Graciela Maturo: “La literatura no es forma vacía”
Por Nicolás SOSA VACCARELLI
La escritora que vivió en Mendoza, habla
sobre los grandes de las letras, política, autores, crítica y pensamiento.
“No creo en ningún deber ser de la
poesía”, sentencia con un aplomo dulce y contagioso. Tiene un gesto serio y una
mirada pícara, intrigante. Sonríe débilmente. Comprende mi situación. Me
pareció noble confesarla desde un principio. Poner, con franqueza, todas las
cartas sobre el tapete: mi entrevista es una excusa para conocerla. El resto no
importa. La conversación nos pierde y nos reúne y ella se presta a mi juego
torpe con indulgencia y bondad. Juego a provocarla y ella enmudece. Luego
pruebo cerrar un tema y ella lo enciende. Finalmente decido desplomarme sobre
el sillón y saborear el café sin preocuparme de nada.
-¿Concibe el fenómeno estético desligado
de la realidad social y política?
-Sí, sí… desde luego que lo
concibo. Si no, no podría amar la música, la pintura… La poesía se mezcla
más porque a diferencia de las demás artes, está ligada al logos racional. No
digo que las otras artes no sean racionales, pero ¿quién podría racionalizar
una sinfonía o una pintura? Es muy difícil, mientras que la palabra está ligada
a un logos racional aunque sostengo que el trabajo del poeta no es sólo
racional.
Y en eso tiene mucho en común con las
otras artes. Yo insisto mucho sobre la idea de “razón poética” sobre la que ha
venido trabajando María Zambrano… Bueno… esta polémica ya se
dio hace muchos años. Por los años 20 se planteó la cuestión de la
“poesía pura”. Es decir, si la poesía debía jugar también con valores
sensibles, con sonidos y volúmenes, desentendidos de toda preocupación racional
ligada a la vida del hombre. Bueno, yo no creo en ningún deber ser de la
poesía. Concibo el hecho estético desligado de las preocupaciones sociales, por
su índole peculiar.
-Alguna vez le leí a Borges decir que esa
clasificación de los grupos de Florida y los de Boedo, fue un poco en broma…
-Es cierto. Se ha exagerado demasiado.
Porque ni los de Florida eran partidarios del arte puro ni los de Boedo eran
ajenos al hecho estético. No se hubiera sostenido la poesía de ninguno de
ellos, de haber estado sólo ligados a preocupaciones sociales. Creo que la
búsqueda de la belleza es fundamental al arte y al artista.
El encuentro con la belleza del mundo y la
búsqueda de producir belleza a través de la forma. Acá en Mendoza tenemos
algunos ejemplos: Américo Calí era un hombre comprometido con una
posición política inclusive bastante rígida y sin embargo era un gran
sonetista, un buscador de la belleza. En la vida se puede tener más de un
compromiso. Otro compromiso, más allá de la justicia.
-¿Se puede ser un “intelectual
oficialista” o un “intelectual opositor”, o esto encierra algunos
contrasentidos?
-Yo no me identifico con ninguna de esas
posiciones ni tampoco muchos de mis amigos. El sólo hecho de la pertenencia a
lo que podríamos llamar la “clase intelectual”, aunque no existe tal clase; el
solo hecho de pretenderse una persona pensante, creativa, ya nos pone al margen
tanto de ser oficialistas como de ser opositores porque no se puede tomar una
actitud dogmática. Veo bien que el intelectual guarde un poco de distancia, sea
un observador de la realidad y no se fanatice demasiado. Lamentablemente hay muchos
que son fanáticos y por lo tanto suscitan otros fanatismos en contra.
-Literatura y peronismo. ¿Cómo vivió el
juego entre estos términos?
- Bueno… con mi primer esposo,
Alfonso Sola González, formamos parte de la Universidad Nacional de Cuyo que estuvo
muy comprometida con Perón. Irineo Cruz la puso en esa línea de compromiso. Me
formé en esa universidad, lo cual no quiere decir que sea partidaria de que las
universidades estén alineadas. No.
Yo siempre digo que le debo tres cosas a
la Universidad Nacional de Cuyo: la formación clásica, el revisionismo
histórico -en lo nacional- y el compromiso ético. No me desdigo de eso. Pero de
ahí a tener una relación de pertenencia a un gobierno, no. Ni la tuve en aquel
tiempo, en que era apenas una estudiante, ni la tengo ahora. No me gustan los
totalitarismos y creo que el peronismo bordeó algunas medidas un tanto
totalitarias que molestaron a los intelectuales…
-El caso de Cortázar.
