La novela según Pamuk
El ensayo del Premio Nobel turco busca
-basándose en su experiencia como escritor y en sus lecturas- sentar algunos
principios que señalan hacia lo esencial del mismo.
El gran novelista turco Orhan Pamuk
entrega en este ensayo su propia reflexión acerca del arte de la novela, oficio
que ha desempeñado con lucidez, creatividad y belleza en los últimos treinta y
cinco años. Pamuk continúa de este modo una tradición que lo enlaza con grandes
autores como Henry James, E.M. Forster, Milan Kundera, David Lodge, Italo
Calvino, entre otros, que meditaron acerca de este género que para Pamuk pasó,
en el último siglo, a predominar tanto en Occidente como fuera de éste sobre todos
los otros géneros literarios. El ensayo del Premio Nobel turco se concentra en
desentrañar este atractivo universal de la novela y busca -basándose en su
experiencia como escritor y en sus lecturas- sentar algunos principios que
señalan hacia lo esencial del mismo.
El estilo ensayístico de Pamuk es -en
semejanza paralela a su estilo narrativo- llano y sin pretensiones, alejado de
cualquiera jerga o hermetismo académico. Si emplea conceptos los explica con
sencillez y claridad, y recurre a ejemplos que le proporcionan a esta obra un
carácter no menos didáctico que profundo y original. Su ensayo, en sintonía con
la tradición inaugurada por Montaigne, confía con cautela en que a partir de la
meditación serena, honesta y rigurosa de su experiencia personal se pueden
obtener algunas conclusiones válidas para todos los novelistas y lectores.
El ensayo se construye sobre el fundamento
de dos ejes: de un lado, todas sus consideraciones acerca del arte de la novela
y el oficio de escribir novelas se hayan inseparablemente ligadas a la lectura
y al arte de leer bien y viceversa. Lectura y escritura son gemelos siameses y
la comprensión de una no se logra sin la compresión paralela de la otra. El
segundo eje es el célebre ensayo de Friedrich Schiller "Sobre poesía ingenua
y poesía sentimental", aludido directamente en el título e indagado y
aplicado al ámbito de la escritura y lectura de novelas a lo largo de todo el
ensayo. El resultado es una reflexión muy personal -aunque perfectamente
engarzada en la tradición- abundante en ideas, matices y múltiples
observaciones perspicaces.
Pamuk piensa que la clave de la fuerza
motriz, de la permanencia y atractivo de este género (que, en absoluto, percibe
en crisis) es el estatuto ambiguo que se da entre autor y lector acerca del
carácter ficticio o real de lo narrado. La tensión irresuelta y palpitante
entre una visión "ingenua", que, sin problemas, "suspende
voluntariamente la incredulidad", se olvida del autor y entra
confiadamente en el mundo construido ficticiamente, y una visión
"sentimental", reflexiva, autoconsciente y crítica que tiene siempre
presente el carácter ficticio de lo narrado y pone atención en los recursos y
mecanismos de la narración, en lo artificial del relato, le concede al género
novelístico una vitalidad que no se haya en otros.
Ese equilibrio inestable se encuentra
reforzado en la novela occidental (lo que Pamuk llama "la novela
literaria") por el descubrimiento y desarrollo del punto de vista
narrativo: para el novelista turco no es tanto la creación de grandes
personajes o figuras lo esencial a este género, sino la capacidad del autor,
usando su imaginación empática, de identificarse con los personajes
(descentrarse) y construir el mundo, paisaje o atmósfera tal como se vería
desde la mirada de aquellos. Antes de juzgar a sus figuras, el escritor (y el
lector) debe ponerse en su lugar, al límite de lo posible, es decir, sentir
compasión por ellos.
Otra idea en la cual Pamuk pone énfasis -y
que ha ya explicado en otros textos- es la importancia básica que en la novela
(sea en el momento de escribirla o leerla) posee la visibilidad. La escritura y
lectura de novelas es para el Premio Nobel un proceso muy complejo en el que
concurren de manera simultánea muchos actos cognitivos sutiles, pero para Pamuk,
al final de cuentas, lo que da vigor a la novela es la plasticidad, es decir,
la aptitud para transformar mediante palabras el mundo narrativo en imágenes
visuales fuertes y poderosas: escribir es "pintar con palabras". Si
bien reconoce que existen novelistas más bien verbales (Dostoievski), las
descripciones de objetos, paisajes y detalles deben tener la virtud de mostrar
-y no tanto explicar- las emociones y el mundo interior desde el ángulo de los
protagonistas.
Uno de los planteamientos más originales
de El novelista ingenuo y el sentimental es la idea de que la novela
gira substancialmente en torno a la construcción (por parte del escritor) y
descubrimiento (por parte del lector) de lo que llama "el centro". La
percepción de que existe ese "centro", más allá de la superficie del
texto, es el rasgo que la distingue de otros géneros narrativos. La definición
matizada y explicada de ese concepto es, quizás, la contribución más relevante
de este ensayo bien escrito, ameno e inteligente.
Articulo : http://diario.elmercurio.com
22/01/2012
