografía imposible: la digresión, la divagación (discursiveness), la coloquialidad, podríamos decir, el arte de ir de una anécdota a otra, sin orden cronológico, a merced de los caprichos de la memoria. Es el mejor modo de «sacar recuerdos muertos de sus tumbas y hacerles andar». Por eso le gustaba dictar, algo que, en 1888, incluso probó con un fonógrafo grabador hasta que advirtió que no podía escribir literatura con ese aparato, aunque sí cartas: «No tiene ideas, su colaboración es nula [...], grave y adusto como el demonio».

El dictado era una especie de conversación, de confesión, y el peligro de caer en incongruencias, repeticiones o imprecisiones pesaba menos que la inclinación a decir la verdad, porque, según Twain, la divagación coloquial ayuda a desarmar el impulso hacia la autocensura. Con naturalidad llegamos a expresar así pensamientos poco convencionales sobre la religión, la política y la humanidad sin temor al ostracismo y la ignominia. Era una costumbre que Twain confesaba: en conversaciones privadas con amigos solía revelar opiniones que nunca daría a la imprenta. Y por eso aplazaba la publicación de sus ideas subversivas hasta después de la muerte. En uno de estos papeles autobiográficos leemos: «Llego a circunstancias de las que nunca he hablado antes y que no se conocerán hasta dentro de muchos años, pues este párrafo no debe ser publicado hasta que la mención de un asunto tan privado no pueda ofender a ninguna persona viva». A este tipo de literatura secreta, tan atractiva para los periódicos, pertenecen también los últimos escritos de 1909, inéditos durante muchos años, Los escritos irreverentes, bufas historias bíblicas que acabaría editando Bernard DeVoto hace cerca de cincuenta años, y que ahora vuelven a publicarse en español con introducción y traducción, muy buenas, de Gabriela Bustelo. «Cuando prohíben un libro mío en una biblioteca donde tienen la Biblia al alcance de cualquier joven indefenso, la ironía de la situación me parece tan sangrante que, en vez de irritarme, me divierte», escribió Twain una vez.

Pertenecía Twain a una tradición de humoristas orales y periodísticos, y poseyó hasta su muerte un fabuloso instinto verbal para captar la atención de su auditorio. Más que su autobiografía, le interesaba la realidad de los demás, o su propia biografía fantástica como aprendiz de impresor, periodista, piloto de barco en el río Mississippi, fugaz y fallido soldado de la Confederación, viajero enfebrecido, negociante, editor, especialista de la caricatura y el retrato de personas y de costumbres, capaz de reinventar la propia vida como novela genial. Entre sus temas autobiográficos encontraremos poco a Samuel L. Clemens, pero sí, por ejemplo, perfiles de presidentes, embajadores, honorables antepasados y entrañables parientes; consideraciones sobre el alemán, los cocheros de distintas capitales europeas, el duelo a pistola o espada como institución, la descripción de una villa florentina que posee el mismo carácter que su incómoda propietaria, la nueva y desastrosa moral económica, o la consideración que le merece («cobarde masacre») lo que el presidente Roosevelt considera un «brillante hecho de armas». Esto es lo que vemos del humorista Samuel L. Clemens en su pretensión de decir «la negra verdad», aunque también, en cierto momento, nos confíe su idea del ser humano: «Por su historia […] aporta océanos y continentes de pruebas de que de todas las criaturas que han sido creadas es la más detestable  La única que posee malicia […]. La única criatura que inflige dolor por gusto, sabiendo que causa dolor […]. La única criatura que tiene una mente sucia».

O nos cuente, ya viudo, la primera vez que vio a su mujer: «en una miniatura de marfil en el camarote de su hermano Charley en el vapor Cuaker City en la bahía de Esmirna, en el verano de 1867». La autobiografía imposible ha ido tomando la forma, trazo a trazo, de un fidedigno autorretrato involuntario, que vemos mejor gracias a su marco: el trabajo excepcional de los autores de esta edición, encabezados por Harriet Elinor Smith.

Harriet E. Smith, Benjamin Griffin, Victor Fischer y Michael B. Frank (eds.)
AUTOBIOGRAPHY OF MARK TWAIN. VOLUME I
University of California Press,
Berkeley/Londres
Mark Twain
LOS ESCRITOS IRREVERENTES
Trad.de Gabriela Bustelo
Impedimenta, Madrid
154 pp. 16,85 €

Daniel ARJONA & Nuria AZANCOT/ Revolución en la cadena editorial



Revolución en la cadena editorial
La reconversión digital se acelera. Ningún eslabón está a salvo
Por Daniel ARJONA & Nuria AZANCOT 

Los acontecimientos se precipitan. En los últimos días la tantas veces anunciada reconversión digital del libro en España ha dado pasos de gigante. La llegada de Amazon inició la avalancha. De pronto, los anuncios de los grandes del sector se multiplican a toda velocidad y en la misma dirección: potenciar el libro electrónico con acceso en la Nube simplificando el proceso de compra y abaratando su precio. El Cultural consulta hoy a escritores, agentes, editores, distribuidores y libreros, para que sean ellos, los eslabones de la cadena editorial, los que expliquen sin pudor cómo se plantean su supervivencia tras la revolución digital que va a transformar la lectura.

Si Planeta anunciaba recientemente la creación de los sellos digitales Zafiro Ebooks, especializado en novela romántica, y Scyla Ebooks, dedicado a la ciencia ficción y el terror con títulos que no superarán los 5 euros, Ediciones B respondía la semana pasada con B de Books, su propio sello digital, que promete ofrecer 300 ebooks al año, la mayoría novedades, desde 1'99 euros.

Casi a la vez, la Casa del Libro presentaba Tagus, su propia librería virtual de ebooks en la nube y lector propio a sólo 119 euros, y la FNAC respondía con una iniciativa similar también con reader propio. A punto de caer están los ebooks de Amazon, que llegó a España sólo con libros físicos, sin alimento para su famoso Kindle, y Google Books, otro gigante. Mientras, Libranda, que fue pionera del libro digital en nuestro país, languidece. Y la piratería acecha. Según el informe del Observatorio de Piratería, los ebooks pirateados suman el 50% del total.

Iniciamos así la convergencia acelerada hacia lo que ocurre en EE.UU y en muchos países europeos, donde los ebooks venden en ocasiones más que sus iguales en papel. Pero, al igual que allí, los distintos agentes de la cadena clásica del libro (ver gráfico) temen por las transformaciones que van a sufrir y hasta por su supervivencia en un plazo cada vez más corto. Hasta ahora, quien engullía la porción más sustanciosa de la tarta del libro, según el Observatorio de la Lectura del Ministerio de Cultura, era el editor, que se embolsaba un 43% de la misma. Le seguían el librero, con un 34%, el distribuidor, con un 12'9 y, por último, el autor recibía un 10%. Por su parte, el agente cobraba en torno al 15% de los beneficios que conseguía para su autor. 

Autores, agentes, editores, distribuidores, libreros... ¿Cómo piensan sobrevivir? ¿Cómo se redistribuirán los porcentajes y cuántos eslabones quedarán en la nueva cadena del libro digital? 

Los autores. 

En el principio siempre estuvo -y estará- el autor. Y sin embargo, salvo en los contados casos de opulentos bestselleros, sólo reciben un euro de cada diez que genera la industria. Si tenemos en cuenta que la escritura de un libro es tarea ardua, que la mayoría no alcanzan tiradas de más de 1.500-3.000 ejemplares..., es lógico que ante la digitalización y la amenaza de la piratería quieran dar el do de pecho y exijan subir su parte hasta un 30 e incluso un 50%. Porque nadie es imprescindible, salvo ellos, y la autoedición digital es más que una posibilidad. 

