Entrevista Ediciones de la Flor lanzará su
nuevo libro en abril
"Mecachendié!", lo nuevo de
Alberto Montt
Por Violeta Cofré
Odia los libros de autoayuda, a Ricardo
Arjona y que califiquen lo que hace de cómic o literatura infantil. Aquí el
ilustrador habla de su trabajo, sus gustos y sus disgustos.
Alberto Montt odia a Garfield y a Ricardo
Arjona, pero en sus viñetas sólo hace mofa del segundo. "Más que reírme de
él, me burlo de los consumidores de esa clase de música", dice, aunque en
su mirada se adivina la náusea que le produce tropezar en la radio con
"Señora de las cuatro décadas" o "Historias de taxi".
Es sencillo explorar la personalidad de
Alberto a partir de sus ironías. Así sabemos que no le gustan los b est sellers
ni los libros de autoayuda: "Un genero de mierda y literatura
chatarra". Tampoco, los eufemismos. No cree en Dios ni en los designios
astrológicos. Le irrita que libreros despistados pongan su libro en la sección de
literatura infantil y más lo enoja que clasifiquen su trabajo dentro del género
del cómic.
En abril, Montt presentará en la Feria del
Libro de Buenos Aires "Mecachendié!", una selección de las viñetas
humorísticas que, desde hace ya cinco años, sube diariamente a su blog
personal: Dosis Diarias. Una plataforma virtual, que alcanza un promedio de 25
mil visitas por viñeta. "Mecachendié!" es su quinto volumen
recopilatorio y el segundo publicado en Argentina por Ediciones de la Flor -los
otros llevan el sello de Ediciones B-, la misma casa editorial de Quino,
Fontanarrosa y Liniers. Y es un ejemplo más de su identidad gráfica (trazos
simples, mucho color, texturas) y humor ácido que no duda en utilizar en contra
de los estereotipos morales y de algunos íconos de la cultura popular. Su libro
anterior, "Quién es Montt" (2011), ya va por la segunda edición y se
espera replicar el fenómeno con "Mecachendié!" (2012).
El título proviene de un eufemismo
argentino: "Los viejos dicen 'me cacho en diez', en lugar de decir 'me
cago en Dios'. La porteñización de la expresión se unificó en una sola palabra:
'mecachendié', el concepto me gustó tanto que decidí ponerle ese nombre al
libro, así se editara en Chile o en Argentina", explica.
Antes del blog y de su sorprendente
popularidad, Alberto Montt también dibujaba. Lo ha hecho desde que descubrió el
humor gráfico a temprana edad en Ecuador, país donde nació en 1972 y al cual le
debe su particular forma de hablar (mezcla de chileno, caribeño y españolado).
A los 27 años migró hacia Santiago de Chile, esperando alcanzar profesionalidad
y experiencia en el terreno de la ilustración.
-¿De qué manera cambió tu vida después del
blog?
"Llevaba ocho años ilustrando,
trabajaba para editoriales, agencias de publicidad. Me gustaba mucho la
ilustración, pero se volvió un trabajo monótono. Ahora puedo darme el lujo de
hacer proyectos personales. El blog me dio más independencia y más seguridad
por sobre todo".
-¿Cómo publicaste tu primer libro?
"El primero lo autoedité. Hice una edición
limitada de 200 ejemplares y se vendieron todos. Aun así fue un fracaso
económico. El libro costaba unos $10.000 y yo los vendía a $10.500, y eso sin
contar las horas de trabajo, la distribución y el diseño. Pero me hizo ver que
existía la posibilidad de que alguien, que supiera manejar el negocio, se
hiciera cargo de la producción de libros. Entonces lo presenté a distintas
editoriales y finalmente lo publiqué en Ediciones B".
Con Ediciones de la Flor su nuevo libro se
distribuirá en toda Latinoamérica. "Llegarán más o menos 200 ejemplares a
cada país; tampoco es un Paulo Coelho, gracias a Dios. En Argentina el libro
costará unos US$ 20 y aquí en Chile un poco más del doble".
-¿Es rentable para ti editar libros?
"Para que sea rentable tienes que vender
mucho y el mercado en Chile es muy pequeño. Yo vivo de la ilustración, colaboro
en revistas, saco proyectos para empresas. Los libros son un maní, lo que
importa es que de pronto tu nombre suena más, por lo tanto tienes chance de
hacer proyectos personales".
