samedi 4 février 2012

Pedro Pablo GUERRERO/ Marcelo LEONART: "Escribo para poner en escena y hago teatro para narrar"


Narrador y dramaturgo Premio Revista de Libros 2011
Marcelo Leonart: "Escribo para poner en escena y hago teatro para narrar"
Por Pedro Pablo Guerrero 

El escritor y guionista chileno ganó el certamen convocado por "El Mercurio" y Empresas CMPC con "Fotos de Laura" -presentada al concurso con el título "Inquilina en tránsito"-, novela que relaciona la desmemoria y las traiciones amorosas con la historia política reciente.

Está viviendo una buena racha Marcelo Leonart (Santiago, 1970), de eso no hay duda. Acaba de ganar el Premio Revista de Libros con una novela que empezó a escribir en Barcelona cuando terminó el volumen de relatos Mujer desnuda fumando en la ventana(Planeta, 1999). Ya el año pasado había obtenido el Premio del Consejo del Libro con un libro de cuentos que publicará en abril. Para Leonart, sin embargo, acostumbrado a tomarse todo el tiempo del mundo en sus proyectos narrativos, y a ir y volver del teatro como director y dramaturgo, los reconocimientos del último tiempo no son más que algo "circunstancial".

-Es una casualidad. Pasó nomás. En general, tratas de hacer el mejor cuento o la mejor novela. Los concursas porque es una manera buena de difundirlos, de ganar plata. Cuando era chico -pre Bolaño, hay que decirlo-, yo viví de los concursos literarios por mucho tiempo. Teníamos la fortuna con la Nona (Fernández), mi pareja, de que ganábamos becas o concursos a cada rato.

-Enviaste el manuscrito de la novela con el título de "Inquilina en tránsito". ¿Por qué la vas a publicar con el de "Fotos de Laura"?
-El libro originalmente se llamaba así, pero se presentó con un título que es como el seudónimo de la novela. Hay que considerar que tiene su tiempo, incluso le hice una revisión, pero nunca quise reescribirla. Si hay un tema que me interesaba cuando la empecé era el del doble y la relación con las vidas que están a tu lado: cómo uno las lee. Cuando tenía clases con Egon Wolff -que es prácticamente mi único maestro en teatro junto con Alfredo Castro-, él nos decía que viéramos situaciones atípicas en la calle y a partir de ellas elucubráramos historias. Es de alguna manera lo que se hace en la novela: los personajes, a partir de los ruidos, de las cosas que ven, de las fotos, empiezan a elucubrar historias posibles, que nunca se dilucidan.

"Es una novela de la memoria"

-Tanto en " Mujer desnuda..." como en " Fotos de Laura"utilizas una voz de mujer en primera persona. ¿A qué se debe?
-Nunca más volví a escribir con esa voz después de esta novela. En ese tiempo la utilizaba porque me interesaban mucho los personajes femeninos. Eso tiene que ver con una "deformación": yo estaba en una compañía donde había mujeres. Trabajar con actrices era fascinante. Lo curioso es que las mujeres hacían roles muy masculinos, porque como los escribía yo, había una mezcla. También estaba harto influenciado, en el cine, por las mujeres de Kieslowski y de Bergman. Eso me interesa todavía, pero lo ejerzo menos como autor.

-Las relaciones de pareja, el abandono, la pérdida y la traición son un leitmotiv de tu literatura. ¿Tienen algo que ver con tu trabajo en las teleseries?
-Nada. Yo en la televisión lo paso muy bien, hago un trabajo colectivo donde todos tratamos de hacer un producto lo más entretenido posible, pero no tiene nada que ver con mi trabajo literario. De hecho, todos los cuentos de mi primer libro los escribí antes de entrar a la televisión. Con el teatro, todo que ver, porque en el teatro, incluso para establecer conflictos de carácter social, que en esta novela también se establecen -y es la lectura que más me interesa-, esto se hace a partir de las relaciones personales.

-¿Dirías que en la novela este aspecto social está más presente?
-Sí. Es como la vuelta de tuerca. Mis cuentos estaban llenos de desaparecidos, pero yo nunca lo tomé como un tema político. Después me lo dijeron en Francia. Que alguien desaparezca en Chile es un dato de la causa, lo puedo poner en un cuento sin que tenga una lectura política. En esta novela lo que trato de hacer derechamente es eso: no se trata de la mala memoria amorosa, se trata de cómo podemos ser hijos de puta y después decir que no nos acordamos, o acordarnos del pasado como si fuera otra cosa. No parece, pero es una novela de la memoria. Se podría llamar "La memoria obstinada", por ejemplo. Pero a la vez es una historia tremendamente íntima de traiciones amorosas.

