samedi 25 février 2012

Marilú ORTIZ DE ROZAS/ Pablo NERUDA, el arquitecto vencido por los números


Investigación: Salen a la luz nuevos datos biográficos
Pablo Neruda, el arquitecto vencido por los números
Par Marilú ORTIZ DE ROZAS

La leyenda, que comenzó a escribir el propio Neruda, dice que el joven poeta emigro de Temuco a Santiago para estudiar Pedagogía en Francés en la Universidad de Chile. En realidad, él venia a estudiar Arquitectura. Se matriculo e ingreso a esa carrera, de la que luego deserto. Hoy, testigos y textos permiten rectificar esa parte de la historia.

Aquel día y aquella noche interminables en tren, que lo arrancaron de sus bosques australes para depositarlo en los crepúsculos de la urbe, Neruda no venia recitando «Les Fleurs du Mal», de Charles Baudelaire. Traía la cabeza llena de planos, de proyectos constructibles. Tenia apenas dieciséis anos y la vida por delante. Al llegar al final de ésta, recién empezó a hablar de aquellos sueños y capitulaciones. Volodia Teitelboim reseño que cuando los periodistas le preguntaban al poeta cual era su actividad predilecta, él contestaba sin vacilar: «construir».

Uno de los secretos mejor guardados de la vida de Neruda tiene que ver precisamente con esta pasión suya confesada a medias, ya que Ricardo Neftalí Reyes Basoalto tuvo la intención de ser arquitecto y solo lo contó en abril de 1969, en un encuentro poético privado realizado en la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Chile, pues ni sus amigos, ni sus biógrafos habían sido formalmente informados al respecto. En dicha oportunidad, le pidieron realizar un discurso para inaugurar el recital y Pablo Neruda, con su particular voz nasal, ligeramente depresiva, pronuncia lo siguiente:
«Hablo también con emoción, porque me parece que yo mismo soy uno de ustedes, jóvenes, futuros arquitectos. Me veo recién llegado a Santiago, matriculándome en la Escuela de Arquitectura. Hasta ahora esto no lo sabía nadie. En 1921, por las calles todavía circulaban tranvías tirados por caballos y conductoras que cobraban los boletos e iban vestidas con unas faldas inmensas, que les llegaban hasta los pies. Yo venia de la provincia, dispuesto no a conquistar la capital sino entregado de pies y manos para que la capital me conquistara y me introdujera en su inmenso… Dije que esto era allá por el año 1921, y esa Escuela de Arquitectura, que entonces estaba, me parece en la avenida República, yo no duré sino estrictamente una hora, porque cuando entré a la primera aula que se abrió, me toco una clase de geometría descriptiva y eso me hizo comprender mi tremenda equivocación.
Así es que esta es la segunda vez que vengo a la Escuela de Arquitectura y espero que no saldré tan violentamente como entonces».

Como siempre, Neruda exageraba, manifestó enérgicamente Ramiro Insunza al evocar el episodio. Insunza, que falleció en 2011, quiso compartir estos recuerdos para un libro, actualmente en preparación. Ese día, él había ido a buscar al poeta a Isla Negra para llevarlo al encuentro universitario, y revelo que, en el trayecto, Neruda le contó que en realidad estuvo bastante más de una hora en las aulas de esa escuela. Ramiro Insunza, que era su ahijado y que fue arquitecto en gran parte impulsado por Neruda, afirma que el poeta asistió a clases durante durante algunos meses, pero «no se la pudo con las matemáticas y se retiro».

Él arquitecto Raúl Bulnes, actual vicepresidente de la Fundación Neruda, concuerda con la versión entregada por Insunza, que fue su alumno, y sostiene que el vate no alcanzo a completar el primer semestre en dicho plantel. «Le fue muy mal en los ramos teóricos, Geometría Descriptiva y Matemáticas, donde se suelen entrampar las personas que solo tienen aptitudes creativas; aunque en realidad, es bien poco lo que se usan estas asignaturas en el ejercicio de la profesión».

