lundi 16 janvier 2012

Patricio TAPIA/La dickensiana vida de Charles DICKENS


Biografía Celebrando su bicentenario:
La dickensiana vida de Charles Dickens
Por Patricio TAPIA 

Es uno de los mayores novelistas de la literatura universal, creador de personajes y novelas tan leídas como perdurables. Entre las publicaciones vinculadas al bicentenario de su nacimiento está la esperada vida de Dickens escrita por la "gran dama" de la biografía literaria inglesa, Claire Tomalin.  

En 1837, en una nota de comentario sobre los primeros libros de Charles Dickens, el crítico G. H. Lewes señalaba: "Es algo difícil distinguir entre popularidad y fama; y la distinción, aunque puede hacerse en la época actual, todavía debe esperar la corroboración del tiempo. La literatura sufre mayores y más frecuentes cambios que los que la perspectiva geológica de la tierra señala en nuestro planeta: capa tras capa se incrustan y pierden en medio de la embestida de nuevas olas, a la vez de popularidad y capricho; y vemos que los hombres que fueron ídolos del momento son apenas mencionados en un período posterior, y sólo son conocidos por los curiosos. Este es siempre el efecto de la popularidad sin la verdadera fama".

Dickens y su obra han gozado de popularidad y de "verdadera" fama por generaciones. Como escritor alcanzó rápidamente riqueza, pero ésta no provenía de ediciones caras y exclusivas, sino de los miles y miles de lectores que pagaban por sus historias que aparecían por episodios en revistas. Cuando la pequeña Nell de "La tienda de antigüedades" empezó a declinar, el autor recibió infinidad de cartas rogándole que no la matara (pero la "mató" de todas formas). La joven reina Victoria leyó "Oliver Twist" y la encontró "excesivamente interesante", según anotó en su diario. Su recepción fue multitudinaria a la vez que transversal (desde lo más alto a lo más bajo). Tolstoi tenía un retrato de Dickens colgado en su estudio y lo consideraba el más grande de los novelistas del siglo XIX, llegando a afirmar: "Todos sus personajes son mis amigos". Con posterioridad, los estudios literarios que lo tuvieron por un simple autor "popular" y "cómico" han empezado a vindicar como cualidades los excesos (tramas melodramáticas, personajes improbables, extravagancia verbal) que alguna vez se consideraron debilidades.

Vidas

Con la fama de Dickens también llegó el interés por su vida. Pero él era un hombre muy cuidadoso de su privacidad, y su vida encerraba secretos que no quería revelar.

Una de las más destacadas biógrafas inglesas, Claire Tomalin -quien ha escrito las vidas de Katherine Mansfield, Thomas Hardy y Samuel Pepys, entre otros- ha publicado una vida de Dickens. Su biografía, con todo, entra en un terreno bastante poblado. La primera gran biografía se publicó pocos años después de la muerte de Dickens por John Forster, un respetado hombre de letras victoriano; apareció en tres tomos entre 1872 y 1874: es la obra de un amigo (se conocieron en 1836), pero no es la de un acólito incondicional. Existen otras "vidas" completas (y no episodios o estudios sobre temas específicos) del autor: las de Edgar Johnson (1952), Angus Wilson (1970), Peter Ackroyd (1990), Grahame Smith (1996) y Michael Slater (2009), entre otras.

Los libros de Tomalin siempre son atrapantes, muy bien escritos, altamente documentados, y suelen basarse en la idea de una revelación. Sin embargo, de Dickens pareciera que no hubiera ya nada más que revelar. Su mayor secreto -la existencia de una amante mucho más joven por quien abandonó a su esposa y con quien parece que tuvo un hijo- había sido expuesto por la propia Tomalin en su libro "The Invisible Woman", en 1990.

Con todo, si hubiera que recomendar una vida de Dickens informada, completa, entretenida y concisa (tiene más de 500 páginas, pero muchas de sus alternativas superan fácilmente las mil), ésta podría ser la opción.