-Claro, el caso de Cortázar. Él se separa,
en Mendoza – adonde había venido como profesor- de Irineo Fernando Cruz a
quien siempre siguió recordando con respeto y cariño.
-¿Podría hablar de algunos escritores que
usted conoció muy bien? El primero de ellos es Julio Cortázar...
-¿Y el segundo?
-Marechal.
-Debería ser el primero…
-Debería ser el primero…
-Bueno, cómo no.
-Porque es un poco el maestro de Cortázar.
Por lo menos en la novela. Marechal, en ese género, ha sido un gran
maestro para él. De hecho el primer comentario rico, interesante sobre Adán
Buenosayres, lo hace Cortázar… en la revista Realidad. Acá yo
incluí cartas de Cortázar donde se refiere a este tema (dice señalando un
ejemplar de su libro “Julio Cortázar y el hombre nuevo” y que contiene algunas
de las cartas que le dirigió su amigo Julio Cortázar).
Cuando aparece en el año 48 “Adán
Buenosayres”, Marechal fue silenciado por sus pares que odiaron al peronismo.
Borges, que había sido su camarada literario en los años de la juventud,
se había distanciado totalmente por el compromiso peronista de Leopoldo.
Cortázar me dice en una carta que tuvo que pelearse con la plana mayor de la
revista Realidad para que no le quitaran una coma de su comentario. Él dijo “O
me lo publican completo o lo retiro”. Esto habla muy bien de la integridad de
Cortázar.
-¿Cree que hubo en Marechal una concepción
de la literatura como medio de cambio de las estructuras sociales y políticas?
-No creo. La literatura cambia el mundo
más allá de su propósito. Es decir, no es que el escritor se proponga cambiar
el mundo a través de la literatura. El escritor ante todo es fiel a su
transformación interior; y a partir de ese cambio interior, cambia la
realidad.
Transformando al hombre, transforma el
mundo. Muy distinto a la estética marxista que le exigió al escritor un
compromiso explícito; era el famoso “engagement” del que hablaba Sartre ¿no?
Eso no dio resultado. La creación es libre, no puede atarse a ningún
condicionamiento. La estética socialista, una estética de explícito compromiso
tanto en la pintura como en la literatura, ha sido un fracaso. El “arte
al servicio de” ha sido siempre un arte pobre. El artista creador ha estado del
otro lado, justamente porque cuanto más libre es la creación, más modificadora
es de toda realidad, interna o externa.
-¿Y Cortázar?
-Igual. Bueno… no quiero poner a
Cortázar y a Marechal en la misma actitud creadora, son personalidades muy
distintas. Lo que quiero decir es que Cortázar respetó mucho a Marechal.
Pero Marechal era hombre tradicional, un católico formado en la tradición
clásica. Cortázar se forma también en la tradición clásica, pero de otra
manera. Su religiosidad es abierta, no ligada al menos en forma explícita a la
tradición judeo-cristiana, recorre un camino que va del orfismo al
surrealismo.
-Y en el caso de Borges frente a los
cuestionamientos políticos, él mostró en cierta época un aparente desinterés,
se diferenció de escritores más vinculados a la realidad política…
-Cierto. Pero en algún momento se
inicia el respeto de la izquierda hacia Borges. Empiezan a ver que es valorado
por los europeos, por Foucault. Mientras que aquí había un rencor, un rechazo
político. En realidad Borges tuvo un período comprometido. En los años 20, al
final de la década, integró junto con Marechal, una comisión de escritores
yrigoyenistas, en apoyo a la segunda presidencia de Yrigoyen. La presidía
Borges y Marechal creo que era el secretario.
Pienso que algo de eso se vuelca a través
de su amigo más joven, Bioy Casares, cuando escribe El sueño de los héroes. Me
parece que está muy ligado a conversaciones con Borges. Pero después del golpe
militar, Borges se retira de la política y eso debe gravitar en el fondo de su
rechazo al peronismo. Creo que le repugna la vida de los comités, esa parte
oscura, esa manipulación del poder, todo eso a él le ha producido rechazo.
-Un rechazo que llegó a odio…
-Por supuesto, él expresa el odio de la
clase media hacia Perón. Sin ignorar que hubo elementos como para fomentar ese
odio. Toda historia es compleja, no es posible la simplificación lineal.
-Si hay un escritor que tuvo un derrotero
político interesante fue Lugones ¿no?
