samedi 11 février 2012

Vis MOLINA/Roberto SAVIANO: "Podría callarme y volver a recuperar mi vida, pero no pienso hacerlo"


Roberto Saviano
"Podría callarme y volver a recuperar mi vida, pero no pienso hacerlo"
Por Vis MOLINA 

El escritor, perseguido por la mafia italiana, visita estos días nuestro país para presentar su último libro, Vente conmigo (Anagrama)

Vive como un fugitivo, permanentemente escondido a causa de un libro que lo catapultó a la fama y de paso a la muerte. Pero a pesar de ello sigue creyendo en el trabajo riguroso y veraz, en la defensa de la ética y la democracia y en la denuncia sin tapujos de la corrupción y el crimen. 

El despliegue de seguridad es espectacular, tanto que por un momento me siento como la actriz secundaria de una película de policías y ladrones. Paso tres controles policiales nada más poner los pies en el hotel barcelonés donde tiene lugar la entrevista. Distintos guardaespaldas (pregunto y me cuentan que son miembros de la policía nacional, vestidos de paisano y puestos por el Ministerio del Interior de nuestro país) me piden mi documentación, que examinan con lupa y cuyos datos dictan en voz muy baja a quien sea que tengan al otro lado del pinganillo. Por tres veces repito lo mismo. Mi nombre completo, para qué medio trabajo, si voy a filmar o sólo grabar. Hace casi cinco años que la vida de Roberto Saviano (Nápoles, 1979) está en la cuerda floja. Periodista y escritor, valiente como pocos, comprometido hasta la médula con la compleja identidad de su país y rebelde con causa, su existencia dio un giro de 180 grados al publicar Gomorra, un fascinante relato real que desmenuza el imperio empresarial y delictivo de la Camorra, poniendo nombre y apellido a unos hechos conocidos por muchos pero denunciados públicamente por muy pocos, y convertido en un tiempo récord en un best seller internacional. 

Ahora visita Barcelona para presentar su último libro, Vente conmigo(Anagrama), basado en el programa televisivo "Vieni via con me", ideado y presentado por él mismo y acontecimiento televisivo del 2010 en Italia, superando la audiencia de la Champions League. En nueve capítulos Saviano traza un retrato único de la realidad de su país, con sus luces y sus sombras.

- Me ha enternecido leer, en los agradecimientos de su último libro, una especialísima mención a los 14 escoltas que protegen su vida día y noche. ¿Es fácil convivir con el miedo? 
- Rotundamente no. Mi existencia cambió cuando cumplí veintiséis años (hace ya cinco) y publiqué Gomorra. Desde entonces vivo en una situación muy extraña, rodeado de mucha protección y aprisionado entre dos fuerzas contrapuestas. Una es la policía, que me recuerda constantemente que estoy condenado a muerte y la otra es la de los enemigos políticos que me acusan de haber hecho de todo esto una espectacular puesta en escena para vender más ejemplares y convertirme en un personaje mediático. No sé cómo salir de esta vorágine porque yo no quiero renunciar a escribir libros de denuncia y a poner nombre a lo que veo. Podría callarme y volver a recuperar mi vida, pero no pienso hacerlo. 

- ¿En algún momento pensó que podría ocurrirle todo esto?
- En absoluto. Si mi libro no se hubiera convertido en un best seller internacional no estaría en esta situación. Yo no doy miedo por lo que cuento, sino por la cantidad de lectores que tengo. Muchos otros autores han escrito sobre la Mafia, pero mi libro ha llegado al gran público, y esto aterrorizó a los implicados. 

- Si pudiera rebobinar, ¿volvería a escribir Gomorra?
- Me encantaría ser valiente y responderle que sí, pero he de ser honesto conmigo mismo. Y la respuesta es no. Nunca imaginé que mi vida iba a convertirse en esto. Hay pocas situaciones peores que la mía, créame. Vivo como un enfermo terminal o un presidiario, sólo que no paso por el dolor que han de sufrir los que atraviesan esos trances. Pero no soy un hombre libre. No puedo salir de mi casa y subirme en una moto. Ni dar un paseo en un día de sol. Ni opinar ni decir lo que pienso...

- ¿El suyo era un propósito mesiánico?
- No, muy a menudo me otorgan el papel de profeta y salvador, e incluso héroe, pero yo no me siento así. Aunque he de reconocer que escribir tiene mucho de exhibicionismo. Yo sólo quiero contar. Soy de temperamento obsesivo y mi obsesión es denunciar los crímenes y los horrores de la Mafia. He visto muchos abusos, y cuándo éstos se extienden y ramifican son los gobiernos de los países interesados los que tienen que intervenir. 