Los capítulos iniciales del libro de Tomalin describen su infancia idílica en Kent, a lo que siguió la experiencia terrible. Si el segundo hecho más traumático de su vida fue el público repudio de su esposa y su relación con una mujer menor, el primero fue un trauma infantil. Dickens nació en 1812, hijo de un empleado en la oficina de pagos de la Armada (modelo del señor Micawber), quien recibía un salario decente, pero era patológicamente irresponsable y derrochador, de manera que siempre estaba endeudado. Cuando Dickens tenía 12 años, su padre fue encarcelado por deudas y su hijo fue enviado a trabajar en una fábrica de pasta de zapatos, lejos de la familia. Comenzó poniendo las etiquetas en bodegas infestadas de ratas y después fue puesto en la ventana para que la gente pudiera ver la velocidad demencial con que lo hacía. En parte ahí están las fuentes emocionales de algunas de sus novelas. Hay referencias a esa experiencia en muchos de sus libros (la fábrica es transpuesta al negocio de embotellamiento de vino en "David Copperfield"). Y la figura del niño vulnerable o sin padres aparecerá constantemente en su obra: Oliver Twist, la pequeña Nell (de "La tienda de antigüedades"), Smike (de "Nicholas Nickleby"), la pequeña Dorrit, Pip (de "Grandes esperanzas"), entre otros. Nunca le contó esto a nadie, salvo a su primer biógrafo, John Forster. Y los padres de Dickens nunca mencionaron nuevamente el año en que lo forzaron a trabajar, como si nunca hubiera ocurrido.

Dickens debió dejar la escuela a los 15 años. Trabajó como empleado menor en una oficina de abogados y luego como periodista. Con 24 años empezó a escribir lo que después sería "Los papeles póstumos del club Pickwick", y desde entonces sería famoso. Su "tasa de producción" literaria era realmente prodigiosa: aún estaba escribiendo "Pickwick" cuando comenzó "Oliver Twist", y éste aún no concluía cuando empezó a aparecer "Nicholas Nickleby".

Entre las novelas, Dickens escribió ensayos, escenificó obras teatrales, fundó y editó diarios y revistas. Podía dejar todo y marchar a Estados Unidos, Italia o París por seis meses. Tenía una enorme energía: daba caminatas diarias de 16 o 20 kilómetros, movilizaba a su amplia familia de casa en casa a través de Londres o transportándola por Europa de vacaciones. Su vida social era frenética, careciendo por completo, como apunta Tomalin, "de la necesidad del escritor romántico de estar solo". Y aún así tuvo tiempo para participar en comités de diversas causas benéficas, buscar fondos y crear casas de acogida para niños huérfanos o prostitutas.

Pero Dickens, el campeón de los pobres, llegó a tener mucho dinero. Uno de los aspectos más interesantes del libro de Tomalin es su enfoque sobre las relaciones de Dickens con el dinero. Su niñez y adolescencia estuvieron marcadas por su descenso en la pobreza. El mismo año en que se casó con Catherine Hogarth, 1836, comenzó a ser rico: recibió un bono de £500 por "Pickwick", y nunca más volvería a ser pobre. Pero a medida que envejecía y sus ingresos aumentaban, también lo hacían las personas que dependían de él (buena parte de su familia extendida y numerosos amigos). Sus lecturas públicas en la década de 1860 le reportaban importantes ingresos y su segunda gira por Estados Unidos (en 1867) significó una entrada de £20.000. El avance por "Nuestro amigo común" fue de £6.000. Tomalin sugiere multiplicar por un factor de 70 para entender lo que las libras del siglo XIX significarían en la actualidad; es decir, la gira y el avance mencionados corresponderían a £1.400.000 y £420.000 (en dólares: 2.165.000 y 650.000), respectivamente.

Santo y pecador

Tomalin presenta a Dickens como un alma dividida y llena de contradicciones, por eso destaca el recuerdo que hace Dostoievski en una carta sobre Dickens y el único encuentro que tuvieron, en 1862 (hay quienes dudan de la autenticidad de esa carta). El ruso recordaba que el novelista inglés le habría dicho que las personas buenas y simples de sus novelas eran lo que a él le habría gustado ser, mientras que sus villanos eran lo que él era: "Había dos personas en él, me dijo: una que sentía lo que debía sentir y una que sentía lo opuesto. De aquella que siente lo opuesto, yo creo mis personajes malvados; de aquella que siente lo que un hombre debe sentir, yo trato de vivir mi vida".
Pues Dickens podía ser enérgico, carismático, amable, altruista y encantador. Después de ser jurado en un juicio, se preocupó de que la acusada recibiera comida y buen trato en prisión. Estuvo en un gran choque ferroviario y pasó mucho tiempo atendiendo a los heridos y moribundos antes de que los rescatadores llegasen. Y antes de un cumpleaños, preocupado de haber olvidado la polca que sus hijas le habían enseñado, el gran novelista, un hombre ya maduro, practicó los pasos, solitario, en su habitación, en mitad de la noche.

