El Pessoa de los heterónimos
Por Varenka Hernández Bello
Introducción
Los romanos establecieron el uso de la
máscara del teatro griego como artificio escénico. Las máscaras, que tenían un
orificio al nivel de la boca, modificaban ligeramente la voz del actor,
haciéndola más vibrante y penetrante. De ello se infiere el hecho de que la
máscara haya tomado el nombre de persona, pues el verbo latino personare significa
“resonar”.
Así, personasignifica en primer lugar
“máscara”, “personaje”, y luego por extensión “persona”. La máscara tiene por
objeto procurar el distanciamiento entre el actor y el personaje. Este
distanciamiento o alejamiento significa simplemente que el actor no es más que
el mediador que porta sentimientos y palabras ajenas. La máscara es
precisamente el indicador de que las palabras no pertencen a la persona que
actúa, sino al personaje. De tales constataciones concernientes al teatro se desprende
la siguiente interrogante: ¿Es posible una demarción similar entre autor y
personaje en literatura? ¿Cómo separar, al interior de la obra literaria, la
personalidad del escritor de aquella de la persona?
Puesto que pessoa significa
« persona » en portugués, lo que es simple coincidencia toma un
aspecto sugestivo en el “individuo” Fernando Pessoa, pues en la obra literaria
de Fernando Pessoa (1888-1935) pareciera que la diferencia entre persona y
personaje regresara a sus complejos orígenes, como si la palabra se remitiera a
su etimología. El poeta portugués escribe frecuentemente bajo la personalidad
de alguien más. Ciertamente, numerosos autores escriben bajo pseudónimos, pero
Pessoa no se pudo conformar con escribir bajo un nombre inventado. Bajos sus
distintos intereses, Pessoa tuvo que inventarse un nuevo término para expresar
su acto específico de escritura. Fernando Pessoa tiene “heterónimos” y no solo
“pseudónimos”. La autodisimulación que caracteriza al
poeta Pessoa pareciera inscrita en esta sarcástica coincidencia, en
el azar semántico cuando escribe(1):
“LO QUE ESCRIBO no es mío.
¿A quién lo debo?
¿De quién soy heraldo predestinado?”(2)
Sin embargo, esto no impide que Pessoa
escriba su propio sentir: existen también obras firmadas por Pessoa. Incluso en
estos poemas (poemas ortónimos), se refleja la paradoja de un poeta que ve su
personalidad difuminada y que no logra preservarla mas que detrás de una
máscara. Por otra parte, la obra de los heterónimos de Pessoa es más vasta que
la de Pessoa ortónimo. Si Teresa Rita Lopes, quien continúa examinando la malla
en el cual Pessoa apilaba sus interminables manuscritos inéditos, se ha ocupado
de registrar la variedad de heterónimos, contando hasta hace poco sesenta y
dos, la mayor parte de los exégetas de Pessoa estudian el fenómeno de los
heterónimos a la luz de los tres heterónimos que cuentan con la obra más
extensa: Alberto Caeiro, Alvaro de Campos y Ricardo Reis.
El interés creciente por las
investigaciones sobre el « caso Pessoa » viene en gran medida del
carácter paradójico de una obra en la cual la personalidad del autor queda
indefinida, pudiendo incluso parecer contradictoria. Los exégetas de Pessoa,
que son en suma hombres de letras, no pueden más que deleitarse con la belleza
de la descripción del nacimiento de los heterónimos en Pessoa.
Es por esto que, si queremos discernir la
especificidad de la obra pessoiana, es necesario abordar directamente el
fenómeno de los heterónimos. Resulta indispensable destinar la primera parte de
este ensayo a tratar el aspecto biográfico de Pessoa bajo un enfoque crítico,
dado que constituye la parte más abundante de la obra escrita sobre el autor.
Por otra parte, una vez familiarizados con la diversidad de máscaras del poeta,
podremos abordar la segunda sección que trata de la escritura de Pessoa,
examinando las razones profundas de Pessoa para utilizar la escritura
heteronímica. Si en un aspecto sus motivos se encuentran ligados a la
experiencia íntima del autor, coinciden por otro lado, con un procedimiento
perteneciente a la época de Pessoa. En ambos casos, la finalidad resulta ser un
intento de aproximación a la “verdad poética”. Finalmente, con la finalidad de
contextualizar la « obra » pessoiana, sera conveniente abordar
algunas discusiones que van más allá del marco de la producción individual para
inscribirse en la época del Modernismo, como lo son la crisis del sujeto, la
utilización de máscaras poéticas y el debate contemporáneo en torno a las
nociones de autor y de obra.
1. El « caso Pessoa »
« ¿Qué es el arte sino negation de la
vida ?»(3)
La legión de Pessoa
Si como afirma Freud en La creación
literaria y la fantasía(4), la capacidad de crear mundos es una constante, tanto en la
cotidianidad lúdica del infante (que se divide al jugar en diversos personajes,
a quienes asume momentáneamente como reales) como en la cotidianidad del
escritor (que toma sus personajes por imaginarios) la producción de Pessoa
resultaría doblemente creativa. En efecto, el ejercicio de dar voz a una
alteridad imaginaria es común a los escritores de ficción, pues éstos inventan
personajes que interactúan en sus novelas. Se podría decir que para Pessoa la
primera creatividad, la cotidinidad lúdica del infante nunca desapareció.
Pessoa mismo cuenta que desde su infancia: “me venía a la mente una ocurrencia
completamente extraña, por un motivo u otro, a lo que yo soy o creo ser, yo lo
decía enseguida, espontáneamente, como si se tratara de la ocurrencia de algún
amigo mío. Instantáneamente inventaba un nombre para él, le atribuía la
ocurrencia y veía instantáneamente su figura ante mí”(5). Esta imaginación jamás abandonó a Pessoa, al contrario, se
transformó en un pulido trabajo a través del cual Pessoa intentaba expresar no
sólo sus inquietudes personales sino también sus preocupaciones universales.
La gran particularidad de nuestro escritor
es la creación de personajes que no son enteramente intratextuales, es decir,
sus personajes no son sólo personajes: Pessoa crea autores. Así, gran parte de
su obra escrita tiene por autor a Ricardo Reis, a Alberto Caeiro o a Alvaro de
Campos, entre otros. Estos últimos no son solo pseudónimos utilizados por
Pessoa sino sensibilidades que nacen en el acto mismo de la escritura. Los
heterónimos de Pessoa representan una especie de alejamiento entre el poeta y
su modo de sentir personal. Si el escritor portugués creó el neologismo
“heteronimia” para calificar el fenómeno de la creación literaria que le es
propio, es porque la noción de pseudónimo le era insuficiente para definirlo.
Ciertemente, lo de Pessoa no es una pseudonimia, que indica sólo el hecho de
escribir bajo un nombre que no es el propio. Para Pessoa la heteronimia se
acerca más a un fenómeno que bien podríamos calificar de “insurección
literaria”, es decir, de la manifestación de otra personalidad dentro de
Pessoa, de una personalidad mucho más apropiada para tener sentimientos que
Pessoa mismo sería incapaz de experimentar y que sin embargo necesita
interiorizar con fines literarios.
