dimanche 25 mars 2012

Daniel SWINBURN/ La crisis de la cultura según Mario VARGAS LLOSA


ENCUENTRO en el CEP: Una conversación con el escritor
La crisis de la cultura según Mario VARGAS LLOSA
Por Daniel SWINBURN

Próximo a publicar su nuevo libro, el autor escudriña en el fenómeno de lo que llama la frivolizacion de la cultura, situación que, paradójicamente, se da en un momento de inmensas posibilidades tecnológicas.

En medio del homenaje a Jorge Edwards que se desarrolla en la sala de conferencias del Centro de Estudios Públicos, Mario Vargas Llosa se pone de pie y camina hacia la salida, nos saludamos brevemente y nos dirigirnos a una oficina donde tendremos la entrevista. Un trayecto de un minuto y medio tal vez, entre pasillos y escaleras, que hicimos en silencio, y en el que, de súbito, vinieron a la mente los primeros recuerdos de mi afición por la literatura y las primeras lecturas que hice de este autor, y que marcaron gustos, preferencias, ideas y prejuicios. Recordé “La Ciudad y los Perros”, “La Guerra del Fin del Mundo”, “Conversación en la Catedral”, y, particularmente, me vino a la memoria su libro de ensayos, “Contra Viento y Marea”, que leí con pasión en los años postreros de la Guerra Fría. Fue un libro revelador, leído junto a las obras del filosofo Karl Popper, en esa misma época, y me parecía que las ideas del autor austriaco se encarnaban muy bien en esos ensayos de Vargas Llosa que analizaban la coyuntura histórica de los anos ochenta del siglo XX.

En ese momento llegamos a la oficina, nos sentamos frente a frente y le comento estos recuerdos personales.

“He sido un lector de la obra de Popper desde siempre. A mi también me marco muchísimo su lectura, porque además lo leí en un momento justo, cuando andaba con todo un desencanto ideológico; me ordeno, me dio una visión completamente nueva y mas bien optimista de la política, de la historia. Seguramente influyo en mi libro “Contra Viento y Marea”. Yo creo que desde que leí a Popper su influencia tiene que haber sido muy grande, aunque no sea siempre muy visible. No solo sus ensayos políticos, sino también los filosóficos, su idea de la verdad, como algo provisional, como una búsqueda que no cesa nunca, que puede ser falseada por otra verdad que la ciencia impone y lo obliga a uno a revisar todas sus convicciones. En ese sentido, la filosofía de Popper no solo es muy realista, sino que tan apegada a una época en la que nosotros hemos visto como se desmoronaban tantas verdades que parecían inamovibles y la historia cambiada de una manera radical. Su pensamiento, de alguna manera, anticipa todas esas crisis a partir de la crisis a partir de la crisis traumática que fue para él la presencia del nazismo en su país (Austria)”.

-Él se fue a Nueva Zelandia, durante la Segunda Guerra Mundial, y ahí escribió su famosa obra “La Sociedad Abierta y Sus Enemigos”.
-“Fue un bonito geste ese, de decir, yo voy a combatir al nazismo, y su manera de hacerlo fue ponerse a estudiar a Platón y buscar las raíces del totalismo.

Él no hizo una selección de autoritarismos en función de las necesidades de la guerra, sino que condeno el autoritarismo en bloque y fue uno de los primeros en establecer un común denominador entre el autoritarismo fascista, nazi y comunista. Hacerlo en esa época era muy difícil, cuando él escribe su famoso libro, el comunismo estaba luchando contra el fascismo y el nazismo, y había una tendencia a ser más tolerante con él. Pero Popper fue absolutamente categórico al decir que las raíces del totalitarismo están detrás tanto del fascismo como del comunismo y el nazismo. Un libro extraordinario, que tiene una vigencia absoluta, aunque desgraciadamente poco leído y poco conocido en América Latina”.

