Con Vatanen no se juega
En un estilo y con una estructura tan solo
aparentemente ingenua, Arto Paasilinna se gana rápidamente la confianza del
lector, a pesar de la índole fabulosa del relato, por su simpatía, llaneza y
habilidad para ir tramando con los recursos breves y precisos el discurrir de
la novela.
El escritor finlandés Arto Paasilinna, muy
popular en su país, con El año de la liebre (publicada originalmente
en 1975), proporciona un libro ameno, jovial, con humor y bastante sugerente en
cuanto a pensamiento. La historia es muy simple: un periodista -Vatanen-
infelizmente casado y con un trabajo excelentemente remunerado pero poco
atractivo y sin mayores exigencias ni sorpresas abandona mujer y trabajo y, en
compañía de una liebre a la cual encontró accidentalmente, inicia un viaje
iniciático que, después de un sinnúmero de peripecias, lo conduce, al final, a
la persecución por Finlandia, Laponia e, incluso parte de la Unión Soviética,
de un feroz oso.
En un estilo y con una estructura tan solo
aparentemente ingenua, Paasilinna se gana rápidamente la confianza del lector,
a pesar de la índole fabulosa del relato, por su simpatía, llaneza, y habilidad
para ir tramando con los recursos breves y precisos el discurrir de la novela.
El año de la liebre parece una
transposición a la época contemporánea de historias e imágenes que provienen
del cuento popular (el héroe y sus aventuras, el paisaje, la relación con los
animales) y, sobre todo, del mundo de las fábulas y del relato alegórico,
aunque introduce -con la debida delicadeza- recursos literarios propios de la
tradición novelística de Occidente que le permiten, combinadamente, mantener al
lector atrapado en el ágil relato.
El autor crea un héroe en formación o en
proceso de cambio y aprendizaje, un héroe algo torpe, incompleto e impredecible
que rompe con la estable vida burguesa y se interna por el paisaje natural y
humano más remoto y salvaje de Finlandia. La asociación simbólica de Vatanen y
la liebre -producto de un accidente automovilístico narrado en la primera
página del libro- quiebra el rumbo de la existencia de Vatanen y genera una
corriente de empatía: encarna el anhelo contemporáneo de retornar a una vida
menos urbana y adocenada y más en contacto con la naturaleza salvaje (y, de
paso, expresa el desencanto crítico ante la sociedad burguesa e ilustrada). El
autor, por medio de un narrador en tercera persona, bastante afable y discreto
en sus posibilidades, en modo alguno idealiza a su personaje o al mundo que
quiere representar. Hay varios momentos, muy bien puestos, de quiebre o
anticlímax, que rompen en el lector cualquier inclinación romántica hacia
considerar el mundo rudo y salvaje en su única dimensión positiva. Sin embargo,
es indudable que el itinerario del protagonista desde que esposa a la liebre es
visto por el narrador como proceso beneficioso para aquel y, de algún modo,
ejemplar. En efecto, aunque no de manera machacona, simplificada u ostensible, El
año de la liebre transmite un cierta "moraleja", pero, cabe
reconocerlo, formulada implícitamente de modo de plantear una interpretación
abierta e imprecisa que interroga y no clausura la imaginación del lector.
Paasilinna es irónico, ambiguo y bastante
alejado de un "ecologismo" políticamente correcto. Vatanen se pierde
en el bosque, pero al revés de los usuales encuentros y consecuencias de tal
extravío (la bruja, el monstruo, el animal feroz), da con el elemento que es el
principio de su salvación: una liebre herida. El paisaje nórdico y las personas
que lo habitan poseen en este libro un lado violento y destructivo que el autor
no elude, sino que, al contrario, parece querer indicar que el dolor, la
soledad, la muerte y la violencia son también parte de la naturaleza.
La caza del oso, magníficamente narrada,
tiene toda la apariencia de una "prueba" cuyo pasaje convierte al
protagonista -Vatanen- en un ser renovado y extraordinario (capaz incluso de
traspasar los muros de la prisión), alguien con quien "no se juega".
Así, se cumple la evolución de un personaje errático y débil hacia un héroe
capaz de legendarias hazañas.
La estructura de viaje aventurero (en
capítulos) y su acendrando espíritu antiburgués, antiurbano y
"vitalista" hacen de esta novela una continuación, en tono risueño y
crítico, de la Trilogía del vagabundo, de Knut Hamsum, y genera, además,
resonancias conWalden , de H. D. Thoreau.
La prosa de Paasilinna -en lo que una
traducción plagada de vulgaridades léxicas permite atisbar- es clara, directa,
apretada y sintética, y sintoniza con la estructura y los contenidos de la
novela. La obra del autor finlandés presenta ciertas semejanzas con algunos
relatos de Alessandro Baricco ( Seda , particularmente) y Muriel
Barbery ( La elegancia del erizo ) en el modo como desarrolla la
fórmula, exitosa sin duda, de relato breve, de alto contenido alegórico y
simbólico, con densidad poética en la imágenes, episodios y en el estilo. El
sello propio de Paasilinna, que el lector agradece, es la distancia irónica de
relato, su humorismo jovial y ligero (pero no por eso menos crítico), las
sorpresas y giros que impiden darle a este buen libro interpretaciones unívocas
y cerradas.

