Pensar el presente
Por Ángel QUINTANA
El mundo audiovisual vive una curiosa
paradoja. Mientras que los oficios del cine han cambiado, la crítica se resiste
a cambiar. Cuentan que el origen de la crítica de cine fue la cinefilia.
La pasión y el amor autodidacta por las
películas ejercieron una influencia clave en un modelo que fue
institucionalizado como manifestación del gusto y como exaltación de la subjetividad.
El cine era visto como un territorio aislado respecto del audiovisual. Y las
salas, con sus estrenos, eran un receptáculo de ese tópico llamado
"séptimo arte". Es cierto que durante años esta crítica ha impuesto
sus cánones y ha creado corrientes de opinión que se han consolidado como
corrientes de gusto.
También es cierto que frente a la fuerza
de la publicidad ejercida por la industria, cierta crítica ha actuado como un
espacio de libertad. Hoy, en un momento en que el cine ya no ocupa el centro de
la cultura audiovisual y en que la prensa atraviesa un proceso de crisis
irrevocable, quizá conviene preguntarse por qué la crítica se resiste a cambiar
y a vislumbrar cuáles deben ser sus propuestas de cambio.
Estamos en un momento en que la crítica
debe plantearse el lugar que ocupa un mundo audiovisual en mutación. La crítica
no debe conformarse con aplicar unos criterios que eran válidos para el cine de
la edad dorada de la cinefilia. La crítica debe actuar según el método
mayéutico de Sócrates: interrogar el presente de la imagen y preguntarse qué
significa ser contemporáneo cuando la tecnología avanza más rápidamente que las
ideas. El rol de la crítica ya no consiste en proclamar certezas, sino en
proponer interrogantes. Es preciso contemplar las películas como lugares desde
los que se piensa el presente y desde los que es posible preguntarse qué está
pasando, tanto en el cine -o el audiovisual- como en nuestro entorno. Es
preciso cuestionarlo todo porque la tarea más apasionante del crítico del siglo
XXI consiste en levantar acta de lo que acontece.
Hoy, más que nunca, la crítica debe marcar
tendencia en lo político. La feria de las vanidades que durante años ha
acompañado los festivales, los estrenos, las entrevistas y la actividad
periodística en torno del cine posee fecha de caducidad.
En un momento en que las salas están
perdiendo fuerza, en que los festivales funcionan como creadores de
acontecimiento y en que el lugar del cine -como modelo basado en la difusión de
largometrajes- se enfrenta a otros fenómenos coetáneos, como las series de
televisión, las instalaciones museísticas o las imágenes de bajo costo colgadas
en las redes sociales, es preciso interrogarse sobre cuál es el papel político
de la crítica. Estamos en un momento en que hemos sustituido el papel de la
política, entendida como voluntad de poder, por el de lo político visto como
forma de participación.
La crítica es un factor clave de
participación en lo político, porque cuestiona y propone alternativas. Es por
esto que considero que toda crítica ejercida sin un gesto de responsabilidad en
lo político es un ejercicio estéril.
Finalmente, es preciso formularse la
pregunta sobre la posición que tiene la crítica en un momento en que los viejos
medios de comunicación están en crisis y en que surgen otras formas de creación
de opinión desde la Red.
Es cierto que la crítica ha sido siempre
una forma de escritura y que los buenos críticos no son sólo capaces de crear
pensamiento, sino también los que poseen un dominio del lenguaje.
Hoy, sin embargo, cuando las fronteras
entre la figura del profesional y la del amateur se diluyen en cualquier página
de la Red, quizá sea útil pensar qué papel puede ejercer la crítica en las
redes sociales.
El gesto crítico no debe ser sólo el gesto
de un espectador privilegiado, sino también el gesto de quien programa,
selecciona, difunde o divulga.
El autor es catalán. Escribe en Caimán,
cuadernos de cine, y en La Vanguardia
Articulo : http://www.lanacion.com.ar 17/02/2012

