samedi 25 février 2012

Pablo GIABERA/ Los Libros


Revistas / Cuatro décadas después
Los Libros
Por Pablo Gianera

La edición facsimilar en cuatro tomos de la revista en la que participaron, entre otros, Beatriz Sarlo y Ricardo Piglia recupera un capítulo decisivo de la vida cultural argentina de los años 70. Aquí se reproducen fragmentos de algunos de los artículos y dos respuestas a una encuesta organizada por la publicación

El período entre 1969 y 1976 fue de los más incandescentes de la historia argentina cercana. Mientras la política quemaba, un grupo de intelectuales consiguió publicar una de las revistas de literatura más decisivas de la cultura nacional. El gesto no era sin embargo de repliegue: ampararse en las letras para olvidarse de la pesadilla de la historia. No los tentaba el anhelo de la torre de marfil. Por el contrario: esos intelectuales querían implicarse resueltamente en el presente por intermedio de una buscada articulación de literatura y política. Ellos descubrieron que ese punto de articulación, la bisagra, se diría, era la crítica y, por eso, Los Libros fue eminentemente una revista de crítica que, por otro lado, se proponía relevar la totalidad de la actividad local del libro (y no tanto de la literatura , como puede leerse en el editorial del número 1 [ver aparte]): ahí están todavía, al final de cada edición, con un valor casi arqueológico, un índice completo, organizado por géneros, de las novedades del mes.

El primer número salió, como se dijo, en julio de 1969, y el último, ya de vísperas, en febrero de 1976. Los Libros fue fundada por Héctor Schmucler, "Toto", que venía de estudiar en París con Roland Barthes y tenía en la cabeza, como modelo, La Quinzaine Littéraire . Publicada inicialmente por la editorial Galerna, que dirigía Guillermo Schavelzon, el número 1 tenía como director a Schmucler, pero luego, desde el número 23, la dirección se amplía en un consejo que incluye a Ricardo Piglia (presente, aunque no nominalmente desde el principio) y Carlos Altamirano. Luego llegarían también Beatriz Sarlo, Germán García y Miriam Chorne.

¿Qué tipo de crítica se proponía ejercer Los Libros ? En los testimonios recogidos por Patricia Somoza y Elena Vinelli que preceden la edición facsimilar de la revista publicada por la Biblioteca Nacional, dice Piglia: "¿Qué era la crítica entonces? Era la estilística, de Anita Barrenechea y el grupo del Instituto de Filología. Y estaba muy bien. Y por otro lado había una crítica marxista sociológica, que estaban haciendo [David] Viñas, [Adolfo] Prieto, que para nosotros era vulgar y de la que tratábamos de tomar distancia". Con la incorporación de la flamante politización del estructuralismo realizada por el grupo Tel Quel y del psicoanálisis lacaniano, Los Libros buscó una flexión crítica que tomara distancia tanto de la estilística como del contenidismo que había dejado como herencia la revista Contorno . En cuanto a Sur , la otra gran fuerza precedente en el campo cultural argentino, Nicolás Rosa se ocuparía, en el artículo " Sur o el espíritu de la letra", de ajustar cuentas con la idea de la crítica que sostenía la revista de Victoria Ocampo.

En la práctica, el ecumenismo de Los Libros , según se puede constatar en las firmas de los artículos, fue considerable, y no es casual que una de sus tapas estuviera dedicada a Borges, con el anticipo de su cuento "El otro duelo".

La historia de los Los Libros acompañó la politización del campo intelectual y, más en general, de la vida social. Después de que Schmucler dejara la revista, se produjo una nueva escisión, hecha pública en el editorial del número 40 (marzo-abril de 1975): el gobierno de Isabel Perón dividió las aguas y Piglia comunicó el alejamiento de la revista en una carta pública respondida, en la misma página, por Sarlo y Altamirano. Pocos años después, los tres volverían a reunirse para la aventura intelectual de Punto de Vista . Pero ésa es otra historia; la historia de otra revista en un país que tampoco era el mismo.

