CRÍTICA:
Vila-Matas en estado puro
Por J. Ernesto AYALA-DIP
Narrativa y Ensayo. Una reedición de tres
libros de Vila-Matas vuelve a ponernos en la pista estética de uno de los
novelistas españoles más singulares de las últimas tres décadas. Dueño de un
mundo novelístico, también lo es de un mundo teórico-narrativo.
Las reediciones consisten en una
novela (Lejos de Veracruz) y dos libros de ensayos y
artículos (El viajero más lento y Una vida absolutamente
maravillosa). Pero se impone una aclaración: de los tres citados, la única
reedición literalmente hablando es la novela. Los dos restantes, miscelánea de
artículos, notas y textos de diverso género ya publicados, incorporan tres
breves piezas y un dietario rigurosamente inéditos: El arte de no terminar
nada, Segundo dietario voluble (septiembre 2008-marzo 2011), Una vida
absolutamente maravillosa y Café Bénabou. Este procedimiento ya
se usó en anteriores reediciones. Evidentemente este es un criterio que, independientemente
de su estrategia comercial, sirve de relectura. La literatura de Vila-Matas
funciona como un auténtico palimpsesto: capas de autores y escuelas narrativas
que esconden capas más profundas de tradiciones y poéticas casi sepultadas por
el olvido. Es un sistema muy borgiano, pero con una diferencia sustancial
respecto al maestro argentino: el autor barcelonés se hace sujeto de su propio
proceso de identificación literaria, de búsqueda o de encuentro con sus
semejantes, con sus hermanos de fervor literario. De ahí ese aire de
autobiografía que tienen siempre sus textos de reflexión metaliteraria, aunque
siempre es una reflexión irónica y en esa línea contradictoria, imprevisible y
carnavalesca (en el sentido que Bajtin daba a este término) que hace extensible
también a sus novelas.
Empecemos con Una vida absolutamente
maravillosa, el texto inédito que presta título al volumen. La idea le
viene a Vila-Matas de una entrevista a Marcel Duchamp leída en 1972. Aprovecha
el autor para especular sobre el arte contemporáneo. Y de paso sobre el hecho
de contradecirse, espacio el de la contradicción en el cual Duchamp confesó
sentirse más cómodo. Vila-Matas también se siente en su terreno preferido: ser
el industrioso Picasso y a la vez el indolente Duchamp. Evocar la profusa charla
paterna y a la vez el sabio silencio de su madre. Pero a mí me gustaría
resaltar otra característica de esta pieza, que a la vez es muy común en otros
textos del mismo libro, e incluso en su obra de ficción. Me refiero a ese tono
casi de monologuista literario que se instala entre las líneas de su
exposición: ese tono entre el ensayo imaginativo, la confesión personal, la
broma trascendental y la autoparodia. No conozco a nadie que haga eso con la
desconcertante y ambigua gravedad con que lo hace Vila-Matas. El lector puede
también leer o releer Para acabar con los números redondos: retratos
de sus afinidades electivas que el autor escribe justamente cuando el número de
años de sus nacimientos o de sus muertes está lejos de los cómputos convencionales
que se utilizan para estas efemérides. El Segundo dietario
voluble tiene sumo interés: entre muchas cuestiones relacionadas con la
mecánica narrativa y el genio y figura de todos los autores que nutren la obra
de Vila-Matas, vuelve el autor a utilizar, como ya hizo en Chet Baker
piensa en su arte, su interpretación de Simenon, en especial de la
novela La prometida del señor Hire. Aquí el autor es más explícito
que en su anterior comparecencia, en su devoción por esa amarga historia. Pero
no desaprovecha ahora la ocasión para desgranar su filosofía de la composición
y marcar territorio: "Como narrador, yo siempre preferiré la reflexión, la
indagación, el revés del fotograma realista, una tarea de tinieblas, salir en
busca de la emoción emboscada, ensayar una expedición a ese núcleo duro y, en
definitiva, desplegar el arte de lo negativo". En El arte de no
terminar nada y Café Bénabou, el novelista vuelve sobre su
sistema literario. Ahonda en su vocación de apartarse del modelo realista de
representación, de indagar en lo que no se prefija, como si se escribiera sobre
el vacío, que es al fin y al cabo lo que de verdadero tiene la escritura.
Insiste en los no finales, en ese vértigo de la asimetría que impone la ficción
moderna, ese homenaje a la no causalidad argumental, al infinito proceso de
gestación que nos recuerda una corriente novelística a partir
del Ulises de James Joyce. George Perec y Roberto Bolaño redondean el
paradigma vilamatiano. En el mismo volumen aprovecho para releer Preferiría
no hacerlo, donde nuestro autor comenta Melville y Kafka. Y me vino a la
memoria entonces un prólogo de Jorge Luis Borges aBartleby, el
escribiente, donde dice que este libro con "un idioma tranquilo y
hasta jocoso cuya deliberada aplicación a una materia atroz parece prefigurar a
Franz Kafka".
Dejo para el final Lejos de
Veracruz. Más allá de sus resonancias metaliterarias, esta novela merece
estar en el canon de las obras inclasificables. Aquí está Enrique Vila-Matas en
estado puro. Con sus diálogos imposibles y con sus comentarios y observaciones
desternillantes. Todo en esta novela ocurre al margen del estatuto novelesco.
Una especie de calle del medio. Una fuga jocosa y a la vez patética vigilada
por Cervantes y aplaudida por Nabokov.
El viajero más lento. El arte de no
terminar nada. Enrique Vila-Matas. Seix Barral. Barcelona, 2011. 222
páginas. 17,50euros. Una vida absolutamente maravillosa. Ensayos
selectos. Enrique Vila-Matas. Debolsillo. Barcelona, 2011. 558 páginas.
14,95 euros. Lejos de Veracruz. Enrique Vila-Matas. Debolsillo.
Barcelona, 2011. 254 páginas. 9,95 euros.
Articulo : http://www.elpais.com 30/12/2011