Lorenzo Silva, tal vez el autor español más combativo en el terreno digital, aspira a estar “en todos los soportes cuanto antes. Y a ello me he aplicado desde hace meses [ocho llevan sus ebooks a la venta a precios bajos]. Como escritor en español, además, creo que es una oportunidad estratégica para crear esa Hispanidad real que sería la cultura en español, lejos de la cháchara hueca de las cumbres iberoamericanas. Como parte de la industria, sugiero que ésta dé pasos decididos, bajando precios y ampliando la oferta. Eso la legitimará para pedir protección de sus derechos, hoy despreciados. Al nuevo gobierno le tocará gobernar: no puede dejar desprotegidos derechos, ni renunciar a cobrar impuestos por transacciones gravadas. La difusión de copias que excede el ámbito doméstico lo es. Y no demos por muerto al libro de papel. Hace una década que hay diarios digitales, y se siguen imprimiendo periódicos. Pero no defendamos el papel trabando el digital: eso sólo crea piratas”.

Por su parte, Manuel de Lope niega la mayor: no cree que la “era digital” sea “un asteroide que se nos viene encima. No siento la angustia o la ansiedad de ‘estar preparado'. En EE.UU. publiqué una novela en papel y en digital y todo ha sido igual. Los cambios en profundidad de la era digital tardarán en manifestarse varias generaciones”.Vamos, que ni le importa ni le preocupa, sólo le produce curiosidad, porque “en la red todo el mundo habla y gesticula al mismo tiempo”, aunque “el creador lo que tiene que hacer es responder a su necesidad íntima, intransferible, cualquiera que sea el instrumento de expresión”.

Los agentes. 

Los agentes no son obligatorios en la cadena del libro pero resulta indudable su estratégica importancia tanto para que el novel publique como para que, más tarde, explote. Los casos de García Márquez o Vargas Llosa, entre tantos otros, apadrinados por Carmen Balcells son suficientemente elocuentes. En España se pueden contar hoy más de 50 agencias pero, dado que sus ingresos provienen del 15% de media de los beneficios que consiguen para el autor, al abaratarse los ebooks su porvenir es incierto. 

Antonia Kerrigan, que lleva ya tres décadas al frente de Kerrigan-Miro, no quiere decirlo... pero lo dice: “Vamos a desaparecer todos”. Así que fía su esperanza a que el proceso de sustitución se dilate: “Yo lo que no puedo pensar es que el libro de siempre va a desaparecer mañana. Quiero creer que el papel seguirá existiendo al menos otros 20 años, y en cierto nicho de amantes de los libros, perdurará siempre. Aún faltan contenidos digitales y también los lectores de los mismos, que en España no se han popularizado. Por ejemplo, si tener un reader es una maravillosa ventaja para el trabajo de agentes o editores, sé de buena tinta que apenas lo usa una minoría”. 

Palmira Márquez, responsable de la agencia literaria y de comunicación DosPassos, reconoce estar “como el resto de los actores del sector”, adaptándose al nuevo mercado, “y trabajando por conseguir las mejores condiciones para nuestros autores en la venta de sus derechos para la explotación digital, que trae un nuevo modelo de mercado en el que habrá que vender soporte digital”. DosPassos es una agencia pionera en el uso de los book trailers para promocionar títulos como El aviso “de un autor joven, novel, Paul Pen. Una semana antes del lanzamiento de la novela lo estrenamos en la red y se convirtió en un éxito. De hecho, numerosas productoras de cine mostraron interés por la novela a partir del book trailer”. Y dice más. Que hoy, “que tendemos a quedarnos con los titulares por el exceso de información, el trabajo de los agentes literarios puede ser fundamental como mediadores y gestores de derechos, haciendo trabajos de editing y, sobre todo, siendo parte activa de la transformación del mercado editorial”. 

Los editores.

A principios de la semana pasada, Ediciones B conmocionaba al sector al anunciar la creación de B de Books, que lanzará 300 titulos a precios reducidos a partir de 1'99 euros, y sin protección DRM. “La idea -explica el editor Ernest Folch- viene de los lectores. Es él quien demanda que haya precios bajos y que no haya DRM, porque dificulta su experiencia de compra. Respecto a los precios, seguimos la tendencia de lo que ya sucede en mercados mucho más maduros, como demuestra Amazon.com. Con el lanzamiento de B de Books nos colocamos en una situación óptima ante los nuevos retos del mercado del libro en España”. Folch lo tiene todo estudiado. Por ejemplo, asegura que en España, la red necesitará “entre 3 y 5 años” para ser tanto o más eficaz que los medios de venta convencionales, pero asume el desafío como editor que ha visto el abismo: “El camino del ebook se puede abordar desde dos ángulos: los precios, que serán mucho más bajos, y los contenidos, que cada vez serán más exclusivos”.

En cambio, Juan Cerezo, editor de Tusquets, destaca que “el lector ‘fuerte', aunque también se maneje y lea ebooks, seguirá prefiriendo el papel, aunque por la inmediatez del medio puede que seduzca mayoritariamente a lectores más impulsivo, o la venta de libros más de moda. En cualquier caso, nos condicionará como editores para seleccionar con mayor rigor qué libro merece aparecer encuadernado, compuesto tipográficamente y en papel”. 

Para Tusquets, la red es un aliado “imprescindible, aunque no suficiente”. En Facebook tienen cerca de 14.000 seguidores, su twitter cuenta con otros 3.000 “y enviamos periódicamente una newsletter a 8.000 suscriptores. Todo ello se ha traducido en nuestra web en más de un millón y medio de sesiones en lo que llevamos de año. También hemos preparado y firmado contratos con varios autores de nuestro catálogo para la comercialización digital de sus obras. Estamos en conversaciones con diversas plataformas digitales que ofrezcan garantías técnicas y jurídicas para el momento en que exista una demanda significativa”. 

Los distribuidores.

Existen en España 170 distribuidoras, de las cuales 121 se ocupan mayoritariamente de libros y 69 mueven publicaciones periódicas. Según el último estudio del sector preparado por la Federación de Asociaciones Nacionales de Distribuidores de Ediciones (FANDE) en 2010 movieron 212 millones de ejemplares y recogieron 60 millones devueltos con una facturación de 1.664 millones de euros, casi un 2% menos que en 2009. La distribución en España atiende 2.122 puntos de venta y da empleo 10.955 empleados. 

Las distribuidoras tradicionales se juegan el futuro en que la coexistencia del libro digital y el libro físico sea durante aún muchos años una realidad y no una quimera. Así piensa Verónica García, de Antonio Machado: “Desconozco el papel que tendremos en el mercado de los contenidos electrónicos, probablemente ninguno. La convivencia del libro físico y el digitalizado hará que el trabajo del distribuidor de libro físico se aproveche para que el librero pueda vender tanto el libro físico como el digital, pero habrá que esperar a ver cómo”.

En la catalana Les Punxes, Oriol Serrano se muestra lacónico y contundente: “No jugaremos ningún papel”, y por el momento sólo esperan que escampe la crisis:“Si se consigue que esta epidemia pase, volveremos a la crisis de toda la vida”. Serrano apuesta por un reordenamiento que modernice un sector que mantiene su estructura desde hace ya demasiado tiempo. Pero previene también ante la visión reduccionista de su trabajo: “En casi todos los casos los distribuidores no nos limitamos a la logística, hacemos también labor comercial y administrativa; es decir, el editor se dedica a lo suyo, que es editar, y deja el resto a equipos comerciales”. 

Los libreros.

