Las caras de la autopublicación digital
Por Yanet AGUILAR SOSA
Esta es una nueva vía para que autores
publiquen sin pasar por un dictamen. El riesgo es que no se ofrezca calidad
La autopublicación digital es el reino de
los autores cuyos manuscritos han sido rechazados una y mil veces por las
editoriales; como no son famosos ni disponen de dinero para pagarse una edición
impresa, sólo les queda la web, espacio que les ha abierto un mundo de
posibilidades. Ahora son sus propios editores y jefes de marketing: ellos se
autopublican, ellos se autopromueven.
En México no hay una Amanda Hocking que
venda más de un millón de copias de sus libros en Amazon; ni un Barry Eisler,
que rechazó un anticipo de medio millón de dólares de una editorial para llevar
a cabo su propio negocio de edición digital, mucho menos un John Locke, que
vendió un millón de libros en cinco meses o un Scott Singler, que reinventó el
concepto de edición al convertir a Earthcore en la primera novela publicada en
podcast.
En este país, donde sólo 27.6% de la
población total tiene acceso a Internet y apenas 10% cuenta con acceso a banda
ancha -según datos de 2011 de la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI)-, no
existen escritores que hayan encontrado en Internet el espacio idóneo para
autopublicar sus libros.
Si en Estados Unidos son los narradores
los principales impulsores de la edición digital, la paradoja es que en México
han sido los académicos, investigadores y profesores universitarios los que han
hallado en Internet una plataforma que les brinda la posibilidad de publicar
sus libros, manuales y hasta temarios con los que imparten sus clases.
Open Publishing es la plataforma que el
año pasado creó la editorial McGraw Hill para invitar a los autores -muchos de
ellos rechazados por su comité editorial- a que autopubliquen sus libros y sean
ellos mismos los propios difusores de su obra entre sus estudiantes y colegas.
Hasta el momento, la plataforma cuenta con
un catálogo con aproximadamente 200 títulos, entre ellos libros de profesores
del Instituto Politécnico Nacional y de la Universidad Iberoamericana.
La plataforma Open publishing se anuncia
como “una plataforma de publicación libre, innovadora y completa que
proporciona a los profesores de habla hispana y a los autores la oportunidad de
publicar sus notas y escritos como libros electrónicos de una forma rápida,
profesional y práctica”.
Eduardo Ponce de León, editor de McGraw
Hill Educación dice que “hay mucha gente que necesita publicar porque quiere
entrar a un sistema de becas, quiere subir en escalafón y quiere una mejor
opción dentro de la misma academia y requiere de publicaciones, hay empresas
que requieren material para sus capacitaciones. Eso le ha dado bastante
consistencia al proyecto”.
Aunque la editorial ofrece varias
ventajas: publicación gratuita, protección de los contenidos, descarga fácil
del software que es adaptable a computadoras y teléfonos móviles, portadas y
tabuladores para ponerle precio de las obras, cortes trimestrales de ventas, la
principal es que la editorial “respalda” cada eBook con el sello
“Open-publishing de McGraw Hill”.
Sin embargo, hay quien habla de los
riesgos de respaldar así esos eBooks. Marcelino Elosua, director de editorial
LID, dice que ese “sello de garantía” puede resultar contraproducente para la
editorial, pues “pueden hacer que esa marca se diluya y no tenga ningún valor,
si la maca sirve para algo es para ser un referente de calidad y una
distinción”.
Pero la editorial McGraw Hill niega ese
riesgo. Santiago Martínez Zúñiga, coordinador de marketing de esa casa, dice
que las obras que están en Open Publishing “son sin duda publicaciones de
calidad basadas en la experiencia e investigación docente de sus propios
autores que cubren muchas áreas de conocimiento. Aunque no pasan por un proceso
editorial (como corrección de estilo, diseño, etc.) existe la posibilidad de
solicitarlos, e incluso la misma herramienta ofrece estos servicios para el
autor, como templates para su portada y plantillas para el documento”.