Si, como lo habíamos ya mencionado, el
fenómeno de los heterónimos comenzó desde la infancia del poeta, la aparición
de su primer heterónimo con obra escrita sólo tiene lugar en 1912. Pessoa tenía
23 años, se encontraba escribiendo unos poemas de inspiración pagana cuando “en
una penumbra indefinida se dibujó un vago retrato de la persona que estaba
haciendo eso”(6). Se trataba nada más y nada menos que de Ricardo Reis. Luego, el
8 de marzo de 1914, tuvo lugar un suceso que, tanto por Pessoa como por sus
comentadores, es considerado como el día prodigioso del nacimiento de los
heterónimos: Pessoa comenzó a escribir distraídamente, de pie y apoyándose
sobre una cómoda. Comenzando por las palabras “O guardador de Rebanhos...”,
escribió treinta poemas seguidos en una especie de estado extático. Pessoa
cuenta ese momento a Adolfo Casais Monteiro, con quien tuvo una relación
epistolar: “fue la aparición en mí de alguien más al que enseguida dí el nombre
de Alberto Caeiro. Disculpará lo absurdo de la frase pero: mi maestro había
surgido en mí(7)”. Acto seguido, Pessoa escribe los seis poemas que constituyen
la Chuva Obliqua, éstos últimos firmados por Fernando Pessoa. El escritor
explica de esta manera que los poemas de la Chuva Obliqua sean de su
propia inspiración: “fue la reacción de Fernando Pessoa contra su inexistencia
en Alberto Caeiro”(8). Finalmente, cuenta el nacimiento de su tercer gran hetéronimo:
“ese mismo día, en un momento de ímpetu, escribiendo a máquina sin corrección
ni interrupción, surgió la Ode Triumphalde Alvaro de Campos.”(9)
Esa fecha constituye el punto de partida
de la experiencia literaria de los heterónimos que representarán verdaderos
interlocutores para Pessoa. “Vendrá el día en el que intercambiarán puntos de
vista, frecuentemente opuestos, en el que polemizarán, tan reales serán que
estarán en desacuerdo”(10). Pessoa llegará a reconocer el carácter de cada personaje por su
modo peculiar de expresión, como si la poesía de cada uno de ellos tuviera como
trasfondo una vida entera. Pessoa crea la ficha de identidad de cada uno de sus
heterónimos, ahí aparece su “fecha de nacimiento, estado civil, fisonomía,
idiosincrasia, humor, modo de vestir, concepción del mundo y, evidentemente,
literariamente, un estilo que les es propio.”(11)
Si el fenómeno de los heterónimos (el
“caso Pessoa” como lo han llamado algunos de sus críticos) es provocado por una
imaginación desbordante o, como lo dice Pessoa mismo, por una “histeria, que en
el caso de los hombres, toma sobre todo un aspecto mental, y así todo se acaba
en silencio en poesía...”(12), lo que parece innegable es que la expressión de cada heterónimo
participa de un mundo poético diferente. La poesía firmada Alberto Caeiro es la
de un poeta materialista de pensamiento lúcido. Caeiro nunca escribe en prosa.
Según Pessoa, Caeiro es poeta autodidacta, un sensualista sublimado. Por su
parte, Alvaro de Campos empieza a escribir bajo la influencia del decadentismo
para luego interesarse en el simbolismo. En su etapa sensacionista pueden
encontrarse en su escritura acentos de Walt Whitman. Luego, siendo ingeniero
mecánico y naval, no es extraño que Alvaro de Campos se haya dejado influenciar
por el futurismo de Marinetti: su poesía se impregna de la exaltación y del
culto a la máquina. Finalmente, asume el nihilismo. En lo que toca a Ricardo
Reis, es un gran conocedor de los poetas latinos, asume una concepción de la
percepción similar a la de Caeiro pero cree que ésta debe someterse a la medida
y la proporción (simetría y armonía): sus creaciones están marcadas por el
respeto riguroso de las reglas clásicas de construcción del poema.
Temáticamente, el fin inexorable de todos los seres vivientes es una constante.
Por otra parte, la obra de Pessoa ortónimo
es también diversa, aborda contínuamente el tema de la personalidad y de la
escritura. Pessoa quiso fundar corrientes literarias como el paulismo y el
interseccionismo. Además, en colaboración con su amigo Sa Carneiro, Pessoa
funda, la revistaOrpheu, que sólo tendrá dos números.
Pessoa anglófono
Habiendo vivido diez años de su juventud
en Africa del sur, Pessoa tradujo a John Milton, a William Wordsworth, a Edgar
Allan Poe y se ocupó principalmente de William Shakespeare, cuya obra le
entusiasmaba particularmente. Pessoa leyó la obra de Shakespeare incluso antes
de conocer la de Luis de Camões. Sin embargo, nuestro autor no sólo se dedicó a
la traducción, sino que también desarrolló una parte de su obra en lengua
inglesa. Significativamente, a los doce años, escribió el primer poema en el
que se le puede reconocer un estilo auténtico: « Separated from
thee ».
Parece paradójico que uno de los poétas
más célebres de la lengua portuguesa haya iniciado su obra en inglés y sin
embargo esta inverosimilitud no es más que otro rostro del escritor. Analizando
sus poemas Mad Fiddler, Antinoüs o Epithalame, puede
percibirse un fuerte erotismo y una expresión abierta hacia temas que el
escritor no osaba tocar escribiendo en portugués. Que esos poemas sean
ortónimos es un hecho más que sorprendente para los críticos de Pessoa. Sin
embargo, no sería de extrañar que Pessoa encontrara en la lengua inglesa la
oportunidad de construirse otra personalidad. Sirviéndose el ritmo y de la
sonoridad propias a la lengua, es posible que haya buscado expresar una emoción
particular.
Por otra parte, la transformación de la
expresión que tiene lugar en la lengua extranjera es formulada por T.S.Eliot,
poeta y teórico de la despersonalización en literatura, en términos de
desplazamiento (o distancia) entre pensamiento y sensibilidad: “Un pensamiento
expresado en otra lengua puede ser prácticamente el mismo pensamiento, pero una
sensación o una emoción expresada en otra lengua no es la misma sensación o
emoción”(13). En efecto, T.S. Eliot, contemporáneo americano de Pessoa,
concibe que en la emoción distante de otra lengua exista la posibilidad de
expresar una nueva personalidad: “Una de las razones para aprender por lo menos
una lengua extranjera es adquirir una especie de personalidad suplementaria;
una de las razones para no adquirir una nueva lengua, además de la propia, es
que la mayor parte de nosotros no quiere volverse otra persona”(14). Así, a través de estas palabras de Eliot es posible concebir
que los poemas ortónimos de Pessoa en lengua inglesa sean un tipo de máscara,
otra faceta de la heteronímia. Es quizás por esta razón que Armand Guibert,
traductor de los poemas de Pessoa al francés, considera que la obra inglesa de
Pessoa “se adhiere a su rostro como una super-máscara”(15).
Estas reflexiones nos llevan a
preguntarnos el papel preciso que juegan las máscaras en la heteronimia. ¿Acaso
Pessoa intenta despertar otra sensibilidad a través de esta máscara, una
sensibilidad dentro de la cual podría expresar un erotismo que no siente en
carne propia? ¿O es Pessoa mismo quien habla, escondiendo su timidez tras la
máscara del idioma? ¿La afirmación de Eliot que reza que “Es más facil pensar
en otra lengua que sentir en ella”(16) puede servirnos de pista para interpretar el distanciamiento
de la lengua materna como negación de los sentimientos realmente experimentados
por el poeta?
Si bien, los exégetas del escritor
difieren mucho sobre esta cuestión, lo que podemos afirmar a partir de las
cartas de Pessoa, es que el fenómeno heteronímico (inducido voluntariamente o
no) sirve para despertar otra sensibilidad. Ciertamente, la sinceridad de
Pessoa ha sido cuestionada, pero hay dos elementos importantes que hay que
tomar en cuenta. Por una parte, Pessoa como escritor, no tenía necesidad alguna
de inventar recursos falaces, en vida fue casi un completo desconocido. Por
otra parte, tanto su obra como su vida llevan la marca de la renuncia: renuncia
al reconocimiento, renuncia a la vida pública y, sobre todo, renuncia a la
personalidad. Pero como lo veremos más adelante, esta renuncia conduce a la
conquista de un terreno más universal.