La inquietante y desangelada estampa de un mundo sin librerías podría tornarse en unos años algo más que una distópica pesadilla. A fin de cuentas, librerías grandes y pequeñas cierran sus puertas desde hace años en todo el mundo. Cadenas como Borders (se- gunda de EE.UU) o la española Crisol ya cayeron, pero la amenaza no da tregua y sólo las que han desarrollado una avanzada reconversión digital, como Barnes and Noble, se defienden. 

En 2010 las ventas bajaron, según CEGAL (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros) un 10%, lo que unido a la desaparición “casi total” de las ventas a organismos públicos, -otro 10%- suma descensos del 20%. Las cifras del Comercio Interior del Libro cuentan que los libreros devuelven el 35% de lo que reciben aunque las grandes superficies podrían llegar hasta el 45%. Y según el Instituto Nacional de Estadística la facturación total del libro descendió un 10% -de 945 a 845 millones de euros-, y sólo el 3'7% de los títulos vendió más de 5.000 ejemplares. 

Lola Larumbe, de la librería Rafael Alberti de Madrid, prefiere mantener la calma. Dice que de revolución digital nada de nada, que “llevamos demasiado tiempo hablando de eso” por razones comerciales, mientras librerías como la suya siguen “llenas de libros, y los editores apostando por el papel. Nos hemos planteado no tener miedo a perder ningún tren, puesto que sigue habiendo muy buenos lectores a los que les gusta venir a la librería mientras que en la red las informaciones están muy contaminadas. Comprendo que las grandes superficies tengan miedo a la competencia digital y que eso les esté haciendo lanzarse a la piscina, pero una librería como ésta debe confiar en sus valores, y no ningunear al buen lector”. Eso sí, tienen una web potente en la que vuelcan constantemente contenidos e información, y están en redes sociales, como facebook. Pero, insiste Lola, el problema es que precisamente ahora es cuando el buen librero va a resultar fundamental: “Ya lo estamos viendo. Lo de internet es un puzzle, un gazpacho, en el que convive todo sin criterio y aparentemente con el mismo rango...” 

¿Y qué opinan en el gigante que ha puesto todo patas arriba con su aterrizaje? El Cultural ha hablado con Gordon Willoughby, director de Kindle para Europa y es un lógico y encendido defensor de los ebooks: “Sólo hay dos partes importantes en la industria del libro: lectores y autores; el resto somos intermediarios, y tenemos que innovar si queremos sobrevivir. Los libros digitales, sin duda, han revitalizado la industria del libro. Millones de personas en el mundo están ahora leyendo en un Kindle, y hemos visto un tremendo crecimiento de las ventas en los últimos cuatro años. Amazon.com ya vende más libros para Kindle que impresos, incluso teniendo en cuenta que el negocio en papel continúa creciendo. Los ebooks animan a la gente a leer más. Los propietarios de un Kindle compran tres veces más libros que antes de adquirir el Kindle”. 

Los críticos. 

En este punto toma la palabra el crítico Ricardo Senabre, que no cree que el cambio digital afecte demasiado a su labor: “El crítico -dice- tendrá que hacer lo mismo que siempre y acostumbrarse a leer en una pantalla, de igual modo que quienes leían en pergaminos o manuscritos tuvieron que amoldarse -no en un día ni en un año- a la letra impresa. Tampoco creo que haya tantos lectores de libros electrónicos, aunque irán aumentando. Y los hábitos de lectura no tienen por qué cambiar únicamente porque cambie el soporte textual”. 

Sabe que los críticos internautas (“a menudo simples blogueros o amigos de los autores”) están sustituyendo en la red a los “verdaderos especialistas, aunque con resultados deplorables, por lo general. Es ya asombrosa la cantidad de aficionados que pontifican sobre la literatura. De todos modos, la disminución de competencia y peso específico de la crítica se producirá de modo inexorable si continúa el proceso de trivialización y degradación cultural a que asistimos”. Por eso no oculta su pesimismo, ya que, a su juicio, “es indudable que aparecerá un número mayor aún que ahora de obras infraliterarias, aunque bien aireadas y elogiadas por los mecanismos ublicitarios. Lo que habrá que hacer será procurar que el público no se deje engañar por la bazofia y vaya depurando sus gustos. Como ahora, sólo que en un terreno más infestado aún de productos nocivos. 

Vicente Luis Mora es un ejemplo de “crítico internauta”, pero no precisamente aficionado. Su Diario de Lecturas (vicenteluismora.blogspot.com) nació en 2005 y se ha convertido en referencia de la la Red. En enero publica en Seix Barral El Lectoespectador, donde precisamente se enfrenta a los retos de la crítica. Pero nos avanza que son “numerosos”: “la ampliación (o voladura) del concepto de texto; la dificultad de unificar bajo el término ‘narración' experiencias muy diversas; y la necesidad de redefinir conceptos como página, autor y obra. Pero también se presentan oportunidades: el blog como plataforma idónea para la crítica; la posibilidad de una crítica en la nube, solo o con otros críticos; otras ediciones críticas, etc”. Mora también desaconseja a los autores la autoedición porque “el editor es el primer y más decisivo crítico de un libro” y propone a los editores un sistema de pagos por acceso. 

Articulo : http://www.elcultural.es 25/11/2011

Winston MANRIQUE SABOGAL/Entrevista a Harold BLOOM



ENTREVISTA:
Canonizador
Por Winston MANRIQUE SABOGAL

Harold Bloom habla sobre su legado como crítico literario en Anatomía de la influencia. El gran divulgador abre un debate, planteado por Babelia, sobre la crisis de la crítica. Insiste en la necesidad de conocer a los clásicos para juzgar a los autores de hoy.

HAY QUE MANTENER a raya la muerte de la imaginación!", pide Harold Bloom, que calla y cierra los ojos el tiempo suficiente para parecer un busto de mármol blanco de algún sabio griego de cabellos revueltos.

La frase suspendida recobra vida con voz grave y cansada: "Una de lasmaneras es que el crítico se acerque a un libro a través de la confrontación con las cosas directamente.

Debe ver lo bueno que es el autor. Y no hablo de los escritores menores sino de los grandes, comoDante, Shakespeare y Cervantes. Saber de qué están históricamente envueltos, cuál es el proceso; pero tiene que sentarse en el mismo sitio del escritor para conocerlo, y cuando lo lea debe leerlo como a un amigo cercano…". Y Bloomvuelve a suspender la idea un instante hasta encontrar las palabras: "Esa literatura, la canónica, que parece agonizar, es fundamental conocerla si queremos aprender a oír, a ver, a pensar… A sentir...".

Lo expresa casi al final de la entrevista como una recomendación para dejar de "bordear el abismo cultural". Es el reclamo de un hombre que siempre ha sostenido un duelo contra lo corriente; alguien para quien la literatura son las pulsaciones de su vida, que ha enseñado a amarla y en cuyo empeño pasó a ser uno de los críticos de referencia del último medio siglo, un relevo y respuesta a otros como el poeta T. S. Eliot (Lumen acaba de publicar sus críticas en La aventura sin fin). Todo viene de aquel niño que a los diez años empezó a leer poesía, a los 13 descubrió Macbeth, de Shakespeare, y, sin darse cuenta, se convirtió en un heredero de Longino, que propugna una ideología estética, y también en una especie de incentivador del espíritu agonista, del duelo dialéctico, en busca de… ¡La belleza! ¡El arte! ¡Lo sublime! Esa es su trinidad. Cómo descubrirlas y disfrutarlas serán las ideas que irán y vendrán durante el encuentro con este lector, crítico y docente octogenario a quien nunca le ha temblado la voz para convertirse en un canonizador. "Ahoramás que nunca, en esta época paradójica de abundancia informativa y generadora de desinformación". Y es ese, este momento, el que acoge su libro número 32, su gran legado como crítico literario: Anatomía de la influencia. La literatura como modo de vida (Taurus). Con este volumen, Bloom (Nueva York, 1930) cierra un círculo intelectual después de 44 años con un guiño a su primera obra: La ansiedad de la influencia; que ha coincidido con los 55 como docente de la Cátedra Sterling de Literatura de la Universidad de Yale.

