Investigación: Salen a la luz nuevos datos
biográficos
Pablo Neruda, el arquitecto vencido por
los números
Par Marilú ORTIZ DE ROZAS
La leyenda, que comenzó a escribir el
propio Neruda, dice que el joven poeta emigro de Temuco a Santiago para estudiar
Pedagogía en Francés en la Universidad de Chile. En realidad, él venia a
estudiar Arquitectura. Se matriculo e ingreso a esa carrera, de la que luego
deserto. Hoy, testigos y textos permiten rectificar esa parte de la historia.
Aquel día y aquella noche interminables en
tren, que lo arrancaron de sus bosques australes para depositarlo en los crepúsculos
de la urbe, Neruda no venia recitando «Les Fleurs du Mal», de Charles
Baudelaire. Traía la cabeza llena de planos, de proyectos constructibles. Tenia
apenas dieciséis anos y la vida por delante. Al llegar al final de ésta, recién
empezó a hablar de aquellos sueños y capitulaciones. Volodia Teitelboim reseño
que cuando los periodistas le preguntaban al poeta cual era su actividad
predilecta, él contestaba sin vacilar: «construir».
Uno de los secretos mejor guardados de la
vida de Neruda tiene que ver precisamente con esta pasión suya confesada a
medias, ya que Ricardo Neftalí Reyes Basoalto tuvo la intención de ser
arquitecto y solo lo contó en abril de 1969, en un encuentro poético privado
realizado en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Chile, pues ni
sus amigos, ni sus biógrafos habían sido formalmente informados al respecto. En
dicha oportunidad, le pidieron realizar un discurso para inaugurar el recital y
Pablo Neruda, con su particular voz nasal, ligeramente depresiva, pronuncia lo
siguiente:
«Hablo también con emoción, porque me
parece que yo mismo soy uno de ustedes, jóvenes, futuros arquitectos. Me veo recién
llegado a Santiago, matriculándome en la Escuela de Arquitectura. Hasta ahora
esto no lo sabía nadie. En 1921, por las calles todavía circulaban tranvías
tirados por caballos y conductoras que cobraban los boletos e iban vestidas con
unas faldas inmensas, que les llegaban hasta los pies. Yo venia de la
provincia, dispuesto no a conquistar la capital sino entregado de pies y manos
para que la capital me conquistara y me introdujera en su inmenso… Dije que
esto era allá por el año 1921, y esa Escuela de Arquitectura, que entonces estaba,
me parece en la avenida República, yo no duré sino estrictamente una hora,
porque cuando entré a la primera aula que se abrió, me toco una clase de geometría
descriptiva y eso me hizo comprender mi tremenda equivocación.
Así es que esta es la segunda vez que
vengo a la Escuela de Arquitectura y espero que no saldré tan violentamente
como entonces».
Como siempre, Neruda exageraba, manifestó
enérgicamente Ramiro Insunza al evocar el episodio. Insunza, que falleció en
2011, quiso compartir estos recuerdos para un libro, actualmente en
preparación. Ese día, él había ido a buscar al poeta a Isla Negra para llevarlo
al encuentro universitario, y revelo que, en el trayecto, Neruda le contó que
en realidad estuvo bastante más de una hora en las aulas de esa escuela. Ramiro
Insunza, que era su ahijado y que fue arquitecto en gran parte impulsado por
Neruda, afirma que el poeta asistió a clases durante durante algunos meses,
pero «no se la pudo con las matemáticas y se retiro».
Él arquitecto Raúl Bulnes, actual
vicepresidente de la Fundación Neruda, concuerda con la versión entregada por
Insunza, que fue su alumno, y sostiene que el vate no alcanzo a completar el
primer semestre en dicho plantel. «Le fue muy mal en los ramos teóricos, Geometría
Descriptiva y Matemáticas, donde se suelen entrampar las personas que solo
tienen aptitudes creativas; aunque en realidad, es bien poco lo que se usan
estas asignaturas en el ejercicio de la profesión».