Pero también podía ser atormentado, vengativo, implacable y cruel. En 1858, a los 45 años, Dickens se enamoró de la joven actriz de 18 años Nelly Ternan. Ese amor sacó lo peor de él: se separó públicamente de su mujer, humillándola. Luego de cortejar a la actriz -quien en un primer momento lo rechazó-, la convirtió en su amante, instalándola en una serie de casas fuera de Londres y en el mayor de los secretos. Su esposa había sido una mujer pasiva, permanentemente embarazada (en lo que él no era del todo ajeno). Su esposa dejó la casa acompañada sólo por uno de sus hijos; el resto prefirió permanecer con Dickens, y una hermana de ella, Georgina, eligió seguirlos aparentemente como madre sustituta o ama de llaves. Antes, Dickens pareció obsesionado con otra hermana de su esposa, Mary, quien murió repentinamente a los 17 años (el escritor usó el anillo de ella toda su vida).

Tomalin confirma su creencia de que Dickens y Ternan tuvieron en 1862 un hijo, que luego moriría. A la muerte de Dickens, toda la evidencia de su relación con Ternan fue destruida.

Fumador entusiasta desde que era quinceañero, ya a los 50 años Dickens aparecía prematuramente envejecido, y padecía múltiples dolencias (desde un gota que apenas le permite caminar hasta neuralgia). Las fotografías tardías lo muestran ajado y canoso. Tampoco ayudó a fortalecerlo la serie de exigentes lecturas públicas de sus novelas en que se embarcó: a veces estaba tan débil, que debían ayudarlo a salir del escenario, en medio de la adoración de sus entusiastas. Esto, si bien disminuía el estado de su salud, aumentaba su ego y también su cuenta bancaria.

En 1870, George Eliot lo describió como "terriblemente quebrantado". Murió ese mismo año, de una hemorragia cerebral. Tenía 58 de edad y quince novelas, la última de ellas, "El misterio de Edwin Drood", quedó inconclusa.

El inimitable

Ya en vida, desde el momento en que empezó a ser famoso -y lo fue tempranamente-, Dickens fue comparado con otros artistas: se lo llamó el alma de Hogarth o el Constable de la novela; se lo equiparó con Sterne, Fielding, Defoe, Cervantes, Victor Hugo, Carlyle, Shakespeare. Un profesor suyo lo llamó en una carta "el inimitable", epíteto que el escritor recogió y repitió.

Dickens es importante por el alcance de su influjo y por su involucramiento en diversos aspectos de la vida de su época, pero, indudablemente, por la inmensidad de su producción literaria -además de sus novelas, sus cuentos, su periodismo, sus escritos de viajes, sus cartas (más de 14 mil en su edición definitiva en 12 tomos)-. No era un autor conceptual ni siempre consistente. Las grandes novelas sociales de la década de 1850 ("Casa desolada" y "La pequeña Dorrit") muestran una reacción emocional antes que analítica a los problemas sociales del momento. Tomalin, por cierto, no se desentiende de su literatura. Cuando se aboca a las novelas, puede ser tan severa (evidentemente no le gusta el lado más sentimental de las obras de Dickens) como penetrante y cautivadora. Destaca las contradicciones que nutren a los personajes (los villanos, por ejemplo, a la vez que malvados y crueles son vivaces y divertidos) y la dolorosa delicadeza de las obras tardías: queda claro que entre sus obras predilectas está "Grandes esperanzas".

Su gran triunfo, sin embargo, está en devolver, por un momento al menos, algo de vida a Dickens, un hombre atormentado y trágico tras la apariencia de jovialidad y esperanza.

Reediciones: sus novelas tardías

Las dos últimas novelas completamente terminadas de Dickens comparten algunas características: ambas son más bien oscuras e implican una sensación de extrañamiento social; ambas transcurren mayormente en Londres y consideran aspectos de una agresiva búsqueda del éxito material; en ambas la fuerza gravitacional del pasado aparece como las cadenas del recuerdo y tiene revelaciones sorprendentes en su trama; ambas, por último, han sido reeeditadas recientemente.

La decimotercera novela de Dickens, "Grandes esperanzas" (Debolsillo, 2011) se publicó originalmente de forma serial entre octubre de 1860 y junio de 1861. Narra la historia de un huérfano y temeroso joven, Pip, quien se verá favorecido por un benefactor, pasando de su condición humilde a la de un caballero.

La siguiente (y última concluida), "Nuestro amigo común" (Debolsillo, 2011) comenzó a publicarse en mayo de 1864 y continuó hasta noviembre de 1865, en ella un joven, para recibir su herencia, debe casarse con una muchacha a la que no conoce. Pronto aparecerá un cadáver en el Támesis que, se cree, es el de ese joven heredero.

Durante la escritura de ambos libros la vida doméstica de Dickens era sumamente compleja. Separado de su esposa sus hijos comienzan a dejarlo y él vive una relación ilícita con Ellen Ternan.