Por otra parte, existe dentro de esta
expresión en lengua inglesa un tipo de renuncia a sí mismo. Pessoa que decía
“la lengua portuguesa es mi patria”, renuncia así a su fundamento, incluso si
no es más que un momento, para convertirse en otro, en un desterrado. Podemos
encontrar una pista para entender este destierro en la afirmación de Elise
Braut cuando asegura que, “así como el “yo” preserva sus contornos detrás de la
máscara […], así tambien el “yo”conserva su lengua materna cuando elige
utilisar como recurso la lengua extranjera”(17). Pessoa, lector de Shakespeare, de Walt Whitman, tan
anglófono como Alvaro de Campos, que amaba la lengua portuguesa como a ninguna
¿querría preservarla de la voluptuosidad? Podríamos creer que Pessoa mismo se
lo cuestionaba también a juzgar por su juego dialéctico de renuncia y
apropiación, que expresa de esta forma:
“¿Por qué en mi error,
creí mío lo que sí lo era?”(18)
El desasosiego
Si existe un punto intermedio que une la
vida de Pessoa a la de sus máscaras éste es indudablemente el Livro do
Desassossego(19), aquí se reúne la obra de toda una vida: el escritor
redacta este diario paralelamente a su obra y a la de los heterónimos. Pessoa
trabaja en ella durante más de veinte años, de 1913 hasta su muerte en 1935.
Son en su mayoría fragmentos discontínuos, escritos en prosa y atribuidos en su
conjunto a Bernardo Soares. El Libro del desasosiego es un libro
íntimo, casi consubstancial a la vida de Pessoa. Aquí Bernardo Soares se
manifiesta como el heterónimo más próximo a su autor, podríamos decir un
pseudo-heterónimo. De ahí que Robert Bréchon afirme que “de todas las obras de
Pessoa, ésta es sin duda aquella en la que se le puede ver mejor “sin
máscara” (20). Según Bréchon, este libro constituye “la crónica de los
trabajos y los días de un hombre al mismo tiempo peculiar y ordinario “modesto
empleado comercial” como decía Pessoa mismo”(21). Bien dice Antonio Tabucchi que “un diario es siempre un
espejo”(22), puesto que si el enigma de la identidad atormentó sin
cesar a Pessoa, el Libro del desasosiego representa la posibilidad de
conquistar un espacio interior. Bernardo Soares es el anti-héroe por
excelencia, que gana su pan, al igual que Pessoa, como corresponsal comercial,
escribiendo cartas en inglés para una empresa de telas. Es por ello que la
confesión que hace Soares acerca del desasosiego que lo ha acompañado siempre
es casi igualable a la confesión de Pessoa mismo, a quien la terrible inquietud
existencial no abandonó a lo largo de su vida.
Según Soares, el desasosiego es “la incapacidad para su consciencia fluctuante, volátil, de amarrarse a lo real, a sí mismo, al mundo, para ser algo o alguien.”(23) Esto coincide con otras cartas en las que Pessoa habla de su imposibilidad de ligarse, de sus “crisis de incompatibilidad”(24) con los otros. Pessoa mantuvo a lo largo de la vida un sentimiento de inexistencia que resultaba en la imposibilidad de actuar. Es por esto que Eduardo Lourenço, llama al cotidiano de Pessoa-Soares “Universo de limbos” pues, según él, “Soares vive en una especie de anti-lugar, entre vigilia y sueño, entre tiempo y eternidad. Invadido por el demonio de la introspección, del análisis y de la pluralidad de la consciencia de sí mismo para captar “todos los semitonos de la consciencia”, se pierde en el laberinto del lenguaje “queriendo describir su propia descripción”. Sin poder elegir entre dos partes, entre dos modos posibles de ser, queda suspendido entre vida y sueño entre centro y ausencia.” (25)
La vida de Pessoa, como lo escribe Armand Guibert, fue una vida sin resplandores, excenta de grandes sucesos”(26) pero, para él, lo importante no es lo vivido sino lo interiorizado, como reza la frase “lo necesario es navegar, vivir no es necesario...” que Pessoa convierte en “vivir no es necesario, lo que es necesario es crear”:
Navegadores antigos tinham uma frase
gloriosa:
“Navergar é preciso; viver não é preciso”
Quero para mim o espírito [d]esta frase,
Transformada a forma para a casar como eu
sou:
Viver não é necessário; o que é necessário
é criar.
Não conto gozar a minha vida;
nem em gozá-la penso.
Só quero torná-la grande,
ainda que para isso tenha de ser o meu Corpo
e a (minha alma) a lenha desse
fogo […](27)
Crear, navegar en las aguas de la
escritura en solitario bajo la máscara de empleado de comercio, resulta más
importante para Pessoa que ser reconocido como escritor o poeta. Para él,
cualquiera que sea la vía que se tome en la vida siempre existirá la nostalgia
(más no arrepentimiento), es la nostalgia por los caminos perdidos.
En la concepción pessoiana, el desasosiego
(desassossego) se asemeja a la nostalgia o tristeza melancólica (saudade). Pero
el escritor expande ésta a una esfera transfactual. Es por esto que encuentra
aquí su lugar una “nostalgia oblícua” que está siempre presente en las
preocupaciones metafísicas del escritor. Si la nostalgia pura es la melancolía
derivada de la felicidad perdida, la “nostalgia oblícua” es la tristeza por lo
que hubiera podido ser y que no fue, es decir, es la nostalgia por los caminos
ineluctablemente perdidos, tristeza contrafáctica nacida de las posibilidades
sin realizar. Por si fuera poco, otra nostalgia viene a sumarse a esta última,
podríamos llamarla “nostalgia paradójica”: se trata de la nostalgia del
presente. Este sentimiento, este lugar simbólico presente en muchas
literaturas, no falta en la obra del escritor portugués. Que la vida no puede
repetirse, que el momento presente pasará y no regresará nunca más, es el
doloroso contenido de la nostalgia del presente. La consciencia de una nada se
instala en el presente conformando el nudo de la saudade. ¿Cómo amarrarse
a un real que no es más que un camino entre un infinito de posibilidades? ¿Cómo
aferrarse a cualquier cosa, siendo todo pasajero, siendo incluso el “sí mismo”
efímero? Escuchemos el diario de Pessoa-Soares:
“Entré al negocio del babero a mi modo
habitual […]. Cuando me senté en el sillón, una idea que me pasaba por la
cabeza me hizo preguntar al barbero aprendiz, mientras él me ponía una toalla
fresca y limpia alrededor del cuello, cómo iba su colega del sillón de la
derecha, más viejo y lleno de espíritu, que estaba enfermo. […] “Murió ayer”
respondió sin entonación la voz que se encontraba detrás de mí, la voz de la
cual los dedos se liberaban del contacto con mi nuca, entre el cuello de mi
camisa y yo. Todo mi irracional buen humor murió de golpe, siguiendo el ejemplo
del barbero ausente para siempre del sillón de al lado. Hizo frío en todos mis
pensamientos. No respondí nada.”(28)
El desasosiego de Pessoa es el reflejo de
una angustia metafísica que lo conduce a cuestionar la realidad de una existencia
cuasi soñada: el mundo está siempre listo a recomponerse luego de la
desaparición de una personalidad efímera. Puesto que no somos más que “polvo
vertical”, escribir es solidificar el instante efímero, darle consistencia,
incluso si ésta es un espejismo: “La vida es muerte: el papel de la literatura
es volver la vida real.”(29)
Así, para el escritor “la literatura, como
todas las artes, es la confesión de que la vida no basta”(30). El Libro del desasosiego constituye la superación
del problema de ser o no ser, puesto que “lo esencial, es superar la antinomia
del ser y del no ser por medio de la abstracción de lo real y del orden
soberano de lo imaginario”(31), Pessoa Soares lo logra por la vía literaria. Si Fernando
Pessoa pasó la vida entera preguntándose quien era, esta cuestión le aparece
finalmente como secundaria una vez instalado en su navegación literaria: “la
vida no es nada si el arte no viene a darle sentido”(32).