-De todas formas su desilusión de los totalitarismos fue anterior a la lectura de Popper.
-“Si, fue anterior, comienza en los años sesenta en Cuba. Fui cinco veces a Cuba ya no recuerdo si a partir de la segunda o tercera vez empecé a notar cosas que no había visto, o que no había querido ver. Lo que si recuerdo es que muchos amigos, escritores intelectuales, me dieron la impresión de que no me decían todo lo que ocurría, porque tenían miedo o porque sabían que no podrían hacerlo, y empecé a notar un mundo de muchos silencios. Y sobre todo, lo que yo recuerdo mucho, y que si fue un momento casi fronterizo para mi, fue la creación de las U.M.A.P. que eran unidades de apoyo a la producción; en verdad, campos de concentración, creados para poner ahí a disidentes, a criminales comunes y homosexuales. Conocía muchos jóvenes homosexuales en Cuba que estaban totalmente identificados con la revolución y que fueron a parar a esos campos. Hubo ahí suicidios. Fue el primer trauma serio que tuve con Cuba. A partir de ahí empecé a ser bastante critico, después, vino el apoyo de Fidel a la invasión de Checoslovaquia por el Pacto de Varsovia y escribí mi primera critica directa, que se llamaba “El socialismo y los tanques”.

-El desmarque suyo de Cuba es un poco anterior al de Edwards.
-“Si. El vive la experiencia cuando va Cuba en 1971. La última vez que yo estuve ahí coincidí con Jorge, y vi lo que estaba viviendo, que era algo completamente paranoico. Al poco tiempo que me fui vino la captura de Heberto Padilla y la ruptura. Pero yo creo que la evolución con Jorge ha sido muy semejante. Recuerdo a comienzos de los años sesenta cuando íbamos juntos, en Paris, a los cócteles de la embajada de Cuba. Éramos revolucionarios, Jorge era diplomático, y se la jugaba, porque atacaba muy violentamente a Frei en esos momentos, que era el gobierno que él servia, lo que demuestra que la democracia funcionaba en Chile. Un funcionario diplomático no seguía la líneas de su gobierno y no le pasaba nada”.

Una amistad de 50 años

-¿Ahí nació la amistad con Jorge?
-“Claro, lo conocí el ano 62, cuando acababa de llegar como tercer secretario. Yo tenia un programa en la radiotelevisión francesa que se llamaba «La literatura en debate», donde cada semana comentábamos algún libro o hecho cultural de Francia. Lo invité a participar muchas veces y nos hicimos muy amigos. Hacíamos excursiones literarias todos los fines de semana, íbamos a ver casas de escritores, la casa de Rousseau, de Flaubert, las ruinas de Port Royal, la casa de Balzac, los cementarlos… Porque, como Jorge, yo tenía el fetichismo de los lugares de los escritores. El estaba escribiendo su primera novela, “El peso de la Noche”, y yo había terminado “La Ciudad y los Perros” y comenzaba a escribir “La Casa Verde”. Nos leíamos los manuscritos. Y ya llevamos mas de 50 años…”

-¿Y cual es el secreto que se haya mantenido en el tiempo esa amistad?
-“Es una sin sombras, transparente, muy intensa y de grandes coincidencias políticas, nuestro entusiasmo con Cuba y nuestro desencanto posterior, que fue también paralelo. Después, cuando Jorge se exilia, se va España, donde nos vimos muchísimo, en los anos setenta. Ha sido una de las mejores amistades que he tenido, muy enriquecedora, hecha a base de libros intercambiados, ideas intercambiadas, y, también, de discusiones literarias, porque ahí hemos tenido diferencias. Después del programa de literatura, nos íbamos a un bistro, y sosteníamos conversaciones, algunas interminables, sobre quien era mas importante, si Tolstoi o Dostoievski, yo defendía al primero y él, al ultimo. Otra sobre Faulkner y él a Dos Passos… o viceversa”.

-Edwards es proustiano y usted no…
-“Si, verdad. Yo admiro mucho a Proust, pero el tipo de literatura que hace no es la que a mi me exalta mas. Creo que me gusta más el mundo exterior que el mundo interior para la novela. Estoy mas por las acciones que por las motivaciones que están detrás de las acciones. Pero toda la gran literatura me gusta y desde luego que he gozado leyendo a Proust. Ahora, si tengo que elegir entre un escritor como Dostoievski, que admiro muchísimo, y Tolstoi, desde luego me quedo como Tolstoi”.

