Ha muerto Tàpies
El artista catalán, uno de los maestros del arte de vanguardia
del siglo XX, fallece a los 88 años en su domicilio de Barcelona
El pintor, escultor y teórico del arte Antoni Tàpies ha muerto
este lunes a los 88 años. El artista catalán (Barcelona 1923) ha sido uno
de los maestros del arte de vanguardia del siglo XX. Destacó por su estilo
propio, matérico por el uso de elementos de desecho, pero muy espiritual porque
trascendió el soporte de la obra para profundizar en la imbricada condición
humana. Por voluntad expresa de la familia del artista, la ceremonia de
despedida será en la estricta intimidad. En gesto de duelo, la
Fundación Antoni Tàpies permanecerá con las puertas abiertas dos
días (martes 7, de 15 h a 21 h, y miércoles 8, de 9 h a 21 h), para
facilitar a la ciudadanía el acceso libre a la Fundación y a las obras
expuestas del artista, y pondrá a disposición de quien quiera dejar su
testimonio un libro de pésame. Asimismo, próximamente, se anunciará la fecha,
los contenidos y los participantes en el acto de homenaje público que tendrá
lugar en la sede de la Fundación.
De formación autodidacta, Antoni Tápies decía no sentirse un
pintor antiguo. Quizá un clásico contemporáneo, pero desde luego tenía claro la
época a la que pertenecía. Nació un 13 de diciembre de 1923 en la Barcelona más
liberal y culturalmente tolerante gracias a las relaciones de sus padres, que
le introdujeron desde muy pronto en los círculos de personajes notables de la
vida catalana. En 1934 inició sus estudios de bachillerato y los continuó
durante la guerra civil, pero su débil salud le obliagaba a menudo a
interrumpirlos. Entre 1942 y 1943 sufrió una enfermedad pulmonar con una larga
convalecencia que le permitió disfrutar del tiempo necesario para seguir formándose,
primero copiando a Van Gogh y Picasso, y más tarde leyendo a los grandes
filósofos y estudiando el movimiento Romántico, por el que siempre sintió
predilección. La angustia de algunas de sus primeras obras tienen su origen
precisamente en esta enfermedad, lo somático se une a la expresión artística, o
en palabras de Tàpies "En el arte todo es unidad".
En 1944 ingresó en la universidad de Barcelona para estudiar
Derecho, pero se sintió enseguida atraído por el círculo de jóvenes poetas
que le rodeaban: Carlos Barral, Alfonso Costafreda y Gil de Biedma entre
otros, que por la carrera que nunca llegó a terminar. Este mismo año trabajó
durante unos meses en la Academia Valls, donde conoció al poeta y crítico de
arte Josep M. Junoy, cuya influencia será decisiva en el joven artista. Durante
estos años fue creciendo su interés por la pintura y la mística oriental,
asimilada de forma visible en su obra plástica, como comentaba en una
entrevista concedida a EL CULTURAL en 1998: "El lenguaje místico no
es exclusivo de las religiones, también hay un misticsimo profano, ya sea
oriental u occidental. En el contenido de muchas obras del arte contemporáneo
descubrimos un espíritu, una visión del mundo que se aproxima a esta dimensión,
religiosa o no, que nos lleva a la realidad profunda de las cosas".
La ruptura con `Dau al set'
Conoció a Joan Brossa en 1947, con quien fundó al año siguiente
la revista Dau al set, una de las primeras y más relevantes iniciativas
renovadoras del arte español de posguerra. Tàpies rompió poco después con el
movimiento por considerar que se le daba una importancia desmedida, y ha
llegado a decir que la revista no era más que un refrito de los residuos del
surrealismo. Este episodio lo explicaba también en la entrevista de EL CULTURAL: "Llegué
a romper completamente con la estética de Dau al set, que era más
brossiana que otra cosa. Rompí totalmente. Lo que ocurre es que que soy una
persona educada y no me enfadé con la gente, y mucho menos con mi amigo Brossa.
Durante muchos tiempo mantuvimos la amistad. Eso sí, sin hablar de arte".
De esta época data su pintura deudora del surrealismo, donde aparecen sus
paisajes fantásticos y oníricos influidos por Paul Klee y Max Ernst.
En 1950 obtuvo una beca para completar sus estudios en París,
allí se acercó al marxismo y a partir de este momento asumió una postura
socialmente comprometida de defensa de los derechos humanos y la libertad. Este
mismo año se celebró su primera exposición individual en las Galeries Laietanes
de Barcelona. En 1953 abandona el surrealismo y retoma las investigaciones
sobre la materia que terminarían por desarrollar su lenguaje personal. Tàpies
no puede evitar sonreír ante el paralelismo que algunos críticos establecen
entre las pinturas de estos años, semejantes a paredes desconchadas y su
apellido (en catalán "tapias").
Reconocimiento internacional
Su primera retrospectiva se celebró en Hannover en 1962, en la
Kestner Gesellschaft, y desde entonces se han sucedido por todo el mundo las
muestras antológicas dedicadas a su obra: en 1974 en el Louisiana Museum y en
la Nationalgallerie de Berlín; en 1977 una retrospectiva itinerante por EE.UU;
en 1980, 1990 y 2000 en el Museo Reina Sofía de Madrid; en 1988 en Marsella y
una itinerante de obra gráfica por EE.UU; en 1989 en Pekín; en 1993 en la Schim
Kunsthalle de Berlín; en 1995 en el Guggeheim de Nueva York y en 1996 en varios
museos japoneses. En 2002 expuso en la galería Elvira González de Madrid y su
última obra puede verse en la galería Toni Tàpies de Barcelona (30 de enero de
2003).