Hijo de inmigrantes judíos de la Europa del Este, Harold Bloom está a pocos pasos de la calle Broadway.Manhattan es un susurro en su apartamento, al que viene de vez cuando desde su casa de New Haven, en Connecticut. Un apartamento con apenas libros a la vista, que no delatan a un autor de títulos como El canon occidental; Shakespeare.

La invención de lo humano; Cómo leer y por qué y ¿Dónde se encuentra la sabiduría?Rodeado de tonos beis y camel, que favorecen una luz antigua, él empieza a hablar con su inglés pausado y transparente en la cabecera del comedor de madera.

PREGUNTA. ¿Usted que siempre ha entablado un diálogo con los lectores, cuál cree que debe ser la verdad de la crítica? 
RESPUESTA. Admiro al gran héroe que tengo en la literatura occidental y al que he querido ser igual desde que era niño: el señor Samuel Johnson. Lo leo cada semana. Él dice que la función de la crítica literaria es transformar la opinión en conocimiento.

P. Me recuerda un pasaje de su libro: "Practicar la crítica propiamente dicha consiste en reflexionar poéticamente acerca del pensamiento poético".
R. Los poetas, los novelistas y los dramaturgos piensan a través de imágenes ymetáforas, es un pensamiento figurativo. Nada en la literatura de WaltWhitman, por ejemplo, es real. Él utiliza metáforas como en la ficción y la ficción es lo supremo. Estoy escribiendo una obra teatral sobreWhitman y la dificultad es encontrar que los poetas estén por sí mismos… Básicamente, el problema es que eso es ficción. Los poetas utilizan un pensamiento figurativo para hablar. Si yo ahora quiero hacer crítica debería tener mucha sabiduría, mucha experiencia para poder acercarme a seres como Cervantes, Shakespeare, los grandes.

P. Ha expresado su alarma sobre la situación de la crítica. ¿Cómo la ve hoy? 
R. Es reprobable porque se ha politizado, se hamezclado lo académico y lo político.

Ha surgido una especie de feminismo o racismo y lo que esto ha producido no es real. Lo que ha generado es la destrucción de la literatura en el mundo inglés porque las palabras que se escogen para enseñar o leer no son en base a criterios intelectuales sino el color de la piel, la orientación sexual o el origen étnico. La llamada nueva crítica y el nuevo cinismo son cómplices inesperados.

P. ¿Y fuera del mundo anglosajón? 
R. Estoy cansado de que me pregunten por otras personas, solo ha generado problemas y peleas. El arte de la crítica literaria de nuestra época es, como digo en el libro, leer, releer, descubrir, evaluar, apreciar. Porque aunque la crítica no puede invertir el declive de la cultura podría dar testimonio de ella.

BLOOM CHASQUEA la lengua y se disculpa porque tiene que caminar un poco. "Debo hacerlo cada quince minutos por problemas de circulación en las piernas". Se apoya en la mesa para levantarse, coge el caminador y avanza hasta adentrarse en las sombras de un pasillo del apartamento.

Solo se escucha el débil roce de sus pantuflas sobre el suelo. Hasta que regresa quejándose de la disminución de la crítica en la prensa.

P. ¿Cuál considera que debe ser la labor de la prensa, los suplementos literarios y la crítica literaria en esta era de tanta información, potenciada por Internet, que tiende a la desinformación? 
R. Le voy a contar un episodio: hace 10 años remodelaron el Museo Británico y me llamaron porque había un acto donde se iba a hablar de la manera como los computadores transformaban el libro. Entonces pregunté qué tenía yo que ver. Me dijeron que era para que defendiera el libro. Mi respuesta fue que no había necesidad de defenderlo porque no era un dinosaurio extinguido.

Aunque es verdad que hoy la desinformación no se distingue de la información.
Lo que hay que hacer es cuestionar toda la información, venga de donde venga, porque los jóvenes son adictos a la televisión e Internet y son prisioneros de esa realidad virtual. El exceso de la vida a través de tantas pantallas, televisión, computador, cine, móviles y demás, corre el riesgo de acabar con los daimones, con la posibilidad de inspiración y pensamiento.Hemos entrado en la magnificencia de la realidad virtual.

Cervantes con el Quijote es un buen ejemplo de ello. Es una profecía que se está cumpliendo porque Sancho y él tenían realidades distintas.

P. ¿Se requieremás que nunca de la crítica de referencia, de personas o medios que orienten y fomenten lo mejor? 
R. Sin duda. Es necesaria una referencia, pero, precisamente, hoy más que nunca es difícil hacerla. Pero no todo está perdido.

Dejé la academia y elegí ser profesor para el público en general porque probé la teoría, mis libros están traducidos amás de 40 lenguas y recibo correos electrónicos de todo el mundo. En esa audiencia he comprobado que la gente tiene valor intelectual, quiere aprender. Quiere saber qué es lo bueno, retornar a los clásicos, porque esa literatura es necesaria si queremos aprender. Y yo he encontrado ese público en todos los países.

A pesar de que los estudiantes van a la universidad con los profesores y encuentran muchas cosas, ellos han desechado todo eso porque es basura y han regresado a los pilares de la literatura para poder comprender lo que viene después. La literatura sublime transporta y engrandece a sus lectores.

P. Pero lo sublime y lo estético no parecen vivir su mejor momento.
R. En la vida aparecen caminos extraños y lugares extraños. Todavía haymuchos novelistas estadounidenses fieles a lo mejor del pasado. También los poetas como John Jasper, y hay dos o tres en cada país, que son realmente importantes. Pensaba que cuando terminara la carrera iba a tener que pelear para cambiar eso, pero me he dado cuenta de que he influido en muchos jóvenes en todo el mundo que han tenido el coraje y les he dicho por qué leer, cómo leer y qué leer. Un deseo que ha permitido la continuación de una tradición por el gusto literario. Es el trabajo de la ilusión de más altos ideales, encontrar el auténtico trabajo, la oportunidad de buscar y de establecer grandes estándares como los establecieron grandes escritores. Toda esa parte sensitiva los ayuda. ¡Hay que mantener a raya la muerte de la imaginación!

Y TRAS EXPLICAR LA NECESIDAD de leer a los clásicos, Bloom se disculpa de nuevo. Se aleja escoltado por el ruido de sus pasos al ritmo del caminador. A su regreso, manda por delante palabras entusiastas por otro libro que acaba de publicar, La escuela de Wallace Stevens (Vaso Roto), y los que está escribiendo: la obra sobre Walt Whitman, un estudio sobre cinco autores esenciales en la creación de su país (los poetas Emily Dickinson, Wallace Stevens, Whitman y Hart Crane, y el novelista Herman Melville) y sus ya legendarias memorias literarias.

P. Le voy a mencionar a algunas de las personas que, según usted, más le han influido como crítico. Me gustaría que dijera algo de ellas [Bloomse sorprende y levanta la cabeza al tiempo que sus cejas pobladas se arquean expectantes]. Longino.
R. [Sonríe, y su cara adquiere un discreto tono vivaz]. Es el comienzo real del criticismo, de lo que habrá de ser la crítica. Fue un crítico genuino. Longino es de lo que hemos estado hablando aquí todo el tiempo. Longino dice que necesitamos emular a los héroes, emular su propia grandeza y los retos para crecer como personas.