-Lugones ha sido uno de los grandes. Ha
habido mucha injusticia con él. Porque claro, aquellas famosas conferencias del
Ateneo, dieron letra y aliento a un golpe militar… El primero que
interrumpió nuestra vida institucional. Yo no apoyo eso, por supuesto. Pero
lapidarlo, o querer borrarlo del mapa por estos errores políticos, tampoco
puede ser.
-Y tuvo un itinerario político muy…
-Sí. Muy zigzagueante. Empezó con el
anarquismo, después trabajó para los conservadores…
-Y terminó en un suicidio…
-Sí. Leyendo sus obras, uno puede ver que
eso está prefigurado en muchos de sus cuentos, por ejemplo “La lluvia de
fuego”. Allí aparece el suicidio ejercido como una actitud filosófica y moral,
por un tribuno de las postrimerías de Sodoma.
-Graciela, ¿qué rol cree que cumple la literatura en las democracias? ¿Cree que desempeña algún papel de reafirmación o de fortalecimiento de la cultura democrática? ¿O cree que la literatura es un espejo de esos valores?
-Graciela, ¿qué rol cree que cumple la literatura en las democracias? ¿Cree que desempeña algún papel de reafirmación o de fortalecimiento de la cultura democrática? ¿O cree que la literatura es un espejo de esos valores?
-La literatura es creación, nunca un mero
espejo de la realidad. Incluso el narrador, cuando escribe mostrando una
realidad social, de alguna manera toma distancia de ella, muestra algún sentido
crítico. No creo en la literatura espejo, es una literatura menor. La grandeza
del escritor está en su trabajo creador, en su trabajo de pensamiento. Hay un
pensamiento en la literatura. No es un bordado, no es un trabajo sobre el
lenguaje para cautivar a un lector, como sostuvieron algunos teóricos del siglo
XX.
-¿Cómo ve esta tensión literatura- poder
en América Latina, actualmente?
-América Latina se debate hoy, como
dice García Márquez, en un laberinto, “América en su laberinto.” Porque tendrá
que definir si su camino es el régimen castrista, adoptado por Hugo
Chávez, o si es un camino democrático, implementado a medias por otros
países.
No se trataría de una democracia formal,
imitativa, sino de una democracia en serio, teniendo en cuenta la cultura de su
pueblo. Ése es el laberinto en que se debate América. La literatura ha
producido diversas tensiones entre creación y poder, la última de ellas, desde
el punto de vista grupal, ha sido el ciclo novelístico de los años 70, el
operativo editorial llamado “boom”. Escribí sobre el tema.
-¿Cómo ve la situación actual de la
crítica literaria?
-Muy caída, muy empobrecida. No hay casi
crítica literaria, estimación, ni siquiera análisis. Nos alimentamos de
algunas líneas abiertas en el pasado. En el país subsisten algunas líneas
abiertas en el pasado que son la crítica de izquierda, el revisionismo, algunos
críticos independientes… Pero no surge nada vigoroso, nuevo, que yo sepa.
Por ejemplo no hubo mucho eco al cuestionamiento teórico que algunos de
nosotros hicimos a la Lingüística de Ferdinand de Saussure.
A partir del 68, por mi parte, ya en
Buenos Aires, empecé a cuestionar la Teoría del Signo como base de los estudios
literarios. Yo no veo que nadie haga estos cuestionamientos. Al cuestionar la
lingüística de Saussure, se cuestiona también la semiología, el
estructuralismo, todo ese paquete de orientaciones que han hecho de la
literatura una cosa a ser disecada, sin posibilidad de retomar su carácter
propio de vida y expresión espiritual. Yo en eso siempre repito a Marechal
cuando decía: “Cuando la letra se separa del espíritu, la letra se suicida
rigurosamente”. La literatura no es forma vacía.
Entre dos opciones
-La pluma o la espada.
-Siempre la pluma.
-La poesía o la prosa
-Creo que todo es poesía. La prosa, cuando
vale, es porque tiene una raíz poética.
-Enseñar o aprender
-¡Aprender!
-Escribir poemas o crítica literaria.
-Las dos cosas.
-Porque por ahí hay algunos que parecen
creer que ser crítico es algo inferior.
-No, no. El poeta siempre desarrolla un
aspecto crítico. Y los grandes críticos en el fondo tienen que tener un
filón poético; de lo contrario hacen una crítica menor.
-Dirigentes políticos que sepan de números
o políticos versados en las letras.
-Bueno, me parece que harían falta
las dos cosas.
- ¿Se puede vivir sin ficción?
-No. Sería una carencia muy grande. No
tener sueños, no tener imaginación es ir reduciendo al hombre a una condición
de insecto.
Articulo : http://losandesmedia.com 22/01/2012

