Escritores como Salman Rushdie, Wells
Tower o Margaret Atwood se baten día a día con sus miles de seguidores
...y Twitter sigue cambiando las reglas
Por Anne TRUBEK
De pronto los autores existen, más allá de
su nombre en las portadas, te hablan de tú a tú, ofrecen consejos, discuten las
tramas con sus lectores. De la torre de marfil e incomunicación al escrutinio incesante,
Salman Rushdie, Wells Tower o Margaret Atwood se baten día a día con sus miles
de seguidores, como relata Anne Trubeck, del New York Times. Pero también los
españoles Arturo Pérez Reverte, Juan Aparicio Belmonte o Marta Rivera de la
Cruz, como da fe El Cultural. Los escritores bajaron a la arena de Twitter y ya
nada volvió a ser igual.
Desde el siglo XIX, el concepto habitual de “autor” ha sido algo así: un joven que escribe furiosamente en su buhardilla, que arruga papeles y los tira al suelo, perdiendo la noción del tiempo, ignorando al público y obsesionado con su imaginación. Es distante y esquivo, un hombre al que solo conocemos por sus escritos y por el retrato que aparece en su libro.
Los propios escritores han alimentado este
mito, pidiendo a los lectores que guarden las distancias respecto a los
autores, que deben seguir siendo enigmáticos. Yeats señalaba que el poeta
“no es nunca el manojo de accidente e incoherencia que se sienta a desayunar”.
T.S. Eliot argumentaba además que “el progreso de un artista es... una
extinción continua de la personalidad”; olvídense de llegar a conocer a la
figura que se oculta detrás de las palabras: “La crítica honesta y la
apreciación sensible no se dirigen al poeta, sino a la poesía”. En su página de
Facebook, creada por su editor, Jeffrey Eugenides expresaba recientemente unos
sentimientos similares. En la “Nota de Jeffrey Eugenides a los lectores”,
manifestaba su alegría por conocerlos, pero concluía diciendo que no sabe
cuándo volverá a publicar en la página ni si volverá a hacerlo: “Creo que para
los lectores es mejor no comunicarse de manera muy directa con un escritor, ya
que este, curiosamente, no es importante”.
Pero los lectores no están siguiendo el
consejo de Eugenides, ni tampoco muchos escritores. ¿Por qué? Para
empezar, los editores están empujando a los autores a codearse con los lectores
en Twitter y Facebook con la esperanza de vender más ejemplares. Pero hay
otra razón: numerosos autores muestran escaso interés por la pretensión de distancia
hermética y nunca han aceptado la idea históricamente concreta de lo que
significa ser escritor. Con la era digital llegan nuevos conceptos de autoría.
Y tanto para los escritores como para los lectores, esos cambios pueden
resultar inesperadamente beneficiosos.
El travieso Salman Rushdie
Salman Rushdie me dijo que le gusta
Twitter porque “le permite ser travieso y hacerse una idea de lo que piensa
mucha gente en un momento dado”. Rushdie ha escrito más de
1.000 tuits-“De acuerdo: el filisteísmo (destruir bancos porque no te
preocupan) no es fascismo (destruir bancos porque sí te preocupan). Pero
ambos destruyen los libros”-y más de 150.000 personas los siguen.
Cuando utilizan las redes sociales, los
autores tienen tantas personalidades entre las que escoger como en sus otros
escritos. Algunos adoptan poses que, en la práctica, aumentan la distancia
entre ellos y sus lectores, frustrando así a los mirones. Gary Shteyngart
(4.187 seguidores), que publicó su primer tuit el 1 de diciembre, es encantador
pero enigmático (“La abuela siempre me decía: ‘Chaval, no montes nunca un
laboratorio de metanfetamina'. Pero supongo que tuve que aprender por las
malas”), y a menudo escribe como si hablara su perro (“¡Guau!”). Cuando le
pregunté si le gustaba relacionarse con los lectores en Twitter, Shteyngart me
contestó: “Ahí fuera hay muchas personas inteligentes. Las amo a todas y cada
una de ellas. Muchas veces me río con ellas”. El humor es habitual y
bienvenido en los tuits de los escritores. Uno de los más divertidos
de esa red social es Mat Johnson (39.712 seguidores), que me comentaba que se
convierte conscientemente en “Mat Johnson, escritor y humorista” en Twitter
(“Adolescentes en un patio de recreo, riéndose unos con otros por lo irónicos
que están siendo. Quiero que ilegalicen eso”).
Johnson no solo bromea; también establece
una relación con los demás: “La gente a la que sigo son mis invitados ideales
para una fiesta, desconocidos interesantes cuyo ingenio me empuja a volver”.
