lundi 16 janvier 2012

Ivanka DENEVA/ Encuentros


Ivanka Deneva es escritora, crítica y periodista. Terminó filología búlgara en la Universidad de ¨ San Clemente de Ohrid¨ , Sofía.
Por su disertación le otorgaron a ella con grado científico ¨Doctor¨. Miembro de la Sociedad de los Escritores Búlgaros.
Sus intereses creativos están en la esfera de la novela y del cuento como y en la critica teatral.
Como autor de la novela ¨Brasa ¨ edición de  la Casa Editorial ¨Zahari Stoyanov ¨, Sofía, 1999,  calificada como ¨acontecimiento de la literatura búlgara contemporanea ¨(periodico ¨Escritor búlgaro ¨numero 22 de 7 de junio, de 2000,  numero 37 de 20 de diciembre de 2000).
Publicó su antología poética ¨Candelabro del alma ¨(ed. ¨Hristo Botev, Sofía, 2000) y sus estudios del ¨teatro del paso ¨Chispas del templo de Melpomena ¨ (ed. ¨Hristo Botev ¨, Sofía, 2001)
En el año 2003 Ivanka Deneva publicó su libro en prosa ¨Este bocado duro – la vida ¨ (Narración, novela y cuentos , (Sociedad de los Escritores Búlgaros, Sofía).
En el año 2006, La Editorial electrónica Liternet.bg, publicóel primer libro electrónico suyo ¨La vida  en nudo ¨. Su novela ¨ Cruces y vientos ¨ (ed. ¨Escritor búlgaro¨, 2008) es la primera parte de su dilogía  de novela ¨ Tiempos de enfrente ¨, dedicada a las luchas nacionales de libertad de los búlgaros.
Ivanka Deneva es autor de la obra teatral ¨Retrato al carbón y luz ¨ de apuntes de viajes y más de noventa artículos en la prensa central y regional sobre problemas científicos, públicos y de la cultura y estética y un estudio científico de los procesos del desarrollo  literario.
Las obras de Ivanka Deneva están publicadas en las ediciones especiales de la literatura: la revista ¨Balcanes literarios ¨, ¨Balanza de los platillos ¨, ¨Fuego ¨, ¨Señales ¨, ¨Paginas bulgaras ¨, ¨Puente ¨(Serbia), tambien en los periodicos ¨Mirada ¨, ¨La palabra de hoy ¨, periódico de la literatura ¨Escritor Búlgaro ¨, en antologías de la Sociedad de los Escritores Búlgaros, Unión TV, etc.
Nominada del Premio Nacional ¨Dobri Vhintulov ¨y ¨Yordan Yovkov ¨.  Incluida en la enciclopedia nacional de las personas afamados Bulgaria por el mundo ¨1000 causas sentirnos orgullosos que somos búlgaros ¨.
En extranjero  obras de Ivanka Deneva están presentadas  en antologías, ediciones y págimas electrónicas de cultura y literatura en Inglaterra, Canadá, Chehia, Nepal, EEUU, Turquía, Australia, Serbia. Sus libros poseen las bibliotecas de Nueva York, Washington, Moscu, Paris, Praga, Estrasburgo.
Corresponsal del periódico ¨La palabra de hoy (SEB) y Liternet.bg.



Encuentros
Por Ivanka Deneva

Los pensamientos negros no dejaban a Slaviana ni por un momento. Se sentía destrozada porque sabía que sus hijos se habían caído en una trampa después de la muerte de Siniak Mutaf. La esperanza, brotaba y crecida fuerte y lozana bajo el sol, por la noche se marchitaba   y por la mañana era arrojada como una flor quebrada. Como si un mago con malicia  extendiera su mano para  esconder la última moneda en una  grieta del empedrado primitivo: ella levantaba la piedra,  cavaba  en las raíces del herbazal, donde vivían gusanos planos… Lo siguiente  era penoso: perdería  la posada por la que su esposo ahorraba cada moneda,  con una esperanza, ¡  se acercaba el día del primer fundamento¡  Había comenzado una fuerte lucha de nervios con los acreedores.

