samedi 11 février 2012

Bernabé SARABIA/ Capital erótico. El poder de fascinar a los demás


Capital erótico. El poder de fascinar a los demás
Por Bernabé SARABIA

Catherine Hakim
Traducción de Jofre Homedes. Debate. Barcelona, 2012. 400 páginas, 20 euros.


El libro de Catherine Hakim es una provocación de obligada lectura contra el puritanismo de los planteamientos políticamente correctos del feminismo radical.

No resulta fácil exasperar al feminismo radicado en el Reino Unido, un grupo de presión políticamente potente y con excelentes conexiones mediáticas. Sin embargo, en 2010 Catherine Hakim consiguió irritar a buena parte de un feminismo anglosajón que lleva décadas marcando el territorio de lo políticamente correcto. 

De repente, una socióloga del Centre for Policy Studies de Londres publicaba un informe titulado Feminist Myths and Magic Medicine, en el que condenaba las políticas destinadas a conseguir la igualdad de género. La tesis central sostenía que las mujeres son menos ambiciosas que los hombres y que muchas de ellas elegirían el matrimonio como medio para conseguir seguridad económica. 

Nacida en Oriente Medio en 1948 y educada en Gran Bretaña desde los dieciséis años, Catherine Hakim ha desempeñado diversos cargos y entre 1990 y 2011 ha sido Visiting Scholar en la excelente London School of Economics. Miembro del consejo editor de revistas de referencia como son la European Sociological Review o International Sociology, su obra es extensa y transpira solidez. 

En 2010 la doctora Hakim, como le gusta ser denominada en los medios, publicó en la European Sociological Review un artículo que, apoyado en su Feminist Myths and Magic Medicine, venía a insistir en su idea de que la igualdad sexual entre hombres y mujeres era un mito. Afirmaba que la pretendida simetría en las parejas respecto de los roles familiares, empleo y sueldo se caía por su falta de fundamento real. Acuñaba también el término capital erótico. 

Aunque las tesis de Hakim eran un torpedo en la línea de flotación de lo que se venía entendiendo como “corriente principal” (main stream) en los estudios de género y en otras áreas de las ciencias sociales, lo cierto es que las revistas académicas estrictamente profesionales son leídas por un número forzosamente pequeño de docentes e investigadores. 

El atrevido y demoledor artículo de Hakim hubiera pasado más o menos desapercibido si no fuera porque Prospect Magazine, una revista mundana de mayor tirada, publicó un articulito recogiendo lo más llamativo de las afirmaciones de Hakim. Con el inicio de la tormenta en marcha, el influyente Times Higher Education le dedicó una crítica demoledora, y el sello británico Penguin adivinó negocio en la polémica y decidió editar un libro con la ampliación del artículo publicado en la European Sociological Review. Tras Penguin, Basic Books en EE.UU, Campus Verlag en Alemania, Mondadori en Italia y Record en Brasil están imprimiendo un libro que además está vertido al japonés y al coreano.

Antes de entrar explícitamente en el contenido de Capital erótico, conviene advertir que su texto se mueve en el interior de la arquitectura académica. Notas, citas, repeticiones de carácter pedagógico y una larguísima bibliografía arman este atrevido y denso libro. 

Dos ideas marcan el territorio de este volumen. La primera es la de capital erótico y la segunda lo que Hakim denomina déficit sexual masculino. Por capital erótico el lector debe entender una combinación de atractivo físico y social. Desde la cuna, los niños bien parecidos atraen más atención positiva, sonrisas y cuidados. Perciben que se les quiere, y reaccionan positivamente. Les sonríe su entorno y ellos aprenden a corresponder a esa sonrisa, pedir cosas y negociar lo que desean. Así se forma un círculo virtuoso que dura toda la vida y es de gran utilidad tanto en la vida privada como en la pública. Para Hakim, los niños guapos aprenden antes y más rápido a moverse en sociedad. A lo largo de la vida sabrán gestionar mejor sus emociones y adquirirán aptitudes sociales de gran utilidad. 

El capital erótico es para Hakim el cuarto activo personal tras el capital económico -el dinero del que se dispone-, el capital humano -lo que se sabe- y el social -a quién se conoce. De los cuatro tipos de capital, el erótico es el más complejo. Articula muchos elementos: belleza, aptitudes sociales, encanto, carisma, cuidado de la propia imagen, forma de vestir, estado físico, vitalidad, habilidad sexual o fertilidad son algunos de ellos. 