El caso es que este joven periodista y escritor vive con la muerte en los talones desde 2007, en que Gomorra batió limpiamente la cifra record de más de dos millones de ejemplares vendidos y empezó a recibir serias amenazas de muerte. A partir de ese momento pasó a ser esclavo de un extraordinario dispositivo de seguridad. Su paradero es un escondite continuo, lo que le lleva a tomar medidas tan agotadoras como la de no dormir en el mismo lugar más de tres noches seguidas. A pesar de ello, no parece un hombre triste ni ha perdido el sentido del humor. "Si volviera a nacer me dedicaría a escribir novelas de amor”, me suelta con una gran sonrisa. Alto, muy delgado, con un físico latino por los cuatro costados excepto por el color de su tez, sorprendentemente pálida. Mandíbula poderosa, cejas tupidas y una mirada oscura y ardiente como una brasa de carbón. El suyo es un verbo elegante y magnético, de silencios bien dosificados y expresivos. Lo que se dice un buen comunicador. Y su pluma, seca y rigurosa, se ha convertido en el símbolo de la Italia honesta que rechaza la corrupción y los abusos. 

- ¿Funciona la justicia italiana?
- No. Es muy lenta, aunque mucho menos corrupta de lo que se cree. Es más inoperativa que corrupta. Y el gobierno de Berlusconi ha hecho mucho daño a la justicia. 

- ¿El temperamento latino va ligado a una manera de actuar propia de organizaciones mafiosas? 
- Probablemente sí. Nunca había pensado en estos términos pero es evidente que el machismo es una de las características fundamentales de las organizaciones mafiosas. Mi familia me salvó de la relación con la Mafia, pero el clima sentimental y sexual que se vive en Nápoles es idéntico al que se respira dentro de la organización. Todos los napolitanos nos hemos educado en unos parámetros muy concretos y con unos valores determinados, que coinciden plenamente con los que se viven en los ambientes mafiosos. Por ejemplo, existe el tabú de la homosexualidad y la mujer tiene un papel secundario en todos los aspectos, incluso en las relaciones sexuales. Hay una puesta en escena muy aparatosa y grandilocuente alrededor del macho, éste debe ser muy masculino hasta en los detalles más nimios, como puede ser el aseo personal. Un hombre que huele demasiado a colonia o a jabón puede ser sospechoso de homosexualidad. Hay una parasabiduría popular que engloba el mensaje subliminal de que la mujer debe estar bajo el dominio del macho, por mucho que en la sociedad actual y moderna se hable de la liberación de la mujer. En la Italia del Sur el hombre meridional es el único modelo masculino válido, acogido a un prototipo muy básico y muy primario. Y éste es el principio que rige las relaciones dentro de la Mafia. Todos estos parámetros son muy útiles para un adolescente varón, porque le hacen sentirse muy fuerte y poderoso.

- De modo que usted sentimentalmente entiende muy bien las reglas internas de la Mafia...
- Sí, claro, yo nací en este ambiente y recibí esta educación. Por ejemplo, en mi entorno era impensable que una mujer fuera sola a la playa y exhibiera su cuerpo. Eso sólo es posible si va acompañada de su padre, de su marido o de su novio. Y esta regla sigue totalmente vigente. Y yo para huir de eso me volqué en mi trabajo. Era mi manera de escapar a esa realidad.

- ¿Cómo han reaccionado las industrias del lujo ante sus acusaciones de que manufacturan con dinero mafioso?
- Con el silencio más rotundo y la más fría indiferencia. Tampoco esperaba otra cosa.

- Vente conmigo sigue por el camino de la denuncia: son historias televisivas convertidas en libro. 
- Sentía la necesidad interior de retratar la Italia de hoy y de profundizar en las heridas que desde hace muchos años laceran a mi país. Yo defiendo la ética como principio que debe regir la vida pública y los negocios privados en un país que ya no vive bajo totalitarismos fascistas, de acuerdo, pero sí sometido a mecanismos censores que no toleran que se hable de la máquina del fango, de la ósmosis de la Mafia en la política, del soborno, de la compra de votos y de los negocios a cuenta de los residuos. No sé si tengo fe en mi país, pero sí una cierta esperanza desde que cayó Berlusconi, un verdadero hooligan de la política. Espero que nazcan una izquierda y una derecha distintas.

- Debido a su situación personal, usted ya no puede investigar. ¿Qué tiene ahora entre manos?
- Desde luego, desgraciadamente ahora mis únicas fuentes son los jueces, los policías y los documentos. Pero tengo una interesante propuesta de una televisión española para hacer un programa. Y no le digo nada más por pura superstición.