POMELO

Los textos de Yoko Ono que se agrupan bajo este título exigirían un análisis especial por la forma en que el deseo se articula en ellos, mediante los efectos de caprichos verbales, del uso masivo de unnonsense explícitamente inducido. Sólo quiero señalar el momento de su traducción al castellano como contexto secundario determinado por el "tiempo" de la traducción, como momento elegido para su inserción en el mercado. Si agregamos la traducción de La música beat (una colección de ensayos que plantea direcciones diversas en el análisis de lo beat en su lugar de origen) en una colección dirigida por Eliseo Verón, podremos comprender cómo se articula un juego de espejos que tiene que ver con la difusión de la cultura en nuestro país.

Mientras por una parte las empresas descubren una falta e imponen algo (la música beat)? que siempre es otra cosa, por otra, a nivel de la cultura "intelectual" (a falta de otra cosa), se traducen los análisis de esa imposición. El proceso se cierra cuando hemos comprado el acontecimiento (como problema) por un lado y su análisis-solución por el otro. En forma paralela e incomunicada nos encontramos con la imposición a ciegas de un fenómeno por un lado, mientras que por el otro (también a ciegas) se consumen las reflexiones originarias sobre ese fenómeno.

La traducción de Pomelo y La música beat articulan el acontecimiento en los efectos de una segunda derivación: la cultura libresca. Bien puede uno ponerse a pensar la relación entre Yoko Ono y, por ejemplo, Lewis Carroll o trasladarse a EE.UU. o Inglaterra y tratar de escribir una historia de lo beat en relación a la música medieval o el jazz negro, mientras los adolescentes de Villa del Parque o cualquier otro lugar se fascinan en el espejo buscándose algún rasgo que se parezca a alguno de los Beatles. Este último hecho, el fundamental, quedará sin comprenderse.

Germán Leopoldo García, "Música Beat: los jóvenes en el espejo" (N° 18, abril de 1971)

LA CREACIÓN DE UN ESPACIO

Los comentarios que rodearon la aparición de este primer número de Los Libros coincidían en afirmar un lugar común: "La revista llenará un vacío". La aventura de construirla -aunque densa de incertidumbres- había sido imaginada, en efecto, al estímulo de ausencias inquietantes; pero el sentido real que la justificaba sólo se hizo visible en la práctica de su elaboración. Las vacilaciones iniciales fueron de orden semántico: ¿Cómo definir aquello que enuncia su existencia? El vacío, si es que a pesar de todo requiere una formulación lógica, aparece como la zona donde se ha ejercido un límite. Comienza donde concluye algo determinado, en el momento en que ese algo indica su silencio; el vacío como tal no señala ninguna diferencia. En la práctica modeladora de la revista se conocieron los datos de la realidad que comporta un vacío y que, simultáneamente, formula requerimientos para cubrirlo.

Se trata, pues, de crear un espacio que en el caso de Los Libros tiene un terreno preciso: la crítica. Darle un objeto -definirla- y establecer los instrumentos de su realización permitirá dibujar la materialidad con la que se pretende llenar el "vacío" de la recordada expresión de circunstancia.

Los Libros no es una revista literaria. Entre otras cosas, porque condena el papel de ilusionista que tantas veces se le asignara. La revista habla del libro, y la crítica que se propone está destinada a desacralizarlo, a destruir la imagen de verdad revelada, de perfección a-histórica. En la medida que todo lenguaje está cargado de ideología, la crítica a los libros subraya un interrogante sobre las ideas que encierran. El campo de una tal crítica abarca la totalidad del pensamiento, porque los libros, concebidos más allá del simple volumen que agrupa un número determinado de páginas, constituyen el texto donde el mundo se escribe a sí mismo.

(Editorial N° 1, julio de 1969)

"LOS SILENCIOS SIGNIFICATIVOS"

El lenguaje de Boquitas pintadas habla para callar, para ocultar. Los personajes no tienen nada propio para decir: son atravesados por el lenguaje de la sociedad constituida. La ideología de lo cotidiano, canonizada en el habla de los medios masivos de difusión (revistas, radio, cine) constituye el pensamiento de sus palabras. Se habla como debe hablarse: sin riesgos.

[?]
Boquitas pintadas denuncia el lenguaje que utiliza (la ideología que comporta) cuando simula creer en él. A diferencia del folletín tradicional no impone un lenguaje, sino que habla con el del lector. Al categorizarlo, lo trasgrede, lo delata. La significación del libro se constituye a partir de la organización de las formas consagradamente a-literarias. Los personajes de Puig son ese lenguaje que ha sido elaborado fuera de ellos y que les ordena un existir también ajeno a ellos mismos.

