Noticias del Oso Pepe
José Donoso me dijo que uno de los
períodos más felices de su vida había sido el año 1968, cuando estuvo
dirigiendo un taller literario en la Universidad de Iowa y se codeó con
escritores de la talla de Kurt Vonnegut, Saul Bellow y John Irving.
Suena el teléfono de mi casa en Iowa City.
Es agosto de 1991. Levanto el fono y escucho una voz que pregunta por mí.
"Con él", digo. "Óscar", dice la voz, "te habla José
Donoso". Invitado por el Taller Internacional de Escritores, el autor
de El obsceno pájaro de la noche estaba de vuelta en la ciudad en la
que había vivido 23 años antes.
Durante los dos meses que conversé con él
casi todos los días, nunca surgió ese personaje atormentado que a veces emerge
del diario que su hija reprodujo en el libro Correr el tupido velo .
Quizás su plácida existencia en Iowa tuvo que ver con algo que me confidenció.
Me dijo que uno de los períodos más felices de su vida había sido el año 1968,
cuando estuvo dirigiendo un taller literario en la Universidad de Iowa y se codeó
con escritores de la talla de Kurt Vonnegut, Saul Bellow y John Irving. Me
confesó que esta vez le gustaría quedarse en la universidad, haciendo clases.
Hablé con Tom Lewis, director del Departamento de Español. Realizó algunas
gestiones y después de unos días me comunicó alborozado que sí, que todo estaba
listo. Corrí donde Pepe a darle la noticia. Pero en vez de recibirla con
entusiasmo, me dijo: "Gracias, Óscar, pero no va a ser posible. Mi mujer
prefiere que volvamos a Santiago y quizás es mejor que sea así". Justo en
esos días yo había estado considerando la posibilidad de regresar a Chile. Se
lo conté a Pepe. "No me parece una buena idea, me dijo. El ambiente
literario chileno es muy mediocre". "Puede ser, repliqué, pero muchos
de los que vuelven no lo son". "De acuerdo, dijo él. Pero el problema
es que uno llega allá y se mediocriza".
En esos días, Stanzy, mi hija de tres
años, de tanto escuchar que Pepe Donoso estaba en el teléfono o Pepe Donoso va
a venir a comer o tengo que juntarme con Pepe Donoso, imaginó un personaje al
que ella llamaba el Oso Pepe. Cuando Pepe supo esto, le encantó. Tanto es así
que me dijo que a lo mejor escribiría un cuento con el Oso Pepe como
protagonista. Habría sido interesante ver cómo abordaba a ese nuevo personaje,
quizás su propio doble.
Pepe se inquietaba casi por cualquier
motivo. Una vez me llamó muy nervioso. Estaba invitado a dar una charla en una
universidad de Louisiana y le habían enviado una lista con un montón de
preguntas, cuyas respuestas él debía preparar, para un diálogo con los
profesores y estudiantes. Me pasó la lista. Eran del siguiente tenor:
"¿Cuál cree usted que es el rol de los actantes enCoronación ?".
O: "¿Es usted partidario de utilizar paratextos autoriales en las novelas?".
Me dijo: "No entiendo ni una palabra". Le dije: "Pepe, no tienes
por qué calentarte los sesos con esas cosas. Tú eres un escritor, no un
estudiante de doctorado. Que te pregunten directamente sobre aspectos de tus
libros y de tu vida que sólo tú puedes aportar, y punto".
La última vez que conversé con José Donoso
fue en la Feria del Libro de Santiago, en noviembre de 1996. Estaba en el stand
de su editorial firmando libros. Apenas me vio hizo traer una silla y me pidió
que me sentara junto a él. Lo primero que me dijo fue: "¿Y cómo está la
sobrina del Oso Pepe?". Por otra parte se veía muy preocupado por el
efecto que su novela Donde van a morir los elefantes , publicada el
año anterior, podría haber causado en los profesores del Departamento de
Español de Iowa. Le inquietaba que hubieran podido sentirse ingratamente
aludidos. Me dijo casi textualmente: "Explícales que la novela está basada
en mi experiencia en varias universidades, no en una, y que algunos episodios
son ficticios". Le dije que no tenía de qué preocuparse, porque en
realidad ninguno de mis colegas se había quejado de nada. "Tú sabes,
agregué, que los chilenos tenemos la piel muy fina, pero los norteamericanos
toman este tipo de cosas con mucho humor". "Qué bueno, dijo él, qué
bueno".
Después de ese breve reencuentro, regresé
a Iowa City. Sólo unas semanas más tarde nos golpeó la mala nueva de su
fallecimiento. Preferí no decirle nada a mi hija. Ella, para quien el Oso Yogui
o Winnie the Poo no podían morir, no habría entendido la noticia de la muerte
del Oso Pepe.
La última vez que conversé con José Donoso
fue en la Feria del Libro de Santiago, en 1996. Estaba muy preocupado por el
efecto que su novela "Donde van a morir los elefantes" podría haber
causado en los profesores del Departamento de Español de Iowa.
Articulo : http://diario.elmercurio.com
15/01/2012
