Cuento / Hombres y máquinas
No me provoques
Por Mario BUNGE
"¿Te los imaginás a Cervantes, a
Beethoven o a Van Gogh escribiendo, componiendo o pintando en una
computadora?", pregunta uno de los personajes de este diálogo sobre los
pros y los contras de la tecnología
-No me provoques, che.
-¿Por qué?
-Porque tus desafíos me hacen tambalear la
estantantería, y yo quiero vivir tranquilo.
-Comprendo, pero creo que vivirías mejor
si cambiaras de opinión de cuando en cuando. Por ejemplo, vos creés que en las
escuelas tendría que haber una computadora sobre cada pupitre ¿verdad?
-¿Quién lo duda? Todos los maestros lo
dicen: gracias a la maquinita, los pibes tienen acceso inmediato a toda la
información del mundo y hacen deberes primorosos.
-Indudablemente. Pero ¡a qué precio!
-¿Qué querés decir?
-En una palabra, la computadora, cuando es
ubicua y adictiva, amputa la infancia y forma adultos deformes.
-¡Epa! Explicate si podés.
-Es fácil: la adicción a la computadora
hace a los chicos sedentarios y flojos para el trabajo físico. Además, los
engorda y aleja de la naturaleza.
-Sé más específico.
-Pasan el día sentados pulsando teclas en
lugar de jugar a la pelota, andar en bicicleta, mirar el paisaje, admirar a las
chicas o soñar el futuro.
-Pero justamente ésa es la gran virtud de
la informatización: que elimina el trabajo manual, tan fatigoso y embrutecedor.
-Es verdad que la máquina ahorra mucho
esfuerzo innecesario, aunque no todo.
-¿No todo? ¿Qué no puede hacerse a
máquina?
-Pensá en zurcir una media, podar una
planta, remendar una vereda, reparar un artefacto, cambiar un neumático,
restañar una herida o hacer una caricia. Todas éstas y muchas más son tareas
manuales. Exigen aprendizaje y destreza. No cualquiera puede hacerlas bien.
-Tal vez, pero ésos no son trabajos tan
calificados como los que hace un empleado en una oficina informatizada.
-Discrepo. Tu empleado usa rutinas a
prueba de emergencias, y no escatima los recursos, mientras que mi artesano
tiene que improvisar y ahorrar recursos. Pero sigamos adelante con la formación
de los chicos. ¿Dónde has ubicado los juegos?
-Pero si está lleno de juegos
electrónicos, ¿no lo sabías?
-Sí, y son una desgracia, porque no educan
la agilidad corporal ni la destreza manual, ni estimulan la imaginación.
-¿Para qué se necesita la agilidad
corporal en la sociedad de la información?
-Para no anquilosarse y para sentir la
alegría que se siente después de una caminata o de haber nadado.
-Pero a los chicos les alegra pasarse
horas jugando a meter goles o a matar malos en la pantalla.
-Tenés razón. Es una desgracia. Son
felices con sólo pulsar teclas.
-Pero esto es lo que harán cuando
trabajen.
-Siempre que hagan trabajos rutinarios,
que no exijan creatividad. Y aun así tendrán que interactuar con colegas y
supervisores, lo que no se aprende con computadoras.
-¿Quién lo dijo? Hay manuales para
aprender cualquier cosa.
-No. Los manuales transmiten
conocimientos. Las reglas de conducta y las normas morales se aprenden actuando
en el hogar, en la calle, en el aula, en el patio de recreo, en la cancha.
-Creo que vivís en el pasado. ¿No sabés
que la nuestra es la sociedad de la información despersonalizada?
-¡Qué disparate! En todas las sociedades,
incluso las de hormigas, hay intercambio de información. Los seres humanos nos
comunicamos pero también trabajamos y holgazaneamos, aprendemos y enseñamos,
colaboramos y peleamos, planeamos y soñamos, etc.
-Nos hemos ido por las ramas.
-Tenés razón. Volvamos a los juegos. Te
decía que los juegos electrónicos secan la imaginación.
-¡Todo lo contrario! Te muestran imágenes
de cosas y hechos imposibles en el mundo real.
-Es verdad: son escapistas. Y no estimulan
la imaginación porque en esos juegos todo viene hecho. No exigen esfuezo, y sin
esfuerzo no hay aprendizaje ni recompensa.
-Sos demasiado exigente. Al fin y al cabo,
se trata de chicos, no de trabajadores forzados. ¿Querés que sufran, como
sufriste vos cuando no conseguías armar un tren con el Meccano?
-Es verdad, el Meccano, con sus tornillos
y tuercas, estaba hecho a la medida de los adultos. Pero ahora tenemos el Lego,
accessible a chicos de dos años. Está tan lleno de posibilidades, que los
chicos pasan horas armando todo lo que imaginan, que no es poco.
-Pero el Lego no fomenta la sociabilidad.
-No tanto como el fútbol, pero al menos no
fomenta la soledad y menos aun la hostilidad. Pueden jugarlo al mismo tiempo
varios chicos, que compiten y se enseñan entre sí. Están ensimismados pero en
compañía, en paz y en silencio. Además, el Lego enseña a construir, no a matar.
-Pero no me dirás que el Lego enseña mucho
aparte del arte de construir y del hábito de juntarse sin pelear.
-De acuerdo. Los juegos no bastan. También
hace falta leer, escribir, dibujar y calcular.
-Todo eso se puede hacer en una
computadora.
-Es cierto, pero no todo está on line.
Cuando se escribe a mano no se cuenta con el servicio de corrección automática.
Los dibujos en computadora son excesivamente geométricos: no captan la sutileza
ni la sensualidad de los dibujos a mano levantada. Y cuando se usa exclusivamente
la calculadora no se hacen cálculos mentales, de modo que no se aprende a
razonar con órdenes de magnitud.
-Pero todo sale más correctamente y con
mucho menor esfuerzo.
-Sí, todo menos lo original. ¿Te los
imaginás a Cervantes, a Beethoven o a Van Gogh escribiendo, componiendo o
pintando en una computadora?
-¿Por qué no?
-Porque la computadora trabaja a
reglamento, y quienes inventan las reglas son los originales. Los demás las
aplicamos o las violamos.
-¡Ah! Si es así ¿ por qué estás tecleando
en tu laptop ?
Touché.
Articulo : http://www.lanacion.com.ar 28/01/2012
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