Homenaje:
A la muerte de la Premio Nobel de
Literatura 1996
Por Elena PONIATOWSKA
De ir a Polonia alguna vez, mi mayor ilusión
hubiera sido visitar (si ella me lo permitía) a Wislawa Szymborska. Era una
poeta cuya edición de 10 mil ejemplares se agotaba en una semana y los polacos
la sentían cercana.
Salía a la calle con su sombrerito y decían:
»Allí va Wislawa». Escribía sobre ellos, sobre su vida cotidiana y su millón de
risas, siempre cultivo el territorio familiar, los que nos es común, lo que
sucede de la mañana a la noche, lo que les pasa a los hombres y lo que
resienten los árboles.
Además sabía reírse. Se reía de la solemnidad,
se reía de los clichés. Decía que sus senas personales eran el entusiasmo y la
desesperación. « ¿Como vivir? me pregunto alguien/en una carta, / yo le iba a
preguntar lo mismo».
Desde la Segunda Guerra Mundial era
considerada una de los grandes poetas de Polonia, al lado de Zbigniew Herbert.
Otro poeta, Milosz, amigo de Octavio Paz, había partido a Estados Unidos, pero
Wislawa se quedó.
Decían que Herbert obtendría el Premio
Nobel, pero finalmente el jurado acordó dárselo a esta mujer cuya inventiva
resulto prodigiosa. Buscaba al mundo, como el titulo de su primer poema. Nunca
fue solemne o monumental y sobre todo nunca se construyo un traje de piedra
para la posteridad.
Y sin embargo, era una filosofa, ya que su
relación con el universo fue de escepticismo y admiración.
En 1954 titulo su libro de poesía
Preguntas que yo me hago. Escribió de sus padres, de «Hania», su sirvienta, de
los judíos asesinados durante la guerra. Escribió de ti, de mi, de todos
nosotros aunque hubiera un océano de por medio. Dijo que nosotras, las mujeres,
solo estamos vivas cuando un hombre nos ama y que negarnos este amor equivale a
matarnos. Nunca fue sentimental y si resulto, para muchos, un poco
impertinente. Todo se le iba hacia el buen humor y por eso termino siendo
versátil, ingenua y sobre todo fuerte. De si misma, decía que escribía en vos
baja.
Nunca busco el consuelo fácil. «Estoy
demasiado cerca para que él suene conmigo». En su discurso al recibir el Nobel
de Literatura, el 3 de octubre de 1996, Szymborska dijo que «cualquier saber
que no provoca nuevas preguntas se convierte muy pronto en algo muerto, pierde
la temperatura que proporciona la vida». También hablo de dos palabras que
siempre la estimulación: «no sé». Y se refrío a otra polaca insigne: «Si mi compatriota
María Sklodowska-Curie no se hubiera dicho «no sé», probablemente se habría
convertido en profesora de química en un pensionado de señoritas de buena
familia; en este respetable trabajo habría transcurrido su vida.
Pero ella se dijo «no sé» y fueron
exactamente estas dos palabras las que la condujeron no una sino dos veces a
Estocolmo, donde se galardona con el Premio Nobel a las personas de espíritu
inquieto en constante búsqueda».
Si existen los Ángeles
No creo que lean
Nuestras novelas
Sobre ilusiones perdidas.
Nunca busco el consuelo fácil, se veía a
si misma con demasiada ironía. Decía a las niñas que observaran el desastre
desde una torre de sonrisas. También respondía a quienes le preguntaban si en
Polonia no hacia demasiado frío, que aquel que quisiera ahogarse necesitaría un
hacha para romper el hielo y que los poetas escribían con los guantes puestos y
lloraban copos de nieve en vez de lagrimas.
Según ella, nada es sagrado para aquellos
que piensan.
«Cuando pronuncio la palabra Futuro, /la
primera silaba ya se fue al pasado. / Cuando pronuncio la palabra Silencio, /
lo estoy destruyendo. / Cuando pronuncio la palabra Nada, / estoy creando algo
que ya existe.»
Szymborska era poeta mayor. Su poesía de
imágenes y de ideas llega a lo más hondo.
«La vida en la tierra sale bastante
barata.
Por los sueños, por ejemplo, no se paga ni
un céntimo.
Por las ilusiones, solo cuando se pierden.