Stefan Stanimashki era más compasivo y no era tan apresurado, pero Dragoya Pisankolev, miembro de la Caja de la iglesia, la miraba sin siquiera parpadear. Sus ojos inspiraron anticipadamente algo y no soportaban objeción.  Este último no le gustaba a ella desde los tiempos de su juventud. Entonces por el camino se puso voz publica que él era muy arrogante. Su clan había venido de Vlashko, región de Rumania y cuando no se cumplía su voluntad, comenzaba a hablar así que solo el podía comprender sus palabras. Sus amigos de la misma edad, se sonreían, porque sabían que el decía palabrotas. Su padre, heredero de grandes granjas en Dobrudzha, había despedido a su hijo a Atenas, para  que estudiara en la Universidad, pero sin terminar su educación, Dragoya se regresó y empezó a trabajar su propiedad con todas sus fuerzas. Era soltero y cortejaba a Slaviana, pero la muchacha sentía que había una fuerza negra en aquel hombre, que corría por su ser, como si  escondiera y murmuraba silenciosamente,  abriéndose la  posibilidad para salir afuera, y cuando se abria,  nadie, incluso él, podía detenerla…

Los miembros de la Caja de la iglesia, la convocaron varias veces, la encontraron de caras estupefactas y aun Stanimashki miraba al suelo. Y ella, sin usar su intuición, adivinó que todos ellos mostraban una voluntad de hierro.

Slaviana quería solo prolongación de un plazo y se fue sin decir ni una palabra en vano. Pisankolev guardaba silencio de mal humor, sólo masticó tabaco una – dos veces de una cajita incrustada, después la cerró ruidosamente a sabiendas y cuando se dirigía a la puerta para salir, la alcanzó y susurró con una voz sombrosa: ¨ Hay una entresaca ¡y tu la ves!
Entonces ella se acordó: ¡era su deseo desde muchos años poseerla!
La familia de los Pisankolev que había amontonado su riqueza de haciendas, campamientos y muebles de Viena, tenía intención de pedir la mano de la señorita,  exactamente a ella, la indefensa… La vena de su cuello, llenada de sangre espesa, se heló casi, después se quedó morada y comenzó a pulsar continuamente, como si quisiera derramarse:
Tu estás sola, ¡yo también! Nunca me casé, ¡sabes por qué! Pagaré por ti todo a la Caja de la iglesia y la posada será tuya y los niños serán satisfechos. ¡Piensa!
El granjero no se sosegaba, había ensoñado su cuerpo blanco tantas veces. Su terquedad lo azuzaba, su paciencia se terminaba y se mezclaba con una malignidad  tras de ella venía el vacío. Sus manos de hombre de cuarenta años empezaron a temblar no las escondía, su rostro se puso obscuro, se aguzó y empezó a semejar al perfil de un  halcón . Slaviana, una mujer de mucho coraje por naturaleza, sintió  un poco de miedo, comprendiendo que será muy difícil luchar contra él    sin la ayuda de Siniak Mutaf, aunque tuviera un deseo demostrarse fuerte como un hombre. Era cansada y empezó a retirarse tristemente por atrás, él se acercaba, teniendo en las manos un bastoncito delgado, lo que llevaba de los tiempos universitarios en Atenas, cuando era dandy.  Y echó su ultimo triunfo.
¡Nadie lo sabrá! ¡Al final tú y yo!
No debía decir eso, ¡jamás! Se llenó de obstinación, sintiendo que  ya puede luchar cuerpo a cuerpo con esta persona harta de autosuficiencia, su cansancio se fundió y en su lugar brotó la cólera y ella se regresó para arrebatar hábilmente el objeto barnizado, adornado de filigrana y nácar de su hombro, donde lo había colgado negligentemente, inútil y malicioso como su sonrisa. Pisankolev, sin esperar todo lo que pasó, se puso muy pasmado, la miraba sin parpadear cuando quebró el bastoncito a dos partes, cuando recibió un golpe con la una de las dos partes por su cara y cuando ella echó las otras entre sus pies…

El asombro lo paralizó por un instante y después brevemente lo redujo a cenizas.  Al final sintió el impulso oscuro que lo apesadumbró: quería darle patadas, pero más quería tenerla entre sus brazos, tumbada  a la plaza de él mismo, delante de la gente y… amarla delante de la gente… O… mejor sería  llorar de rodillas acurrucado en sus pies. El último pasó por su cabeza como un deseo muy alejado y descolorido, después se desapegó primero. Los otros dos deseos lo desgarraban como una fija obsesión, muy importunos, que  lo despertaban por la noche, frecuentando muchas veces sus ensueños… Ahora veía como se aleja su sueño, dispersando decididamente las faltas blancas de su vestido y sólo pudo decir en voz baja: ¨¡Perra! Slaviana evidentemente lo oyó, porque desminuyó la velocidad y se volvió con una mirada llena de sarcasmo y rabia – era promesa de los dos encontrarse y por adelante dramáticamente…

No sabía por que se acordó de Venselos en aquel momento, arrollando a su hijo pequeño y feliz, observando los juegos de otros niños. Por estar angustiada día y noche por ellos. Y por la falta de pan y porque buscaba hogar bajo su techo. La inquietud pulsaba indomablemente…