La valoración de su trabajo en el mercado va desde los 48.000
euros de sus pequeñas obras gráficas a los 480.000 de sus grandes óleos.
Actualmente todos los grandes museos del mundo tienen obras suyas. El mismo año
en que se inauguró la fundación que lleva su nombre en Barcelona, 1990, recibió
el premio Príncipe de Asturias de las Artes, y, poco después, el León de Oro de
la Bienal de Venecia en 1993 y el Premio Herbert Boeckl en 1994.
Los últimos años
Las obras de los últimos años constituyen esencialmente una
reflexión sobre el dolor -físico y espiritual-, entendido como parte integrante
de la vida. Influido por el pensamiento budista, Tàpies considera que un mayor
conocimiento del dolor permite dulcificar sus efectos, y de este modo, mejorar
la calidad de vida. El paso del tiempo, que ha sido una constante en la
obra de Tàpies, adquiere ahora nuevos matices, al vivirse como una experiencia
personal que comporta un mejor autoconocimiento y una comprensión más clara del
mundo que le rodea. Durante estos últimos años, Antoni Tàpies ha consolidado un
lenguaje artístico que, por una parte, traduce plásticamente su concepción del
arte, y por otra, unas preocupaciones filosóficas renovadas con el paso del
tiempo. Su práctica artística sigue siendo permeable a la brutalidad del
presente, a la vez que ofrece una forma que, pese a su ductilidad, permanece
fiel a sus orígenes. En este sentido, las obras últimas no sólo se inscriben en
la contemporaneidad, sino que también son un registro del pasado del
artista.
En esta línea, en la última entrevista que concedió a El
Cultural, y una de las últimas que dio, el artista señalaba que las
dificultades físicas le habían obligado a concentrarse más en sí mismo: “A
explorar más mi mundo interior, y de ello me he dado cuenta precisamente este
verano (de 2008), a causa de los problemas que he tenido con el corazón. Además
creo que las sabidurías asiáticas, como el budismo, por las que ya sabes que
tengo especial predilección, me han ayudado a tener una visión más profunda del
mundo, más cercana a la verdadera realidad. A veces pienso que hoy se vive
más pendiente de necesidades mecánicas que de las cosas realmente
esenciales”. A este respecto, también comentaba: “Yo nunca he separado
estas disciplinas, el arte y la filosofía, tal vez por la influencia que han
ejercido en mí las filosofías orientales que no excluyen nada, que entienden la
existencia y el mundo como una globalidad”.
Paralelamente a la producción pictórica y objetual, Tàpies ha
ido desarrollando desde 1947 una intensa actividad en el campo de la obra
gráfica. El artista ha realizado un gran número de carpetas y libros de
bibliófilo en estrecha colaboración con poetas y escritores como Alberti,
Bonnefoy, Du Bouchet, Brodsky, Brossa, Daive, Dupin, Foix, Frémon, Gimferrer,
Guillén, Jabès, Mestres Quadreny, Mitscherlich, Paz, Saramago, Takiguchi,
Ullán, Valente y Zambrano, entre otros.
Asimismo, desarrolló una tarea de ensayista que ha dado lugar a
una serie de publicaciones, algunas traducidas a distintos idiomas: La
práctica del arte (1971),El arte contra la
estética (1977), Memoria personal (1983), La realidad como
arte. Por un arte moderno y progresista (1989), El arte y sus
lugares (1999) yValor del arte (2001).
Su fundación
En 1984 el pintor fundó su propia fundación con la idea de
crear un centro para el estudio y la promoción del arte contemporáneo. Este
centro con una de las colecciones más completas de la obra de Tàpies, donadas
por el propio pintor y por Teresa Tàpies, su mujer. Contiene más de 300 obras
de todos los periodos artísticos del pintor. Abrió sus puertas en
1990.
Además de las exposiciones permanentes dedicadas al pintor
barcelonés, el museo realiza numerosas exposiciones temporales que abarcan
todos los géneros artísticos. Destaca también la biblioteca, especializada en
arte moderno, y que está considerada como una de las más completas del mundo en
su género. Cuenta también con una sección dedicada al estudio del arte
asiático. En 2010 se reabrió el museo tras dos años de rehabilitación, a
cargo del arquitecto Iñaki Ábalos. En esta ocasión la obra estrella de la nueva
exposición fue la escultura tituladaCalcetín, situada en la terraza de la
Fundación.
Articulo : http://www.elcultural.es 06/02/2012
***
Tàpies, cara y cruz
Por Jaume VIDAL OLIVERAS
El crítico de El Cultural Jaume Vidal Oliveras muestra la
multitud de facetas de un artista que proyecta tantas luces como sombras
Resulta difícil hablar de una persona que falta y, además, de
un personaje tan complejo como Antoni Tàpies, que proyecta tantas luces como
sombras. Y, sin embargo, hay en él un mensaje que tendría de quedar: una fe en
la cultura y el arte. Él entendía ambas en un sentido humanista, en la
acepción más elemental y directa que tiene esta palabra: la cultura como
aquello que nos construye como personas, que nos hace mejores, que nos ayuda a
comprender el mundo que nos rodea. Pero este ideal se manifiesta en Tàpies de
diferentes maneras. Acaso la riqueza de su figura radique precisamente en esto,
en las múltiples -y también contradictorias- formas en que entendió este
compromiso.