Don Alberto no se mancha
Hace aproximadamente dos años que Alberto
no toma lápiz y papel para bosquejar sus ideas. En su lugar, dibuja en la
pantalla de un Macintosh y pinta, a partir de programas computacionales, "
Adove ilustrator, Adove fotoshop , los programas típicos" explica.
"Es como si tomaras un lápiz y dibujaras sobre la pantalla, sólo que, en
este caso, el computador está acostado. Además, me es mucho más cómodo, gano
tiempo, los errores son fácilmente corregibles, no tengo que levantarme del
computador, no me mancho. Por otro lado, se pierde la delicia de tener papel y
tinta; eso me gustaba mucho, pero, bueno, una cosa por otra", asume con
resignación.
-¿Todas tus ilustraciones son digitales?
"No siempre. Muchas veces dibujo una
parte a mano, otra en el computador y después las junto. Lo que pasa es que una
cosa es mi trabajo como ilustrador, donde trato de jugar con lo visual y
moverme en campos más experimentales, y otra, mi trabajo en el blog, que es una
viñeta que tengo que resolver en 30 minutos. Obviamente la solución que hago
para el blog es mucho más rápida.
-¿Qué te gusta más?
"El blog, sin duda". Me gusta en
su contexto y en su totalidad. Me gusta que sea más simple, que sea una idea y
que sea un juego para mí".
-¿Se te ocurren las ideas ahí mismo, en 30
minutos?
"No, los 30 minutos son una vez que
ya tengo la idea. Ahora, la idea puede demorarse... 40 años. Me refiero a que
las viñetas del blog vienen de un conjunto de experiencias mezcladas que tengo
desde que nací".
El oficio como un juego
Para Montt no existen horarios de trabajo.
Todos los días y a cualquier hora puede ser sorprendido por una idea.
"Puedes estar comiendo algo y te fijas en una arveja y piensas que puede
ser hermana de una aceituna y, ¡bam!, surge una viñeta".
No le gustan las palabras
"fama", "talento" ni "éxito". Prefiere pensar en
sus viñetas como un ejercicio, más o menos simple, que cualquier mortal puede
producir cinco o seis veces por semana con algo de práctica. "Hay días que
soy mas eficiente que otros. Con un día de inspiración en que se me ocurran
diez ideas tengo dos semanas cubiertas, así que puedo darme el lujo de no ser
creativo todo el tiempo", comenta.
Un ejecutivo indicando en el gráfico:
"Nueve de cada diez personas creen que son una de diez", Un reportero
que anuncia sorprendido: "Impactante estudio revela que muchos estudios no
son impactantes aunque se los promocione así". Y un ladrón que exclama con
desesperación: "¡Está bien! Lo confieso. Yo tomé el dinero. Pero le
suplico, no ponga Arjona", son parte de esa creatividad furtiva, de ese
humor irreverente que lo caracteriza.
"Yo no me siento a buscar la risa del
lector. Paso el tiempo esperando que dos ideas inconexas se crucen y generen
una nueva con otro significado. Eso es más o menos mi blog, el ejercicio de
conectar dos cosas que no tienen nada que ver entre sí pero al unirlas generan
un nuevo sentido, en un nuevo contexto".
Respecto del proceso inventivo no teoriza
y prefiere seguir improvisando. "No sé cómo vuela el avión, pero el punto
es que vuela", dice entre risas. Sí reconoce sus influencias más
importantes: Le Luthiers, Leo Masliah, Seindfeld y las desquiciadas
ilustraciones de Terry Gilliam, integrante del grupo británico Monty Python.
"Gustavo Salas, Liniers, Francisco Olea y otros humoristas gráficos de mi
generación, todos crecimos con esos modelos", comenta.
Imagen versus literatura
Su impresión respecto de las viñetas es
que son más cercanas a la literatura que a las artes visuales; a la inversa de
lo que ocurre en la novela gráfica o el cómic. "La novela grafica no
funciona sin la imagen. Si al humor grafico le quitas los dibujos y le dejas
sólo los textos igual funciona", dice.
-Pero hay viñetas que no se entienden sin
dibujo.
"Claro, son un complemento, como los
dibujos del libro álbum. Lo que quiero decir es que tú compras un concepto y no
la imagen, y que ese concepto puede estar respaldado por esa imagen. Puede ser
muy malo el dibujo, pero si la idea es buena, funciona".
El logotipo de Dosis Diarias es una imagen
de un gato naranjo con rayas grises que empuña un revólver justo en la sien.
"Es un tigre", me corrige Alberto. La caricatura inevitablemente me
recuerda mucho a Garfield.
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