2. La escritura de Pessoa
“ Estava o Fernando Pessoa,
mas é como se não estivesse.
O Fernando Pessoa sente as cousas
mas não se mexe,
nem mesmo por dentro”.(33)
Escritura: viaje y búsqueda de
universalidad
Si la noción de aislamiento cruza la obra
de Pessoa esto se debe a que ella es producto de una profunda introspección.
Para el solitario que fue Pessoa, escribir era una manera de recorrerse.
Escribiendo, bajo la pluma de Bernardo Soares, describe el procedimiento de
inmersión dentro de su espacio interior en el que captura ciertos elementos de
las profundidades. Así, navegando en ignotas extensiones, no puede ya asegurar
que los bienes ahí encontrados sean de su propiedad; Esto queda expresado en
sus palabras “navegar en las aguas ignoradas de mí mismo”(34). Sin embargo, la inmovilidad de Pessoa en el mundo
terrenal contrasta con su excursión espiritual y con el vasto universo de sus
poemas. Mientras que Alvaro de Campos viaja a Oriente y Ricardo Reis se va a
Brasil, Pessoa, una vez instalado en Lisboa ya no se desplaza más. A través del
juego de los heterónimos, el escritor encuentra un modo de vivir todo lo que
quedaría, de otro modo, fuera de su experiencia posible. Pero Pessoa viajaba en
su recogimiento, y esto en modo tal que podía afirmar: “me siento más los seres
que yo creé que yo mismo”.(35)
Para Pessoa, la experiencia no se vuelve
tal si no es por el acto de la escritura. Si en su vida fue el anti-héroe por
excelencia, no habiendo tenido ni siquiera el sentimiento de la acción, lo que
Pessoa vive a través de su poesía (la suya y la de los heterónimos) corresponde
a varias vidas. De ahí que la escritura se convierta en una necesidad para
Pessoa: es propiamente un modo de existir, pues ella logra que el espíritu se
exteriorice. La escritura es un acto de construcción, de arreglo, de
ordenamiento de ideas de un modo concreto. Para Pessoa escribir equivalía a
construirse una historia, o más bien, muchas. De este modo, el refrán de Alvaro
de Campos “sentir todo en todas las maneras”(36), viene a revelarse también el modelo de escritura del
poeta.
Por otro lado, la apertura implícita que
el escritor tenía hacia la diferencia se revela muy fecunda para sus
aspiraciones a una vida literaria despojada de preocupaciones puramente
subjetivas. Mejor aun, Pessoa supo hacer de esta apertura un diálogo. Ya desde
temprana hora, Casais Monteiro, primer exégeta de Pessoa, había notado una
particularidad en su obra. En una carta, Monteiro pide a Pessoa que confirme lo
que él ha creído percibir en su obra. Escribe a Pessoa: “no me parece que se
pueda constatar una evolución notable en su poesía. Se diría que su manera de
evolucionar no corresponde a ninguna de las nociones que cubre la palabra
“evolución”, porque Usted evoluciona a través de personalidades, dicho de otro
modo, su evolución.... no es evolución, sino coexistencia”(37). Pessoa confirma la teoría de Casais Monteiro y agrega:
“yo no evoluciono: yo viajo […] Cambio poco a poco de personalidad, me
enriquezco (y es ahí que puede haber evolución) en mi aptitud a crear nuevas
personalidades, nuevas maneras de fingir que comprendo el mundo, o más bien que
el mundo puede ser comprendido”.(38)
Las estrategias de simulación, o incluso
de auto-disimulación, propias a Pessoa han llevado a los críticos a cuestionar
a la legitimidad de la obra pessoiana, como si se tratara de un juego de
máscaras que el escritor inventara con la simple finalidad de sorprender. Sin
embargo, Pessoa tiene una convicción bien clara del papel de la poesía. En una
carta, éste último hace una confidencia a Armando Rodrigues: “Lo que yo llamo
literatura hipócrita no es la de Alberto Caeiro, ni la de Ricardo Reis o la de
Alvaro de Campos […] Estas son sentidas en la persona de alguien
más […] Pero son sinceras (y otorgo a esta palabra un sentido muy grave),
como es sincero lo que dice el Rey Lear, que no es Shakespeare sino su
creación. Califico de poco sinceras las cosas hechas para sorprender, y también
aquellas –note bien esto, es importante – que no reposan sobre una idea
metafísica fundamental, es decir, donde no pasa, si no es como un soplo de
viento, la noción de la gravedad y de misterio de la Vida”.(39)
Según Elise Brault, es precisamente por
unos motivos metafísicos que se hace uso de la máscara pues “el poeta usa
superficies poéticas al mismo tiempo como medio y como pretexto, con el afán de
sugerir las profundidades ontológicas del “yo”. La emergencia a la superficie
de la máscara no permite transparentar los rasgos específicos del “yo” del
poeta sino sólo aspectos del “yo”genérico, confiriendo así a la máscara una
dimensión ontológica”.(40) Como lo confirma Robert Bréchon, la tarea de Pessoa era
“hacer de sí muchos seres distintos para poder “sentir” (y también pensar,
comprender, imaginar): es esta operación la que se encuentra en el centro de
todo el complejo sistema que es la obra de Pessoa”.(41)
Despersonalización (poesía y dramaturgia)
El uso de la máscara se deriva de la concepción que tenía Pessoa del arte como arte dramático. El poeta formula esta concepción a Francisco Costa en una carta en la que le escribe: “Para mí, el arte es esencialmente dramático, y el más grande artista es aquel que, en su arte […], vive de la manera más intensa, más profusa y más compleja todo aquello que no es él; dicho de otro modo, que expresa del modo más intenso, más profundo y más complejo todo lo que no siente verdaderamente, o mejor dicho, que sólo siente para expresarlo”(42). Así, Pessoa concibe el arte como drama, lo que implica que se puede hacer drama “en todas las artes según sumateria”(43).
En la literatura de Pessoa, el drama viene
de la separación de la personalidad del poeta y la de la persona. Pessoa,
tal y como el actor de teatro, “coincide” con sus heterónimos prestándoles la
exaltación expresiva que les da vida, al mismo tiempo que la vida de los
heterónimos viene a colmar a Pessoa mismo. En el universo de nuestro poeta, los
heterónimos, en tanto que personajes de ficción, no tienen existencia fuera del
acto poético, son sincrónicos a la expresión. Si la obra de los heterónimos
puede sobrevivir al mismo título que la de Pessoa, su presencia no sobrevive al
instante poético. Por lo demás, en una carta a Gaspar Simões, Pessoa habla de
sí mismo en cuanto poeta dramático, escribe: “El punto central de mi
personalidad es que soy un poeta dramático, tengo sin cesar en todo lo que
escribo la exaltación íntima del poeta y la despersonalización del dramaturgo”.(44) Así, la “personalidad” del escritor se encuentra
vacía y no parece ser mas que una exaltación latente, en espera de llenarse, de
volverse un medio para la expresión. De esto se infiere que, para Pessoa, el arte
es en última instancia el drama de la despersonalización.