Entonces habían sentados bajo el árbol, junto con Proida, si hija… La chiquillería dejó la pelota, después jugó un poco tiempo sin ganas de ¨ Rey, abre sus puertas ¨, hacían formas de pequeñas embudos de cartón, llenos de agua, se rociaban, después de nuevo comenzaron a jugar con su globo mágico. El juguete de las manos de Stamen, pasaba por las grandes patas de Mitko, luego se regresaba nuevamente a las manos de su hijo y los otros se quedaron incontentos y empezaron a gritar. Se escuchaban defensas, apodos. Cuando en un momento la maravilla redonda se colgó sobre el olmo y después partió por el río abajo, todos aceptaron como algo muy dramático: empezaron a gritar,  extraviados indicaron la pelota que se escondía, mostrándose a veces, sin dudas se ponía pesado, porque el cuero, de que habían preparado la pelota, natural y pesado,  comenzó  a tirarla hacia el fondo… Los niños se quedaron boquiabierta, la miraban igual como mudos, ya no gritaban aceptando paulatinamente la falta suya, sin tener otra salida. Garbata estaba completamente pronto para alcanzarla nadando pero lo detuvo el orden  formal de Slaviana, que tomó una rama horquillada, arrojó sus faldas, luego saltó en el agua fría hasta el profundo. Estaba totalmente decisiva devolver la alegría en los ojos de los chiquillos: no miraba el agua bramada, olvidó su preocupación que había levantado sus faldillas delante de todos.

Ella casi logró parar el juguete con una vara y detenerlo sobre una presita, cuando se asustó del grito de su hija:¨¡Mamá, el griego!¨.

En realidad resultó que era él, un extranjero extraño que se aparecía sobre su faetón por el sendero. Fijados en la pelota, no habían notado un vehículo casi silente. Era con ruedas de goma, que se deslizaban ceceando suavemente sobre las hojas rojizas. Slaviana  había sacado el globo nefasto encima del agua e intentaba sacarlo, cuando encontró sus ojos por sólo un instante, fijados en las pies de ella. Tiernos y gallardos, atractivos como magneto la mirada y de los niños más grandes, desdoblados entre ellos y su juguete. Para Teodoros Venselos fueron como un don regio, por lo que se sueña toda la vida, pero el destino lo ofrece inesperadamente y de pronto… Él  los miraba: la blancura lo deslumbraba…pero ardía en deseos de sentir  este encanto que fijadamente con sus pupilas invidentes. Después comenzó a buscar sus impertinentes quería que no tuviera fin el encanto suyo  – todo de mármol y perfecto…

La mujer joven se volvió cuando el caballo permaneció en sus piernas resoplando. Entonces ella se acordó correr sus faldas. El griego dejó el vehiculo en las manos de viejo Stavros. No sentía que el caballo arrastraba el faetón pero queriendo insosteniblemente tocar aquella frialdad sin sentirse preocupado de su propio deseo y de los niños, los que después rodearon a su madre aligerados Cuando salió del río… Los más pequeños la abrazaron y Proida, casi llorando,  exprimía el agua de su vestido empapado. Cansada y avergonzada, Slaviana apenas dirigió su mirada al invitado. Venselos se asombraba, pensando en ella: ¡Que mujer es esta, dotada de Dios con tanta belleza y coraje!¨. Aquella  debilidad del tiempo de su relación, se retornó de nuevo y le cogió la fuerza en total…

Pero la propietaria de la posada sintió paulatinamente su corazón  espinoso y marchitado como … capullo cocido: ¡él vino a pesar de todo! ¿De dónde?  ¿ Por cuáles tierras llevaba su negocio comercial? ¿Por cuáles razones se regresó a las tierras búlgaras?  Se   enojaba a su destino, que le permitió ver las piernas de ella, por las cuales se sentía orgullosa. Pero el derecho verlas tenia sólo  Siniak Mutaf. Hoy Dios admitió otro y envió a Venselos al lugar fatal en la misma hora: ella estaba confundida… Acostada cerca de un brasero encendido, toda temblada: ¿Por qué pasó así?, preguntaba a su alma, volaba hasta el umbral de su habitación en la posada, la próxima y no arriesgaba pasar de raya para ir mas allá… Su cerebro ardía y el agua fría había absorbido sus huesos, por los cuales como si pasaran las puntas de ganchos. En su garganta se juntaron los fuegos, un sinnúmero  hogueras – todas la que quemaba su alma y ella no sabía como pudiera apagarlas… Quería esconder la rabia a lo lejos de Siniak Mutaf pero otro llamaba en su corazón recelo y pena: ¿verdad que los ojos del hombre en cuanto ven la carne de mujer pierden las ganas de … vislumbrar de nuevo? y ¡eso no debía pasar!

Finalmente, agotada de su propia cruz del alma, se durmió, pensando que todo lo que pasa con la gente, lo sabe único Dios…

Traducción: Violeta Bóncheva

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