Una de sus vertientes es su apuesta política. Una apuesta que
es difícil de explicar en los tiempos que corren y que acaso resulte inverosímil.
Pero esta fue una de sus batallas -aunque no la única- como creador y como
persona. Cuando rondaba la cincuentena escribió un libro que nos parece
fundamental para introducirnos en su universo: Memoria personal: fragmento
para una autobiografía. Como el título indica, se trata de un texto
personal, en el que Tàpies relata su propia historia como creador plástico y
como individuo. Pero en él se narra también el proceso de construcción de la
democracia y cómo la cultura -para él, la cultura progresista- se alía con y
contribuye a edificar estos ideales. Curiosamente, sus “memorias” concluyen con
el fin de la dictadura, aunque la vida del artista haya continuado hasta ahora.
Y esto es así porque Tàpies piensa la cultura como construcción de la
democracia y él creía contribuir con su creación en este empeño. Su obra
se identifica con la democracia y la llegada de ésta confirma, a su vez, la
validez de su obra.
Pero paralelamente existen otros Tàpies. Hay un Tàpies del
silencio, de la contemplación, de la búsqueda del absoluto... Una de las
aproximaciones más sugerentes al pintor se la debemos a Pere Gimferrer, quien
de una forma poética y metafórica situaba a Tàpies en una tradición “oculta” de
la cultura catalana. Frente a una cultura de la claridad, del orden, de la
naturaleza, del clasicismo, que es, de algún modo, la oficial, existe otra
herencia que encarnan los Llull, los Gaudí, los Foix, los Miró, pájaros de lo
nocturno, cazadores de enigmas. Es en esta filiación, que -siguiendo a
Gimferrer- podríamos llamar de “los alquimistas”, exploradores de lo oculto, de
los arcanos, de lo invisible, en la que hemos de situar a Tàpies. El
Tàpies hermético y metafísico es otra de sus vertientes.
Y aún hay más: en su última entrevista, concedida a El
Cultural, el propio Tàpies, un Tàpies ya anciano, nos hablaba de “bondad”
y de “amor”. Este último Tàpies estaba empeñado en una nueva búsqueda, la
de unas imágenes que afectasen al espectador y le llevaran a un estado
sereno.
Tàpies, figura poliédrica, rica y compleja, contiene en sí multitud de facetas, algunas paradójicas, a veces contradictorias, las mismas que el tiempo que le tocó vivir. Él supo darles una forma personal y transmitirlas de vuelta. Su obra es nuestro legado.
Tàpies, figura poliédrica, rica y compleja, contiene en sí multitud de facetas, algunas paradójicas, a veces contradictorias, las mismas que el tiempo que le tocó vivir. Él supo darles una forma personal y transmitirlas de vuelta. Su obra es nuestro legado.
***
Tàpies en sus memorias: ¿Para qué servimos realmente los
artistas?
"Tengo una fotografía en la que Franco, rodeado de gente
importante, está parado delante de mis cuadros... Todos ríen."
Antoni Tàpies escribió esta Memoria personal (Seix
Barral) que recoge, como él mismo explica en el prólogo, "las
circunstancias de mi vida, las influencias recibidas, el itinerario interior
que he recorrido o las búsquedas personales que se encuentran en la base de mi
pintura", contemplando "no sólo su posible utilidad didáctica para
otros artistas más jóvenes, sino porque también me parecía que me ayudaría a
tomar conciencia y a orientarme a mí mismo". Una crónica personal que
abarca desde la Barcelona de la anteguerra civil al Madrid franquista y desde
el París del existencialismo al Nueva York de los años cincuenta; y por la que
desfila una fascinante galería de personajes que son emblemas de nuestro
tiempo -de Picasso a Miró, o Duchamp-. En el centro de su autobiografía,
la obra pictórica, iluminada por la palabra.
***
El director de aquellos cursos era el que posteriormente sería
director general de Bellas Artes, Gratiniano Nieto. Tenía noticia, por
Alexandre Cirici y otros que habían asistido, de que el año anterior había
habido igualmente algunos actos bastante sugestivos por la calidad del público
y porque se prestaban a un diálogo interesante. Acepté y, con Teresa, que ya
esperaba el primer hijo, emprendí el viaje. Nos acompañó Tharrats, en
sustitución de Joan Teixidor, que era quien primeramente yo había propuesto
para hablar de la evolución de la nueva pintura en relación con los otros
hechos culturales de Barcelona en aquellos últimos años, el cual no pudo
venir.
Hicimos escala en Burgos, que no conocíamos, y pasamos luego
unos días muy agradables en la simpática ciudad del norte, donde encontramos a
otros amigos que ya conocíamos, como Gaya Nuño y su mujer, que estaba allí para
hablar de Cossío en el mismo ciclo de la universidad, y algunos otros más.
