dimanche 22 janvier 2012

Gabrielle MORELLI/ NERUDA y la autocensura preventiva



En España Condiciones para publicar su obra en tiempos de Franco:
Neruda y la autocensura preventiva
Por Gabrielle MORELLI

Luis Rosales y Pablo Neruda se conocieron en el Madrid de los años 30, donde el poeta granadino, íntimo amigo de García Lorca, comenzó a colaborar en la revista "Cruz y Raya", que dirigía el chileno. Las diferencias ideológicas y las sospechas los alejaron después de 1936, pero en 1971 volvieron a encontrarse. Dos años después, Rosales preparaba una edición de la poesía de Neruda, pero los editores exigían que no aparecieran los poemas sobre la guerra civil. Y Neruda aceptó autocensurarse. El hispanista italiano Gabriele Morelli descubre la historia y presenta esta correspondencia inédita.

Contra quienes sostienen una cosmovisión ideologizada a ultranza, que divide el mundo en dos bandos, los buenos y los malos, y para quienes resulta difícil, por ejemplo, conciliar la figura de Pablo Neruda con la de Luis Rosales, como representantes de una dicotomía imposible de armonizar, conviene afirmar que ambos poetas, que se frecuentaron con asiduidad en los años treinta durante la residencia madrileña de Pablo, fueron buenos amigos y se estimaron recíprocamente hasta el final. Así lo muestra el texto autógrafo que Neruda envió para el homenaje que la revista Cuadernos Hispanoamericanos (mayo-junio de 1971) dedicó a Rosales:
"Qué decir de Luis Rosales a quien yo conocí naranjo, recién florido en aquellos años treinta, y que ahora es gran poeta, exacto definidor, señor de idioma. Ahora lo tenemos lleno de frutos, exigente y fecundo. Atravesó este mortal antipolítico el momento desgarrador en Andalucía y se ha recuperado en silencio y en palabra. Salud! Buen compañero!".

Anteriormente, durante y después de la contienda civil, la relación humana y literaria entre los dos poetas se había enfriado un tanto. Sin embargo, hacia 1971, año de la concesión a Neruda del Nobel de Literatura, vuelven a estrecharse vínculos entre los dos amigos. No se conoce ninguna declaración oficial de Rosales, aunque -¡bien podemos imaginarlo!- la noticia constituyera para él motivo de gran alegría, como lo fue para su amigo Luis Felipe Vivanco, quien, con satisfacción personal (no exenta de una sutil vena crítica contra el régimen), comenta de este modo el acontecimiento en su Diario (1946-1975):
"¡Qué triunfo para la España de Franco! Le han dado el Nobel a Pablo Neruda. Mañana, Pablo Casals, a sus noventa y cinco años, estrena la música del himno de la ONU, y pasado mañana Pablo Picasso cumple noventa años".

Tras recoger Neruda el premio en diciembre, su avión de regreso hace escala en el aeropuerto de Barajas. Vivanco y Rosales fueron a saludarle. El primero anota en su Diario: "Me alegro de haber bajado a Barajas y haberle dado un abrazo, a su paso por Madrid". Poco después, Rosales empieza a escribir el libro La poesía de Neruda,publicado en 1978, donde analiza las coordenadas esenciales que caracterizan la producción del chileno. Se trata, apunta, de "una poesía con argumento, una poesía total que asume en su expresión los contenidos propios de la expresión lírica y la expresión narrativa". El proceso de acercamiento, cada uno con su singularidad, entre los dos poetas es evidente, como también lo es la gran deuda -reconocida por el propio Rosales- que este renovador de la poesía española de posguerra tiene contraída con su amigo y maestro chileno.

A partir de 1973, Rosales prepara una gran antología de la poesía nerudiana -que vería la luz en 1974 en la editorial Noguer-, en torno a la cual se cruzan tres cartas entre los dos poetas, que tienen como punto de discusión la exclusión de poemas de asunto político, propuesta por el propio Neruda, como consecuencia de las numerosas dificultades encontradas para publicar su obra en España. Se imponía así el chileno una especie de autocensura preventiva, que provenía de las exigencias editoriales ante el temor a la intervención de la censura franquista.

Se trata de un tríptico epistolar inédito -conservado en Archivo Histórico Nacional- que empieza con una misiva urgente del granadino (13 febrero de 1973), quien pide a Pablo confirmación de su autorización para eliminar "toda la poesía que tenga un carácter definitivamente político". La respuesta de Neruda, residente en Isla Negra, lleva fecha del 15 de febrero, e ilustra las variadas dificultades para publicar su Obra Completa en España por la presencia de poemas políticos nacionales, por lo cual ha decidido quitar todos "aquellos textos o fragmentos que contengan temas de la Guerra Civil que imposibilitarían la edición"; pero, declara terminantemente, no quiere eliminar los demás de contenido ideológico.