Bulnes, hijo del gran amigo de Neruda y cofundador de Isla Negra, el doctor Raúl Bulnes, recuerda las largas conversaciones que sostuvo con el poeta sobre su fallida profesión. «Neruda renuncio a la carrera, pero fue un arquitecto innato toda la vida», recalca. Y justamente, la ultima vez que lo vio, unas semanas antes de su fallecimiento, Bulnes le llevaba a Isla Negra los bocetos de Cantalao, el gran sueno inconcluso de Neruda, un pueblo para escritores y artistas en Punta de Tralca. «Y, desde su cama, ya que casi no se levantaba, nos dio una inolvidable lección de estilos arquitectónicos a partir de las formaciones de sus caracolas en cajitas y envueltas en algodones».

Lo que no pudo ser

Revisando los planos que Neruda le encargo para la que iba a ser su ultima morada - «La Manquel» que llevaría el mismo nombre de su casa en Normandía, pero esta adoptaría la forma de un cóndor a punto de emprender vuelo sobre los cerros de Lo Curro -, Ramiro Insunza evocaba cuanto influyo el poeta en su vocación. «Él me fomento siempre que fuera lo que él no había logrado ser. Me lo repetía todo el tiempo». Por anos recibió de regalo de parte de su obsesivo padrino, una fina revista francesa de arte y arquitectura, «L’Oeuil». Pago su suscripción mensual desde que era adolescente y hasta que logro su propósito, cuando Ramiro finalmente se matriculo en la misma Escuela de Arquitectura en la Universidad de Chile. También recuerda Raúl Bulnes que cuando él se recibió de esa carrera, Neruda lo llamo por teléfono y le dijo: «Qué envidia, yo no pude hacer eso». Ambos concuerdan que Neruda discutía ampliamente los planos de sus proyectos.

Volodia Teitelboim menciona la pasada de Neruda por la carrera de arquitectura en su biografía sobre el poeta, en declaraciones suyas a la prensa, pero no lo confirma: «En una entrevista Neruda dice algo que llama la atención. Cuando le preguntan qué estudio en la Universidad, responde: «Al principio, arquitectura y francés». ¿Arquitectura? Tal vez asistió a algunas clases. Y luego desapareció de la Escuela. ¿Lastima? Tal vez. Porque en Neruda había un arquitecto nato. Siempre lo vi embarcado en la tarea de construir casas…».

Al parecer era una afición familiar ya que Bernardo Reyes, sobrino nieto del poeta, recuerda que varios de los Reyes «vivían haciendo y modificando casas». Sin embargo, revela que Neruda jamás le comento de sus estudios de arquitectura. «Ni creo que alguien de la familia lo recordara. Salvo mi hermano Rodolfo, que es constructor civil, y mi tío le preguntaba como resolver el problema de la curvatura del cielo raso de la biblioteca de Isla Negra».

Otro de sus biógrafos, Hernán Loyola, corrobora que Neruda quiso, al llegar a Santiago en 1921, estudiar Arquitectura y que la intención le duro pocas semanas. Causa: «las asignaturas de Matemáticas, calculo y otras conexas, para Pablo obstáculos insuperables». Loyola recuerda que el propio Neruda se lo contó, «pero de forma bastante vaga». Y David Schidlowsky, otro exhaustivo y documentado «recuentapasos» del poeta, escribe que Matilde Urrutia sostenía que Neruda había ingresado a la Escuela de Arquitectura, pero que su afán había durado apenas un día. Probablemente es la versión que contaba el poeta para desdramatizar su deserción.

Lo destartalado

A Neruda no le gustaba hablar, ni escribir sobre sus abandonos. La pena de no haber consumado esta vocación, vencido por la gramática de los números, nunca fue abordada directamente en su obra. Sin embargo, de alguna forma soslaya su falencia en su famoso «Autorretrato, cuando se define como imposible de cálculos… poeta por maldición y tonto de capirote».