Las personas atractivas tienen una mayor capacidad para atraer amigos, parejas, clientes, admiradores, seguidores o patrocinadores. El capital erótico es desarrollado por hombres y mujeres tanto en el mercado laboral como en la vida pública. Para Hakim, el “plus de belleza” sirve más a los caballeros, sobre todo en el mercado laboral. Un hombre guapo puede incrementar su salario entre un 10 y un 20 por ciento. 

El marco teórico que utiliza Hakim proviene del sociólogo francés Pierre Bourdieu. A partir de 1983 Bourdieu dibujó en distintas obras los conceptos de capital económico, cultural y social. Lo que hace ahora Hakim es poner al día, con los datos del siglo XXI, una reflexión que tiene mucho de consideración sobre las formas del poder en el capitalismo. 

La segunda idea de que ocupa este volumen es la de déficit sexual masculino. En contra de lo que afirman las feministas, sobre todo las feministas anglosajonas, los hombres tienen un mayor deseo sexual. El deseo no sería tanto una construcción de la sociedad como algo innato en los varones. El mayor deseo sexual de los hombres provoca frustraciones desde la adolescencia y ejerce una influencia soterrada en las actitudes masculinas frente a las mujeres, no sólo en las relaciones privadas sino en la esfera pública. “Para los hombres, ya lo dice la sabiduría popular, nunca hay bastante sexo”. Para Hakim ni la revolución sexual de los 60 ni el matrimonio solucionan un déficit sexual que perdura a lo largo de todo el ciclo vital. 

El inferior deseo sexual femenino disminuye pasados los 30. Con frecuencia la maternidad juega un papel decisivo. Sin embargo, ese menor deseo sexual en la mujeres no se traduce en un menor capital erótico. En opinión de Hakim, las mujeres tienen en todo el mundo más capital erótico, entre otras cosas porque le dedican mayor esfuerzo. Dicho capital erótico posee un valor especial en situaciones en las que se entretejen la vida pública y la privada. 

En el territorio marcado por estas dos ideas de Hakim, no es ilegítimo obtener provecho del capital propio. Hay que aprovechar las ventas de la altura, la delgadez o la belleza. Por otro lado, si los hombres tienen mayor capital económico (dinero) y las mujeres disponen de un capital erótico deseado por los varones, lo lógico para Hakim es que se proceda a un justo intercambio. Dinero por ocio sexual (Honey Money es el título de la edición inglesa). 

De este modo, las relaciones de pareja o matrimoniales deben legitimar un justo equilibrio de capitales. Igualmente debe despenalizarse el comercio sexual o cualquier otro ocio erótico. Los Países Bajos y Nueva Zelanda, seguidos de Alemania o Francia, serían los modelos a seguir en la problemática derivada del ejercicio de la prostitución. En el extremo opuesto sitúa Hakim a Suecia y Reino Unido. 

Antes de cerrar con un cuidado anexo que refiere las encuestas utilizadas así como a la metodología empleada en su investigación, Hakim insiste en la necesidad de que el capital erótico proporcione más réditos a las mujeres. Cierra arremetiendo contra el falso puritanismo de ingleses y suecos como ejemplo de sometimiento a los planteamientos políticamente correctos pero equivocados de los movimientos feministas radicales.Una provocación de lectura obligada. 

***
Belleza triunfal
Por Fernando ARAMBURU

Las personas a quienes la naturaleza caprichosa concedió capital erótico antes simplemente decíamos que estaban buenas. Nos las queríamos tirar, así de claro. Y si esto no era posible, nos lo imaginábamos. A otras especies les basta con la época de celo.

A la nuestra, no. Nosotros nos cubrimos las vergüenzas, ocultamos con perfumes los olores corporales y delegamos en los cosméticos la responsabilidad de procurarnos poder de atracción. La inteligencia humana necesita ilusiones. Y, quien las crea y vende, triunfa. Según las estadísticas, el 97,5 % de los fornicios que se consuman hoy día en los países desarrollados no tiene por objetivo la reproducción. Como la coyunda no causa por fuerza preñez y ha sido clausurado el infierno, la especie dispone de barra libre. Medran los guapos y esculturales. Pero, ojo, que la Historia está poblada de tiranos feos y bajitos, y no miro a nadie. 

Articulo : http://www.elcultural.es 10/02/2012

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