P. Samuel Johnson.
R. ¡Ah…! Él entendió mejor que ningún otro a Shakespeare. Mostró cómo poner la biografía y la crítica en otro nivel. Mostró cómo tener vida y trabajar en un sentido profundo e independiente cada uno. Pero, sobre todo, en algún sentido, mostró el uso de la literatura como forma de vida, de ahí el subtítulo de mi libro.

P. Immanuel Kant.
R. [Sonríe y cierra los ojos] ¡Ah…! Me influyómucho y logró que me emancipara en la estética, la epistemología y la deconstrucción.
En Crítica del juicio, Kant enfrenta al crítico, a la razón inteligente de la literatura y dice que tú no puedes estar solo con todo el trabajo, no puedes estar solo cuando pones en escena el drama de Shakespeare.

Nuestras emociones son estética.

Y SIGUEN MÁS NOMBRES que le despiertan una evocación de plácida alegría en espiral: Edmund Burke, Walter Pater, Kierkegaard, Gershon-Scholem, Emerson, Kenneth Burke, Sigmund Freud, La Biblia, Angus Fletcher: "Es el crítico canónico de mi generación"; Hart Crane (su primer amor poético): "Ah…".

Es el Harold Bloom que ha intentado comunicar y enseñar a identificar la belleza y celebrar lo sublime de la literatura. Llega el momento de otro paseo por su casa, esta vez acompañado de sus reflexiones sobre el presente con una voz que va y viene, como oleaje: "Es un momento difícil para la gente… El gran problema es la educación… Si la gente es educada de manera adecuada, puede pensar, pero si la gente no es educada no es posible que piense. Toda la vida he sido profesor, por eso sé que aquí no pensamos…".

Anatomía de la influencia. La literatura como modo de vida. Harold Bloom. Traducción de Damià Alou. Taurus. Madrid, 2011. 444 páginas. 24 euros. La escuela de Wallace Stevens. Un perfil de la poesía estadounidense contemporánea. Harold Bloom. Edición de Jeannette L. Clariond. Vaso Roto. Madrid, 2011. 814 páginas. 38 euros.

Articulo : http://www.elpais.com 26/11/2011

Winston MANRIQUE SABOGAL/ Radiografía de la crítica literaria I



REPORTAJE:
Radiografía de la crítica literaria
Por Winston MANRIQUE SABOGAL

Ha llegado la hora de la autocrítica. Una veintena de los más influyentes líderes de opinión literaria de Europa y América analizan el presente y las transformaciones de la profesión ante la fuerza y expansión del mundo digital. Un diagnóstico que impone nuevas actitudes

Al aura polémica y de crisis casi connaturales de la crítica literaria se suma la pluralidad de espacios en la Red y tecnologías emergentes sobre cómo ejercerla y divulgarla. El juego es el mismo, las reglas apenas han cambiado, pero los tableros son otros; y un jugador pugna por ganar protagonismo: el lector anónimo y el personaje o famoso de turno.

La crisis económica y el avance del mundo dual, analógico y digital remueven los pilares de la crítica literaria. Sobre su estado reflexionan 22 críticos y directores de los suplementos literarios más prestigiosos de Europa, Estados Unidos, América Latina y España. Un debate coral que invita al análisis y entabla un diálogo con los lectores.

Algunas de las conclusiones sobre este paisaje en continua transformación se pueden dividir en tres apartados: 1. La reducción de páginas y espacios dedicados a la crítica, las directrices o filosofía de cada medio sobre la clase de textos que quiere brindar y la aparente mayor concesión al mercado en detrimento de la calidad. 2. La revisión del ejercicio de la propia crítica a la cual le faltaría independencia, valentía, compromiso, rigor (ser menos complaciente) y profundidad (dar más elementos de valoración). 3. La pérdida de la influencia de la crítica literaria justo ahora cuando más se necesita en una era de sobreinformación y proliferación de canales que distorsionan y tienden a igualar el arte, a lo cual se suma la confusión ante la democratización de la crítica desde la plaza virtual.

En línea con ese mundo dual, este trabajo se presenta de tres maneras complementarias:1. En la edición impresa el protagonismo es para nueve temas con las respuestas más clarificadoras. 2. En la edición digital el foco recae en los participantes, ya que junto a este texto se adjuntan todas sus respuestas. 3. Los lectores tendrán la palabra en el blog de Babelia, 'Papeles perdidos', a través de un debate que se abre hoy (http://blogs.elpais.com/papeles-perdidos/).


I. FUNCIÓN DE LA CRÍTICA
Marie Arana

Escritora, exdirectora literaria del desaparecido World Book, de The Washington Post,y su actual escritora principal (Estados Unidos)

El crítico literario es un guardián cultural, un juez que ha leído mucho, conoce el canon literario y posee una amplia variedad de experiencias con muchos géneros. Nuestro trabajo consiste en actuar como lectores serios. Nuestro objetivo debería ser el de ubicar un libro, juzgarlo con la perspectiva de una larga tradición literaria. Somos informadores, educadores y animadores, todo en uno. Deberíamos ser concienzudos, interesantes, reflexivos. Es sobre nuestros hombros donde se sostiene la cultura del libro. Somos la conexión entre los escritores serios y los lectores serios. De nosotros depende que esa conexión siga siendo fuerte, esencial y vibrante.


Claire Armitstead
Editora literaria de The Guardian (Reino Unido)

Es una parte vital de la economía cultural. Una de las pocas formas capaces de poner un espejo delante de nuestra sociedad y sus valores. Tiene un valor social.


Jordi Gracia
Catedrático y crítico de Babelia de EL PAÍS (España)

Su función es muy modesta, y sin embargo tiene pleno sentido, y es insustituible en una sociedad civilizada: la capacidad de discutir, desmenuzar, impugnar, rebatir o elogiar los libros que se publican es casi la función natural de la vida intelectual privada y, por tanto, también pública.


Alberto Olmos
Escritor y crítico, gestiona el blog Lector Malherido y bloguero de Hikikomori (España)

La crítica debería hacerse fuerte en dos funciones concretas: 1. Señalar los libros que, puntualmente, reflejan el espíritu de su tiempo y que ningún lector debería perderse. 2.Contrarrestar el éxito de otras novelas que, menos puntualmente -de hecho, de forma habitual-, embrutecen el acto mismo de leer y abaratan el arte literario. Esta segunda función es la que la crítica literaria actual en España ha dejado por completo de satisfacer, ya sea por esnobismo, ya por presiones empresariales, ya por cobardía.


II. ESTADO Y DIAGNÓSTICO
Bernard Pivot

Periodista, crítico y divulgador cultural de programas de televisión como Apostrophes(Francia)

Respecto a la crítica que he conocido hace cincuenta años, tiene menos espacio, pero sigue existiendo. Incluso a veces vivaz. Cuando la crítica literaria está agrupada tiene una influencia importante. Cuando está aislada no tiene el poder que puede tener un programa de televisión e incluso de radio. Aunque no creo que la crítica literaria haya evolucionado mucho, salvo que tiene menos espacio. Se le pide sobre todo a los periodistas que escriban artículos menos largos.


Paul Ingendaay
Escritor, exeditor literario del Frankfurter Allgemeine Zeitung (Alemania) y corresponsal cultural en España

No se puede juzgar la calidad de la crítica literaria sin tener en cuenta las formas de divulgar la literatura en los medios de comunicación, igual que los criterios de su evaluación. En este sentido, el concepto de lo que se llamaba "literatura seria" se ha ido esfumando. Se podría decir que con la mezcla de géneros se ha democratizado, pero también es cierto que, con respecto a la calidad literaria, se ha bajado el listón.