Bulnes, hijo del gran amigo de Neruda y
cofundador de Isla Negra, el doctor Raúl Bulnes, recuerda las largas
conversaciones que sostuvo con el poeta sobre su fallida profesión. «Neruda
renuncio a la carrera, pero fue un arquitecto innato toda la vida», recalca. Y
justamente, la ultima vez que lo vio, unas semanas antes de su fallecimiento,
Bulnes le llevaba a Isla Negra los bocetos de Cantalao, el gran sueno
inconcluso de Neruda, un pueblo para escritores y artistas en Punta de Tralca.
«Y, desde su cama, ya que casi no se levantaba, nos dio una inolvidable lección
de estilos arquitectónicos a partir de las formaciones de sus caracolas en
cajitas y envueltas en algodones».
Lo que no pudo ser
Revisando los planos que Neruda le encargo
para la que iba a ser su ultima morada - «La Manquel» que llevaría el mismo
nombre de su casa en Normandía, pero esta adoptaría la forma de un cóndor a
punto de emprender vuelo sobre los cerros de Lo Curro -, Ramiro Insunza evocaba
cuanto influyo el poeta en su vocación. «Él me fomento siempre que fuera lo que
él no había logrado ser. Me lo repetía todo el tiempo». Por anos recibió de
regalo de parte de su obsesivo padrino, una fina revista francesa de arte y
arquitectura, «L’Oeuil». Pago su suscripción mensual desde que era adolescente
y hasta que logro su propósito, cuando Ramiro finalmente se matriculo en la
misma Escuela de Arquitectura en la Universidad de Chile. También recuerda Raúl
Bulnes que cuando él se recibió de esa carrera, Neruda lo llamo por teléfono y
le dijo: «Qué envidia, yo no pude hacer eso». Ambos concuerdan que Neruda discutía
ampliamente los planos de sus proyectos.
Volodia Teitelboim menciona la pasada de
Neruda por la carrera de arquitectura en su biografía sobre el poeta, en
declaraciones suyas a la prensa, pero no lo confirma: «En una entrevista Neruda
dice algo que llama la atención. Cuando le preguntan qué estudio en la
Universidad, responde: «Al principio, arquitectura y francés». ¿Arquitectura?
Tal vez asistió a algunas clases. Y luego desapareció de la Escuela. ¿Lastima? Tal
vez. Porque en Neruda había un arquitecto nato. Siempre lo vi embarcado en la
tarea de construir casas…».
Al parecer era una afición familiar ya que
Bernardo Reyes, sobrino nieto del poeta, recuerda que varios de los Reyes «vivían
haciendo y modificando casas». Sin embargo, revela que Neruda jamás le comento
de sus estudios de arquitectura. «Ni creo que alguien de la familia lo
recordara. Salvo mi hermano Rodolfo, que es constructor civil, y mi tío le
preguntaba como resolver el problema de la curvatura del cielo raso de la
biblioteca de Isla Negra».
Otro de sus biógrafos, Hernán Loyola,
corrobora que Neruda quiso, al llegar a Santiago en 1921, estudiar Arquitectura
y que la intención le duro pocas semanas. Causa: «las asignaturas de Matemáticas,
calculo y otras conexas, para Pablo obstáculos insuperables». Loyola recuerda
que el propio Neruda se lo contó, «pero de forma bastante vaga». Y David
Schidlowsky, otro exhaustivo y documentado «recuentapasos» del poeta, escribe
que Matilde Urrutia sostenía que Neruda había ingresado a la Escuela de Arquitectura,
pero que su afán había durado apenas un día. Probablemente es la versión que
contaba el poeta para desdramatizar su deserción.
Lo destartalado
A Neruda no le gustaba hablar, ni escribir
sobre sus abandonos. La pena de no haber consumado esta vocación, vencido por
la gramática de los números, nunca fue abordada directamente en su obra. Sin
embargo, de alguna forma soslaya su falencia en su famoso «Autorretrato, cuando
se define como imposible de cálculos… poeta por maldición y tonto de capirote».
