samedi 17 mars 2012

Daniel FERMÍN/ Cada vez hay más concursos en la literatura venezolana. ¿Qué hay tras ellos?


Premios como minas
Cada vez hay más concursos en la literatura venezolana. ¿Qué hay tras ellos?
Por Daniel FERMÍN 

Gabriel Payares ganó el año pasado dos concursos literarios. Luis Moreno también. Escritores jóvenes que se dan a conocer tras el reconocimiento en distintos certámenes. Ya lo dijo Héctor Torres en el sitio web de la Sociedad de Autores y Compositores de Venezuela: los premios, en la literatura, son como una mina de la que se extraen piedras peculiares. 

Venezuela cada vez tiene más. El mes pasado cerró la convocatoria para el Premio de Cuento Policlínica Metropolitana; la próxima semana, la editorial Equinoccio anunciará las bases del I Premio de Cuento Oswaldo Trejo; Monte Ávila aún tiene abierto el llamado del Concurso para Obras de Autores Inéditos. Y así, otros. 

Hay escritores que defienden la existencia de esos certámenes. Como Carlos Sandoval, por ejemplo. "Soy un ferviente defensor de los premios literarios. Le dan visibilidad a la obra de un autor que apenas comienza y del que ya está instalado en el circuito de la literatura venezolana. Abogo porque hayan más, que sean legitimadores de las propuestas de los escritores del país", dijo el crítico, autor de El círculo de Lovecraft. 

Los concursos son un miembro más del sistema literario. Una catapulta que te lanza a la palestra. Así no tengan tanta repercusión mediática como en el pasado. "Ahora hay más premios. La oferta y las posibilidades de ganar son mayores, pero ya no tienen el monopolio publicitario que tenían antes. A mí me han llegado bases que dicen que no hay remuneración metálica, pero que tendrás la fama. Y es eso: tratar de ponerle a tu trabajo un cintillo que te distinga entre la oferta editorial que hay", dijo el escritor Norberto José Olivar, que fue jurado del último Concurso Nacional de Cuentos Sacven. 

A mediados del siglo anterior, ganar el Concurso de Cuentos de El Nacional era el objetivo de vida de cualquier autor. Lo consagraba, le garantizaba un futuro en el sector. También el de Fundarte tenía gran importancia. Ya esa época quedó atrás. Hoy todos, en su conjunto, ofrecen un panorama general de cómo o qué se escribe en Venezuela. Más premios, más estímulos, más escritores. 

Los jueces 

Un concurso literario suele tener un jurado de tres personas. La metodología de evaluación varía dependiendo de la organización. "Cada vez es más frecuente que los jurados empiecen a interactuar por correo o teléfono antes de reunirse. Así reducen su selección, de 200 candidatos a 20 ó 10. Por lo general, uno siempre está de acuerdo. Terminamos aceptando el criterio mayoritario y avalándolo por una decisión unánime", explicó Carlos Pacheco, jurado del Premio Iberoamericano de Novela Arturo Uslar Pietri que se hizo en 2009. 

El proceso de selección es rápido. No hay por qué leer todas las obras completas, de principio al fin. Hay unas que se descartan a la tercera página. "Un jurado experto puede dejar de lado un texto enseguida. Eso sucede con las 300 novelas del Rómulo Gallegos o con los 60 volúmenes de cuentos que van a otro concurso. Uno tiene ojo para ver qué cosas no van para el baile", agregó Pacheco. 

Carlos Noguera tiene una dinámica. "Yo divido los cuentos en tres categorías: A, que son posibles ganadores; B, que pueden ser discutidos, que pueden acceder a una mención; y C, que no tienen nada que buscar en el concurso", indicó el miembro del jurado del Premio de Cuento Guillermo Meneses. 

De esos últimos son los que más abundan. "Hay algunos que, al leer el primer párrafo, te hacen preguntar para qué envió esto acá. La gente se equivoca. Manda cuentos demasiado ingenuos, hasta con unos dibujitos", agregó Noguera. Son solo unos pocos las obras que ponen a discutir al jurado. 

Otro tema para la discusión: los concursos amañados. O el favorecimiento de un miembro del jurado hacia algún amigo concursante. "Yo acabo de experimentar algo así. Una persona apareció en las tres listas de posibles ganadores de un certamen en Margarita. Al abrir la plica, resultó ser una conocida que trabaja en Monte Ávila. Yo, en el veredicto, pedí salvar mi voto por ética personal", dijo el presidente de la casa editorial que pertenece al Estado. 

Y así, hay historias parecidas que hacen pensar que los favores van más allá de leyendas urbanas. Aunque no suele ser lo habitual. "Yo nunca he escuchado de un concurso donde el premio ya estaba previamente adjudicado. Lo que sí pasa es que si conoces al jurado, su forma de escribir, puedes dirigir tu forma hacia allá. Por ejemplo: en 1982 Lourdes Sifontes ganó el concurso de El Nacional con Oswaldo Trejo como miembro del jurado. Trejo tenía un tipo de escritura experimental, y el cuento de Lourdes también. Allí pesó mucho la perspectiva estética del jurado", dijo Carlos Sandoval. Está claro: cada concurso, cada jurado, tiene su estilo. Y cada vez son más los autores que se dan a conocer a través de ellos. 

Articulo: http://www.eluniversal.com 06/03/2012

Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ∕Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules

Violeta PARRA: cabeza de pájaros azules Por Juan ÍÑIGO IBÁÑEZ 2017 marca el centenario de la cantautora de “Gracias a la vida” y ta...