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REPORTAJE Un recorrido visual a través de el entorno y la época del escritor
Charles Dickens: Su ciudad, su tiempo, su mundo
Por Elena Irarrázabal Sánchez  

Muchos consideran a Dickens el "primer novelista de la ciudad industrializada".

Lo cierto es que el escritor hizo de Londres el centro de su ficción y abordó todas sus miserias: las epidemias de cólera y tifus, la pobreza, la prostitución y el trabajo infantil. Una exhibición del Museo de Londres aborda la intensa relación de Dickens y la capital inglesa, a través de manuscritos, objetos e imágenes, de las que presentamos una selección.

"THE OXFORD INN"
En el Londres de Dickens sobrevivían, en la zona céntrica, algunas derruidas posadas que recibían a los viajeros y carromatos que llegaban a la gran urbe. En esta imagen de 1875 se observa atrás -y en agudo contraste- la majestuosa cúpula de la catedral Saint Paul, diseñada por Sir Cristopher Wren y que también aparece en las novelas del escritor.

LA JOVEN ACTRIZ
Ellen Ternan tenía 18 años cuando conoció a Dickens en 1857. La muchacha actuaba en la producción "The frozen deep" y se supone que tuvo una relación secreta con el escritor hasta el fallecimiento del novelista, en 1870. Charles Dickens fue enterrado en the "Poet's Corner", en la abadía de Westminster.

EN FAMILIA
En 1865, Dickens posó con sus hijas Mary y Kate en el jardín de la residencia de Gad's Hill Place. En total, el escritor tuvo 10 hijos con su mujer, Catherine Hogarth, hija de un editor. Mujer de carácter dulce, Catherine debió sufrir el trato poco amable de su esposo, de quien se separó legalmente en 1858, tras 22 años de matrimonio.

FLORISTAS EN COVENT GARDEN
Mujeres humildes vendiendo flores en el mercado de Covent Garden, 1877. La miseria que se vivía en Londres alcanzaba grandes dimensiones y era agravada por las enfermedades que asolaban a la población, como disentería, viruela y tifus. Dickens sobrevivió a cuatro epidemias de cólera que azotaron a la ciudad.

CAMINANDO POR THE STRAND
Las oficinas de las revistas semanales que publicaban a Dickens "Household words" y "All the year round" se situaban muy cerca de The Strand, la vía que aparece en esta pintura. La zona se ve reflejada en varias de sus novelas y es donde Martin Chuzzlewit y Nicklebys encuentran alojamiento.

HOSPITAL INFANTIL
Este tradicional recinto londinense para niños enfermos (Great Ormond Hospital) fue una de las obras sociales que apoyó Dickens. En 1858 la institución atravesó por una aguda crisis y el novelista realizó una lectura pública de "Canción de navidad" para recaudar dinero. El monto recolectado alcanzó para comprar la residencia colindante al recinto, con lo que la capacidad de camas subió de 20 a 75.

HOMBRES SÁNDWICH
Esta obra, de 1825, retrata una imagen propia del Londres del siglo XIX: hombres que circulaban por las calles portando publicidad en sus cuerpos. Dickens acuñó el término "hombres sándwich" para designarlos y los describió como "una pieza de carne humana entre dos lonjas de masa".

HUÉRFANOS POR DOQUIER
En las novelas e historias de Dickens aparecen 149 huérfanos, 82 niños sin padre y 87 sin madre, según las cifras del Museo de Londres. Esta escena en The London Tavern plasma un evento para recaudar fondos para los pequeños abandonados. Los participantes votaban por distintos huérfanos: el que ganaba tenía derecho a ser recibido en el "Infant Orpahn Asylum" de Wanstead (Londres).

LA CIUDAD EN EBULLICIÓN
La vida de Dickens (1812-1870) coincidió con un enorme crecimiento e industrialización de la capital inglesa, que en el siglo XIX pasó de tener un millón de habitantes a cuatro millones y medio. En la imagen, de 1867, aparece la construcción de una estación de metro en la zona de Paddigton. El ferrocarril subterráneo se convertía en una imprescindible red que unía la urbe bajo la superficie.

UNA NOVELA EN 88 PARTES
Como es bien conocido, las novelas de Dickens fueron publicadas en fascículos, que se vendían muy baratos (normalmente sólo un penique), lo que les permitía un acceso popular. "Los papeles de Pickwick" fue inicialmente publicada en 19 partes, entre 1836 y 1837.

