samedi 24 mars 2012

Andrés HAX/ Patricio PRON: “La literatura es una forma de participar en los asuntos de mi tiempo”


LITERATURA
Patricio Pron: “La literatura es una forma de participar en los asuntos de mi tiempo”
Por Andrés HAX

De visita en Buenos Aires para presentar su última novela, "El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia", el escritor argentino residente en Madrid cuenta cómo su intento de abandonar la literatura fracasó por la necesidad imperiosa que tiene de escribir.

Tras escribir sus primeros libros —tanto de relatos  como novela— Patricio Pron, nacido en Rosario en 1975,  entró en una leve crisis existencial y decidió no escribir más. Con apenas 25 años, sintió que los cuentos y novelas que había escrito no lo representaban. Y entonces cambió el rumbo de su vida. Se fue a Göttingen, Alemania, para cursar un doctorado en filología romántica. Se había dado un plazo distante para retomar, quizás, a escribir: cuando tuviera 39 años, ya que se había hecho la idea que esa era la edad en la cual comenzaban a tomar en serio a un escritor joven en la Argentina. Hoy Pron —con doctorado en mano desde el 2008, el año desde cual vive en Madrid—  tiene 36 y es considerado entre los mejores 22 escritores jóvenes en español por la revista Granta. O sea, no pudo dejar de escribir.

En estos días Pron visita Buenos Aires presentando su última novela, El espíritu de mis padres sigue subiendo en la lluvia. Es una ficción autobiográfica: un joven escritor vuelve desde Europa a la Argentina para acompañar a su padre afligido por una grave y súbita enfermedad. Allí el narrador se choca con la inquebrantable verdad de que no se puede volver a casa. Pero pasa otra cosa, y este es el meollo de la novela. Entre sus visitas al hospital y su tránsito por la casa de su infancia el protagonista se cruza con una gruesa carpeta que pertenece a una investigación informal de su padre, que es periodista. A través de una minuciosa lectura de los documentos de este archivo se desentraña una crónica que mezcla una misteriosa muerte del pueblo con la historia de una amiga del padre desaparecida en 1977.

Hablamos con Pron en el café de una grande y acogedora librería en los límites de Palermo Hollywood. Viste de negro; usa zapatillas de talón alto marca Converse (en esta ocasión, también negras, pero suele usar de color hot pink); usa unos lentes enormes de armazón negro, como los que usaba Elvis Costello a fines de los 70; sus manos son blancas y delicadas, como las de un violinista; usa las uñas levemente largas e inmaculadamente limpias. Su acento es mucho más madrileño que porteño.

¿Como es tu relación afectiva actual con la Argentina? ¿Y cómo influye eso en su obra?
Mi relación sentimental con la Argentina es tan buena y tan mala como es la de todos los argentinos en este país. Sin embargo yo me considero un escritor argentino a pesar de vivir afuera. Me gusta creer, en mis momentos de optimismo -que son escasos- que participo en una tradición específica de las letras argentinas, que es la tradición de aquellos autores que escribieron afuera. Pensando, sin embargo, en los efectos que iban a crear en la Argentina. Esa tradición es muy rica, por razones políticas posiblemente… Yo me considero parte de esa tradición. O aspiro ser leído como parte de esa tradición. 

Y en los pormenores del uso del idioma… ¿Usás un castellano más neutro? ¿O más madrileño que argentino?
No es una cuestión deliberada. Simplemente es el resultado de que hace muchos años que escribo afuera. Los escritores argentinos que vivimos afuera tenemos el inconveniente de que todos nos preguntamos acerca de cómo deberían hablar los personajes. Habida cuenta que nos hemos marchado y hemos perdido conexión con la lengua oral de la argentina, corremos el riesgo de limitar esa lengua oral, que nuestros personajes hablen de alguna manera como los personajes de Cortázar. Sabés que Cortázar creía que sus personajes hablaban como argentinos, pero en realidad hablaban como pitucos porteños de los años 40 y 50, que fueron las últimas décadas que el vivió aquí. Entonces es dificultoso. Casi todos tenemos este problema de una forma u otra. Pero en mi caso, al menos, no hay ningún intento de aspirar a un español neutro. Que por otro lugar, no existe. Ante de la incertidumbre sobre cómo deben hablar los personajes, los personajes hablan finalmente como hablas tu.

En un momento pensante en dejar de escribir. Contame, ¿cómo fue eso?
Simplemente yo había publicado una serie de libros aquí en Argentina y estaba descontento con los libros que había escrito. Y descontento con lo que se decía sobre esos libros. En buena parte lo que se decía de esos libros era muy positivo, pero no parecía reflejar mis intereses o mis aspiraciones. También tenía la impresión que en Argentina un escritor joven es alguien que tiene 39 años; y que era solo a partir de esa edad que eras tomado en serio. Al menos era así en esa época, los 90 en Argentina. Entonces yo me dije, “Pues tengo 16 años para desperdiciar, y lo mejor es que los desperdicie en un sitio donde pueda aprender algo.” Como Alemania. Pero me prometí firmemente no escribir más, en virtud de este descontento. Y dejé de escribir durante un periodo – muy breve, por otra parte, medio año o algo así. Simplemente no pude dejar de hacerlo. No fue una decisión deliberada volver a escribir. Simplemente fue una necesidad. En el momento en el que simplemente no pude dejar de escribir, la escritura se convirtió en uno de los tantos fracasos personales con los que cargo. Cuando volví a hacerlo, sin embargo, sí decidí hacerlo bajo premisas completamente diferentes a las que han precedido mi trabajo hasta el momento. Y eso sí fue muy enriquecedor.

¿Por qué no podías dejar? ¿Qué es lo que necesitabas del escribir?
En primer lugar, había una necesidad de escribir en virtud de que —como sabes, mi memoria es muy mala; y buena parte de mi vida cotidiana se convirtió en una especie de persecución de mi mismo. Consistía en documentar lo que yo he hecho, tan solo para mi mismo y en virtud de que si no lo hacía lo iba a perder, me lo iba a olvidar. Por lo tanto, se me volvió ineludible volver a escribir. Al menos volver a llevar diarios. Pero por otro lado se me instalaba la convicción de que tenía algo para decir y que había algunas personas que estaban, allí afuera, con interés de escucharme. Y estaba la cuestión también de que, supongo por la forma en que fui criado, la literatura es para mí una forma de participar en los asuntos de mi tiempo. Quizás una forma ineficaz o incompleta, pero tal vez sea la única forma que yo conozco para expresar esta voluntad de la transformación que es un mandato para quienes somos hijos de activistas políticos de los setentas.

Articulo:  http://www.revistaenie.clarin.com 23/03/2012

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