José María Guelbenzu
Escritor y crítico de Babelia. EL PAÍS (España)

Si nos circunscribimos a la crítica literaria como tal crítica, sigue más o menos igual; si pensamos en las reseñas de los medios, creo que ha aumentado la complacencia y ha disminuido la exigencia.


Philippe Lançon
Crítico del suplemento literario de Libération (Francia)

En la prensa generalista ha empeorado sin duda. Los críticos no son más (ni menos) comprometidos que antes con las editoriales, con su propia vanidad y deseo de existir, de "ocupar el terreno". Pero como los libros no tienen ya tanta importancia en la vida social y mental de los lectores, la crítica tampoco la tiene en los periódicos. La falta de tiempo, de espacio y de afán (por parte de los lectores, o al menos de estos lectores generalmente incultos que son ahora los directores de periódicos) la debilita mucho -la reduce como una cabeza de jíbaro-. Generalmente, la crítica se ha vuelto publicidad más o menos informativa. Es un problema mental, social y económico.


Eliot Weinberger
Escritor, traductor y crítico de medios como The New York Review of Books (Estados Unidos)

Estados Unidos no tiene la clase de suplementos literarios habituales en España y muchos otros países. Solo tiene una publicación periódica importante sobre crítica literaria: The New York Review of Books. Ya no hay críticos estadounidenses poderosos, como los había hasta la década de 1960, escribiendo en una prosa que era inteligible para cualquiera e introduciendo la literatura en los problemas políticos, sociales y morales del día. La llamada crítica "seria" ha pasado en su mayoría a ser dominio de los académicos, que escriben usando una jerga especializada, en la extraña creencia de que lo complejo solo puede presentarse por medio de frases impenetrables, y que parecen más preocupados por la crítica de la crítica que por la crítica de la literatura. El resto es publicidad principalmente: los extraordinariamente eficaces departamentos de marketing de las grandes empresas editoriales dictando aquello sobre lo que se escribirá en los periódicos y revistas. Uno se pregunta por qué sigue habiendo siquiera periodistas culturales. La crítica, en Estados Unidos, se ha reducido a las "recomendaciones", que llegan a través de las reseñas, los blogs y Twitter. Los premios se han convertido en la validación estándar del mérito literario. No puedo pensar en un solo crítico estadounidense a quien uno pueda recurrir ahora en busca de ideas. Quizás esta sea la razón por la que el mundo es más confuso que nunca.


José María Pozuelo Yvancos
Escritor y crítico de Abc Cultural, de Abc (España)

Se mueve en estratos distintos. Es tan diversa como la pluralidad de lectores y de medios de expresión. En términos globales me parece que la crítica literaria ha mejorado mucho en España, porque se ha aumentado el número de voces, pero también porque hay una mayor involucración de gentes muy prestigiosas en su ámbito. La antigua dicotomía entre crítica universitaria / crítica periodística se ha roto, y eso ha sido positivo para ambos lados.


Marie Arana

En Estados Unidos, la crítica literaria ha sufrido un golpe aparentemente mortal. En los últimos cinco años, periódicos que constituían la primera línea del debate inteligente sobre los libros se han visto obligados por las presiones económicas a recortar sus coberturas. La parte interesante es que el sector editorial en sí mismo ha conservado su fortaleza. Nadie lee menos, pero la manera de valorar los libros ha sufrido una gran transformación.


Enrique Krauze
Director de la revista Letras Libres (México)

La crítica en los periódicos independientes y la mayoría de las revistas de habla hispana deja mucho que desear. Por lo general, las reseñas son meros resúmenes de las obras, elogios indiscriminados o acercamientos teóricos. Falta casi todo: compromiso, penetración, discernimiento, profundidad, horizonte, pero sobre todo valentía. Atreverse a opinar con fundamento si una obra es buena o mala y por qué. La crítica de cine o la deportiva es mejor. ¿Por qué no tenemos la crítica literaria que necesitamos? Intervienen varios factores: compromisos editoriales, institucionales y hasta amistosos.


Santos Sanz Villanueva
Escritor y crítico de El Cultural, de El Mundo (España)

Más que mejorar o empeorar, la crítica hoy es distinta de cómo ha sido en el pasado desde que adquiriera un perfil definido en el siglo XIX. Hasta tiempos recientes era un elemento fundamental del sistema literario, formado por la cadena autor-lector-crítico. El último eslabón ha sufrido un desplazamiento de su función y ha sido sustituido por otros factores más determinantes: el marketing, la publicidad, el peso de la industria editorial, la arrasadora influencia de los medios audiovisuales.La cultura del espectáculo ha sustituido a la cultura del razonamiento y ha traído como consecuencia el relegamiento del crítico. Los críticos nos hemos quedado sin lectores, salvo los escritores, los profesores y una minoría muy interesada por las letras.


III. VIRTUDES Y DEFECTOS
Jorge Aulicino
Poeta y editor del suplemento Ñ, de Clarín (Argentina)

Resaltan más sus defectos, por cuanto sus espacios han aumentado. Hay más espacios de crítica porque la industria aumentó. Y el principal defecto es la complacencia con ese estado. Los críticos están demasiado vinculados a la industria editorial; son, a la par que críticos, ensayistas o novelistas, o poetas o autores de libros de crítica. Por otra parte, comparten demasiados saraos y vida socioliteraria con los escritores, y no quieren pelearse con ellos. Hay muchas excepciones, pero gran parte de la crítica resulta publicidad encubierta.


Jordi Gracia

La tendencia a creer en su empeoramiento es casi invencible. La crítica es más previsible para muchos porque nosotros mismos somos los previsibles. El rasgo más llamativo es la propensión a una brevedad extrema que tiende a favorecer el impresionismo analítico y el comentario de lectura más que el análisis metódico o contextualizado o vinculado a otras obras y tradiciones.


Claire Armitstead

El mayor problema (a diferencia de otras artes) es que no hay ninguna estructura profesional en ella, de modo que la mayoría de los críticos tienen que combinar las reseñas con ganarse la vida ya sea como escritores o como profesores, lo cual pone en peligro su independencia.


José María Pozuelo Yvancos

Hay dos principales defectos: el primero, de carácter general, es que la critica ejercida en un periódico o suplemento no siempre se separa bien de las leyes del mercado, porque el mismo suplemento, el medio, también es mercado, y debe hablar de lo que la gente habla. Esta pulsión de novedad, y de énfasis en "estar en la onda", es el principal defecto. Si la crítica termina hablando igual que el mercado y sigue sin más sus leyes se hará innecesaria por redundante. Refiriéndome al crítico, el principal defecto es que crea que su gloria o su lugar coincide con el que le concede el periódico. Muchas veces la mucha significación del crítico es directamente proporcional a su insignificancia. En cuanto a las virtudes: qué bien que una pequeña editorial o una autora de la que el mercado no habla sale a superficie porque un suplemento (o un crítico) llama la atención sobre ella, y la descubre. Contribuir a la visibilidad de quien vale, incluso al margen del mercado, seria quizá la mejor virtud de la crítica.


Mario Jursich
Periodista, escritor y subdirector de la revista El Malpensante (Colombia)

Las virtudes son más o menos las mismas de siempre: iluminar el sentido de un libro, ponerlo en relación con su contexto y con otros libros, explicar sus mecanismos de composición, etcétera. Los males son básicamente dos: 1. La idea firmemente arraigada de que la crítica literaria no es una instancia de reflexión sino parte del proceso de promoción del libro. 2. La convicción, no menos arraigada, de que la mala prosa es fundamental para hablar de literatura.