- Me ha emocionado el decálogo con el que acaba su Prefacio de Vente conmigo. ¿Cambia la escala de valores después de una experiencia personal como la suya?
- Completamente. En realidad cambia todo. Yo soy otro ahora. Tengo que conformarme con vivir escondido, pero sigo creyendo en verdades muy profundas y valorando cosas tan simples como el sabor de la mozzarella de búfala de Aversa. 

***
El dedo de Saviano en llaga de la corrupción italiana

Lea un fragmento uno de sus discursos televisivos, recogidos en el libroVente conmigo

Un retrato único de la Italia de hoy firmado por el autor del bestseller internacional 'Gomorra'. Roberto Saviano ahonda en algunas de las heridas que afligen a la nación italiana: la falta de reconocimiento del valor de la unidad nacional, la expansión del crimen organizado en el Norte, las numerosas tragedias anunciadas... 

La máquina del fango

De un tiempo a esta parte vivo como una especie de obsesión, una obsesión que concierne a la máquina de fango, el mecanismo con el que es posible difamar a cualquier persona. Y tengo esta obsesión porque nací en una tierra en la que cualquiera que haya decidido obstaculizar al crimen organizado ha sufrido siempre esa clase de deslegitimación total. Incluso los que son asesinados, los que han muerto y caído por enfrentarse a las mafias, son difamados. Y por lo tanto soy sensible, tengo los nervios a flor de piel frente a ese mecanismo. 

Siento que la democracia está literalmente en peligro. Puede parecer exagerado, pero no lo es. La democracia está en peligro desde el momento en que, si te enfrentas a ciertos poderes, si te enfrentas al gobierno, lo que te espera es el ataque de una máquina que te llena de fango: un ataque que partede tu vida privada, de hechos minúsculos de tu vida privada, que son utilizados contra ti.

No es lo mismo difamación que investigación. La investigación recoge múltiples elementos para mostrárselos al lector. Los periodistas sueñan con tener la mayor información posible para poder profundizar, para poder encontrar elementos que demuestren, establezcan, defiendan. La difamación, en cambio, toma un elemento del contexto, una cosa privada que no tiene relación alguna con la cosa pública, y lo utiliza contra la persona a la que se ha decidido difamar. La democracia está en peligro en la medida en que, cuando enciendes el ordenador para escribir tu artículo, al mismo tiempo piensas: "Mañana me atacarán sobre cosas que no tienen nada que ver con la vida pública, nada que ver con cometer un delito." No has hecho nada malo, pero usarán tu vida privada contra ti, te obligarán a defenderte. Entonces, quienquiera que seas, alcalde, asesor, médico, periodista, antes de criticar te lo piensas un poco. Cuando eso ocurre, empieza a agrietarse la libertad de prensa, empieza a agrietarse la libertad de expresión. 

Es obvio: Italia no es China, ni una dictadura fascista; no se detiene a nadie por lo que escribe. Pero la confusión entre difamación e investigación es un método. Es el modo de defenderse de quien difama. El objetivo es poder decir: "Todos somos iguales." El mecanismo de la máquina de fango, enel fondo, es esto: poder decir "Vosotros también lo hacéis", "Todos lo hacemos". Y ese método funciona muy bien, porque en el fondo es lo que la gente quiere oír. Porque si somos todos iguales, nadie necesita sentirse mejor, hacer algo para ser mejor. La máquina de fango quiere decir: todos tenemos las manos sucias, todos somos iguales. 

La fuerza de la democracia es la multiplicidad. En cambio, el instinto que está emergiendo en el país, por desgracia, es el de decir: todos somos iguales, todos idénticos, todos somos lo mismo. Es ahí donde vence la máquina de fango. Hay que saber ver las diferencias. La diferencia es lo que la máquina de fango no quiere que intuya el espectador, el lector, el ciudadano. Una cosa es la debilidad que todos tenemos, y otra el delito. Una cosa es el error, y otra la extorsión. Los políticos pueden equivocarse: significa que actúan. Pero una persona que se equivoca es algo muy distinto de una persona corrupta. 

En realidad, frente a la máquina de fango no hay que responder diciendo: "Nosotros somos mejores. " Hay que decir: "Nosotros somos distintos." Hay que subrayar la diferencia, no meterlo todo en el mismo saco. Señalar, por ejemplo, que la privacidad es sagrada y uno de los pilares de la democracia: poder declarar el propio amor a la persona a la que se ama sin que nadie lo escuche. A menudo me pongo este ejemplo para entender los límites invadidos por la observación, por el cotilleo que se convierte en instrumento del poder para chantajear: imagino lo que significaría ser fotografiado cuando uno está en el baño. Todos vamos al baño, todos nos sentamos en la taza, no tiene nada de malo. Pero si alguien te fotografía allí y difunde la foto de ese gesto universal, pierdes credibilidad, porque las personas con las que te encuentres -tus vecinos, tu audiencia si tienes una actividad pública-, cuando hables, siempre recordarán esa foto, esa imagen. Y, sin embargo, no has hecho nada malo. 