Volvimos a encontrar a Luis Rosales, quien me hizo de presentador en la
conferencia y con el que pasamos muy buenos ratos. Conocimos a Carola y José
María Moreno Galván, cuya amistad nos ha acompañado luego siempre. También al
pintor Carlos Pascual de Lara (que murió poco tiempo después), el cual fue
entonces el fabuloso animador de las veladas con sus chistes, su extraña
simpatía y sus imitaciones, que hacían época, de toda una galería de personajes
de Madrid, viviseccionados con su humor corrosivo. El pintor Zabaleta corría
también por allí vestido impecablemente de blanco. Benjamín Palencia, entrando
y saliendo de su coche, saludado gorra en mano por su chauffeur. Alfonso
Sastre -¡cuántas veces hemos pensado en vosotros, Eva y Alfonso!-, que ofreció
una conferencia y unos diálogos a los cuales, recuerdo, prohibieron al público
asistir. El pintor Pancho Cossío, de Santander, que también fue muy atento con
nosotros, a pesar de la fama de mal carácter que tenía, etc.
Al acabar mi parlamento -la lectura, en realidad, de lo que
llevaba escrito- hubo algunas interpelaciones un poco botarates como, por
ejemplo, las de un tipo que se hizo portavoz y defensor del «realismo español»,
y expuso la genial idea de que en aquellos momentos era mucho más interesante
pintar la capra hispanicaquehacer pintura abstracta. Aparte de esto, sin
embargo, todo fue normalmente, sin grandes polémicas. Recuerdo a una persona
que se adelantó a felicitarme efusivamente por lo que había dicho: era Pedro
Laín Entralgo.
A partir de entonces empecé a acostumbrarme a ir a París con
frecuencia, como si fuera un barrio más de nuestra ciudad. Asistí a la
inauguración de la colectiva de todos los pintores y escultores que habíamos
formado el equipo de la galería Stadler y al cabo de poco volví para mi
exposición personal. A continuación, Stadler se ocupó de otras exposiciones que
me solicitaban para diferentes puntos de Europa.
Cuando se celebró en Barcelona una de las Bienales
Hispano-Americanas que organizaba el Instituto de Cultura Hispánica, me pareció
oportuno en aquella ocasión aceptar la invitación, ya que creía que sería un
buen momento para que todo Barcelona viera mis nuevas pinturas de entonces.
Tanto en Europa como en Estados Unidos la cosa ya rodaba bastante y mi nombre
iba haciendo poco a poco su camino. En cambio, aquí siempre todo había sido de
minorías, y tal vez entonces, me pareció, tenía la ocasión de dar un
golpe.
Las circunstancias echaron abajo casi completamente mis planes,
porque la comisión que tenía el cometido de aceptar las pinturas que se
presentaban rechazó algunas mías y yo estuve a punto de retirarme indignado. La
intervención de Joan Ainaud de Lasarte, quien hizo de hombre bueno, me
convenció para que presentara otras realizadas exactamente en el mismo tiempo y
con características semejantes, pero que el jurado creyó mejores, y la cosa
siguió adelante, aunque no por el cambio de obras, de ello estoy seguro, sino
porque empezaba a trascender, con escándalo, mi protesta. (Las telas
rechazadas, al cabo de pocas semanas, pasaron a manos de uno de los mejores
coleccionistas de Europa: Philippe Dotremont, de Bruselas.) Recuerdo que Joan
Ramon Masoliver también me prestó su apoyo, y creo que su intervención fue
decisiva sobre todo para que los cuadros quedaran colgados dignamente.
Cuando, con Teresa, visité la exposición, encontramos mis
pinturas tan absolutamente diferentes de todas las demás expuestas y tan
fuertemente desoladas y desplazadas, que nos pareció inmediatamente que aquello
realmente armaría un alboroto. Además, no sé si por casualidad o por picardía
de los que los pusieron, justo en el medio, encima de mis tres grandes cuadros,
había un cartel, como en todas, las salas para distinguir los países, que
decía: ESPAÑA.
Efectivamente, no nos equivocamos, y, el alboroto surgió. Me oí
decir de todo en los periódicos y tanto los elogios como las burlas, que fueron
mayoría, se encarnizaron durante semanas. Yo me lo tomaba como una desgracia,
pero recuerdo que nuestro amigo Prats, con su experiencia, me consoló
diciéndome que ni, pagando una fortuna se podría nunca conseguir la publicidad
que me hicieron aquellas polémicas y todo aquel torrente de letra impresa que
me cayó encima, lo que al fin y al cabo beneficiaba la difusión de mis
imágenes, que era lo que en definitiva interesaba. Por desgracia o por suerte,
nunca lo sabré, era una exposición local y las cosas no trascendieron fuera del
país tanto como creíamos.
[...]
Tengo una fotografía en la que Franco, rodeado de gente
importante, está parado delante de mis cuadros en una de las Bienales
Hispano-Americanas. En un rincón del grupo está Llorens Artigas medio
escondido, tapándose la cara para no ser sorprendido por los fotógrafos. Todos
ríen. Según Artigas, alguien, creo que era Alberto del Castillo, le decía a
Franco: «Excelencia, ésta es la sala de los revolucionarios.» Y parece que el dictador
dijo: «Mientras hagan las revoluciones así...»
