lundi 16 janvier 2012

Daniel SWINBURN/Entrevista a Alejandro LLANO, Filósofo


Entrevista Invitado por la Universidad de Los Andes:
Filósofo Alejandro Llano: "Veo más riesgos que posibilidades en el mundo de las tecnologías personalizadas"
Por Daniel SWINBURN 

Se define como un pesimista y conservador en lo cultural, aunque decir que las cosas van peor en la cultura occidental es más bien una actitud realista, afirma. El retroceso de la filosofía, las humanidades y de la religión ha sido muy negativo y aún no ve una luz al final que permita cierta esperanza.  

Los filósofos están a la baja, al menos en los medios de comunicación. Así lo siente el español Alejandro Llano, quien solía ser un activo colaborador de la prensa escrita de su país, por lo menos hasta antes de la crisis. Aunque por definición estila cierto escepticismo sobre la influencia que puedan tener, estima que se ha llegado a un punto cero que le preocupa, pues ve como una de la causas de algunos graves problemas culturales de nuestra sociedad actual la ausencia de la filosofía, de la religión y el predominio de la cultura tecnocientífica sobre las humanidades. Alejandro Llano (1943), nacido en Madrid, es poseedor de un nutrido currículum académico, ha enseñado en numerosas universidades de prestigio, pero su permanencia docente es en Navarra. En sus publicaciones ha incursionado en cuestiones de ontología y teoría del conocimiento en Aristóteles y Tomás de Aquino, pero también se extiende en sus inquietudes hacia la filosofía política y la teoría de la cultura. Sus últimos libros han girado en estos ámbitos, logrando éxito de ventas con algunos de ellos, como "La Nueva sensibilidad" (1985), "Humanismo cívico" (2000), "Cultura y pasión" (2007), y en otro orden, "Metafísica tras el final de la metafísica". Es también, admirador de la narrativa de Marcel Proust, a quien le dedicó un estudio. (2007). Su último libro de conversación "Caminos de la filosofía", lo tenemos a la vista al momento de hacerle estas preguntas en la Universidad de los Andes, donde fue invitado a participar a un claustro de profesores.

Crisis cultural

En el ámbito de la teoría de la cultura, Llano tuvo éxito en 1985, con el libro "La nueva sensibilidad", en que preanunció aspectos de la sociedad actual. Define nuestra cultura compuesta por "elementos tecnoestructurales" (el Estado, el mercado y los medios de comunicación) y aquellos del "mundo vital", donde hay una nueva sensibilidad que valora lo cualitativo, lo emocional, lo personal e instranferible, valores que se resisten a ser colonizados por el mundo tecnoestructural. Actualizando su visión, mencionó tres cambios que han hecho tambalear esta "tecnoestructura" -la caída del muro de Berlín, la crisis económica y los países emergentes.

-¿Qué sucede en su esquema con la emergencia de las redes sociales, que según muchos analistas, jugaron un papel muy importante en los movimientos mundiales de protesta del 2011?
"Efectivamente, yo creo que las redes sociales han introducido un factor nuevo. Tengo mis dudas hasta qué punto refuerzan el esquema o hasta que punto lo debilitan. Porque, por un lado, al tratarse de tecnologías parece que refuerzan el tramado tecnoestructural, y concretamente, el de los medios de comunicación. Aunque, por otro lado, conectan también con el mundo vital, porque la gente utiliza estas tecnologías instrumentales en su vida diaria. Hay ahí una posible ambigüedad, y un concepto que me inquieta y que tomo de Habermas: aquel de la colonización del mundo vital. Las nuevas tecnologías introducen potencia en éste, pero no sé hasta qué punto también lo configuran. El mundo vital, que se compone de las relaciones más espontáneas de las personas, como la amistad, también empieza a estar configurado por los medios. El hecho de que sean tecnologías más personalizadas, a mí me inquieta más de lo que me anima respecto de sus posibilidades. Y en esto soy un poco pesimista y conservador en lo cultural, veo más riesgos que posibilidades. Las posibilidades son muchas, pero no sé si son culturalmente fecundas".

-A pesar de esta ambigüedad, dichas tecnologías han sido usadas para impugnar en muchas partes aquello que menos se ha movido y que más se ha endurecido, según usted, en estos 25 años: el economicismo capitalista.
"Cuando escribí mi último libro no tenía presente el fenómeno de los Indignados, que ha sido muy importante. Creo que es positivo. Responde en cierta manera a un déficit institucional y societario. Es decir, la propia tecnologización y economización de la sociedad ha conducido a que nuestras capacidades de aunarnos para conseguir propósitos comunes se hayan debilitado. Y de ahí que surjan estos movimientos, que son un dato positivo, porque modifican esta tecnoestructura".