-¿Menos fantasmagórico?
-“Y además, mas ambicioso. Dostoievski es un extraordinario buceador de la profundidades y las complejidades del alma humana, de la psicología tan absolutamente enrevesada que puede ser la del ser humano, pero Tolstoi abarca al conjunto de la sociedad de tipos humanos, y, además, describe maravillosamente al individuo enfrentado a lo extraordinario, a la guerra o al mas allá. Es, quizás, el más completo de los novelistas. Aunque a un cierto nivel de excelencia ya es difícil escoger”.

-Coincide con Edwards en su amor por la literatura del siglo XIX…
-“Si, mucho, es el gran siglo de la novela, Balzac, Flaubert, Dickens, Dostoievski, Tolstoi, Víctor Hugo, Melville. Es el siglo de la gran ambición novelesca”.

-¿De qué manera cree usted que el gran arte de la novela del siglo XIX afecta al novelista actual?
-“Yo creo que en el siglo XIX había una ambición que en el XX ya no esta. Con excepciones, como la de Faulkner, que construye una totalidad de novelesca a la manera de los grandes del siglo anterior. El novelista del siglo XX, y sobre todo el XXI, ya no quiere competir con Dios de igual a igual, no quiere ser un deicida, y se refugia más en el preciosismo, en el experimento, a veces con escritores absolutamente deslumbrantes, como un Borges. Pero ese escepticismo de Borges con la novela – “un desvarío empobrecedor”, dice él -; bueno, son maravillosos sus cuentos, pero una novela lograda es un mundo de una riqueza y de una diversidad extraordinarias.”

-¿Qué valores literarios ve usted en la obra de Edwards?
-“Yo creo que Jorge resucito un género que estaba casi extinguido, aquel del memorialista, del cronista, no como género periodístico, sino que como uno creativo. Creo que es un gran cronista, un gran memorialista, que ha utilizado ese género para hacer ficción. El ha escrito libros como “Persona non Grata”, “Adiós Poeta”, sobre Neruda, o “El Inútil de la Familia”, sobre Edwards Bello, todos muy hermosos y que se pueden leer como ficciones y, al mismo tiempo, son testimonios, crónicas, un poco dentro de la tradición de un Azorín, por ejemplo. Cuando conocí a Jorge, él era un gran lector de los escritores de la Generación del 98. Unamuno, Azorín, Valle Inclán, y creo que esa es una influencia que lo marco, porque encontró dentro de sus propia idiosincrasia una vertiente muy semejante a la de Azorín, un gran cronista, que hizo una gran literatura a partir de testimonios personales. Yo no veo en la literatura contemporánea nada comparable a lo que hace Edwards. Es un género que él, de alguna manera, reelabora, y su obra esta construida, tanto la ficción como los ensayos, a partir de ese género hibrido, de crónica, donde hay memoria, pero también hay invención, donde hay ensayo y ficción. Es ahí donde creo que se desenvuelve mejor como escritor”.

La civilización del espectáculo

-Sobre sus ultimas novedades, usted esta publicando en abril su ultimo libro, esta vez de ensayo, llamado “La Civilización del Espectáculo”. Es un libro un poco pesimista.
-«Si, es verdad».

-¿Se le acabo el optimismo de sus lecturas de Popper?
-“Soy un poco pesimista en ese campo especifico de la cultura. Pero si usted me pregunta, si soy pesimista sobre América Latina, no lo soy, al contrario. Creo que América Latina esta mejor que nunca, va en buena dirección, el grueso de los países de la región esta bien orientado, van hacia una cultura política basada en la democracia, en el respeto del mercado, de la empresa privada, y creo que eso es lo que esta detrás del progreso económico que se ve.