¿Para qué servimos realmente los artistas? ¿Qué son estos
hechos tan inofensivos ante la marcha implacable de los poderosos de la
historia? Arena, granos de arena, cosas insignificantes que a menudo hacen
reír, miserables... ¡gotas de agua! De cualquier modo, tal como dice Hermann
Hesse: «El agua es más fuerte que las rocas, el amor más fuerte que la
violencia.» Thoreau y Gandhi también enseñaron la desobediencia civil.1
Aquellos últimos años ya había tenido ocasión de prestar
atención al budismo en general, lo que no he dejado de hacer con los años. El
antiguo camino de Buda, el «pequeño vehículo» o budismo hinayana, había sido la
base necesaria de mi estudio. Incluso tuve la voluntad de dedicar parte de un
verano a la traducción del inglés al catalán (manuscrito que conservo) de una
serie de capítulos de la exposición hecha por Piyadassi Thera: las cuatro
nobles verdades, los tres aspectos del dolor, los estados condicionados, el
análisis de los cinco grupos o agregados mentales, el origen del dolor, la
interrelación e independencia de todos los fenómenos, las acciones y
reacciones, el proceso kármico, el cese del dolor, la extinción del deseo, el
vacío perfecto, el óctuple camino... Y tantas cosas que se desprenden de estas
verdades esenciales que todavía prestan soporte a ideas y prácticas necesarias
al hombre «alienado» de hoy: su disposición puramente humana, no mesiánica ni
venida de ningún más allá, absolutamente democrática y contraria a las castas,
a favor de la liberación de la mujer, del libre pensamiento, de la
investigación crítica, de la búsqueda no sólo teorética, sino mirando
esencialmente a la vida...
Y todo eso se me hacía todavía más patente ahora en el
Mahayana, en el Tx'an (Zen en japonés). «Se leen libros, se asiste a
conferencias, se escuchan ávidamente muchos sermones, se ensayan diversos
ejercicios religiosos, diversas disciplinas. Y, naturalmente, también llega un
momento en que nos preguntamos qué es el Tx'an», dice su más importante
propagador, el maestro Suzuki.
Para el intelectual de hoy, para quien son insuperables
los preámbulos de la fe religiosa pero que, en cambio, parece
necesitado de preservación o de creación de tantos y tantos valores
espirituales, de una comprensión unitaria del Universo, tan necesaria para
nuestro equilibrio psíquico, encontrarse con el Tx'an es como el respiro
aliviado de quien reposa después de un largo camino. Encontrarme de repente con
los fundamentos tan terriblemente sencillos de aquel pensamiento, sin necesidad
de dioses, ni dogmas, ni ritos, ni escrituras, fue una revelación que, por su
increíble modernidad, me causó una gran atracción. En conjunto, la influencia
del hinduismo y del budismo (del Tx'an especialmente) ha sido un gran impacto y
una lección inmensa sobre algunos escritores y artistas, en mucho de lo que se
ha llamado luego «contracultura», y las consecuencias han de ser forzosamente
todavía de gran entidad. Éstas han sido, naturalmente, muchísimas; incluso las
revisiones y los intentos de apertura, por ejemplo, de un sector de la Iglesia
católica, tan anquilosada hasta ahora, son una prueba de ello.
1. Véase H. D. Thoreau, La désobéissance civile, J. J. Pauvert,
París, edición del 150 aniversario de su nacimiento. También Gandhi,
Autobiografía, la historia de mis experimentos con la verdad, G. Kraft, Buenos
Aires, 1955. También Acharya Vinoba, La révolution de la non-violence, Albin
Michel, París, 1958.
© Del libro al que pertenece el fragmento aquí publicado
Diseño original de la colección: Josep Bagà Associats
Título original: Memòria personal. Fragment per a una
autobiografia (Editorial Crítica, 1977)
Primera edición en Seix Barral: octubre 1983
Primera edición en este formato y diseño: marzo 2003
© 1977, Antoni Tàpies
Derechos exclusivos de edición en español reservados para todo
el mundo y propiedad de la traducción: © 1983, 2003: EDITORIALSEIXBARRAL,
S. A.
***
Soledad Lorenzo: "Tàpies ha sido un monstruo de la
pintura"
Por Paula ACHIAGA
La galerista recuerda el camino recorrido junto al pintor,
"una experiencia extraordinaria" que se tradujo en una buena amistad
Soledad Lorenzo ha sido la galerista de Tàpies desde 1995
aunque, como cuenta ahora, en el día de su muerte, “lo conozco desde niña”. Y
no es un decir. “Cuando todavía era un estudiante de derecho que
pintaba, mi hermano Ricardo llegó un día a casa diciendo que había visto
la obra de un pintor fantástico. A mi padre le encantó. Aunque cuando
cambió al povera se llevó un gran disgusto, en mi casa aquello fue durante un
tiempo motivo de discusión”, recuerda Soledad Lorenzo.
También ella se entusiasmó pronto por el pintor y ya en 1985,
antes de abrir su propia galería, organizó una exposición de Tàpies como
comisaria del festival Europalia que aquel año se celebró en España. Diez años
más tarde inauguraba en Madrid la primera individual en su galería. Fue
gracias a Julian Schnabel. "Un día vino a la galería y me dijo,
'Soledad, quiero conocer a Tàpies'. Para él era uno de los grandes y en él se
inspiró en un momento determinado de su carrera. Así que fuimos a conocerle.
