samedi 4 février 2012

Jack MARTINEZ ARIAS/ Desarraigo y locura


Edmundo Paz Soldán
Norte
Mondadori, Barcelona 2011

Desarraigo y locura
Por Jack Martínez Arias

Martín cruzó la línea que divide Estados Unidos y México solo una vez y para siempre. Jesús, en cambio, lo hizo en innumerables ocasiones, pues conoció el camino a la perfección. Ambos, Martín y Jesús, fueron mexicanos ilegales en Estados Unidos, pero en tiempos y contextos diferentes.

Edmundo Paz Soldán recrea estas y otras historias asumiendo el reto de abordar el fenómeno migratorio desde varias perspectivas. Entre los personajes que van apareciendo a lo largo de Norte, vamos descubriendo a un delincuente que cruza la frontera para robar, violar y asesinar; a un mexicano que va en busca de trabajo y envía todo el dinero que gana a casa, al “otro lado”; a hijos de inmigrantes latinoamericanos que habiendo nacido ya en los Estados Unidos, todavía se sienten “extranjeros”.

Se trata entonces de una novela rica en variedad de anécdotas y personajes inscritos en el gran drama de la migración. Sin embargo, debemos señalar que cada una de esas historias tiene un peso distinto en la conformación de Norte. En ese orden, la narración sobre Jesús es la primera que destaca: es la que se desarrolla con mayor complejidad.

Jesús (joven mexicano en los Estados Unidos) es el producto de una atmósfera violenta al norte de México (donde creció en la década del 80), y de la represión de una patológica atracción sexual hacia su única hermana. Para aplacar de algún modo ese deseo, violentó y asesinó a otras mujeres desde que era apenas un adolescente. Inició su larga lista de crímenes victimando a una prostituta de Villa Ahumada, luego se trasladó a Ciudad Juárez y de allí pasará constantemente a Estados Unidos, donde concretará la mayoría de crímenes. Al final, termina convirtiéndose en un asesino en serie. Es el más buscado en la lista del FBI.

Asimismo, consideramos que es también en la historia de Jesús donde radican los logros mayores de Norte, tal como se muestra en los episodios dedicados al primer encarcelamiento del protagonista. Entonces Jesús tenía veinte años, afuera (en la calle) era temido, adentro (en la prisión) era nadie. Abusaron cruelmente de él desde el primer hasta el último día que permaneció en la cárcel, y estos acontecimientos marcaron una segunda etapa en su performance criminal. La seguidilla de nuevos sucesos traumáticos degeneró rápidamente el ya débil estado mental de Jesús, quien, abrumado, concluyó sus días de prisión creyendo haber tenido un sueño “revelador”, donde un ente divino lo nombraba “el elegido”, un “ángel vengador” con la misión de matar a todo aquél que se cruce en su camino. Con esa tarea salió de la cárcel. Tenía 26 años. De nuevo en las calles, continuó violando y matando mujeres indefensas. Pero ahora se preocupaba por dejar el anonimato, por figurar en la escena del crimen, para que el resto sepa que el autor de esa “hazaña” era “El innombrable”, un soldado de Dios. Es a lo largo de estos episodios que Paz Soldán logra transmitir con gran éxito un ambiente sanguinario, con la crudeza y frialdad necesarias para conseguir introducirnos en el mundo salvaje pero coherente (y por ello verosímil) de Jesús.

La segunda de las historias que podríamos llamar “principales” es la de Martín Ramírez. Un inmigrante mexicano cuyas anécdotas son narradas desde que este se encuentra en los Estados Unidos hacia inicios de los años treinta, hasta el final de sus días en un psiquiátrico de ese mismo país, pues nunca retornó  a su patria: “Él había venido al otro lado por un tiempo. Ahora no había forma de volver” (34). Desde temprano se anuncia la locura de este personaje que durante muchos años había enviado todo el dinero que ganaba a México, y que cuando empezó a notar los primeros problemas ya no tenía un centavo. Y se quedó solo en una tierra ajena, de la que no había adquirido ni siquiera el idioma. Unos oficiales lo encuentran divagando. Le hacen preguntas. Como respuestas, él solo esboza figuras en los papeles. Y desde allí, Martín continuó enloqueciendo progresivamente. Fue a parar a un psiquiátrico y siguió dibujando, pintando obsesivamente, hasta que algunos años después, su repentino talento fue descubierto por un profesor que llevó sus trabajos a las mejores salas de arte del mundo y lo volvió famoso. Martín, claro, no sabía lo que ocurría: para ese entonces su enfermedad mental ya estaba muy avanzada.
Como señalamos más arriba, las historias de Jesús y Martín se desarrollan independientemente. Ni siquiera coinciden en el tiempo. Jesús cruza la línea en 1985 y Martín ya está en Estados Unidos para 1931. Estos personajes nunca coinciden. Y, sin embargo, Paz Soldán ha logrado tejer puentes comunes entre ellos a través de algunos tópicos y una tercera historia que llamaremos complementaria.

Los tópicos. Lo más evidente en los dos personajes mencionados es el desorden mental que –aunque de distinto orden– tanto Jesús, el famoso asesino en serie, y Martín, el famoso pintor, comparten. A ello se suman las numerosas dualidades que se presentan entre ambos y que los revela como las dos caras de una misma moneda. Jesús va y viene de Estados Unidos, pero Martín nunca fue capaz de volver. El primero expresa su locura a través de la violencia, el segundo lo hace a través del arte. De muy niños, Jesús y su hermana fueron abandonados por el padre, quien cruzó la línea y no volvió jamás. Martín abandonó a sus cuatro hijos y a su mujer, para irse para siempre a Estados Unidos. 