Por poseer un cuerpo, se paga con el
cuerpo.
Se dice que los polacos nunca llegan a
ponerse de acuerdo en absolutamente nada, que son anarquistas, destornillados, indómitos,
nadie puede con ellos; sin embargo, en algo si coinciden, en su amor y su
respeto a los grandes poetas, desde Adam Mickiewicz hasta Wislawa Szymborska.
Durante la Segunda Guerra Mundial, todo un batallón de soldados se lanzó con
sus maravillosos caballitos polacos en contra de los tanques alemanes y fueron
tachados de locos. Quizá todos eran poetas y estaban determinados a seguir
viviendo después de muertos. Así la Szymborska, que capta la sobrevivencia
humana y nos la da sin ninguna amargura porque morirse esta dentro del orden de
las cosas. ¿Qué pensara nuestro José Emilio Pacheco de esta gran polaca que
supo liquidar todas sus deudas?
***
Hallazgo y deslumbramiento
Por Patricio Tapia
Auque hay quienes creen que los miembros
de la Academia Sueca solo de vez en cuando dan muestras de vida inteligente, al
elegir autores incomprensibles incluso en su propia lengua u otros que no han escrito
nada bueno por décadas –además de haber obviado a algunos de los mejores
autores del siglo XX-, no pocas veces han permitido el hallazgo de voces que de
otra forma pasarían desapercibidas, voces que pueden deslumbrar: es el caso de
la poeta polaca Wislawa Szymborska.
No obstante ser un idioma que no cuenta
con demasiados lectores en el original (al estar lleno de zetas y con palabras
de puros consonantes), la literatura de Polonia, con todo, tiene una
distinguida tradición y en el siglo XX contó con tres Nobel de Literatura
previos (Henryk Sienkiewicz en 1905, Wladyslaw Reymont en 1924 y Czeslaw Milosz
en 1980).
Wislawa Szymborska nació en 1923 (se
discute si en Bnin o Kórkik), pero se traslado de niña a Cracovia. Allí se
vinculara a algunos grupos y movimientos literarios. Optara por una formación
académica humanista (estudio filología y sociología).
Dentro del panorama de la poesía polaca,
Szymborska fue, junto a Czeslaw Milosz (1911-2004), Zbigniew Herbert
(1924-1998) y Tadeusz Rosewicz (1921), representante de una «escuela» heredera
de una historia, fiel a ciertos valores y formas. Pero Szymborska, aunque compartía
características de varias escuelas pareció no pertenecer a ninguna. Dedicada ya
de joven a la creación en la intimidad, rehúyo las vanidades de la vida
literaria. No escribió demasiado: en una trayectoria de 60 anos reconoció solo
cerca de 200 poemas recogidos en varios volúmenes pequeños. Su obra se inicia
con los libros Por eso vivimos (1952) y Preguntas a mi misma (1954), planteando
cuestiones filosóficas vinculadas a la estética del realismo socialista. En su
obra posterior abandona de manera deliberada todo lo que se relacione con la
circunstancia política polaca. Su verdadero debut es el libro Llamando al Yeti
(1957) al que siguieron Sa (1962), Mil alegrías (1967), Si acaso (1975), El gran
numero (1976), Gente en el puente (1986), Fin y principio (1993), Instante
(2002) y Dos puntos (2005).
Sus técnicas son diversas, desde formas
rimadas al verso libre (sobre todo después de los anos 70). Siendo una poesía
profundamente intelectual, nunca abandona el tono irónico y humorístico, para
abordar temas que van desde las paradojas de la condición humana, la
valorización de lo efímero y pequeño o la capacidad de descubrir lo insólito en
la vida cotidiana.
Así por ejemplo, su poema en rima «Nada
dos veces», de Llamando al Yeti: «Nada sucede dos veces/ ni va a suceder, por
eso/ sin experiencia nacemos/ sin rutina moriremos», que incluso ha sido usado
como letra de una canción popular. O bien, «Todo», de Instante: «Todo: /
palabra impertinente y henchida de orgullo. / Habría que escribirla entre
comillas. / Aparenta que nada se le escapa, / que reúne, abraza, recoge y
tiene. / Y en lugar de eso, / no es mas que un jirón de caos».
Articulo : http://www.mer.cl/ 11/02/2012