Jennifer Gilmore (3.463 seguidores) cree que recibir noticias de los lectores
le ayuda a comprender la influencia que ejercen sus novelas en ellos: “En
Twitter tengo la sensación de que la gente - conocida y desconocida lee mi obra
de una manera que no siempre he percibido”. Al poeta D.A. Powell (2.443
seguidores), conectar con los lectores en Twitter le hace sentirse “como si
estuviera viviendo en el futuro. Imagino que es la sensación que todos los
escritores quieren tener”.
Escribir frases y comprar zapatos
Los que, como Eugenides, se resisten,
citan a menudo la necesidad de… reflexión solitaria. Wells Tower ha afirmado
que “la Red... es... tóxica para la clase de concentración que requiere la
literatura de ficción. Es difícil escribir buenas frases y comprar zapatos
simultáneamente”. Pero sobre la idea de que los escritores necesitan una
soledad absoluta, Powell señala irónicamente: “Eso sin duda le funcionó a John
Bunyan cuando estaba en la cárcel”. Acerca del espécimen que quiere estar solo,
Jennifer Weiner (34.682 seguidores) comenta: “A veces leo sobre autores que
dicen que para escribir necesitan una habitación absolutamente silenciosa que
se mantenga a 20 grados, con bolsas de basura tapando las ventanas y una
máquina de ruido blanco en el rincón y pienso: ‘¿Quién es esa gente? ¿Tendrán
hijos?'”. Johnson reconoce que los escritores necesitan cierto tiempo sin
interrupciones, “pero solo unas cuatro horas. Permanecemos despiertos otras 18.
Tenemos que hacer algo con los dedos, ¿no?”. Como me decía Margaret Atwood:
“Todo escritor es dos personas (al menos). Está la que escribe y la que
desayuna un huevo. Yo soy la otra”.
Weiner señala que el proceso de
publicación siempre se ha realizado en colaboración. Con las redes sociales,
puede incorporar a los lectores, para que “tengan voz en la carrera de un
autor, ya sea dando opinión sobre una portada o un título o votando por las
ciudades en las que se presentará un libro”. Darin Strauss (1.979 seguidores)
disfruta lo que ofrece Twitter una vez finalizada la fase de promoción: “Es
agradable recibir partes desde el frente. Al publicar un libro puedes olvidar
-cuando dejan de llegar las reseñas y las tiendas hacen sitio en la mesa
principal para novedades- que la gente sigue... leyéndolo”. Johnson se muestra
agradecido con las redes sociales, ya que no disfruta de una enorme publicidad.
“Mis novelas no se han anunciado una sola vez, no se han llevado al cine ni han
recibido un gran empujón presupuestario por parte de un editor”, comenta. “Por
lo general se limitan a lanzarles mi libro a los críticos y a esperar que salga
a flote. Twitter me permite secuestrar el avión de la promoción, esquivar
a la clase literaria dominante y contactar directamente con mi público actual y
en potencia... Es una meritocracia; si eres interesante, te siguen”.
Claro, no todos los lectores quieren
enterarse de qué desayuna Atwood. Una lectora explicaba en un tuit por qué no
sigue a escritores: “Seguir a un autor es como fisgar detrás de la cortina, ¿no
es así? ¿Por qué destruir la ilusión?”.Algunos autores de renombre publican en
Twitter pero no establecen una relación recíproca, así que mantienen la cortina
corrida. Hablan de próximas publicaciones y giras promocionales, pero no son
sociales.Sus personalidades, más empresariales que individuales, son propensas
a las caricaturizaciones en relatos falsos y parodias, como @EmperorFranzen,
que se apropian de la voz de un autor.
Todos los autores activos en Twitter
coinciden en que las limitaciones formales del género (140 caracteres) lo hacen
atractivo. Powell se unió porque “le interesaba ver hasta qué punto son
integrales las herramientas prosódicas a la hora de admirar un tuit, lo
rápido y perfecto que puede parecer… Me gusta el proceso de pensamiento público
y el texto compartido. Esos son aspectos de la poesía que me fascinan, y son
los mismos elementos de Twitter que me cautivan”. (@Powell_DA: “La poesía es el
cobijo inofensivo de las palabras”). Para Strauss, “en Twitter, al ser
sucinto sigues escribiendo e imponiendo cierta disciplina sobre lo que dices”.
(@DarinStrauss: “Los científicos descubren agujeros negros 10.000 millones de
veces más grandes que el sol. Sin embargo, Dios sigue tomándose su tiempo para
ayudar a que Tim Tebow gane cada semana”).
En el mejor de los casos, las redes
sociales democratizan la literatura y desmitifican el proceso de la escritura.
Como dice Suzanne Fischer en un tuit sobre el hecho de seguir a su autora
favorita: “Es fascinante saber lo inquietante y emotivo que resulta para ella
el proceso de escribir personajes y lanzarlos al mundo”. Cuando esa autora
mítica participa en un chat, tiene seguidores.
Articulo : http://www.elcultural.es 17/02/2012