Marie Arana

En Estados Unidos ha perdido su vigor. Hay poca espontaneidad y emoción en el análisis de los libros. Si existe espontaneidad es en la dispersión de blogs literarios, pero son indisciplinados, están pobremente escritos y, a menudo, descuidados. Ninguno se ha revelado como una voz influyente.


Iván Thays
Escritor y bloguero de Moleskine literario y Basta de carátulas (Perú)

Su principal virtud está en no haber cedido, en la mayoría de los casos, al lector menos aventajado, el no haberse trivializado (como sucedió con las reseñas literarias, cada vez más parecidas a contratapas). Su principal defecto es no conseguir deshacerse del lenguaje académico codificado, el crear tendencias que no existen y el distanciarse de los nuevos fenómenos (salvo excepciones). Lo peor es que la crítica sigue buscando ser canónica y sesgada, pese a que la literatura actual es anticanónica y más bien dispersa y muy versátil.


Bernard Pivot

El principal defecto es cuando los críticos escriben para ellos mismos o sus amigos. No escriben para el público.


IV. EL PAPEL DE LOS MEDIOS
Jordi Gracia

El ejercicio de la crítica -la discriminación, la valoración, la ponderación- como función fundamental en una sociedad viva y como secuela casi necesaria de ese ejercicio se desprende la orientación sobre lo que son los libros que se publican de acuerdo con cada crítico o comentarista.


Gustavo Guerrero
Profesor de la Universidad de Cergy-Pontoise y consejero literario para el español de Gallimard (Francia)

Las políticas de los suplementos y revistas literarias son muy diversas. Quizá su virtud principal radique justamente en esa diversidad que nos muestra cómo se ha instalado el pluralismo en la vida literaria y cómo se ha desterrado la idea de que existe una jerarquía de valores única en cuestiones de estética. Hoy una novela o un poemario pueden ser buenos, mejores o peores para distintos públicos de muy distintas maneras, lo cual no implica que todo valga, sino que el valor literario es una construcción social que resulta de una apreciación y unos arbitrajes susceptibles de crear consensos más o menos extensos, estables y duraderos.


Mario Jursich

No es posible ni deseable que todos cumplan el mismo rol. Eso dependerá de la personalidad y los intereses de quienes dirijan esas revistas, esos suplementos, esas radios o esas webs.


Iván Thays

Mientras más suplementos literarios impresos cierran, más blogs literarios aparecen. La crítica literaria o el comentario de libros por Internet es una selva tupida en donde hay de todo. Uno debe andar muy atento y con un buen machete para abrirse camino por esa jungla donde todos tienen algo que decir, y lo dirán. Y ya sabemos: la ignorancia es atrevida. Creo que un blog o un website con rigor puede tener más importancia que un suplemento escrito. Lo fundamental es el contenido, sea la plataforma que sea.


V. DESAFÍOS DEL NUEVO PAISAJE
Gustavo Guerrero

Ante los demasiados libros que se publican, nunca antes el lector ha tenido tal necesidad de mediadores y nunca antes los mediadores han brillado tanto por su ausencia. No es fácil imaginar una salida para esta situación. La recomposición del paisaje mediático y tecnológico a la que estamos asistiendo quizás abra algunas puertas. Si la crítica quiere recobrar al menos una parte de su influencia social, va a tener que entrar en una dinámica multimedia porque el impacto de lo escrito se ha ido debilitando y tiene un alcance cada vez más limitado, sobre todo ante las posibilidades que ofrecen los medios audiovisuales e Internet.


Juan Antonio Masoliver Ródenas
Escritor y crítico de Culturas, La Vanguardia (España)

Internet llega de una forma más inmediata al lector. Hay blogs y revistas excelentes que compensan la escasez de revistas impresas. Pero nada impide la improvisación, elamateurismo, el narcisismo y confundir criticar con destruir. Hay mucho camino por recorrer y de momento aún vivimos en el caos. Pero la crítica -el lenguaje crítico- no ha cambiado. Sí ha cambiado el acceso, mucho mayor.


Marie Arana

El verdadero desafío proviene de los tiempos que vivimos. Hemos llegado a un punto en el que mucha de la información ya no se procesa de manera tradicional. Internet es cualquier cosa menos algo "desconectado", como es el libro. Está intrincadamente conectada y ha cambiado nuestra forma de pensar y leer. Alimentada por un número interminable de escritores, la Red está pensada para un número interminable de lectores. Los desafíos y problemas de la crítica están vinculados a la supervivencia de los periódicos.


Philippe Lançon

Más independiente. Más resistente al espíritu de publicidad y de negocio. Más lenta, más elitista. Y, sobre todo, mejor escrita.


Claire Armitstead

Internet ha hecho que la crítica informada, procedente de una fuente fiable, sea más importante que nunca. En cuanto al modo de ofrecer eso en el siglo XXI, todavía estamos tratando de averiguarlo. Mi propia impresión es que tenemos que adoptar la variedad que ofrecen las nuevas tecnologías y encontrar formas de llevar la crítica a una nueva generación de "lectores" a través del medio que prefieran.


José María Pozuelo Yvancos

Las revistas literarias tienen que pasar a la Red, pero no abdicar de lo que es propio de ellas. Ningún suplemento literario llama a cualquiera para que hable según le parezca, sino que los buenos se han rodeado de expertos, han reclamado el concurso de quienes saben hablar el idioma literario. La única posibilidad de existencia futura de la revista cultural o del suplemento es ser diferente, dar lo que otros medios no dan.


VI. ¿UN PUNTO DE REFERENCIA EN EL CIBERESPACIO?
Paul Ingendaay

No, los medios están al alcance de todos. Serán los lectores quienes decidan si de verdad necesitan una "crítica literaria" en el sentido tradicional. Internet nos ha traído otras formas de debate igual de válidas. Es un punto de referencia para lectores que no intercambiaban opiniones.


Philippe Lançon

No sé. Es un momento revolucionario para toda la prensa, y sobre todo para la prensa cultural: la legitimidad del "gran crítico" o de tal periódico ya casi no existe. La figura del "gran crítico" desapareció más o menos con la del "gran escritor". Sin embargo, la gente necesita más que nunca puntos de referencia cultural, pues el problema del "gusto" se ha vuelto muy importante para la personalidad de cada uno. Lo que no veo es cómo se van a desarrollar nuevos puntos de referencia.


Jorge Aulicino

La democratización de la crítica, la opinión, la información -esto implica el espacio virtual interactivo- requiere más que nunca puntos de referencia. El periodismo profesional no puede ser reemplazado por la información amateur. Aun en la Red. Primero, porque el periodismo es un trabajo colectivo con profesionales. Producir información, justamente por impulso de la globalización, requiere equipos, recursos humanos, tecnología, que cada uno por sí mismo no está en condiciones de tener. Los lectores pueden encontrar crítica muy buena dentro o fuera de los grandes medios, pero la calidad de esa crítica se deberá siempre a lo mismo: la calidad de lectura y de la escritura del crítico.


Alberto Olmos

El líder de opinión o creador de tendencias es connatural al juego social y a su inabarcabilidad, por lo que los lectores van a tomar siempre a algún emisor de opiniones como guía. La situación es que ese "punto de referencia" no tiene por qué venir enmarcado en un medio tradicional, sino que puede ser cualquier persona que consiga transmitir a su vez un gusto coherente y una práctica honesta de su labor opinativa.