"Hay una especie de obligación de ser optimista"

-Usted es un poco pesimista de lo que ha venido sucediendo en el mundo desde que escribió su libro "La nueva sensibilidad". Afirma que la ausencia de la filosofía y de la religión ha sido muy negativa, junto al predominio de la cultura tecnocientífica sobre las humanidades, y también fija uno de los problemas actuales en el deterioro general de la calidad de la educación.
"Sí, con frecuencia soy tildado de pesimista, y no me defiendo, porque si hay cosas que van peor, decirlo no es un rasgo de pesimismo, sino que de realismo. Efectivamente, hay aspectos en que ha habido una decadencia. El más claro para mí, que lo veo más de cerca, es el deterioro de la educación. Es una queja bastante universal y como profesor que ve llegar a los alumnos a la universidad, lo veo de cerca. La gente llega peor preparada. Ahí pasa algo y creo que ello se debe en gran parte al abandono de las humanidades, no sólo en ambientes tradicionales sino en ambientes progresistas. Todavía las universidades tienen un corpus muy humanístico en Europa y Estados Unidos, y sin embargo, nos hemos adaptado más a un supuesto modelo que a lo mejor no es tan efectivo. Ha habido un empobrecimiento intelectual de los llamados países del primer mundo. En el aspecto religioso, considero que religión, independiente de la fe que profesemos, es un factor, sobre todo en nuestro tiempo, dignificador de la persona humana, que pone de relieve el aspecto mistérico de la realidad y otra serie de valores que forman parte muy importante de la llamada civilización occidental, que se han extendido a otros mundos. La gran esperanza era la globalización y una mayor igualdad económica, y creo que esto no se ha conseguido. Las diferencias se han hecho mayores. Son factores negativos. Y la función de los universitarios como yo es decirlo. Hay una especie de obligación de ser optimista y positivo hoy día, pero eso es a veces sólo sometimiento a los poderes dominantes".

-¿Y usted encuentra eco en los medios de comunicación?
"Muy poco. Antes colaboraba en la prensa española con cierta facilidad, y el tipo de mensajes que yo acostumbraba a dar, que iban en esta línea, eran mejor acogidos que ahora".

-¿Lo resiente?
"Sí, el filósofo ya desde el principio es escéptico respecto de su capacidad de influencia, pero hoy día hemos llegado a una especie de punto cero".

-Usted sigue a un filósofo francés, René Girard, que ha causado cierta perplejidad entre sus seguidores, porque a pesar de que se ha convertido al catolicismo lo ha hecho desde un camino relativamente heterodoxo. No lo hizo desde la metafísica, sino desde conceptos posmodernos, como la narrativa, el mito, la ocultación. ¿Es posible ser un católico posmoderno?
"En cierta manera, hay un aspecto de la posmodernidad que en la medida en que se aparte de la modernidad ilustrada más dura, ha cogido aspectos diversos que podemos llamar precisamente posmodernos. Girard, creo que al convertirse, ha recuperado aspectos de la tradición más clásica del catolicismo, pero él ha detectado aspectos más recientes en la tradición, que estaban en cierta manera subsumidos por la modernidad progresista. También hay autores como Charles Taylor que tienen algunos aspectos que pueden ser considerados como posmodernos. O el alemán Robert Spaemann. Me da la impresión de que algunos intelectuales de inspiración católica han visto la posmodernidad como una posibilidad de liberarse de la cárcel moderna, por así decirlo. Pero no creo que la posmodernidad sea un soporte intelectual muy fuerte".

-Usted tuvo participación en un movimiento llamado Instituto Empresa y Humanismo. ¿Cómo ve usted la introducción de los valores del humanismo en el mundo de la empresa?
"Sigo pensando en ello, pero hay un punto un poco melancólico. Creo que los últimos años han llevado consigo un recrudecimiento de la visión dura de la empresa, en parte debido a las nuevas tecnologías, que han permitido operaciones tan dudosas como las subprime. Creo que el discurso humanista se ha generalizado, lo que me temo es que la realidad no haya acompañado tan claramente a ese discurso. De hecho, la vida de los trabajadores, de los empleados, incluso de los ejecutivos se ha hecho muy dura. En ese sentido, aquello a lo que aspirábamos en Empresa y Humanismo se ha quedado un poco a medio camino. Habría que replantearse una visión más humanista de la empresa, siguiendo aquellas palabras que se leen en algunas encíclicas papales, como la lógica del don y de la gratuidad, el valor de la solidaridad con otros pueblos."

