DEBATE
¿Deben los intelectuales y creadores
expresar sus opiniones públicamente?
Por Winston Manrique Saboga
Hay tres corrientes frente al papel que
deben asumir los intelectuales y los creadores en el mundo contemporáneo: Los
que dicen que zapatero a tus zapatos, los que esperan que se pronuncien pero
sólo a través de sus obras y los que opinan que podrían expresar públicamente
su compromiso con el mundo y señalar cosas e invitar a la reflexión. Las tres
son válidas, evidentemente. Pero a mí siempre me ha gustado e interesado saber
qué piensan las personas que admiro por su talento para la creación artística,
la filosofía o el pensamiento, en general. Sea en tiempos convulsos o serenos.
Ese es el tema de portada hoy
en Babelia: ¿Dónde están los intelectuales? Una entrevista a Alan
Minc, que acaba de publicar Una historia política de los
intelectuales (Duomo), y una encuesta con varios filósofos,
científicos, artistas y escritores sobre el papel que deberían cumplir hoy los
intelectuales.
Yo no espero que ellos hagan milagros con
sus palabras. Tampoco espero ni me interea que se pronuncie cualquiera. No
espero compartir todo lo que digan. Pero sí espero que alguien igual que yo,
como ciudadano, pero con con algunas cualidades o talentos mejores que los
míos, me indique cosas, me invite a la reflexión y estimule las ideas. Espero
que alguien, algunos, enriquezcan los puntos de vista y amplíen nuestro
panorama del mundo y de la vida. Espero que compartan sus inquietudes.
Una figura de pensador magistral y un
aspecto que en los últimos tiempos ha decaído, casi extinguido. Es verdad que
hay mucho ruido en todas partes, demasiadas voces opinando, pero no son,
precisamente, las de los intelectuales o los creadores. Y lo que sí me gustaría
es que compartieran conmigo, con todos nosotros, al menos a veces, sus ideas y
opiniones sobre tantos aspectos clave del presente.
Respecto al papel que ocupan los
intelectuales en la sociedad, Fernando Savater dice: "Los intelectuales
son escritores, profesores y artistas que quieren hacerse oír fuera de sus
áreas de trabajo sobre cuestiones políticas y sociales. Deberían aportar al
debate público argumentos o propuestas que trascendiesen las cautelas del
pragmatismo político habitual, para así enriquecer la comprensión y no la
confusión o la simplificación de esos temas".
En otra punta está el esritor
estadounidense Jonathan Franzen: "Me siento un poco como alguien que
trabaja en una fábrica y vienen a preguntarle cuál debe ser la función de los
trabajadores hoy en día. Supongo que debe ser un rol parecido. En cada caso la
respuesta debe ser la misma: ser un buen ciudadano, prestar atención a lo que
sucede y votar. Hay algo que diferencia mi situación del que hace muebles y es
que como ciudadano siento cierta responsabilidad para hablar de las formas de
injusticia que son importantes para mí. No creo que los norteamericanos busquen
consejos políticos de los escritores. Para los americanos esa es una idea
ridícula, así como pedirle a un fabricante de muebles que arregle el mundo. Su
respuesta sería: “Así es como yo ayudo, haciendo los muebles lo mejor que
puedo”.
Y entre las dos opiniones, el autor
holandés Cees Nooteboom: "A lo largo de la historia, los intelectuales han
cometido errores notables. Admiro a Foucault, pero creo que se equivocó al
apoyar el retorno de Jomeini a Irán. Como recordarán promovió una gran
manifestación en París. Knut Hamsun admiraba a Hitler. Neruda escribió una oda
para Stalin. Solo me manifesté públicamente contra el bombardeo estadounidense
de Camboya y el resultado de aquello fue el cese de los bombardeos y el
comienzo del régimen sangriento de Pol Pot. Los intelectuales son ciudadanos
como cualquier otro, lo que significa que nadie es infalible, pero deberían ser
cuidadosos. No digo que tengan que callar. La libertad de expresión es un gran
bien, pero uno debe estar informado lo mejor que pueda"
Articulo : http://blogs.elpais.com 25/02/2012