Jordi Gracia

Convertirse en punto de referencia es un efecto o una consecuencia del ejercicio de la crítica. Y tanto los blogs o las revistas digitales como los suplementos o las revistas tradicionales son capaces de concitar esa forma de respeto o de mera atención por parte de otros lectores. La multiplicación de canales de opinión propicia una nueva pluralidad de puntos de vista y es en esa diversidad donde ahora mismo está fabricándose la posibilidad de un crítico solvente o de una revista más respetable que otra.


II. INFLUENCIA Y PODER EN JAQUE
José María Guelbenzu

Ha perdido la misma influencia que los pensadores y los intelectuales en general; pero, sobre todo, no ha incorporado lectores de manera significativa. ¿Quién tiene que cambiar para que eso ocurra? ¿El crítico? ¿Los nuevos lectores?


Philippe Lançon

Ha perdido casi todo su poder. Para luchar con eso, cada crítico, cada servicio literario, debe luchar primero en su propia empresa para tener más espacio, más libertad, más capacidad para hablar de lo que le gusta, y no necesariamente de los libros de moda.


Claire Armitstead

El poder de la crítica literaria se ha reducido por tres motivos principalmente: los periódicos tienen menos lectores, la crítica no es una forma de periodismo que esté de moda y la mayoría de las reseñas carecen de relevancia para el mercado mayoritario en el mundo anglosajón, porque los libros del mercado mayoritario rara vez son literarios, así que les resulta más útil la publicidad que los juicios críticos. Para el libro apropiado, sin embargo, las buenas reseñas pueden representar la diferencia entre existir y desaparecer sin dejar rastro. Es importante recordar que el propósito de una reseña de un libro no es vender libros, es ubicarlos en el contexto del panorama cultural.


J. Ernesto Ayala-Dip
Crítico de Babelia. EL PAÍS (España)

Si el poeta en la sociedad burguesa del segundo imperio francés había perdido su aura, como nos enseña Walter Benjamin en la figura de Baudelaire, el crítico ya había nacido sin ella. Ser consciente de ello es crucial para sobrellevar con inteligente dignidad la labor crítica. En palabras de Sartre: el crítico literario es el pariente tonto de la familia social. Así que me niego a hablar de influencia ni de poder. Somos profesionales de la lectura analítica. Y, aunque a veces no lo parezca, la crítica es un género literario. Cuando un crítico es bueno, se lo lee, no sólo para que influya en una dirección determinada, sino también por el simple placer de leerlo.


Jordi Gracia

No estoy seguro de que haya tenido mucho poder antes, excepto en momentos muy concretos, pero seguramente la segmentación de la crítica ha hecho que su influencia sea más dispersa y leve frente a una operación de signo contrario, que es el incremento sustancial de la capacidad publicística de las grandes editoriales. El efecto vuelve a ser un sistema de crítica literaria segmentado, atomizado en múltiples focos, e invisibilizado por la potencia hegemónica de otros instrumentos públicos.


Gustavo Guerrero

Hasta hace unos años, la crítica no era solo una herramienta hermenéutica sino también un instrumento de regulación del mercado que, al crear consensos de opinión, administraba el valor literario. Pero en las últimas décadas es cada vez menos capaz de cumplir con esta misión, en parte, porque sus canales de difusión se han ido estrechando mientras que el volumen de libros crece; y en parte, porque con la incorporación del sector editorial a las industrias culturales de masas y con el desarrollo de agresivas políticas comerciales se ha ido reduciendo sensiblemente la influencia de la crítica, el periodismo, la academia y la enseñanza en la producción del valor literario.


Paul Ingendaay

Su influencia en un país concreto, salvo excepciones, siempre será limitada en el extranjero. Idiomas de gran divulgación o dominio como el inglés sí tienen sus críticos influyentes (Harold Bloom, George Steiner). El factor comercial parece que es más fuerte hoy que hace décadas.


VIII. DEMOCRATIZACIÓN EN LA RED
Claire Armitstead

Tuvimos un gran debate sobre si abrir las reseñas a los comentarios de los lectores en la web, y finalmente decidimos hacerlo fundamentándonos en que valoramos las opiniones y experiencias de nuestros lectores y en que ellos querían implicarse más. Nuestra experiencia ha sido la de que, cuando el crítico está preparado para responder a las críticas, ello puede intensificar el compromiso con un libro. Estamos al comienzo de un viaje con nuestros lectores en esto, ya que es una tradición muy nueva dentro de la cultura literaria.


Bernard Pivot

Cuanta más gente se interese en los libros, mejor. La crítica se democratiza en Internet. Pero estamos en lo mismo, es un fenómeno de masas. Cuando los internautas son decenas o cientos en recomendar un libro, tiene influencia en su compra. Pero críticas aisladas en Internet no harán que se venda.


Alberto Olmos

Es una opción que sirve de aviso a los críticos y a su particular esnobismo, que les lleva a creer que las ventas de un libro no tienen nada que ver con su calidad. Por amiguismo, círculos de influencia y papanatismo intelectual ha llegado a considerarse que cuanto menos vende un libro más merece ser considerado entre los críticos, lo que ha llevado a que los lectores descrean de juicios estomagantemente sibaritas y empiecen a atender a los juicios de los lectores rasos.


Mario Jursich

Pienso que la crítica literaria no es un asunto de expertos; por eso me parece una opción saludable que además ha contribuido a volver más plural el contenido de algunos diarios. Ahora, esas colaboraciones deben ser tratadas con el mismo rigor editorial que se aplica a los profesionales.


Enrique Krauze

Me parece bien, pero el problema básico de un editor es el mismo: discriminar. Seleccionar las notas de aquellos lectores que sí han leído el libro y tienen algo que aportar a la conversación, de aquellos que utilizan el foro para el insulto y la descalificación.


Jorge Aulicino

El efecto Amazon no anulará la crítica. Leo los comentarios de lectores. Leo el correo de los lectores en Ñ. No hay una democratización de la crítica sino de la opinión. No creo que la opinión de la crítica pueda ser anulada por la opinión de los lectores.


Gustavo Guerrero

No veo nada malo en que cada cual exprese sus gustos y favoritismos, pero lo que veo perverso es que esa libertad se utilice subrepticiamente para seguir reduciendo el ya escaso ascendente de la mediación de crítica en la creación de valor y el mercado.


Jordi Gracia

Es un episodio más del impudor y la impunidad frenética que ha despertado la Red y que puede tener efectos positivos cuando de esos colaboradores espontáneos -o incluso filtrados por la redacción- aparezcan autores capaces de atraer la atención de los demás, tanto por razones banales como por razones literarias. El intrusismo ha sido una auténtica bendición para la literatura del siglo XX, aunque de ese funcionamiento un tanto anárquico haya podido salir también parte de las taras mismas del sistema.

***
Ni golpear, ni babear

Reglas para una crítica equilibrada

1. Situar al autor, decir quién es y lo que representa el libro en su obra.
2. Ubicar el libro y juzgarlo con la perspectiva de una larga tradición literaria.
3. Argumentos razonados y con ejemplos para que el lector pueda comprender y evaluar.
4. Informar, educar y entretener.
5. Poca sinopsis y trama.
6. Informar sobre el estilo, el significado y la carga simbólica del libro.
7. Decir lo que piensa el autor sobre el tema del libro.
8. Decir lo que el crítico piensa sobre lo que el autor del libro dice sobre el tema del libro.
9. Ni golpear ni babear, una opinión ponderada y una fundamentación mesurada son más convincentes que un exabrupto.
10. Prohibir los adjetivos publicitarios, quien debe concluirlos es el lector.

Ilustración de Eva Vázquez.
Articulo : http://www.elpais.com 26/11/2011