-El epígrafe de la segunda parte de la novela, sobre la exhumación ilegal de detenidos desaparecidos, es harto más contingente que los epígrafes de la primera parte. ¿Ahí la Historia "irrumpe sin contemplaciones", como dice en la novela?
-Ahí yo meto el teatro. La intencionalidad era absolutamente la misma, pero hay un momento en que digo esto tiene nombre y apellido: Augusto Pinochet, en la época en que está detenido en Londres. Con el teatro me empiezo a volver mucho más explícito. En el texto dramático, cuando yuxtapones dos imágenes, te dicen otra cosa. Una vez, en 1995, la dramaturga inglesa Sarah Kane estaba escribiendo una obra de teatro sobre un traficante de armas que se encerraba en un hotel con su amante. Un día enciende la tele, ve la guerra de Bosnia y se dice: "Tengo que escribir sobre esto". Luego, en la obra tocan el timbre en la pieza del hotel y entra un soldado que amenaza a los personajes. Entonces el escenario explota y ellos están en Bosnia. Eso en teatro lo puedes hacer, queda maravilloso, no tienes que explicar nada ni hacer esta cosa más racional que tiene cierta literatura. En Fotos de Laura la protagonista siempre tiene conciencia de su "pequeña historia", como la llama, hasta que de repente estalla la Historia.

-¿De dónde viene el papel protagónico de la fotografía, tan presente en la novela?
-Lo lógico generacional, claramente, como cuestión estética, de goce, es "Las babas del diablo", de Cortázar, y por ende "Blow Up", de Antonioni. Pero los libros que leí después, mucho después, y encontré impresionantes, fueron Sobre la fotografía , de Susan Sontag, y La cámara lúcida , de Roland Barthes. La fotografía es una mirada, no es la realidad, sino lo que uno quiere ver. Y es lo que pasa también con la memoria, pero la memoria nos ataca como un virus, en el sentido de que nos juega malas pasadas. La foto es más un registro. A veces uno se acuerda de una foto y después cuando la encuentra no es como la recordaba. En esta novela finalmente la foto es una prueba.

-Alguna vez dijiste que escribías para ver cómo se articula la historia de nuestras vidas. ¿Todavía lo piensas?
-Yo creo que escribo por más y por menos que eso. Escribo porque me gusta, porque me interesa ver cómo funciona el mundo, preguntarme cosas sobre el mundo, dar testimonio del mundo. Pero también es entretenido manipular lo que va pensando el lector. Te diría que yo escribo para poner en escena, porque me di cuenta de que era una idiotez separar las cosas que hago. Escribo para poner en escena y hago teatro para narrar. Son lo mismo. Me molesta mucho cuando leo un texto narrativo que no pone en escena y cuando veo un teatro que prescinde de narrar.

-¿Te consideras realista?
-¿Pero qué es ser realista? En la literatura actual chilena, Alejandro Zambra podría ser: la cosa íntima, como que nada se aleja de la realidad. Pero un tipo encerrado con un bonsái también me parece inquietante. Yo creo que no es realista. Finalmente nada es realista. En teatro buscas lo real, algo que no necesariamente es la realidad, sino un concepto medio lacaniano. Lo real va más allá de las estructuras simbólicas con las que uno se mueve. Zizek dice enBienvenidos al desierto de lo real , que en Occidente lo real surge con los atentados a las Torres Gemelas. Eso es lo real, como un guatacazo. Lo otro, lo que vivimos, es mentira.

-Entonces lo real es el trauma.
-Sí, podría ser, o el éxtasis. Me imagino que puede ser planteado en esos términos, una cuestión que suspende el juicio simbólico de la realidad. En ese sentido, las cosas que me interesan en literatura no tienen un rasgo tan realista a pesar de que esta novela, incluso para mi gusto, es muy realista. Pienso en Juan Carlos Onetti, en José Donoso, hasta los textos de Bolaño me parece que no son realistas. Sus personajes no existen, y sin embargo existen. De lo que ha salido ahora, en Chile, Soldados perdidos , de Alejandro Cabrera. Eso es lo real.