Schnabel, extrañado, le preguntó que por qué no tenía galería y él contestó,
'porque a Soledad no le gusto'. Yo, que soy medio catalana, le dije 'ya
palarem'". Y hasta hoy.
Soledad Lorenzo, que el pasado mes de octubre reunió en su
espacio de la calle Orfila de Madrid las obras últimas del artista -expuestas
en esta ocasión con las de Louise Bourgeois, otra de las grandes-, ha
organizado seis exposiciones individuales de Tàpies y, a lo largo de estos años
puede presumir de haber forjado una buena amistad con él. “Ha sido una
experiencia extraordinaria -cuenta-.Siempre me decía que le montaba muy bien,
que elegía muy bien las piezas”. Y este verano fue, como siempre, a
Barcelona, a seleccionar las obras de su última exposición. "Teresa, su
mujer, me dijo que ya no quería ver a nadie. Pero bajó. Creo que me tenía gran
simpatía. Yo lo notaba. Le encontré muy cansado de cuerpo, pero lúcido de
mente. Ya no podía pintar, pero sí dibujar, y me enseñó lo último que había
hecho. Le vi muy bien, no pensé que le quedase ya tan poco...". En
cualquier caso, reconoce, Tàpies ha sido un privilegiado, "ha estado
trabajando casi hasta el último momento, aunque tenía la espalda destrozada de
pintar en el suelo. Ha vivido hasta el final."
Ha sido, además, para la galerista, un "artista de
artistas". Cuenta como Juan Uslé y Victoria Civera, más cercanos
entonces a la fotografía y con la idea de la muerte de la pintura rondándoles,
vieron en Barcelona una exposición de Tàpies y quedaron boquiabiertos. O cómo
le admiraba otro de sus artistas más importantes: "Palazuelo decía
que Tàpies era el mejor de los pintores". Un pintor también respetado
fuera de nuestras fronteras. "El propio Anish Kapoor quiso
conocerle. Coincidieron en Venecia, él en el pabellón inglés y Tàpies en
el español y yo les presenté. Era absolutamente internacional".
Por sus manos, y por su galería, han pasado tàpies de todas las
épocas. Es complicado elegir uno entre tantos pero si tiene que escoger, se
queda con el suyo: “Yo tengo uno, y me encanta. Es una estera, una especie de
cesta de cuerda, rota por el medio por los lados y con una cruz en el centro,
es precioso. Me quedo con el Tàpies de las materias encontradas”. De sus
últimas obras, las realizadas hace apenas año y medio, destaca su fuerza, su
rotundidad. “Las obras que yo tuve en la exposición eran las de un joven. Era
fantástico, ha sido un monstruo de la pintura. Un
superdotado”, dice.
Ahora, Soledad se ocupa del otro teléfono. Está organizando el
viaje a Barcelona. No quiere perderse el adiós a un amigo, uno de los maestros
del arte español del siglo XX.
***
Antoni Tàpies
"Sólo aspiro a que mi trabajo sea útil"
Por Daniel GIRALT-MIRACLE
En vísperas de su 85 cumpleaños, vuelve Antoni Tàpies a Madrid
con su obra última: dieciséis pinturas que pueden verse desde ayer en la
galería Soledad Lorenzo. En plena forma intelectual, el artista ha hablado
desde la complicidad con el crítico Daniel Giralt-Miracle de filosofía y
ciencia, de Duchamp y de su nuevo proyecto en Nueva York. Una conversación que
dibuja otras cartografías para conocer al artista
Uno de los rituales que más me gusta cumplir es cruzar un
recoleto pasaje que une la avenida en la que tengo mi estudio con la calle en
la que vive Antoni Tàpies, para visitarlo y disfrutar de su compañía, para
charlar con él de lo divino y lo humano, para aprender un sinfín de cosas que
sólo los maestros saben. Siempre he admirado la casa que en 1960 le construyó
Juan Antonio Coderch (Barcelona, 1913 - 1984), el renovador de la arquitectura
catalana moderna, quien en un solar entre medianeras, de sólo 8 metros de
anchura, proyectó un edificio fácilmente identificable por estar realizado con
ladrillo manual y tener cerramientos de persiana de librillo. Esta casa-estudio
está basada en la articulación de espacios, de manera que la vivienda, el
estar, el taller y la biblioteca forman un ámbito vital que facilita la
introspección y en el que Tàpies, junto a su inseparable Teresa, vive y
trabaja casi de forma monacal.
En esta ocasión el motivo de mi visita es felicitarlo por el 85
aniversario que celebrará el próximo sábado y hablar con él sobre las distintas
exposiciones que tiene proyectadas para este año, especialmente la que inauguró
ayer en la Galería Soledad Lorenzo cumpliendo así su compromiso anual con la
ciudad de Madrid.
-¡Felicidades, Antoni!
-¡Muchas gracias, amigo!
-últimamente has manifestado que los años no pasan en balde y que has tenido algunas limitaciones a causa de algunos achaques físicos: la vista, el oído, el corazón, al que desde este verano acompaña un marcapasos... pero ante la obra que has expuesto recientemente en Barcelona, la que ahora presentas en Madrid y la que acabas de mostrarme en tu taller, producida durante este verano en tu estudio de Campins, en la sierra del Montseny, no puedo percibir ninguna disminución en tu potencial creativo. Diría más, hay un Tàpies más seguro, introspectivo...