ELABORANDO BETÚN
La fábrica de betún donde Dickens trabajó desde los doce años (su padre estuvo preso por deudas) se convirtió en la inspiración de "Murdstone and Grinby's" en David Copperfiel, donde se le describe como una casa vieja y demente, sobrepoblada de ratas.

"Oliver Twist mantiene absoluta vigencia en el mundo contemporáneo"

Óscar Hahn: Las cinco primeras líneas de "Historia de dos ciudades", que empiezan: "Fue el mejor de los tiempos, fue el peor de los tiempos", y la lista de contradicciones que siguen y que sin embargo coexisten, me las sé casi de memoria, y para mí describen muy agudamente lo que es la vida para todos los seres humanos. Mencionaría también el notable cuento fantástico "El guardavías", siempre presente en mi filosofía poética.

Si tuviera que elegir mi favorita, me inclinaría por "Oliver Twist". La explotación infantil a través de la delincuencia es denunciada descarnadamente en esa novela y tiene absoluta vigencia en el mundo contemporáneo. Por otra parte, su implacable exposición de la marginalidad la convierte en la madre de la novela social del siglo XX.
  
Óscar Hahn, Premio Iberoamericano de Poesía 2011.

"Releer de adulta ??Historia de dos ciudades?? fue maravilloso"

Pía Barros:
Yo creo que generacionalmente todos leímos a Dickens cuando niños, "Oliver Twist" y otras novelas clásicas de ese tipo. "Historia de dos ciudades", sin embargo, una novela que leí de adulta, es mi obra favorita. Hace poco la volví a leer, estaba en Valparaíso y no había más que libros viejos en la casa. Entonces decidí releerlo. Fue un fin de semana maravilloso, me desprendí de todo lo que había alrededor y recuperé el gusto por la lectura, por la buena lectura que hace tiempo no tenía.

Yo siempre asocie a Dickens con literatura para niños, me quedé pegada con las novelas que había leído en la infancia y, en realidad, ahora pienso que es un maestro de la escritura y que escribe para adultos.

He releído a otros autores que fueron los héroes de mi vida y me he aburrido como bestia. Leer a Dickens, en cambio, nunca es aburrido y no importa la edad. Siempre es un tipo mágico, que tiene un nivel de descripciones espectacular, que construye grandes personajes, que te traslada dentro de las casas y te mueve por las calles.

Pía Barros, escritora, su último libro es El lugar del otro 2011
Los ilustradores de Dickensa

Geroge Cruikshank, John Leech o George Cattermole, son solo algunos de la larga lista de prestigiosos dibujantes ingleses que retrataron con suma precisión las vidas, personas y costumbres narradas por Charles Dickens en sus novelas.

Phiz, cuyo verdadero nombre era Hablot Knight Browne, se encargó de ilustrar el trabajo de Dickens, luego de que Robert Seymour, su antecesor, se suicidara tras realizar la quinta entrega de "Los papeles póstumos del Club Pickwick" en 1836.

A partir de aquel momento, Browne colaboró en la producción de otras diez novelas en las que expuso una serie de ilustraciones que, alejándose de los dibujos grotescos de George Cruikshank -uno de los primeros artistas encargados de dar vida a los personajes del autor inglés- lograban configurar atmósferas mucho más espontáneas, que recreaban, con gran detalle e ingenio, los distintos episodios de los relatos.

Phiz y Dickens no tardaron en volverse buenos amigos, llegando a viajar juntos en busca de los escenarios que servirían de inspiración al ilustrador. En 1838, ambos realizaron un viaje a Yorkshire con el objeto de visitar las escuelas que formarían parte del universo habitado por Nicholas Nickleby.

Respondiendo a la sensibilidad de los escritos, Phiz se abocó a la tarea de lograr unos dibujos perfectamente detallados, que permitiesen dar cuenta de la enorme capacidad descriptiva del autor.

Entre algunos de los dibujos más célebres de Browne, se encuentran las personificaciones de Squeers, la señora Gamp, Micawber, Guppy y, especialmente, la figura de David Copperfield. 

El niño fascinado por Dickens

En 1887, diecisiete años después de la muerte de Dickens, Joseph Clayton o "Kyd", como solía firmar sus caricaturas, publicó una serie de ilustraciones basadas en el mundo narrativo del escritor. Si bien, continuó con el particular idioma que ya había establecido George Cruikshank, Clayton destacó, particularmente, por sus ágiles y astutos dibujos realizados a lápiz y acuarela.

Tras divulgar su obra en la revista "Fleet Street Magazine", Kyd desarrolló dos nuevas colecciones de dibujos publicadas en 1889 y 1892. Kid, retrató a más de cuatrocientos personajes dickensianos: Sam Weller ("Los papeles póstumos del Club de Pickwick"), Mr. Micawber ("David Copperfield"), Mr. Bumble ("Oliver Twist") y Mrs. Gamp ("La vida y aventuras de Martin Chuzzlewitt"), entre otros.