Ahora bien, esta concepción de la
personalidad del poeta (y del artista en general) como potencia de
despersonalización, Pessoa la comparte con T.S.Eliot, mismo que desarrolló la
teoría de la despersonalización en la poesía. El escritor anglófono afirmaba:
“el poeta no tiene una “personalidad” que expresar, sino un medio particular,
que es solamente un medio y no una personalidad, en el cual las impresiones y
las experiencias se combinan de maneras peculiares e inesperadas”(45). De este modo, puede notarse el giro que representa la
concepción de Eliot: el poeta ya no es el que lleva una vida “poética” que
describirá luego mediante la escritura, sino aquel que expresa la poesía de la
Vida. Es por eso que la despersonalización constituye un modo de librarse de la
experiencia subjetiva, para entrar en una pluralidad, aproximarse a la
universalidad. Eliot piensa que la poesía “debe poder alcanzar una constante
elevación de belleza sobre la cual se hará el acuerdo universal de los hombres”(46). Del mismo modo, Pessoa refleja esta concepción a través
de las palabras:
“Lo que sueño o lo que vivo,
Con mis faltas y mis derrotas,
Es como una terraza que se sumergiría,
Sobre un plano más lejano todavía
Y es en él que la belleza reside”(47)
Pero este acuerdo no puede ser universal
si no está desprovisto de personalidad fija, de una subjetividad cerrada. Así,
Eliot escribe: “Entre más perfecto sea el artista, más completamente estará
separado dentro de él el hombre que sufre de la mente que crea, y más
perfectamente digerirá y transmutará las pasiones que constituyen su material.”(48) Para Pessoa, igual que para Eliot, la personalidad
del poeta debe desaparecer para permitir que entren en juego las posibilidades
del ser y llegar a algo impersonal. Es por esto que Pessoa escribe: “Yo me
evaporo – Es todo […] Como poeta siento; como poeta dramático, siento
desligándome de mí mismo; como dramaturgo (sin poeta), convierto
automáticamente lo que siento en una expresión extranjera a lo que ya he
sentido, construyendo en la emoción de una persona inexistente que la sentiría
verdaderamente y que así sentiría, derivadas de mí, otras emociones que yo, que
ese que soy estrictamente yo, ha olvidado sentir”.(49) Es por eso que no es de extrañar que en la
posesía firmada Pessoa la despersonalización sea un tema recurrente, como se
puede leer en el poema “He ahí” en el que escribe:
“Es por lo que escribo al centro,
De lo que no está tan cerca,
Maestro del desligamiento,
Recibiendo en el corazón lo que no es”(50)
Así, la máscara que en el teatro es objeto
sensible se convierte, en la poesía de Pessoa, en unapersona particular,
en una alteridad que puede llamarse Alvaro de Campos, Alberto Caeiro o Ricardo
Reis, pero también Antonio Mora o Bernardo Soares. Eso parece confirmar la
afirmación de Brault cuando escribe que, en un espacio pictórico o teatral, “la
máscara sigue siendo […] a pesar de todo, tangible y sigue siendo un objeto.
Sin embargo, tal y como aparece en literatura, es necesariamente descrita,
metafórica ou conceptual”(51). En el caso de Pessoa, la máscara puede ser una
descripción del espíritu, como cuando dice que Alberto Caeiro tiene “los ojos
azules y estatura media”(52), metafórico cuando escribe que la emoción tecnológica
hace vibrar a Alvaro de Campos “como si fuera un ingeniero” o las maneras
serenas de Caeiro “como si fuera Griego”. Sin embargo, eso puede ser también
conceptual, como cuando Pessoa describe lo que pone o quita de sí mismo para
crear sus personas: “Puse en Caeiro todo mi poder de despersonalización
dramática, en Ricardo Reis toda mi disciplina mental, envuelta con la música que
le es propia, en Alvaro de Campos toda la emoción que no me atribuyo ni a mí ni
a la vida”.(53)
Si como asegura T.S.Eliot, y como lo
cumplía Pessoa, “La emoción del arte es impersonal”(54), el arte en su totalidad intenta liberarse de las
experiencias propiamente individuales del autor para alcanzar al público, aquí
un lector, indeterminado. Si “el espíritu del poeta se encuentra totalmente al
origen de la poesía, no debe quedarse en su seno”(55). Por otra parte, esta negación de la presencia de la
subjetividad del autor, es propia a la época de Pessoa. Como veremos enseguida,
ésta conoció diversas manifestaciones en el siglo XX, todas ellas estrechamente
ligadas a la crisis del “yo”.
3. Pessoa y el siglo XX
Crisis del « yo » y subjetividad
poética del Modernismo
El siglo XX empieza con una conmoción de
la noción de sujeto, que afecta todos los dominios del conocimiento. Dicha
conmoción no se ausenta de la poesía, en la que despersonalización e
impersonalidad representan sólo un aspecto. “¿Como hacer hablar al “yo” cuando
los fundamentos existenciales vacilan?”(56). Existen al menos tres tendencias propias a la era
moderna que pueden encontrarse al orígen del efecto de impersonalidad en poesía.
Estos condicionan de uno un oro modo el desplazamiento o la fuga de la
personalidad. En primer lugar, el descubrimiento freudiano del inconsciente
rasga la noción de sujeto, que estaba definida hasta entonces como una unidad
racional, estable y consciente de todo. La segunda tendencia es cierta idea de
progreso, alimentada por la teoría darwineana, que destaca la imposibilidad de
detener y por lo tanto de completar la búsqueda de lo humano, de fijar los
contornos para definir lo que es humano. Finalmente, la tendencia nietzscheana
“a desear transgredir el perímetro impuesto por el ego” propone una
experiencia dionisiaca que llevaría a la pérdida de la individuación”(57).
Paralelamente a la crisis del « yo », en la época del Modernismo se lleva a cabo un desplazamiento del interés poético, que para el Romanticismo se encontraba focalizado en el sujeto. El “genio” romántico estaba totalmente ligado a la personalidad, al espíritu del poeta. Este último exteriorizaba en la escritura algo personal. Ahora bien, este interés se desvía con los Modernistas hacia el objeto poético. Por otra parte, la aparición del psicoanálisis volvía incómoda la posición del escritor tal y como se concebía en el Romanticismo. El texto poético, funcionando como guía de comprensión del poeta, se convertía en lugar de desvelamiento de su intimidad. Siguiendo la afirmación de Ellman Maud: “Los poetas se volvieron furtivos para defenderse contra el escrutinio de su lector”.(58) De este modo, la máscara poética nace como manera de desviar la atención, demasiado centrada en el escritor y su intimidad. La impersonalidad participa, de cierta manera, “de una estrategia de protección del poeta”(59). Desde este punto de vista, la puntualización de T.S. Eliot es interesante cuando escribe que: “La poesía […] es no la expresión de la personalidad, sino una fuga de la personalidad. Pero, evidentemente, solamente aquellos que tienen personalidad y emociones saben lo que significa querer escapar de estas cosas”(60).