Contrariamente al folletín romántico, el héroe, el que habla con un (su) lenguaje que intuye los hechos, no existe. El héroe era el que decía, el que imponía la realidad; en Boquitas pintadas no hay hacedores, todos son hablados por un mundo cuyo lenguaje simula la vida, pero que exterioriza, en los silencios que significa, la muerte irremediable que contiene.

EL LIMONERO REAL

[...] La novela de Juan José Saer, en cambio, plantea otros puntos de vista a la reflexión. El limonero real , publicado por Planeta en 1975, no comparte ninguno de los rasgos fundamentales de la propuesta de [Héctor] Tizón y de [Haroldo] Conti, que tienen aspectos comunes entre sí. La narración se caracteriza por la lentitud de exposición y desarrollo de una trama en la que pocos personajes (una familia de isleros) se desplazan despacio, a través de los hechos más simples, más elementales de un día de fin de año.

La novela está construida sobre una serie de encastramientos: desde el amanecer a la media mañana, desde el amanecer hasta el medio día, desde el mediodía hasta la siesta, desde el amanecer hasta la siesta y así sucesivamente hasta el amanecer del día siguiente. El narrador ?un narrador que recuerda al de la novela objetivista? sigue de cerca, minuciosamente, a Wenceslao, el personaje a partir del cual se estructuran las relaciones de los otros entre sí. El ritmo de la narración es el de los movimientos pausados, cercanos al del tiempo real, de los hombres y mujeres en el mundo pobre de los pescadores campesinos, ribereños. Gestos, palabras, actos y movimientos que, en sí mismos, parecen despojados de tensión narrativa. Pero que se organizan repetida y prolijamente, alrededor de un núcleo dramático esencial: hace siete años, Wenceslao y su mujer ?"ella"? han perdido un hijo, muerto lejos del río, en la milicia. A partir de entonces, y también en ese día de fin de año, sólo la exterioridad formal de la vida es la misma: saludarse, visitar a los parientes, destripar un pescado, comer y beber, bromear, preparar un asado se manifiestan como tamizados, interrumpidos, por la presencia de un recuerdo, la silueta del hijo que pasa corriendo y se zambulle en el río. Todo se recapitula a partir de este acontecimiento que carga dramáticamente el relato.
Saer recapitula los actos de hombres y mujeres ligados por la relación de parentesco (que aparece como capital) y por un común destino de pobreza, aislamiento, privación y estrechez, en el espacio físico de las islas y la costa del Paraná. Su escritura tersa, prolija y minuciosa registra con la precisión de una cámara y con la lentitud propia de una percepción para la que cada gesto, cada acción y su resultado, cada encadenamiento, y cada descanso del Wenceslao, de ella, de la familia, tienen el carácter significativo de definir una condición de clase y una situación concreta.

El limonero real , novela escrita con detenimiento y concentración, incorpora a su trama dos textos anómalos dentro del tono general del relato y que a nuestro juicio son la clave ideológica de su lectura: una narración en primera persona, claramente diferenciada del resto del texto (el desmayo y el delirio de Wenceslao) y un cuento realizado a la manera de los cuentos infantiles tradicionales. En el delirio de Wenceslao y en la ironía del cuento de hadas que prácticamente cierra la novela, se condensan los temas ideológicos que subyacen al texto: una historia de las islas desde la creación hasta la aparición de un sistema de gobierno y su jefe, a quien los campesinos alimentan a cambio de que conjure sus relaciones con la muerte; un cuento infantil de pescadores resignados y ricos miserables, cuya moraleja ?trabajada irónicamente? es la buena muerte que merecen los pobres isleros que aceptan su destino. Nada más. Las dos claves bastan para organizar una lectura que sin esfuerzo descubrirá en esta novela de Saer no sólo una narración excelente, sino un relato donde la temática de su zona de su provincia resulta, sin estridencias, en una propuesta literaria para la que son capitales el elemento regional y popular.

Beatriz Sarlo, "Tres novelas argentinas" (N° 44, enero-febrero de 1976)

Articulo : http://www.lanacion.com.ar 25/02/2012

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