RESCATE EDITORIAL Del multifacético
Enrique Lihn
Nueva vida para una leyenda de la
literatura gráfica chilena
Por Mario Valdovinos
Tras una exposición de los dibujos de
Lihn, en 1991, el cómic Roma, la loba fue publicado por Pablo Brodsky en 1992,
con prólogo de Jorge Montealegre.
Hasta la presente edición, Roma, la
loba era una leyenda dentro de la literatura gráfica chilena.
Genéricamente es una novela-cómic, perteneciente al difundido formato de la
historieta, pulp-fiction , soporte papel destinado a la lectura veloz, en
lugares inopinados o no lugares, trenes, metro, momentos muertos, historias de
relleno con destino al reciclaje. En 1992 fue publicada por Pablo Brodsky, y
esa primera edición -de 500 ejemplares-incluyó una charla que Alejandro
Jodorowsky sostuvo en Santiago con los comiqueros chilenos.
Enrique Lihn (1929-1988) la concibió, como
no es difícil suponer, en medio de varios otros proyectos: exposiciones,
relatos, cartas, poemas, amores desquiciantes... Y en pleno umbral de la
muerte. No pudo terminarla, pero no la afecta, porque el género es por esencia
inconcluso, suele cerrarse con el famoso continuará de las historias gráficas
que el propio autor leía en El Peneca y Okey durante su infancia y pubertad.
En el plano del guión literario desarrolla
la relación de Roma y su esposo Mincho, profesor de filosofía. El lenguaje va
de la erudición a la cháchara coloquial de personajes marginales. Roza la
intertextualidad y asombra comprobar el talento gráfico de quien prefirió
seguir la senda del escritor, si bien en diferentes etapas de su vida le
aparecía la sombra del pintor emboscado, el artista plástico que también deseó
ser.
Gobierna despóticamente en Nembutala, un
país carente de mapa, Poto-Ko, dictador luciferino que despliega por las calles
la represión de sus soldados. Es el Chile ochentero, herido, el que creyó que
el Paseo Ahumada sería la pista de despegue del modelo político y económico. La
esfera argumental incluye alusiones a Shakespeare, autocitas (el
poemario Pena de extrañamiento ), el edipismo, el sicoanálisis y, no
podía ser de otra forma, la ironía de Lihn. La mueca, la máscara, la risotada
gélida. La gráfica devora el texto y le da a la lectura un carácter tenso,
abigarrado, barroco y demoledor. "El recuerdo de Roma lo contamina todo de
irrealidad", dice en un globito Mincho. Los ambientes son degradados,
lumpen, amenazas incestuosas, violencia y sexo; lo propio del cómic destinado a
los adultos; de alguna manera, el retrato del cosmos autodesignado adulto.
A Lihn lo devoró la muerte, disfrazada de
Roma, la loba. En su defensa queda la ilusión de pensar que la historia fue
concebida cuando estaba a punto de irse a la casa de palabras e imágenes que
todo escritor se construye.