Humanismo cívico

-Usted también tuvo éxito en el mundo de la filosofía política con la publicación del libro "Humanismo Cívico". ¿Qué es y de qué forma este concepto podría renovar la acción política en las sociedades democráticas?
"El enlace histórico viene de expresiones muy parecidas que se remontan a Florencia de los siglos XV y XVI, y luego a las revoluciones atlánticas del s. XVIII, y al pensamiento de Tocqueville. Más recientemente ha surgido esta idea de reivindicar un papel activo para la sociedad civil, no en el sentido usual de la expresión que se refiere a la vida económica. Sociedad en el planteamiento del humanismo cívico se refiere a la responsabilidad de grupos de tamaño reducido que participan en un nivel prepolítico y, a veces, incluso en un nivel preeconómico en la vida política. Y lo hacen no como grupos de presión, sino como grupos de benevolencia. En ese sentido, conecta con los movimientos de las ONG. Yo he señalado que inicialmente ha habido movimientos como el feminismo, el pacifismo, ecologismo, etc., que han abierto caminos más benevolentes y, en cierta manera, más generosos de la sociedad. Y a la posibilidad de que surjan movimientos que hoy son boyantes, incluso en ese orden de temas. El humanismo cívico se plantea como medio de participación en la vida política, sin que se esté necesariamente vinculado a los partidos políticos. Yo pienso, aunque pueda ser que dé un paso muy fuerte, que el movimiento de los indignados tiene algo que ver con el humanismo cívico".
"Es una alternativa correctora, no eliminadora, no es populismo, sino más bien busca que los partidos no sean totalmente hegemónicos en ese esquema de la tecnoestructura que he mencionado, -partidos políticos, empresas-. Estos grupos se separan de esa dinámica, que no critican, pues es consustancial a la democracia, pero que en ocasiones tiene demasiada relevancia.
"La gran esperanza era la globalización y una mayor igualdad económica, y creo que esto no se ha conseguido. Las diferencias se han hecho mayores".

 "No creo que la ley natural sea una añagaza de los conservadores"

-En "El Mercurio" ha habido un debate en estos días en la página del lector, en torno al derecho natural. Justamente, usted, en su libro "Caminos de la filosofía", hace referencia al tema. Dice que ha tratado de recuperar las tesis básicas de la ley natural, aunque habría ido más allá al afirmar que la ley natural debiera llamarse con más propiedad ley "racionatural", sugiriendo con ello que ésta no es la "fuente" de la normatividad, sino una "instancia de apelación moral". ¿Podría explicar este matiz?
"Es un concepto que tiene cierta complejidad, o que tiene un tipo de sencillez difícil de acceder. No se debe entender la ley natural de manera biologista, como si fácticamente estuviéramos configurados de algún modo que nos condujera a comportarnos de acuerdo con ciertas normas que se adecuan a nuestra naturaleza, porque creo que eso conduciría a lo que en filosofía actual se denomina naturalismo. Todos los estudiosos muy radicales de mente-cerebro y de la teoría de la evolución aplicada a la condición humana, piensan que hay un cierto carácter fáctico del funcionamiento de la condición humana, en un sentido no moral sino biologista. Incluso se podría intentar trasladar este biologismo al concepto de ley natural: habría un biologismo, por así decirlo, materialista y habría otro más bien espiritualista, en el sentido de que estamos configurados de tal manera que nos conviene comportarnos así, por una especie de solidaridad interespecífica.

En el concepto clásico de ley natural, lo que yo llamó ley racionatural, lo hago en el sentido de que no es algo que dependa de una facticidad sino de nuestra manera de pensar la realidad humana y de la realidad física que nos rodea. Es una especie de sensatez de fondo de carácter filosófico, que nos lleva a no atacar aspectos muy nucleares de la condición humana. Por ejemplo, Habermas, que no es sospechoso en este punto, está en contra del diagnóstico y de la intervención prenatal, lo que ha veces se ha llamado transhumanismo. Aquello que pragmáticamente parece que da buen resultado, que sin embargo racionalmente no cuadra con la concepción del hombre como ser digno, o con la libertad humana, sino que más bien el hombre tiende a ser considerado como un producto. En ese sentido, y no en el sentido mítico ni ideológico, yo soy partidario de la ley natural, a la que he procedido llamar racionatural, para evitar equívocos naturalistas".

-Se considera, por algunos, que la ley natural pone en peligro el pluralismo propio de las sociedades democráticas, porque postula la existencia de una naturaleza común y de un único fin para la vida humana. O que dicha ley no es más que un modo de imponer valores cristianos a los demás, so capa de racionalidad. ¿Cuál es su opinión a dicha crítica?
"Puede haber habido, y a lo mejor quizás hay, versiones ideológicas de la ley natural, por lo tanto falseadas, en que apelando a ella se trate de imponer un modelo de sociedad. Pero la idea clásica de ley natural no es esa. Es anterior al cristianismo, viene de los estoicos, pero está ya en Platón y Aristóteles y seguramente en muchas civilizaciones en las cuales se consideran aspectos relativos a la protección de los débiles, el matrimonio, etcétera, con sus diversas variantes culturales. Ideas que aparecen en Platón recogidas de Sócrates, de una forma sublime, como aquella que dice que "es preferible padecer la injusticia que cometerla". Yo creo que toda persona de cierta nobleza intelectual diría que eso es algo que todo debiéramos aceptar, y no es un principio cristiano, es universal. Lo mismo sucede si uno toma la Ética a Nicómaco y los escritos de los estoicos, hay un modo de pensar que, curiosamente, aparece también en otras culturas, en las cuales se considera que hay una manera digna para que se comporten los seres humanos, y eso, lejos de imponer una visión determinada, protege especialmente a los débiles. No creo que la ley natural sea una añagaza de los conservadores, pues es un concepto ilustrado, que pertenece a la religión occidental y de suyo no es un concepto sospechoso".

Articulo : http://diario.elmercurio.com 15/05/2012

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