Con la misiva de contestación de Rosales se cierra el breve epistolario: Luis expresa a su amigo su satisfacción por la aclaración recibida, mostrándose perfectamente de acuerdo con sus indicaciones; ya que, comenta, "eliminar de una selección muy completa de tu obra los poemas políticos carecería de sentido". En efecto, entraron a formar parte de la antología nerudiana varios poemas del Canto General en que se exalta esa América de los "ríos arteriales" frente a "la peluca y la casaca" impuestas por los colonizadores; de igual modo están presentes textos de Las uvas y el viento , como la composición "El viento en Asia", un himno a la nueva sociedad comunista china de Mao Tse-Tung. En fin, Rosales fue fiel al compromiso contraído con su amigo Pablo, respetando en todo su voluntad; es decir, expurgando los textos "políticos" de referencia española, pero incluyendo al tiempo los otros poemas de tema ideológico que, según Neruda (y la alusión a la particular situación del país sujeto a Franco es evidente), "pueden publicarse entre vosotros".


El intercambio de cartas

Madrid, 13 de febrero
de 1973
INSTITUTO DE CULTURA HISPÁNICA. LR/PA.

Querido Pablo:
Te escribo unas letras de urgencia y no la carta que desearía escribirte. Ya hace muchos años que no hago nunca lo que quiero.

Como recordarás, pues en alguna ocasión he hablado contigo de ello, me han encargado que haga una selección de tu obra y la prologue. Tengo la ilusión, disposición y casi necesidad de escribir sobre tu poesía, pero quisiera aclarar contigo estas palabras con las cuales termina su carta José Pardo, Director de la Editorial Noguer, al invitarme a hacer esta edición:
"A todo lo expuesto debo añadir, querido Luis, que por deseo expreso de Neruda se eliminará de esta selección de su obra toda la poesía que tenga un carácter definidamente político".

No puedo ponerme a hacer una antología tuya sin aclarar contigo este punto, pues ya estoy muy acostumbrado a las artimañas de los editores. Si estás de acuerdo con ello, pondré manos a la obra inmediata y alegremente.
Un abrazo para Matilde, y deseando verte pronto aquí o allí, se despide tu buen amigo.
Luis Rosales


Isla Negra, Febrero 15 de 1973
Señor Luis Rosales
Instituto de Cultura Hispana [sic]
Madrid

Querido Luis:
Contesto tu carta recién llegada. No sé si ella se refiere a Ediciones autorizadas por Carmen Balcells, de Barcelona, que es mi Agente Literario.

Suponiendo que así sea, tengo algunos antecedentes que darte: mi obra para publicarse en España encontró variadas dificultades y acuerdos que estaban a punto de cumplirse se echaron atrás a última hora por temores políticos de varios Editores.

Por último se llegó a acuerdo con una Editorial para que publicara una especie de Obras Completas en dos tomos. No recuerdo quién fue el Editor. Para evitar los inconvenientes referidos estuve de acuerdo para que partes que harían peligrar la Edición se eliminaran de estas obras. Naturalmente que se trata de aquellos textos o fragmentos que contengan temas de la Guerra Civil que imposibilitarían la edición. De ninguna manera puedo eliminar mis poemas políticos que no guarden relación con tales temas, y que por lo demás, por lo que veo, pueden publicarse entre vosotros. Eliminar mis Poemas políticos en general sería un disparate.

También en la Edición de Obras Completas de Losada no están tomados en cuenta Obras políticas como Canción de Gesta. Mi punto de vista es que estas Obras, que por un motivo u otro encuentran obstáculos insalvables, pueden publicarse en otro sitio y en otras condiciones. Mi Obra es demasiado espaciosa para que todo el mundo pueda encontrar allí lo que quiera y no me importa que tal o cual cosa no le guste a la gente, la objete o no la encuentre: siempre se contentarán con alguna parte de lo que he hecho. No tengo gran amor propio ni he sido nunca un intransigente político.

Que esta carta quede entre nosotros y tú procederás de acuerdo con lo que creas mejor bastándome ya el placer de que te hayan encargado a ti esta Antología. Me he quedado esperando las obras de Villamediana impresas que publicaste así como las copias de Códices que también me prometiste.

Te abraza fraternalmente
Pablo Neruda


Madrid, 13 de febrero de 1973
Sr. D. Pablo Neruda
ISLA NEGRA (Chile). INSTITUTO DE CULTURA HISPÁNICA LR/PA.

Querido Pablo:
Me alegra haberte comunicado mis temores y que me hayas aclarado tu posición en el asunto. Te daré los detalles que conozco de esta edición.

Coincide efectivamente con las indicaciones que tú me das de publicar dos tomos de mil páginas cada uno. La editorial es Clásicos Noguer, S.A., y la edición está autorizada por Carmen Balcells, con la que me puse en contacto y con quien tengo buena amistad. A mí me han encargado que haga una selección de dos mil páginas. Te acompaño fotocopia de la carta de Noguer.