Paralelamente a la crisis del « yo », en la época del Modernismo se lleva a cabo un desplazamiento del interés poético, que para el Romanticismo se encontraba focalizado en el sujeto. El “genio” romántico estaba totalmente ligado a la personalidad, al espíritu del poeta. Este último exteriorizaba en la escritura algo personal. Ahora bien, este interés se desvía con los Modernistas hacia el objeto poético. Por otra parte, la aparición del psicoanálisis volvía incómoda la posición del escritor tal y como se concebía en el Romanticismo. El texto poético, funcionando como guía de comprensión del poeta, se convertía en lugar de desvelamiento de su intimidad. Siguiendo la afirmación de Ellman Maud: “Los poetas se volvieron furtivos para defenderse contra el escrutinio de su lector”.(58) De este modo, la máscara poética nace como manera de desviar la atención, demasiado centrada en el escritor y su intimidad. La impersonalidad participa, de cierta manera, “de una estrategia de protección del poeta”(59). Desde este punto de vista, la puntualización de T.S. Eliot es interesante cuando escribe que: “La poesía […] es no la expresión de la personalidad, sino una fuga de la personalidad. Pero, evidentemente, solamente aquellos que tienen personalidad y emociones saben lo que significa querer escapar de estas cosas”(60).
Es bajo este contexto que los Modernistas
retoman la noción de persona. Según Brault, la noción de persona habría
sido teorizada en esa época para responder a una nececidad inédita en la
actividad de análisis poético. Además, el funcionamiento poético de la máscara
es relativamente específico de la época de la producción modernista, donde se
encuentra, en varias áreas, un renovado interés por la máscara. La emergencia
de la etnología, explotada por la museografía, impulsa el interés masivo por
las máscaras y otros los objetos llamados “primitivos”. Esos objetos armonizan
con el arte Modernista. Las máscaras africanas constituyen una importante
influencia para la escultura y para la pintura como se puede apreciar en la obra
de Picasso (representativamente en las “Señoritas de Avignon”). En
literatura, W.B. Yeats y Erza Pound se convierten en heraldos de la máscara.
Mientras que Yeats parece aproximarse a la máscara en calidad de objeto (sobre
todo en lo que concierne a su interés en la máscara japonesa del Nô), Erza
Pound en Personae, la concibe principalmente como concepto poético
como portavoz. De este modo, el escritor presta su voz poética como el
actor de teatro, se vuelve el mediador necesario para que un personaje se exprese,
le presta una voz.
La función principal de la máscara poética
es la de mediador, representa una zona entre-dos a través de la cual el poeta
puede expresarse. “El yo del poeta pasa por la máscara, que
[…] asegura la función de interface entre el yo privado del poeta y
su yo público que se dice indirectamente en su poesía” (61). De este modo, el sacrificio del yo del poeta
que se cambia por sus máscaras, no es total por el simple hecho de escoger
libremente sus máscaras. Es por esto que Brault, entre otros, señala a Pessoa
como el poeta de las máscaras, pues asegura que “el poeta de la modernidad
europea que se adhiere íntimamente al funcionamiendo de la vozpoética como
a aquella de una máscara es ciertamente el poeta portugués Fernando Pessoa […]
Su poesía está además llena de reflexiones sobre el uso de las máscaras, su
manipulación y su inherencia al individuo”(62). Sin embargo, las máscaras del poeta no llegan a
disimular la angustia de la falta de personalidad, ni la tristeza provocada por
el sentimiento de sacrificio. Como lo asegura T.S. Eliot en su ensayo
“Tradition and the Individual Talent”, “El progreso de un artista es un
auto-sacrificio continuo, una extinción continua de la personalidad”(63). Así, el poeta siendo sólo el medium de las
emociones “debería sacrificarse y desaparecer de la poesía”(64). La despersonalización, como procedimiento de la
creación poética impersonal, tiende a lo que según Gilles Deleuze es la
finalidad de la poesía: la poesía debe poder decirse impersonalmente, “lo
impersonal nace de una tercera persona que dice yo”(65). Ella debe poder ser una intensidad pre-individual,
encontarse más allá de todo sujeto personal, de toda individualidad.
Por otro lado, la máscara disimuladora
puede anunciar el preludio indispensable al descubrimiento del contenido bajo
la máscara, el descumiento de la interioridad. Pese a las apariencias, la poesía
impersonal esconde subterráneamente un interés en las profundidades del sujeto.
Con el psicoanálisis, el arte del siglo XX se interioriza. Paralelamente, la
máscara emerge como elemento visible evidencía la ocultación de algo íntimo.
Sólo que esta intimidad que no es necesariamente personal sino anterior o
indiferente a la personalidad, en una palabra: ontológica. Es por esto que
Brault señala que “una de las estrategias del “yo” poético consiste, teniendo
por intermediario la máscara, en hacer tomar consciencia al “yo” genérico
moderno de sus características fundamentales”(66).
Noción de autor y de obra
La interpretación de una obra a partir de
la vida del autor resulta riesgosa. Esto resultaba evidente para T.S. Eliot
que, interesándose en las condiciones de producción de la obra, aseguraba que
las impresiones y experiencias que son importantes para el hombre pueden no
tener ninguna importancia en su poesía, y que aquellas que cobran importancia
en su poesía pueden sólo jugar un papel secundario en su personalidad. Contra
la interpretación biográfica de la obra, Eliot se propone despersonalizar la
crítica y la obra de arte. Esto se explica principalmente por su desacuerdo con
la idea de que la simple lectura de la obra pueda ser un modo de descurbir la
personalidad del autor, de conocerlo íntimamente. Efectivamente, se pregunta
Eliot: ¿por qué la cuestión de la vida del autor debería ocupar un lugar
central? La objeción de Eliot no carece de fundamentos pues, ciertamente,
incluso si la biografía del autor es tomada en cuenta no debería considerarse
por encima del contexto histórico del autor. Así, si la información biográfica
de Pessoa puede ser de utilidad para captar el espíritu de la composición de su
obra, no habría que reducir a esos datos la obra misma.
En lo que concierne al “autor-Pessoa”
podríamos preguntarnos si su figura encarna ya el cuestionamiento de la unidad
del sujeto que llevará más tarde a la declaración de la muerte del autor. La
fragmentación del autor pareciera reflejarse en el sujeto Pessoa como cuerpo
intermediario dividido en todos los heterónimos. En todo caso, el problema que
presenta el “caso Pessoa” tiene muchos ecos en el contexto de la época. La
crítica de Eliot a la interpretación biográfica de la obra es sólo el primer
golpe asestado a la noción de autor. Más tarde, con Michel Foucault, se hablará
ya no del autor sino de la “función-autor” que engloba una variedad de
posiciones o voces del autor respecto al texto. El prefacio constituiría así
una de las voces del autor, diferente a la asumida en el cuerpo del texto. El
prefacio vendría a ser un tipo de guía para la interpretación de la obra,
constituyendo así la imposición de la autoridad/autoría del escritor, quien
posée la última palabra en materia de interpretación de su obra, quien
determina su significado. Dentro de esta oleada de cuestionamientos a la figura
del autor es también representativa la crítica de Barthes quien, de modo similar
a Foucault, piensa que: “Dar un Autor a un texto, equivale a imponer al texto
un alto, es el poder de un significado último, es cerrar la escritura”.(67)
Sin embargo, desde este punto de vista
preciso, la fragmentación de la voz del autor es diferente en los textos de
Pessoa, pues ésta no se concretiza en las voces del autor respecto a la obra,
sino que es anterior, es incluso opuesta. En Pessoa, el cambio de voz del autor
tiene lugar en el seno del autor mismo, su finalidad no es establecer una
interpretación singular. Todo lo contrario: Pessoa difumina su figura de autor.
Además de no hacer uso de ningún tipo de prefacio en sus textos, Pessoa piensa
que: “No hay más prefacio para la obra que el cerebro de su lector”(68): Así renuncia Pessoa a la tutela de la interpretación,
lo escrito queda abierto y será el lector quien, viajando dentro del texto, dará
su propia interpretación.