Sin duda, esa pasión latente lo impulso a
desarrollar mas tarde una arquitectura poética en sus casas, únicas,
irrepetibles, hoy objeto de estudio que aborto. Elena Mayorga, que hizo su
tesis de Arquitectura sobre las casas museo de Neruda, concluye que hay una característica
que se repite en todas ellas» a pensar de sus profundas diferencias y es lo que
el propio Neruda definió como «lo destartalado». Esto es, lo fácilmente
separable, lo que no tiene unidad y precisamente así es la imagen de las casas
pioneras de Temuco», que influencian según la especialista, las viviendas
realizadas bajo la batuta del poeta.
«Neruda hace a su manera una arquitectura
que yo definiría como chilena, pero no la académicamente chilena, sino la
popularmente chilena, que es esa forma de construir por agregación de volúmenes
y materiales precarios que aparece sobre todo en los sectores de escasos
recursos», escribe Mayorga.
Las casas de Neruda se manifestarían
entonces como moradas de humilde raigambre, proyectadas en grandes dimensiones.
Esta particularidad conlleva otra característica, que es la diversidad «en la
forma, los materiales, los significados» de lo construido por el poeta, lo que
implica que en las obras de Neruda puedan coexistir en los espacios, sin
excluirse, madera con piedra, luz y sombra, lo liviano y lo de gran peso.
«Neruda siempre tuvo la pasión de
construir y lo hizo siempre a partir de cosas o materiales preexistentes. Da
nueva vida a objetos viejos, fue un pionero del reciclaje», agrega Raúl Bulnes.
Versos y ángulos
Es
interesante establecer un paralelo entre la obra arquitectónica y la obra
poética del vate, porque ambas parecen impulsadas por fuerzas y principios
similares. Construye sus poemas con el mismo propósito e unificar grandes
opuestos, una sencilla escritura popular, conjugada con un impetuoso espíritu
de trascendencia. El afán con que encara su obra arquitectónica se vivifica en
su obra poética y viceversa. De igual forma, la cas es un tema que atraviesa
toda su poesía porque en Neruda apremia la necesidad de retrazar la historia
suya que albergaron esas viviendas, motivo y sustento literario, inspiración y
creación en si mismas. «Examinada bajo los mas diversos horizontes teóricos,
pareciera que la imagen de la cas se vuelve la topografía de nuestro mas intimo
ser…», expresa el filosofo francés Gastón Bachelard, analista de moradas y de
los espacios que las componen.
A al vez, Raúl Bulnes afirma que Neruda
siempre tuvo la intención de dejar un legado permanente, del cual sus casas formarían
parte. «Pero quería ir mas allá. De ahí el sueno de Cantalao». Neruda compro a
fines de los sesenta un sitios en Punta de Tralca, cerca de Isla Negra, donde construyo
una pequeña cabaña con la intención de entusiasmar a otros amigos y colegas
para que se establecieran en aquel paraje. Cantalao se llamaría ese pueblo,
cuyo nombre proviene de la única novela escrita por Neruda publicada en el ano
1926», «El habitante y su esperanza», cuya poca difusión constituye otra de las
paradojas de la escena literaria chilena. Así comienza: »Ahora bien, mi casa es
la ultima de Cantalao, y esta frente al mar estrepitoso…».
El proyecto fue evolucionando y Neruda, a
comienzos de los setenta, dono las 43 hectáreas que había comprado en Punta de
Tracla para crear «una entidad sin fine de lucro para la propagación de las
letras, artes y ciencias». En su concreción estuvo trabajando hasta el momento
de su muerte. Hasta ahora solo se reconstruyo la cabaña de Neruda y se recupero
la flora natural, diseñando un parque abierto a la comunidad. Cantalao es un
proyecto caratulado «pendiente», que nos recuerda que la voluntad del poeta no
ha terminado de cumplirse y que los actos fundacionales de casas y poblados,
arquitectura y verso, formaban parte de la utopia nerudiana.
Articulo: http://www.mer.cl 19/02/2012