-Posiblemente tengas razón. Las dificultades físicas que han
ido apareciendo me han obligado a concentrarme más en mí mismo y a explorar más
mi mundo interior, y de ello me he dado cuenta precisamente este verano, a
causa de los problemas que he tenido con el corazón. Además creo que las
sabidurías asiáticas, como el budismo, por las que ya sabes que tengo especial
predilección, me han ayudado a tener una visión más profunda del mundo, más
cercana a la verdadera realidad. A veces pienso que hoy se vive más pendiente
de necesidades mecánicas que de las cosas realmente esenciales.
Pequeño catálogo de filosofías
-Para mí has sido siempre más que un artista, capaz de hacer
pinturas, grabados, dibujos, esculturas, murales... También eres un pensador,
un filósofo que reflexiona a través de la cultura visual. Tú mismo te
autodefinías como “pequeño filósofo que medita sobre la existencia”. ¿Te
atreves a afirmar que el trasfondo de tu obra es filosófico?
-Quizá no exclusivamente, pero el hecho es que yo nunca he
separado estas disciplinas, el arte y la filosofía, tal vez por la influencia
que han ejercido en mí las filosofías orientales que no excluyen nada, que
entienden la existencia y el mundo como una globalidad.
-A lo largo de la vida, ¿qué filósofos te han influido
más?
-Sin duda, los que me interesaron primero fueron los
presocráticos.Más tarde, y ya entre los filósofos contemporáneos, me sentí
atraído por los existencialistas, particularmente por Sartre y Heiddegger, pero
los tiempos han cambiado y hoy creo que lo que es fundamental es el pensamiento
científico, porque la ciencia ha hecho unas aportaciones que, en mi modesta
opinión, considero definitivas. Un autor que me gusta es Fritjof Capra, porque
ha sabido resumir muy bien los vínculos entre la ciencia moderna y el taoísmo o
el zen, lo que para mí resulta fascinante.
-Es asombroso además que Capra, este científico autor del
libros tan relevantes como El tao de la física o La ciencia de
Leonardo, manifestara su deseo de conocerte cuando hace unas semanas pronunció
una conferencia en Barcelona, atraído por tu obra y tu pensamiento.
-Sí, quería saludarme y vino a verme. Fue muy enriquecedor y
gratificante para mí. Estuvimos charlando, le pude explicar que soy un devoto
lector de sus libros y en su conversación constaté de nuevo que ciencia, arte,
pensamiento, místicas... confluyen.
“Uno y múltiple”
-Hablemos un poco de tu pintura. Anna Agustí, la persona a la
que has confiado el catálogo razonado de tu obra, me certifica que ya tiene
fichadas más de 8.300 obras tuyas. Son muchas obras y muy diversas y, sin
embargo, todas llevan la huella de Antoni Tàpies. Como muy bien te definió
Manuel Guerrero eres “uno y múltiple”, eres creador de un universo plástico y
de una escritura inconfundible, sin caer en el manierismo. ¿Cómo lo haces?
-No lo sé. Soy muy intuitivo. Cuando me pongo a trabajar
entro en el estudio sin saber qué haré, sin ningún plan
predeterminado. Empiezo a preparar la tela, a remover colores, a elegir
materiales... y poco a poco van surgiendo ideas, que se concretan en un
dibujo, un cuadro, una escultura...
-Por lo tanto, ¿juegas con el azar?
-Sí. Me gusta jugar con el azar, porque me permite, por un
lado, ver cómo las cosas se van modificando y, por el otro, explicarlas de otra
manera. Por esto las reglas del arte académico no me interesan.
-Dices que no preparas nada, que te pones a trabajar sin ideas
preconcebidas, pero en cambio haces apuntes previos de tus cuadros, breves
anotaciones, muy sinópticas del signo y de los colores que piensas aplicar. ¿Es
una manera de cazar imágenes o conceptos?
-Podríamos llamarlo así. Hace muchos años que decidí que cuando
tuviera un pensamiento o una visión de algo que me interesara lo anotaría en
una hoja de papel, porque me había ocurrido el hecho de tener una idea que
consideraba sugestiva y cuando iba al estudio olvidaba lo que tanto me había
impactado. Por lo tanto, sí, es una manera de trabajar, intento atrapar
aquello que me interesa y después puedo desarrollarlo en un cuadro o no.
-En todo caso, ¿te gusta sorprender al espectador?
-Claro, faltaría más! De ahí que aun usando siempre un mismo
repertorio sígnico y simbólico intente evitar la reiteración. De todas maneras,
en el fondo creo que esto es lo que debería hacer todo artista.
-En tus cuadros aparecen muchos objetos cotidianos. Lo que para
algunos son desechos parece que para tí son estímulos. ¿Es así?
-Es verdad. Muchas veces he integrado en mi obra
materiales y elementos que otros podrían calificar como trastos, pero es que en
ellos descubro un interés plástico que creo que enriquece mi obra. Por
ejemplo, si pienso en dibujar un calcetín... pues ya no lo dibujo,
sencillamente lo cojo y lo pego, pero esto se me acepta gracias a la labor que
hicieron mis predecesores. Si no hubieran existido figuras como Duchamp, quizá
yo no lo haría.