Incluso podría inferirse que el prefacio
muestra la incompletud de la obra: da a entender que la obra no se basta a ella
misma. Desde este enfoque, habría en la obra de Pessoa una doble independencia,
pues la relación autor/texto no es en absoluto una relación privilegiada. Esto
mismo, visto desde la perspectiva del lector, equivale a la legitimación de la
relación entre el lector y el texto (cualquier lector puede interpretarlo). La
posición de Pessoa como autor queda clara en una carta en la que incita a un
posible crítico a no tener ninguna clase de escrúpulo en la crítica de su obra,
elogiando la independencia del criterio de su interlocutor le promete no tomar
ninguna crítica como “acto de lesa divinidad” puesto que nunca ha decretado su
propia infalibilidad(69).
Esta libertad de crítica y de
interpretación, tiene su paralelo en la obra de su contemporáneo Francisco de
Unamuno. En su “nivola” Niebla, el escritor español deja al lector la
opción de interpretar la muerte de Augusto Pérez (personaje protagónico) de dos
modos: como homicido cometido por el autor de la obra (Unamuno mismo,
ejerciendo su condición de voluntad suprema sobre su obra) o como suicidio
llevado a cabo por Augusto Pérez, lo que determinaría un acto radical de su
libre arbitrio, pese a la voluntad de su creador. Por si fuera poco, el
prefacio deNiebla lo escribe un personaje de Unamuno. Dentro de la novela,
el autor se vuelve también un personaje de ficción. En uno de los
capítulos, Unamuno aparece en su oficina y ahí discute con Augusto Pérez.
Encontrándose autor y personaje al mismo nivel dentro de la ficción de la
escritura nunca sabremos si Unamuno decidió matar a Augusto Perez o si éste se
suicidó “a escondidas”, sin el acuerdo de Unamuno. Por su parte, Jorge Luis
Borges, en su cuento Pierre Ménard, autor del Quijote cuestionará
también la noción de autor, dándole un papel preponderante al lector.
De este modo, el autor se transforma poco
a poco en personaje, se hace ficción. Pero la noción de autor no se va sola,
arrastra consigo la noción de obra. Según Inger Østenstad, el “paso del nivel
del texto al nivel de la obra se hace por la mediación del nombre del autor”(70). Esta afirmación despierta automáticamente cuestionamientos
sobre la obra de Pessoa pues ¿como podríamos clasificar su obra? ¿Podemos
atribuir legítimamente los poemas firmados Alberto Caeiro a Fernando Pessoa?
¿Cómo se podría descubrir la evolución de Alvaro de Campos escondida bajo el
nombre de Pessoa? Ante este problema sólo nos queda constatar la elección de
los editores, quienes han atribuído la autoría de la obra heterónima a Fernando
Pessoa. Si la pertenencia de la obra a alguno de los heterónimos se indica en
el título mismo de la obra (como sucede con el Libro del desasosiego de
Bernardo Soares o las Poesías de Alvaro de Campos), la autoría es
concedida a Fernando Pessoa cuyo nombre figura como autor inalienable del
texto.
Conclusión
Hemos dicho que a través de la despersonalización Pessoa provoca un alejamiento de sí que le permite recibir una alteridad que siente de otro modo que él mismo. Cabe subrayar que la dramatización literaria no es tal sin la elección de una máscara poética. Si bien, el escritor presta su voz a una alteridad imaginaria (la persona), ésta enriquece a su vez al escritor.
Hemos dicho que a través de la despersonalización Pessoa provoca un alejamiento de sí que le permite recibir una alteridad que siente de otro modo que él mismo. Cabe subrayar que la dramatización literaria no es tal sin la elección de una máscara poética. Si bien, el escritor presta su voz a una alteridad imaginaria (la persona), ésta enriquece a su vez al escritor.
En primer lugar, la máscara permite al
poeta tener expresiones diversas: Pessoa experimenta dentro de diversos estilos
y participa en variadas corrientes literarias sin adherirse necesariamente a
sus principios. Pero principalmente, las máscaras le permiten liberarse de su
propia personalidad. Esto tiene muchas implicaciones. Por una parte, las
implicaciones del orden de la experiencia de la escritura que representan, para
Pessoa, un viaje literario más real que la vida y una exploración de su
intimidad. Existen también implicaciones artísticas. Una de ellas es el
carácter de la obra como obra impersonal. La impersonalidad de la obra pretende
saciar la aspiración de construir una veracidad poética, esto independizando a
la obra de la potestad delgenio del autor tal y como la concebía el
Romanticismo. Esto conduce a la expresión de una pluralidad de visiones del
mundo desligadas de la experiencia del autor, creando así una variedad de
perspectivas menos alejadas de los hombres comunes, más suceptibles de
compartirse. La búsqueda de la universalidad se remite en parte a la identidad ontológica,
al “yo” que habita las profundidades más allá de la diversidad de las
apariencias. Por otro lado, esta ambigüedad o indefinición del autor otroga
mayor libertad de interpretación al lector y muestra cierta tendencia a la
autonimía de la obra literaria.
Las inquietudes del escritor reflejan las
preocupaciones de la época Modernista en su profunda crisis metafísica. El giro
del análisis literario de la época de Pessoa, que se ubica dentro del contexto
del desmembramiento del “yo”, (que se desprendía del Romanticismo y se dejaba
influenciar por el psicoanálisis), desemboca en una fuerte angustia metafísica,
una inquietud existencial que empuja al poeta a investigar su intimidad al
mismo tiempo que la recela. Sin embargo, la máscara disimula y muestra a la vez
puesto que el autor, al elegir su rosto ficticio entre multiples posibles, deja
asomar su propia naturaleza.
---
1 La mayor parte de las citas ha sido traducida directamente
del francés al español puesto que la bibliografía consultada para el presente
ensayo se compone principalmente de ediciones francesas. Sin embargo, en el
caso de las ediciones bilingües (portugués/francés) de los escritos de Pessoa,
éstos serán citados en la versión portuguesa original.
2 “Ce que j’écris n’est pas à moi” Ce que j’écris n’est
pas à moi, A qui le dois-je ? De qui suis-je le héraut
prédestiné ? F. Pessoa, « Ce que j’écris », In F.
Pessoa, Visage avec masques, Méréal, Paris, 1997, p. 54.
3 «Qu’est ce qu’est l’art sinon négation de la vie?» E.
Lourenço, « Préface » In F. Pessoa,, Le livre de
l’Intranquillité de Bernardo Soares, Christian Bourgois éditeur, Paris, 1999,
p.13.
4 S. Freud, «La création littéraire et la
fantaisie» In S. Freud, L’inquiétante étrangeté et autres
essais, Gallimard, Paris, 1985, p 41.
5 F. Pessoa,, Carta a Adolfo Casais Monteiro del 13 enero de
1935, In J. Blanco, Pessoa en personne. Lettres et documents, La
Différence, Paris, 1986, p. 301.
6 F. Pessoa,, Ibid. p. 302.
7 Ibidem. Alberto Caeiro es considerado por Pessoa como
maestro suyo y de todos los heterónimos.
8 Ibidem.
9 Ibid., p. 303.
10 A. Guibert, « Aperçu de Fernando
Pessoa » In F. Pessoa,, Visage avec masques, Editions
Méréal, Paris, 1997, p.13.
11 Ibidem
12 F. Pessoa, op.cit., p. 300.
13 “A thought expressed in a different language may be
practically the same thought, but a feeling or emotion expressed in a different
language is not the same feeling or emotion” T.S. Eliot, « The Social
Function of Poetry », On Poetry and Poets, p.19,In E. Brault, Instabilités
du « je » poétique moderniste : D.H. Lawrence et T.S.
Eliot (sous la dir. de Paul Volsik), 2 vol., Publication autorisée par le
jury, París 7, 2007, p. 296.