Sus caricaturas, la mayoría pintadas con colores vivos y sobre un fondo neutro, trascendieron al formato en el que inicialmente fueron publicadas, convirtiéndose en apreciadas piezas de arte. Inclusive, en las librerías estas imágenes funcionaron como una nueva forma de atraer a los lectores.

Las ilustraciones realizadas tanto por Phiz como por Kyd, provocaron un cambio significativo en la industria editorial de Inglaterra. La publicación de las llamadas 'novelas por entregas', en las que el texto iba acompañado por dibujos realizados por célebres ilustradores de la época, impusieron una nueva forma de producir textos literarios.

Este nuevo estilo provocó el aumento de las ventas de novelas y libros de ficción y se expandió hacia otros géneros, como el humor político y la ilustración científica, con gran éxito para la industria editorial.


"Su obra puede ser un peligroso sustituto de la religión"
Braulio Fernández:

Durante muchos años tuve la pagana costumbre de leer "A Christmas Carol" todas las Nochebuena, después de terminados los festejos. Creo que eso lo dice todo. La obra de Dickens puede ser un peligroso sustituto de la religión; aunque sin metafísica, como dijo Graham Greene.

Los horizontes de "Historia de dos ciudades", la humanidad de casi todos los personajes de "David Copperfield", la pequeña Nell en "La vieja tienda de antigüedades", el Club Pickwick completo, Tiny Tim y Scrooge, y el maldito realismo de Grandgrind en "Tiempos difíciles", profético tal vez... Creo, además, que en la obra de Dickens hay toda una antropología del mundo judicial, y el escritor inglés es quien más y mejor ha representado la perversidad humana en sus personajes malignos y criminales. Creo que por estructura, naturaleza del conflicto dramático, desarrollo del mismo, construcción de personajes y estilo, "Grandes esperanzas" es tal vez su obra maestra. Una novela desconcertante, asombrosamente sutil y transgresora de cualquier esquema mental del lector.

Braulio Fernández, director del Instituto de Literatura Universidad de los Andes.

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OPINIÓN | Sus novelas preferidas:
Escritores chilenos recuerdan sus lecturas de Dickens

Violeta Cofré y Francisca Allende Para influyentes críticos, Dickens es el más grande novelista en lengua inglesa. Figuras de la literatura local revelan sus mejores recuerdos vividos leyendo sus novelas e indican su libro favorito.

Recordamos también, a los principales ilustradores de las novelas del gran autor que fijaron un modelo de gran éxito en la industria editorial. "Siempre he pensado que él inventó la infancia"

Rafael Gumucio:
Una de las novelas que más me gustó fue David Copperfield. Me sentí identificado con el personaje. Siempre he pensado que el que inventó la infancia fue Dickens, su representación de la infancia es muy real, aunque no es literatura para niños.

Es la forma que Dickens tiene de escribir, los personajes son tan vivos, a partir de una mínima descripción es capaz de dar vida a las situaciones. Creo que para cualquier escritor también es completamente envidiable la enorme alegría y felicidad con la que escribe, a pesar de que relata situaciones terribles, y muchas veces patéticas, su forma de abordar la literatura es como una fiesta a la cual todos estamos invitados.

Rafael Gumucio, escritor y director del Instituto de Estudios Humorísticos de la Universidad Diego Portales
"Con él me aficioné a las historias de largo aliento"Ramón Díaz Eterovic:Dickens es uno de mis autores clásicos favoritos con el que me aficioné a las historias de largo aliento y a las tramas en las que intervienen muchos personajes y situaciones. Sin duda que influyó mucho en mi hábito lector. Y su influencia en mi trabajo podría estar en la escritura de historias con trasfondos sociales y en la enseñanza de utilizar en las novelas personajes secundarios atractivos, con historias propias. Creo que las obras más importantes de Dickens son "Tiempos difíciles","Casa desolada" y "Nuestro común amigo", pero mi favorita sigue siendo "David Copperfield", tal vez porque la leí en la adolescencia y la novela tiene que ver con el desarrollo de una persona que se enfrenta a la vida con sus brillos y oscuridades. Es una novela que habla de la amistad, del amor, de la superación de las adversidades. Un texto bien urdido, con buenos personajes y mucho humor. 

Ramón Díaz Eterovic, escritor, su último libro es La muerte juega a ganador, 2010
"La que más me gusta es ??Los papeles póstumos del Club Pickwick??"