Sin duda, esa pasión latente lo impulso a desarrollar mas tarde una arquitectura poética en sus casas, únicas, irrepetibles, hoy objeto de estudio que aborto. Elena Mayorga, que hizo su tesis de Arquitectura sobre las casas museo de Neruda, concluye que hay una característica que se repite en todas ellas» a pensar de sus profundas diferencias y es lo que el propio Neruda definió como «lo destartalado». Esto es, lo fácilmente separable, lo que no tiene unidad y precisamente así es la imagen de las casas pioneras de Temuco», que influencian según la especialista, las viviendas realizadas bajo la batuta del poeta.

«Neruda hace a su manera una arquitectura que yo definiría como chilena, pero no la académicamente chilena, sino la popularmente chilena, que es esa forma de construir por agregación de volúmenes y materiales precarios que aparece sobre todo en los sectores de escasos recursos», escribe Mayorga.

Las casas de Neruda se manifestarían entonces como moradas de humilde raigambre, proyectadas en grandes dimensiones. Esta particularidad conlleva otra característica, que es la diversidad «en la forma, los materiales, los significados» de lo construido por el poeta, lo que implica que en las obras de Neruda puedan coexistir en los espacios, sin excluirse, madera con piedra, luz y sombra, lo liviano y lo de gran peso.

«Neruda siempre tuvo la pasión de construir y lo hizo siempre a partir de cosas o materiales preexistentes. Da nueva vida a objetos viejos, fue un pionero del reciclaje», agrega Raúl Bulnes.

Versos y ángulos

 Es interesante establecer un paralelo entre la obra arquitectónica y la obra poética del vate, porque ambas parecen impulsadas por fuerzas y principios similares. Construye sus poemas con el mismo propósito e unificar grandes opuestos, una sencilla escritura popular, conjugada con un impetuoso espíritu de trascendencia. El afán con que encara su obra arquitectónica se vivifica en su obra poética y viceversa. De igual forma, la cas es un tema que atraviesa toda su poesía porque en Neruda apremia la necesidad de retrazar la historia suya que albergaron esas viviendas, motivo y sustento literario, inspiración y creación en si mismas. «Examinada bajo los mas diversos horizontes teóricos, pareciera que la imagen de la cas se vuelve la topografía de nuestro mas intimo ser…», expresa el filosofo francés Gastón Bachelard, analista de moradas y de los espacios que las componen.

A al vez, Raúl Bulnes afirma que Neruda siempre tuvo la intención de dejar un legado permanente, del cual sus casas formarían parte. «Pero quería ir mas allá. De ahí el sueno de Cantalao». Neruda compro a fines de los sesenta un sitios en Punta de Tralca, cerca de Isla Negra, donde construyo una pequeña cabaña con la intención de entusiasmar a otros amigos y colegas para que se establecieran en aquel paraje. Cantalao se llamaría ese pueblo, cuyo nombre proviene de la única novela escrita por Neruda publicada en el ano 1926», «El habitante y su esperanza», cuya poca difusión constituye otra de las paradojas de la escena literaria chilena. Así comienza: »Ahora bien, mi casa es la ultima de Cantalao, y esta frente al mar estrepitoso…».

El proyecto fue evolucionando y Neruda, a comienzos de los setenta, dono las 43 hectáreas que había comprado en Punta de Tracla para crear «una entidad sin fine de lucro para la propagación de las letras, artes y ciencias». En su concreción estuvo trabajando hasta el momento de su muerte. Hasta ahora solo se reconstruyo la cabaña de Neruda y se recupero la flora natural, diseñando un parque abierto a la comunidad. Cantalao es un proyecto caratulado «pendiente», que nos recuerda que la voluntad del poeta no ha terminado de cumplirse y que los actos fundacionales de casas y poblados, arquitectura y verso, formaban parte de la utopia nerudiana.

Articulo: http://www.mer.cl 19/02/2012

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