14 “One of the reasons for learning at least one foreign
language well is that we acquire a kind of supplementary personality; one of
the reasons for not acquiring a new language instead of our own is that most of
us do not want to become a different person”, Ibidem.
15 A. Guibert, op.cit., p. 15.
16 “It is easier to think in a foreign language than it is to
feel in it”, E. Brault, Op.cit, p. 295.
17 E. Brault, Ibid., p.296.
18 “Pourquoi, dans mon erreur, Ai-je cru mien ce qui
l’était ?” F. Pessoa, « Ce que j’écris », In F.
Pessoa, Visage avec masques,Op.cit., p. 54.
19 Traducido al francés como Le Livre de
l’Intranquillité.
20 R. Brechon, in F. Pessoa, Le livre de
l’Intranquillité de Bernardo Soares, Christian Bourgois éditeur, Paris, 1999,
p. 8.
21 R. Brechon, Ibidem.
22 A. Tabucchi, La nostalgie, l’automobile et
l’infini. Lectures de Pessoa, Editions du Seuil, Paris, 1998, p. 74.
23 R. Brechon, op.cit.
24 F. Pessoa, Lettre à Armando Côrtes-Rodrigues du 19 janvier
1915, In J.Blanco, Op. cit., p. 142.
25 E. Lourenço, op.cit., p. 9.
26 A. Guibert, op.cit., p.11.
27 Fragmento de Navegar é preciso, F. Pessoa, « Il
est nécessaire de naviguer, vivre n’est pas nécessaire… », Choix de
citations de Robert Bréchon, Editions Royaumont, Royaumont, 1986, p. 20.
28 F. Pessoa, Le livre de
l’Intranquillité In A.Tabucchi, Op.cit., p. 82.
29 E. Lourenço, op.cit., p. 13.
30 F. Pessoa,, « Il est nécessaire de naviguer, vivre
n’est pas nécessaire… », Op. cit., p 18.
31 R. Brechon, op.cit, p. 9.
32 R. Brechon, Ibidem.
33 A. de Campos, « Notas para a recordaçao do meu mestre
Caeiro » In F. Pessoa, Sur les hétéronymes, Editions Unes,
Périgueux, 1985, p.74.
34 F.Laye, In F. Pessoa, Le livre de
l’Intranquillité de Bernardo Soares, Op.cit., p. 21.
35 A. Guibert, op.cit., p.13.
36 R. Brechon, op.cit. p. 8.
37 A. Casais Monteiro, Lettre à Pessoa In J.
Blanco, « Pessoa en personne », Editions de la différence, Vesoul,
1986, p. 45.
38 A. Casais Monteiro, Ibidem.
39 F. Pessoa, Lettre à Armando Côrtes-Rodrigues du 19 janvier
1915, In J. Blanco, Op.cit., p 145.
40 E. Brault, op.cit., p. 156.
41 R. Brechon, op.cit, p. 8.
42 F. Pessoa, Lettre à Francisco Costa In J.
Blanco, Op.cit, p. 45.
43 F. Pessoa, Ibidem.
44 F. Pessoa, Lettre à Gaspar Simões In J.
Blanco, Op.cit.,p. 46.
45 “The poet has not a “personality” to express, but a
particular medium, which is only a medium and not a personality, in which
impressions and experiences combine in peculiar and unexpected ways.” T.S. Eliot,
(SE 20-2) In E. Brault, Op.cit., p. 21.
46 H. Fluchere, « Introduction » In T.S.
Eliot, Essais Choisis, Seuil, Paris, 1999, p. 16.
47 “Ce que je rêve ou que je vis, Avec mes manques et mes
échecs, C’est comme une terrasse qui plongerait Sur un plan plus lointain
encore – Et c’est en lui que la beauté réside.” F. Pessoa,
« Voilà », In F. Pessoa, Visage avec masques, p. 57.
48 “The more perfect the artist, the more completely separate
in him will be the man who suffers and the mind which creates; the more
perfectly will the mind digest and transmute the passions which are its
material”, T.S. Eliot, (SE 18) In E. Brault,Op.cit., p. 21.
49 “Je m’envole autre – c’est tout […] en tant que
poète je sens : en tant que poète dramatique, je sens en me détachant de
moi-même ; en tant que dramaturge (sans poète), je convertis
automatiquement ce que je sens en une expression étrangère à ce que j’ai senti,
en construisant dans l’émotion d’une personne inexistante qui la sentirait
vraiment et qui ainsi sentirait, dérivées de moi, d’autres émotions que moi,
celui qui n’est que moi, j’ai oublié de sentir”, F. Pessoa, Lettre à
Gaspar Simões InJ. Blanco, Op,cit., p. 46.
50 “C’est pourquoi j’écris au centre, De ce qui n’est pas
tout près, Maître de mon détachement, Prenant à cœur ce qui n’est pas”,
« Voilà », In F. Pessoa, Visage avec masques, Op
cit.
51 E. Brault, Op.cit., p.32
52 F. Pessoa, Lettre à Adolfo Casais Monteiro du 20 janvier
1935, In J. Blanco, Op.cit., p. 295.
53 F. Pessoa, Ibidem.
54 “The emotion of art is impersonal”, T.S.
Eliot, op.cit., p. 21.
55 E. Brault, Op.cit., p. 21.
56 E. Brault, Ibid, p. 3.
57 E. Brault, Ibid., p. 19.
58 “Poets grew furtive to defend themselves against their
reader’s scrutiny”, M. Ellman, The poetics of impersonnality. T.S.
Eliot and Ezra Pound, 1987, p. 5, in Ibid., p. 19.
59 E. Brault, Op.cit., p. 20.
60 “Poetry […] is not the expression of
personality, but an escape from personality. But, of course, only those who
have personality and emotions know what it means to want to escape from these
things.”, T.S. Eliot, (SE 20-2) in E. Brault, Ibid., p. 21.
61 Ibid, p. 156.
62 Ibid, p. 34.
63 “The progress of an artist is a continual self-sacrifice,
a continual extinction of personality”, T.S. Eliot, (SE
18), In Ibid, p. 20.
64 Ibid., p. 21.
65 “L’impersonnel naît d’une troisième personne que
dit je”, G. Deleuze, « La littérature et la
vie », in Critique et clinique, Editions de minuit, Paris, 1993,
p. 13.
66 E. Brault, Op.cit., p. 156.
67 R. Barthes, in A. Brunn, L’Auteur, A.
Brann, L’Auteur, Flammarion, Paris, 2001, 240 p. 152.
68 F. Pessoa, in “Préface”, In J.
Blanco, Op.cit., p. 65.
69 F. Pessoa, Lettre à Adolfo Casais Monteiro du 13 janvier
1935, In J. Blanco, Ibid, p. 297.
70 I. Østenstad, « Quelle importance a le nom de
l’auteur ? » Argumentation et analyse du discours, Numéro n° 3, 2009,
Ethos discursif et image d’auteur, Versión PDF. p. 3.
---
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UNAMUNO, Miguel de. Niebla, Abel
Sanchez y Tres novelas ejemplares, Editorial Porrua, México, 2002.
Varenka Hernández Bello: (México D.F.
- 1978). Comenzó sus estudios en Filosofía en la Universidad Veracruzana para
finalizarlos en la Universidad Paris 1 Panthéon-Sorbonne, donde gracias a su
investigación de tesis sobre el concepto de extrañeza en el cine de David Lynch
obtuvo el grado de Maestra en Estética y Estudios Culturales. Actualmente
realiza el doctorado en Artes y Ciencias del Arte en la misma institución,
enfocando su interés hacia la expresión de los estados modificados de
consciencia en las artes.