-Él pertenece a tu misma generación junto con Nona Fernández, Larissa Contreras...
-Nona es mi pareja desde hace 22 años, y Alejandro y Larissa son mis amigos hace 24. Es decir, los primeros cuentos que escribió el Alejo me los pasaba a mí, y los primeros que escribí yo se los pasaba al Alejo, y así entre los cuatro. Con Larissa y Nona armamos las primeras compañías de teatro, porque Larissa también es actriz. Somos amigos, somos hermanos, antes de dedicarnos a escribir. Nos conocimos en la Escuela de Teatro de la Universidad Católica. Alejandro estudiaba literatura en esa época. Escribíamos de manera amateur y adolescente, no los conocí por la literatura. Si no hubiéramos escrito una línea seríamos amigos igual. Obviamente que hay un diálogo entre nosotros, es natural.

-¿Cómo es vivir con una escritora?
-Puras ventajas. De hecho, prácticamente mi única lectora es la Nona y yo soy el primer lector de sus cosas. Es entretenido, siempre nos estamos mostrando lo que escribimos. En teatro también trabajamos juntos y lo hemos hecho en televisión.

-¿Y no se mimetizan los temas o el lenguaje?
-A veces compartimos temas. Harto. Al principio había una escritura que era más parecida, no igual, como si compartiéramos la cuadra, no la pieza. Pero eso de alguna manera se ha ido bifurcando hacia caminos distintos, más personales.

-¿Por qué haces una separación tajante entre el trabajo literario y el de la televisión?
-Creativamente es una separación muy tajante. No tiene nada que ver, en mi caso, con lo que yo he hecho. Ni técnica ni temáticamente, porque en la tele yo me pongo al servicio de un producto con otras coordenadas. Tampoco me han tocado proyectos como a la Nona, que hizo "Los archivos del cardenal", que tenía directa relación con lo que estaba escribiendo. Cuando Pablo Illanes publica su primera novela, Una mujer brutal , y es sobre una actriz de telenovelas, las cosas se unen. No es mi caso, pero, repito, he trabajado con gente increíble en las teleseries, lo he pasado muy bien, he tenido grandes amigos, he conocido a grandes escritores, como a René Arcos, un muy queridísimo amigo, y qué pena que no haya escrito más.

-Hablando de él, ¿crees que la televisión malogra a los buenos escritores?
-No. Probablemente es un caso muy cercano, pero Alejandro Cabrera escribe guiones y su novela es increíble. La Nona, demasiado cerca, pero es súper buena. López-Aliaga está escribiendo teleseries. Jorge Marchant, después de retirarse, ha escrito novelas y le ha ido bien. De la nueva generación, están Simón Soto y Pablo Toro. Lo que hoy sucede, eso sí, es que muchos guionistas no tienen interés en ser escritores. Igual pienso que nosotros, el equipo con el que partí, era muy raro. Todos éramos escritores, y más densos. "Amores de mercado" la escribimos René, Alejo, Larissa y yo. Nos matábamos de la risa y después llegábamos a escribir cosas que claramente no eran como las teleseries. No hay ningún trabajo que de por sí te malogre. Lo mismo se podría decir de los escritores que hacen talleres o clases en la universidad.

"Hay que contar las cosas que no nos gustan"

-¿El teatro, la literatura, son didácticos?
-No, para nada, ni el mejor Brecht es didáctico. En un sentido estricto, creo que todo teatro y literatura evidentemente conllevan una mirada moral. Más que moral, ética. Lo moral está de acuerdo con lo que uno vive, y lo ético de acuerdo con las aspiraciones. El teatro y la narrativa que nacen de los griegos tienen un componente súper moral. Edipo se da cuenta de que es el causante de la catástrofe en Tebas y se saca los ojos. Él no es culpable, no tenía la intención de hacerlo, pero se saca los ojos. En mi novela el personaje Caetano de alguna manera purga su culpa. En mis trabajos los personajes no son portavoces de la sociedad, tampoco modelos de conducta, pero creo que sí hay una mirada. No un juicio, porque sería algo categórico. Una mirada. Por eso es tan importante desde qué punto de vista cuento la historia, cuáles son los elementos que escojo y por qué. Lo digo al comienzo de la novela: hay que contar las cosas que no nos gustan, porque si nos gustaran no hay necesidad de contarlas.

Articulo : http://diario.elmercurio.com 29/01/2012

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