¿Panacea de académicos?
La única plataforma de autopublicación que
hasta el momento ha sido lanzada por una editorial en nuestro país, con
presencia en otras naciones de América, es de McGraw Hill, editorial líder en
libro educativo y cuya nueva herramienta es una de las varias estrategias de
McGraw Hill digital.
Martínez Zúñiga asegura que es una
herramienta gratuita y además “una oportunidad para dar a conocer sus escritos
y sobre todo generarles regalías porque muchas veces no tienen el apoyo de una
editorial porque no cumplen o cubren ciertos requisitos”. Aunque la editorial
“respalda” cada título, en realidad todo el trabajo es del autor, ellos son los
que entran y paso a paso se registran y luego suben su texto en PDF o Word.
Eduardo Ponce de León reconoce que la
plataforma surgió para dar salida a la gran cantidad de manuscritos de autores
que eran y son rechazados para publicarlos en libro impreso. Un estudio
realizado por ellos mismos les mostró que 75% de los maestros usan material propio
para dar sus clases o sus prácticas de laboratorio. “De ese porcentaje más de
la mitad estaba interesado en alguna forma de publicarlo para hacerlo llegar a
sus alumnos”.
Esa “salida” a los manuscritos rechazados
no la consideran una “publicación de segunda”. Santiago Martínez afirma: “(Al
autor) se le ofrece la posibilidad de publicar con Open Publishing,
explicándole en qué consiste la herramienta, cuáles son las ventajas y teniendo
en cuenta que es una opción más para estar bajo el respaldo de McGraw-Hill, por
lo que toman la herramienta como una opción alterna y viable, más que una
‘segunda opción’”.
Las ventajas del eBook
Los aproximadamente 200 títulos que ya
forman parte del catálogo, varios de ellos en inglés, se suben a un pecio
mínimo de 1.25 dólares -que es la ganancia de la editorial por cada descarga-,
a partir de allí, el autor fija su precio. Hay libros que cuestan 1.25 y el más
caro 35 dólares.
Los editores aseguran que entre más barato
el libro más se vende y mayores son las ganancias. “Casi casi la formula es: lo
quieres dar a cinco dólares a esos cinco dólares quítale el 1.25 que cuesta y
esa es tu ganancia”, dice Ponce de León. Las ventajas son muchas: es una
plataforma de fácil uso para el profesor que quiere compartir sus notas, les
permite subir su material de manera instantánea; descargarlo es más barato que
el libro en papel y sencillo porque se puede visualizar en la computadora y en
los celulares.
El peligro de perder calidad
La calidad es uno de los temas que más se
le cuestiona a la autopublicación, no pasan por un editor, hay ejemplos de
títulos que se han llevado a papel. En Estados Unidos ocurrió con Amando
Hocking y en Open-publishing con algunos profesores que suben su material y
empiezan a promoverlo y venderlo, “de pronto nosotros decimos ‘este maestro
está vendiendo bien su material’, nos acercamos a él y le damos la opción de
publicarlo. Eso significa que ya hicimos el scouting (exploración) en la misma
herramienta”.
Para el editor español Marcelino Elosua,
coordinador del Informe Omniprom 2011 sobre el libro en México, resulta un
riesgo que McGraw Hill “respalde” con su sello cada libro que los profesores
autopublican.
“Espero que de alguna forma sí hagan
cierta selección porque si no creo que a la larga perderán valor como marca,
porque un editor que no hace su función primordial -que es la de seleccionar
las obras que van a ir con su marca-, pues hacen que esa marca se diluya y no
tenga ningún valor”.
La historia comienza a demostrar que la
autopublicación digital no es la solución universal; incluso enfrenta los
mismos retos que la edición en papel, como conseguir lectores, lograr atraer la
atención de los medios de comunicación y, además, que sea no sea pirateada.