-Por otro lado, es curioso porque siempre recurres a elementos
humildes, nunca empleas cosas ricas o haces “cuadros bonitos”, siempre empleas
calcetines, camas, mantas, tazas, huesos… todo lo cotidiano, lo sencillo,
nada de lujo. ¿Es una opción?
-Sí. Es una manera de mostrar respeto por la vida, y todo lo
que configura nuestro mundo.
-Un sector de la crítica te califica como abstracto, muchos otros pensamos que eres un realista. ¿Tú como te defines?
-Yo no me defino. Simplemente procuro ir asimilando cosas
nuevas, intento descubrir nuevos campos... porque en el fondo los maestros
no te lo dan todo hecho, tú también debes elaborar un lenguaje propio. Más
que a una calificación de mi obra a lo que aspiro es a que del mismo modo que
yo he aprendido muchas cosas de Duchamp o Miró, mi trabajo pueda ser útil a los
que me siguen generacionalmente.
-Observando tu obra descubro en ella tres elementos básicos que
tú interrelacionas: el ser humano -su corporeidad-, los objetos -su fisicidad-
y los signos -lo simbólico-. ¿Cómo funciona?
-¡Me preguntas una cosa tan difícil! ¡Es como si me pidieras
que te explicara la vida!
-¡Caramba, Antoni! Me acabas de contestar. Tu obra es tu vida,
intentas expresar la vida, tu manera de ver la vida. ¡Fantástico!
-¡Exacto!
Proyectos con NY al fondo
-A lo largo de tu trayectoria has escrito siete libros y muchos
artículos. ¿Tienes la impresión de que te queda algo por decir sobre tu vida y
tu concepto del arte?
-No, creo que ya no debo decir nada más. Ya soy mayor. Sin embargo estoy muy contento porque pensadores que yo valoro mucho, como Xavier Antich y Sam Abrams, están preparando dos libros a partir de mis escritos. El de Antich aparecerá seguramente en diciembre publicado por el Círculo de Lectores-Galaxia Gutenberg y se titulará En blanco y negro. Ensayos. Son casi 50 textos publicados entre 1955 y 2002 que ha seleccionado con acierto el mismo Antich. Me hace mucha ilusión. En cuanto al libro del bibliófilo que dirige Sam Abrams, y que editará Cuixart Goday SL con el título Tàpies escriu, recogerá una serie de fragmentos extraídos de mis libros. Lo espero con especial anhelo porque con él Abrams quiere reivindicar el valor que atribuye a mi obra literaria.
-No, creo que ya no debo decir nada más. Ya soy mayor. Sin embargo estoy muy contento porque pensadores que yo valoro mucho, como Xavier Antich y Sam Abrams, están preparando dos libros a partir de mis escritos. El de Antich aparecerá seguramente en diciembre publicado por el Círculo de Lectores-Galaxia Gutenberg y se titulará En blanco y negro. Ensayos. Son casi 50 textos publicados entre 1955 y 2002 que ha seleccionado con acierto el mismo Antich. Me hace mucha ilusión. En cuanto al libro del bibliófilo que dirige Sam Abrams, y que editará Cuixart Goday SL con el título Tàpies escriu, recogerá una serie de fragmentos extraídos de mis libros. Lo espero con especial anhelo porque con él Abrams quiere reivindicar el valor que atribuye a mi obra literaria.
-Como te veo en plenitud de forma, antes de despedirme quiero
que me cuentes cuáles son tus planes más inmediatos.
-Tengo una exposición de dibujos en la Galería Lelong de París,
otra en Nueva York, como las que suelo hacer cada dos años, y una novedad, que
me tiene muy contento y entusiasmado. No podía hablar de ella porque no estaba
cerrada. Pero ahora ya sí. Me han pedido una exposición de obra de los años
cincuenta y sesenta para la Dia Art Foundation de Nueva York, que se hará en
febrero coproducida por el MNCARS. La prepara Manolo Borja.
-Tenéis muy buena química Manolo y tu. Dirigió tu fundación,
articuló tu retrospectiva en el MACBA, ha preparado diversas exposiciones y
libros de tu obra… ¿Crees que es tu mejor intérprete?
-No sé si es el mejor, pero sin duda es uno de los mejores. Es
evidente que Manolo y yo tenemos buena química, aunque no siempre estamos de
acuerdo. Pero es que las cosas no sólo funcionan por la categoría intelectual
que se pueda tener, sino también por los sentimientos. Como la vida. Queremos
mucho a Manolo, y él nos quiere a nosotros.
A mi pesar, debo poner punto final a esta entrevista. Nunca me
cansaré de escuchar a Antoni Tàpies, lo que explica y cómo lo explica, y el
marco en el que lo explica no es ajeno a este sentimiento. Esa casa repleta de
las obras de arte que lo han acompañado a lo largo de su vida: Picasso, Miró,
Paul Klee, Dubuffet, Kandinsky, Arp... pero también de máscaras de Nueva
Caledonia, arte negro, arte japonés, mandalas... Un espacio incomparable al que
espero volver pronto.
Articulo : http://www.elcultural.es 06/02/2012