Además, debemos sumar otro vínculo particularmente común a Jesús y Martín. A lo largo de sus vidas, los dos se muestran obsesionados por una mujer. Mientras a Martín le gusta pedir revistas para pasar las hojas y ver (imaginar) en las fotos de todas las mujeres a María Santa Ana (la esposa que dejó hace muchos años en México), Jesús violaba y asesinaba a sus víctimas pensando muchas veces en el rostro de Maria Luisa, la hermana que deseó desde niño.
La historia complementaria. En la novela aparece también un tercer argumento, el de Michelle (norteamericana, de padre boliviano), ambientado en Estados Unidos entre 2008 y 2009. Se trata de una joven camarera que abandonó los estudios literarios de doctorado para dedicarle más tiempo a la creación de historietas, su mayor pasión. Al mismo tiempo, ella mantiene una difícil relación amorosa con Fabián, un joven profesor universitario que tras iniciar su carrera como toda una promesa de la academia termina perdiéndose en las drogas y la depresión. Así, Michelle aparece con una historia propia. Y sin embargo, lo que aquí queremos resaltar, es que se trata también de una historia complementaria, porque aparte de su anécdota independiente, encierra una hábil y muy bien tejida conexión con las historias de Jesús y Martín. La importancia de esta historia-puente es que sin ella, Norte no sería una novela. Sería un libro con dos cuentos largos (los de Jesús y Martín).

¿Cómo se construyen estos puentes? El primero, entre Michelle y Martín, se inicia cuando ella pasea por la universidad y se topa con un afiche que anuncia una exposición de arte de Martín Ramírez. Para entonces (2008), Ramírez ya está muerto, pero su obra se mantiene vigente. Los temas recurrentes del pintor (jinetes, caballos, paisajes, mujeres, trenes y túneles) no entusiasman a Michelle. Pero eso no es lo que importa. Lo interesante es que con ello el narrador de Nortelogra “actualizar” a su personaje (Martín Ramírez) a través del tiempo de Michelle.

Sucede lo mismo con relación a la historia de Jesús. Sam, un periodista que vive enamorado de Michelle y trabaja en una radio, ha escuchado el caso del famoso asesino en serie, e incluso se ha puesto en contacto con él a través de una carta. Entusiasmado, se lo cuenta a Michelle; sin embargo, como en el caso de la exposición de Martín Ramírez, Michelle no le presta mayor atención al asunto, y lo coloca en un segundo plano. Pero otra vez, esta mención secundaria (ahora sobre la figura de Jesús), “actualiza” la importancia de este personaje, pues en ese 2009 él está a punto de cumplir con la condena a pena de muerte que se le ha impuesto.  

En resumen, mientras Michelle cuenta su historia, aparecen fugazmente las figuras de Jesús y Martín. Estos personajes que no son trascendentales en la historia independiente de Michelle, resultan importantes para el lector de Norte, pues a través de ellas se conciben enlaces que hacen posible el diálogo entre protagonistas que nunca se han visto de frente uno al otro, que no son siquiera contemporáneos. Y aquello, claro está, requiere de una destreza técnica que Paz Soldán ha demostrado dominar a cabalidad. Así, a través de su lectura, esta novela no solo nos proporciona anécdotas atrayentes sino también una sutil y bien montada conexión entre ellas.

Para terminar, Paz Soldán ha referido que los personajes de esta novela cargan con la sensación de estar perdidos, deambulando, sin un ancla, en un continente extraño, en un país que no es el propio. Naturalmente, se refiere a los lugares comunes a los que se ven inevitablemente atados los protagonistas de una novela como esta, donde el marco temático es la migración. Y el narrador ha hecho evidente esta línea con la inserción de trenes como simbología de este fenómeno. Desde la portada del libro (los rieles en perspectiva), pasando por la obsesión de Martín Ramírez (pintando vagones, humo, túneles), y los pocos momentos de paz de Jesús (que solo se encontraban en la tranquilidad del tren de carga de turno mientras cruzaba la frontera).

La migración se ofrece entonces como una sombra detrás de las historias de Norte. Y se expresa a través de la construcción de los personajes a los que ya nos hemos referido: inestables, débiles, escindidos; que son cobardes, que siempre andan atemorizados y a la defensiva. Ellos se sitúan también en una frontera emocional, en el medio de la constante pugna producida entre dos mundos disímiles. Hacia el final, como lo indicó el autor, estos personajes nunca se logran definir, permanecen “sin norte”, no terminan ni siquiera de arraigarse por completo en los Estados Unidos. Nosotros concluiremos señalando que es ese desarraigo que, bien explotado, logra dotar de mayor tensión a esta ambiciosa novela, de las más interesantes que Edmundo Paz Soldán ha escrito hasta hoy.

Jack Martínez Arias: (Lima, Perú - 1983) estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Desde el año 2004 se desempeñó como periodista cultural, publicando columnas, artículos y entrevistas en diversos diarios peruanos. Es miembro del comité editorial de El Hablador. Actualmente sigue una maestría en Literatura en la Universidad de Connecticut, Estados Unidos.

Articulo : http://www.elhablador.com 01/2012

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