ENTREVISTA a Jacqueline GOLDBERG, Poeta
«La literatura es un canal por el que se
van muchas cosas»
Por Daniel FERMÍN
"La literatura es sanadora, un canal
por el que se van muchas cosas. Postales negras fue terapéutico" "Los
géneros están diluidos hace muchísimo para los lectores, no para los
editores"
Rafael Cadenas lo advierte en el prólogo:
una vez que se empieza a leer Postales negras, cuesta soltarlo. El último
poemario de Jacqueline Goldberg (Maracaibo, 1966) es un viaje interior a través
de aguas turbulentas. La poeta estructuró un libro a base de imágenes, con las
que interpeló a varios autores (Luis Moreno Villamediana, Eleonora Requena,
Alexis Romero): miradas ajenas, miradas propias, todas íntimas.
-Dijo, en su libro, que agua y postales ya
la atormentaban. ¿La escritura permite liberar esas obsesiones?
-Siempre. La literatura es sanadora,
salvadora, un canal por el que se van muchas cosas. Este libro fue terapéutico.
Yo, en ese entonces, estaba a punto de hacerme una histerectomía. Esas postales
tenían 10 años guardadas. No hallaba qué hacer con ellas. En esos dos meses de
terapia, un día, las saqué y comenzó a aparecer el libro. Hubo sueños
reveladores, las postales fueron diciéndome cosas. Muchas de ellas no tenían
que ver con las imágenes, sino con el momento que estaba viviendo.
-Hay en Postales negras una
mezcla de poesía y prosa. Como que de a poco los géneros se diluyen, ¿no?
-Los géneros están diluidos hace mucho
tiempo para los lectores, para la gente que disfruta la literatura.
Lastimosamente, no para los editores, ni para jurados de concursos. Si abren un
libro y les cayó en una página de prosa, eso no entra en poesía. Yo no creo en
géneros.
-Pasó cuatro años desde que publicó su
último libro, pese a que Postales negras lo tenía listo desde hace
tiempo. ¿La poesía debe batallar con el mercado editorial?
-No quería apurarme. Creo que decidí
asumir una cierta madurez y trabajar el libro con mucha paciencia, pero
confieso que fue un libro difícil para entrar en editoriales y concursos porque
le veían las ilustraciones. Se enrollaban con eso, con derechos de autor, con el
costo de las postales a color, que aquello no era prosa ni era verso. Todavía
no hay editores venezolanos para esa mezcla.
-¿Qué función cumple la poesía en el mundo
de hoy?
-Todo y ninguna. La poesía puede pasar de
lado, pero es lo que nos queda. Con lo que puede escribirse una historia, más
allá de los libros analíticos. Es la emoción más pura del hombre que vive un
momento.
-Usted también escribe libros infantiles.
¿Cómo se le explica a un niño que la poesía no es fastidiosa?
-Eso me cuesta hacerlo con mi propio hijo.
Es una cosa de sensibilidad, de sugerirle que ahí adentro hay un mundo que
puede decir algo. Pero es muy complicado. La televisión dice mucho más, los
juegos electrónicos dicen mucho más. Los niños están en una velocidad que no
les permite sentarse con la calma que requiere un libro.
-¿Y qué será que se necesita para ser un
poeta?
-Nalgas.
-¿Nalgas?
-Sí. La poesía es trabajo. Son horas de
lectura, horas frente al papel en blanco. Oficio.
-Ya antes usted dijo que ve la poesía como
un oficio
-Sí.
-Pero un poeta no puede vivir sólo de su
poesía
-No hablo de lo económico ni de lo
material, sino de una vida interior. De lo que uno hace cuando la puerta se
cierra y la ciudad apaga sus luces. Nadie puede vivir de la poesía. Sí vivir
por la poesía y para la poesía, pero no de la poesía.
-Uno de los poetas que consultó para su
libro le mandó una pregunta: "En el libro dice 'Cada poema escrito con lo
ajeno (...) No hay otro procedimiento. No lo habrá'. ¿De qué manera trabaja
en Postales negraslos textos "apropiados" de modo que sean parte
de su poética?
-Las postales yo comencé mostrándoselas a
amigos. Les preguntaba qué ves, qué no ves. La mayor parte de la gente que
entrevisté, porque lo hice con una grabadora, dijo cosas maravillosas. Confieso
que esos textos, que les pertenecen a ellos, los trabajé muy poco. Di apenas
una forma, quité una repetición. La emoción que produjo la postal se reveló en
una escritura poética. Y después está lo que yo mismo digo.
-Ahora me toca jugar a mí (le muestro una
copia de El grito, de Edvard Munch): ¿Qué ve, qué no ve?
-Siempre he pensado que ese hombre no
grita. Ese hombre vio algo terrible que le recordó algo de sí mismo. Más allá
de la historia que hay de ese cuadro, me interesa mucho la relación entre
imagen y poesía.
Articulo : http://www.eluniversal.com 04/02/2012
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