Armando Roa Vial:
Es difícil escoger su mejor obra; en lo personal, la que más me gusta es "Los papeles póstumos del Club de Pickwick" por su ingeniosa sátira de los valores dominantes de la cultura inglesa del siglo XIX. Creo que hay obras como "Oliver Twist" o "David Copperfield" que son altamente formativas y que ayudan a mirar el mundo social. No necesariamente desde un nicho o una parcela, sino que desde una visión integradora, profundamente comprometida con el ser humano y sus problemas, donde la apertura a los otros es esencial.

Armando Roa Vial, poeta y narrador. Premio Pablo Neruda 2002
"David Copperfield me influyó en la manera de contemplar el mundo a mi alrededor"

Armando Uribe:
Yo desde la niñez he sido lector de Dickens, empezando adecuadamente con "Los papeles póstumos del Club de Pickwick", la obra que me ha acompañado durante buena parte de mi vida, sobre todo en la niñez, así como en la adolescencia me acompañó "En busca del tiempo perdido" de Proust.

También leí "David Copperfield", una novela de formación de un joven, desde sus primeros años hasta formar familia y pasar por distintos trabajos. Es un libro que me influyó bastante en la manera de contemplar el mundo a mi alrededor, un siglo y medio después, en Santiago de Chile. Me influyó porque eran personajes muy bien marcados, que correspondían a realidades sociales diversas, incluyendo al pobre país lejano de Sudamérica, donde yo vivía.

Tengo que subrayar, sin embargo, que la vida misma de Dickens, tal cual la he conocido en biografías y de otras formas, me parece la de una persona antipática, no ocurre eso con la obra de él. Me produce antipatía por su transcurso, por su interés monetario, por sus viajes por EE.UU. Hay muchos rasgos en la personalidad de la burguesía británica del siglo XIX que están muy bien representados en la persona de Dickens y que me son antipáticas y molestas.

Armando Uribe, Premio Nacional de Literatura 2004

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CRÍTICA
Fuego escénico
Por Harold Bloom 

El reconocido autor Harold Bloom reivindica a Dickens como autor esencial. El texto es un adelanto del contenido del libro "El canon. Novela y novelistas" (Páginas de Espuma).
  
T.S. Eliot señaló que «los personajes de Dickens son reales porque no existe nadie como ellos». Yo modificaría la frase diciendo que «son reales porque no se parecen unos a otros, pese que a menudo se parecen un poco más a nosotros que entre sí».

Quizá la voluntad, no importa cuál, difiera más entre nosotros en cuanto a intensidad que en cuanto a especificidad. El secreto estético de Dickens parece ser que sus villanos, héroes, heroínas, víctimas, excéntricos y hasta seres decorativos se diferencian entre sí por la clase específica de voluntad que poseen. Como esto es muy difícil para nosotros, humanos, suscita una ausencia de realidad en Dickens. El precio a pagar es alto, pero es mejor salir ganando algo que nada y Dickens obtiene más de lo que pagó. También nosotros obtenemos mucho más de lo que debemos dar al leer a Dickens. Esta acaso sea su virtud más shakespeariana y provea el tropo crítico que busco para él. Henry James y Proust nos lastiman más que Dickens y lastimar es su objetivo o una de sus intenciones principales. Lo que nos lastima en Dickens nunca tiene mucho de deliberado porque no puede existir una poética del dolor allí donde ha cesado la voluntad hasta tornarse tristemente uniforme. Dickens ofrece más bien una poética del placer, que seguramente vale el precio de nuestra pequeña inquietud ante su negativa a entregarnos una exacta representación mimética de la voluntad humana. Dickens escribe siempre sobre los impulsos y por eso las lecturas supuestamente freudianas de sus libros resultan algo tediosas. La metáfora conceptual que sugiere al representar personajes no es el espejo de Shakespeare ni la lámpara romántica, tampoco el carnaval rabelaisiano ni la estética de Fielding. "Fuego escénico" es el concepto adecuado, pues el "fuego escénico" remueve algo de la realidad de la voluntad, pero solo en tanto la modifica. El sustantivo que queda es "fuego". Dickens es el poeta de los impulsos fogosos, el que verdaderamente celebra el mito freudiano de los conceptos fronterizos, del terreno que se extiende en el límite entre la psiquis y el cuerpo, y cae en la materia, aunque participa en la realidad de ambos.