Desde luego, creo como tú, que eliminar de una selección muy completa de tu obra los poemas políticos carecería de sentido, por eso te escribí. Aclararé este punto con la editorial antes de comprometerme a nada. Por lo demás, querido Pablo, te repito que estoy encantado de hacer este trabajo de selección y estudio de tu obra.

En caso de aceptar el encargo, te tendré puntualmente al corriente del desarrollo del trabajo. Como de todas formas habrá que suprimir unas mil páginas, en su momento te haré las consultas necesarias:
Recuerdos a Matilde y un cordial abrazo de
Luis Rosales


La relación de Neruda y Rosales según el biógrafo Hernán Loyola

Entre 1934 y 1936, Luis Rosales fue uno de los escritores más estimados por Neruda en España, miembro -como Federico García Lorca- de una muy conocida familia en Granada.

A mediados de julio de 1936, aterrado por la creciente violencia política en Madrid, Federico decidió -a pesar de las muchas advertencias de sus amigos- viajar a Granada. Para su desgracia, el día de San Federico fue precisamente el elegido por los "cuatro generales" que sabemos, vale decir el 18 de julio. Y para el poeta, caído en trampa, no hubo escapatoria. Su más calificado biógrafo, Ian Gibson, en Lorca y el mundo gay (Planeta, Barcelona, 2009) relata: "Todo el mundo sabe que, ante las amenazas que se fueron acumulando, Lorca pidió ayuda a Luis Rosales, algunos de cuyos hermanos eran 'camisas viejas' de la Falange, y que Luis y su familia tuvieron la magnanimidad de aceptarlo en su casa".

Ahora bien, el profesor Morelli -máximo conocedor de la vida y obra de Rosales- me confirma por teléfono desde Milán que la familia Rosales (según testimonios del hijo de Luis y de otros parientes) cayó en desgracia frente al régimen y pagó muy cara su tentativa de proteger a Federico, en primer lugar con una enorme multa en dinero y también con la marginación social y política (incluso por parte de la Falange). Luis Rosales, en particular, debió afrontar por largo tiempo la marginación cultural a que lo sometió el aparato franquista.

Nada se supo de esto durante los primeros años de Franco, y Neruda mismo se fue enterando con lentitud de las informaciones que muchos años después condensará Félix Grande en su libro La calumnia. De cómo a Luis Rosales, por defender a Federico García Lorca, lo persiguieron hasta la muerte (Madrid, Mondadori, 1997).

Neruda, cauteloso, por prudencia se distanció de Rosales por años, pero nunca, hasta donde sé, dirigió contra él las invectivas que en cambio no vaciló en propinar a otros intelectuales españoles. Por eso, cuando Félix Grande llegó a París en 1972 para anunciarle que la revista Cuadernos Hispanoamericanos preparaba un número especial de homenaje a Rosales, Neruda le manuscribió de inmediato y con gusto las líneas que Morelli reproduce, y más tarde con sinceridad lo abrazó en Barajas junto a Vivanco.

Eso explica también, para volver a las cartas, la aprobación de Neruda a excluir de la antología que preparaba su amigo, los textos relativos a la Guerra Civil española, a fin de hacer posible la edición que de otro modo habría sido bloqueada. A mí me parece que, a esas alturas de su trayectoria y sin duda presintiendo la proximidad del fin, la argumentación de Neruda en su respuesta a Rosales es legítima desde todo punto de vista, no sólo políticamente comprensible. Lo de España, bien, pero no acepta que se excluya el resto de sus textos políticos.

¿Quién puede reprocharle a Neruda que al final de su vida, y orgulloso de su Nobel, haya hecho una concesión a su intransigente actitud frente al franquismo -nunca desmentida- para que una abundante selección de su obra circulara por fin, y sin trabas, entre los habitantes del país que más amó en su vida aparte Chile? ¿Quién se atreve a objetarle en buena fe al Neruda ya anciano que, en 1970, se haya concedido descender de la nave en Barcelona para pisar esa tierra tan añorada y caminar discretamente algunas cuadras de la ciudad, y hasta almorzar con García Márquez, quien ha incluido el encuentro en uno de sus Doce cuentos peregrinos ?

¿Es que Neruda necesita aún demostrar su fidelidad a la causa comunista y su oposición al franquismo, cuyo fin desgraciadamente no alcanzó a vivir? Lo que en verdad sus enemigos ideológicos nunca lograrán digerir es, no tanto que Neruda haya sido comunista en vida (ha habido tantos ya perdonados), sino que lo fue hasta su muerte -e incluso hasta después de su muerte a través del impacto político de su funeral. De ahí los reiterados esfuerzos por encontrar fallas o grietas en su coherencia de vida y poesía.

Articulo : http://diario.elmercurio.com  22/01/2012 

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