Es importante entender que hay límites que son el fundamento de la democracia. Una cosa es una declaración de amor, y otra presentar como candidatas a tus amigas porque te gustan y luego acabar como una posible víctima de chantajes y extorsiones. Eso deja de ser privado porque se convierte en un condicionamiento de la vida de todo el país. La primera, la privacidad, es deseo de vivir; la segunda es abuso de poder. La diferencia es fundamental, porque el objetivo de la máquina de fango es decir precisamente: es todo lo mismo. Y, sobre todo, bajad la mirada, no critiquéis, haced que gane el más astuto; y, si criticáis, esto es lo que os espera: toda vuestra vida privada se convertirá en pública. 

¿Qué sucede en Italia cuando se molesta a quien manda? Se activa una máquina hecha de dossieres, de periodistas conniventes, de políticos intrigantes que tratan a través de medios de comunicación y chantajes de deslegitimar a sus rivales. Podría contaros muchas cosas. La historia de la casa de Montecarlo del presidente de la Cámara, Gianfranco Fini, surgida cuando empezó a disentir de algunas de las posiciones de su partido. Pero ¿dónde estaba el delito? Era un gesto inelegante, inoportuno. Mas no había delito. Podría contaros la historia de Dino Boffo, el director del diario católico Avvenire, que había empezado a criticar tímidamente la conducta de Berlusconi. La máquina de fango dio a entender que estaba en posesión de un documento de naturaleza judicial que rezaba: "Conocido homosexual, ya objeto de atención de la policía." Pero ¿cuál era el delito?, ¿la homosexualidad? Podría contaros que la presunta homosexualidad de Stefano Caldoro se convirtió en el arma utilizada por un colega suyo de partido, Nicola Cosentino, para arrebatarle el puesto de candidato a gobernador de Campania.

¿Cómo se puede imaginar que la homosexualidad sea considerada un crimen? ¿Cómo se puede pensar en utilizarla como deslegitimación? En realidad, esta desinformación es algo más que la simple calumnia, que actúa sobre todo con los enemigos. La desinformación aspira a destruir a las víctimas en el bando de los amigos, se utiliza como castigo, para obligarte a defenderte con tus familiares, a decir cosas que nada tienen que ver con tu actividad pública. Siembra dudas e insinúa sospechas que precisamente los amigos deben temer. Sea cual sea tu estilo de vida, sea cual sea tu trabajo, sea cual sea tu pensamiento, si te enfrentas a ciertos poderes éstos responderán siempre con una única estrategia: deslegitimarte. 

Esta máquina de fango no ha nacido hoy: funciona desde hace ya tiempo. Es por eso por lo que quisiera contar la historia de un hombre que sufrió y resistió a la máquina de fango, y al que sólo detuvo la trilita. Ese hombre se llamaba Giovanni Falcone. En 1983 muere asesinado Rocco Chinnici, un juez antimafia, un hombre valeroso, víctima también él de la deslegitimación: veinticuatro horas después de su muerte se dice que ha sido asesinado por motivos sentimentales. A raíz de este homicidio, la Oficina de Instrucción del Tribunal de Palermo pasa a estar bajo el mando del juez Antonino Caponnetto, quien decide crear un grupo antimafia integrado por magistrados dedicados a tiempo completo y de manera exclusiva a los procesos relacionados con la mafia. Se invita a formar parte de él a Giovanni Falcone, Paolo Borsellino, Giuseppe Di Lello y Leonardo Guarnotta. Este grupo cambiará para siempre la historia jurídica mundial, puesto que es capaz de abordar la cuestión criminal no sólo como una cuestión de seguridad, sino también como un elemento de la economía occidental. La abordan, la estudian, entienden sus códigos, logran concluir el mayor proceso contra la mafia jamás instruido: 19 cadenas perpetuas para todos los miembros de la cúpula, y 2.665 años de cárcel para 339 acusados. En fin, gracias a este grupo Italia descubre que tiene las pruebas oficiales definitivas de la existencia de la Cosa Nostra. 

El trabajo de los jueces es intenso y muy peligroso, y por ello se moviliza un fuerte aparato de protección, que es criticado por los periódicos. Éstos atacan al grupo y atacan a Giovanni Falcone. En lugar de mostrarse orgullosos de él, lo aíslan. La gente tiene miedo o, peor, se siente fastidiada por esa guerra librada en su propia ciudad. El despliegue de fuerzas se percibe como algo molesto, y parece que los ciudadanos juzgan lo que está sucediendo como una especie de lucha privada entre Falcone y la Cosa Nostra.[...] 

Articulo : http://www.elcultural.es 08/02/2012

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