David Copperfield

Si el escritor de peso puede ser definido como aquel que afronta su propia situación, su dependencia con un precursor, solo encontraremos a unos pocos escritores de peso, después de Homero y los autores del Hexateuco, sin un sentido de contingencia. Estos son los "grandes originales" y no son muchos; Shakespeare y Freud se cuentan entre ellos y también Dickens, quien, como Shakespeare y Freud, no tuvo verdaderos precursores o tal vez sea más exacto decir que deglutió a Tobias Smollett de modo casi idéntico a como Shakespeare devoró a Christopher Marlowe. La originalidad, o una genuina libertad frente a lo contingente, es el rasgo más destacado de Dickens como autor. Como la influencia de Dickens ha sido inmensa, incluso en escritores tan diferentes como Dostoievski y Kafka, nos cuesta bastante ver hoy lo original que fue en su momento.

Dickens constituye hoy en día un hecho o una situación que ningún novelista posterior puede trascender o evadir sin el riesgo de automutilarse. Consideremos la diferencia entre los dos maestros de la ficción moderna: Henry James y James Joyce. ¿No es Dickens la diferencia? Ulises se conforma con Dickens, de él proviene su exuberancia. Poldy es más grande, me parece, que cualquier personaje puntual de Dickens, pero tiene características claramente dickensianas. Lambert Strether, de Los embajadores, no tiene ninguna de esas características y es más pobre debido a ello. Parte de la diversión en La princesa Casamassima parece estribar en que, por una vez, James logra una óptica dickensiana de la vida, algo que falta incluso en Retrato de una dama y que extrañamos (o al menos extraño yo, pese a los pasajes espléndidos) en La alas de la paloma o en La copa dorada.

La historia personal de David Copperfield, que es la más autobiográfica de las novelas de Dickens, ha sido tan influyente en los sucesivos retratos del artista joven que debemos esforzarnos para apreciar la feroz originalidad del libro. Es la primera novela terapéutica, escrita en parte para la curación del propio autor o para consolar la permanente angustia adquirida en su infancia y su juventud. La estima que Freud sentía por David Copperfield parece inevitable pese a que propició un sinnúmero de lecturas erróneas dentro de ese increíble colectivo llamado "crítica literaria freudiana".

Edgar Johnson, biógrafo de Dickens, rastreó la evolución del libro a partir de un fragmento de autobiografía abandonado, con una poderosa aunque acaso falsa declaración: "No escribo con un tono de resentimiento o enojo porque sé que todas esas cosas contribuyeron a hacerme lo que soy". En lugar de representar a sus propios padres como si fueran los de David Copperfield, Dickens los convirtitó en los Micawber, un cambio que produjo un asombroso pathos y evitó un dolor personal que habría producido una significación mayor. Pero David Copperfield era, como dijo Dickens, su hijo predilecto y le satisfizo el deseo de convertirse en su propio padre. De ningún otro libro él habría dicho: "Siento que estoy enviando una parte de mí al misterioso mundo". Kierkegaard nos previno de que "quien desea hacer el trabajo da a luz a su propio padre", en tanto Nietzsche irónicamente dijo que, "si uno no tiene un buen padre, entonces es necesario inventar uno". David Copperfield sigue más el espíritu del adagio de Kierkegaard pues Dickens se convierte más o menos en el padre de David. [...].

Si hay un acertijo estético en la novela, este es por qué David posee y sugiere tal sensación de sufrimiento y de pesar en su fase Murdstone, por así llamarla, y aun antes. La intensidad del pathos es ciertamente desproporcionada con la experiencia ficcional que vive el lector. Dickens se invistió a sí mismo tanto dentro como fuera de David, por lo que siempre falta algo en la auto-representación. Sin embargo, la voluntad -de vivir, de interpretar, de repetir, de escribir- sobrevive y florece en forma permanente. La energía sobrenatural de Dickens penetra a David y discrepa un poco con la inseguridad del aparente rechazo de David a explorar su interior. Lo que marca con fuego escénico la representación que Dickens hace de David no es el exceso de los tempranos sufrimientos ni la tediosa idealización de su amor por Agnes, sino la vocación de novelista, el impulso de contar una historia, en especial la historia propia, que envuelve a David con el fuego de lo que Freud daba en llamar pulsiones.

La grandeza de Dickens en David Copperfield tiene poco que ver con la potencia mucho mayor que exhibe en Casa desolada, la cual podría competir con Clarissa, Emma, Middlemarch, Retrato de una dama, Mujeres enamoradas y Ulises por ser la novela más eminente en lengua inglesa. David Copperfield pertenece a otro orden, pero es el punto de partida de ese orden: el relato del novelista acerca de cómo él o ella atravesó la experiencia en aras de obtener un segundo nacimiento en el deseo de narrar, destino del contador de historias.

Articulo : http://diario.elmercurio.com 15/05/2012

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