Pero, en cambio, lo que va a ser la función de la cultura en la sociedad nueva, soy un poco pesimista. Está el fenómeno de la banalización, de la frivolizacion de la cultura, que se ha convertido en una cosa tan superficial, justamente ahora que tenemos tantos medios para promoverla, como nunca antes, lo que estamos viendo es más bien lo contrario. La cultura se esta convirtiendo en una forma de la diversión, de entretenimiento, y entonces, a quienes llega, lo hace de forma tan deformada, sobre todo en algunos campos como las artes plásticas, ahí es terrible. Todavía en la literatura hay unos ciertos valores que se mantienen, tiene sentido decir “este es un buen o mal libro”, pero en las artes plásticas eso es absolutamente imposible, pues esos valores han desaparecido. Y si mira lo que ocurre con la música moderna, por ejemplo, también se esta llegando a una especie de confusión. Ya no se diga en las humanidades. Hay que ver lo que ha pasado con la literatura, la lingüística, con la critica, como por una parte ésta ultima se ha ido banalizando muchísimo, convirtiéndose en una reseña insustancial. Y luego, refugiada en un mundo académico, que la ha ido transformando en una especie de esoterismo verboso, tramposo, que muchas veces es pura tiniebla, retórica, detrás de la cual, muchas veces, no hay ideas, ni una apreciación cabal de lo que es la creación literaria. La obra literaria parece un pretexto para que se construyan todas esas retóricas pseudo filosóficas, pseudo freudianas, que como una caricatura de lo que tradicionalmente era la gran critica”.

Los fraudes de Derrida y Damien Hirst

“Por otra parte, hay supuestos pensadores que han marcado nuestra época, que yo creo que son un puro fraude. Un Derrida, por ejemplo. No sé cual haya sido su cultura real, pero cuando tu lees a Derrida…”.

-No se entiende nada…
-“Pero eso es deliberado. Es la única manera detrás de la cual él oculta ese vacío. Es terrible, hemos llegado a que la tiniebla sea una garantía de profundidad, y eso no es verdad. Si uno lee a Popper, da trabajo, pero se entiende, hay unas ideas, una fundamentación que es muy coherente. Pero Derrida o Lacan, son una broma. Son de una retórica absolutamente inasimilable e incomprensible. Y lo peor es que eso no se denuncia, porque hay esa especie de chantaje –del que participamos- de que eso debe ser respetado, aunque sea un fraude, y todo el mundo participa en la prolongación de ese fraude, se infiltra en las universidades y en las publicaciones. El resultado de todo ello es que la crítica prácticamente ha desparecido. Un género tan importante, sobre todo cuando estas en un bosque que es jeroglífico, necesitas algún tipo de pistas, alguien que establezca relaciones. Eso es el crítico. Piense lo que era Chile cuando escribían Alone o Ricardo Latcham, magnifico critico dentro de la tradición no académica”.

-¿Ese fenómeno es todavía peor en las artes visuales?
-“Es peor. Cuando uno ve que una persona como Damien Hirst es considerado uno de los grandes artistas de nuestro tiempo, es que simplemente vivimos en la confusión total. Ya la seriedad ha desaparecido absolutamente del mundo de la plástica. La confusión espantosa entre precio y valor ha llegado a ser total en este ámbito”.

-¿Por qué cree usted que se ha mantenido el vanguardismo como la corriente principal en arte?
-“Yo creo que porque ha desparecido ese canon que establecían los grandes críticos, y donde los grandes artistas se sometían a él. Cuando los artistas empreñaron a hacer fraude, los críticos emperzaron a hacer fraude, los galeristas empezaron a hacer fraude y hacer excelentes negocios mediante ese fraude… Y como esta la prensa, que es un instrumento absolutamente central de la frivolizacion, de la banalización de la cultura, hay, involuntariamente, esa conspiración en la que todos somos cómplices y victimas”.

-El ultimo Popper, cuando ya tenia 90 años, manifestó cierto escepticismo del poder de los medios de comunicación…
-“Si, pero él fue un poco lejos y llego incluso a sugerir que la censura en esos casos podía justificarse. Yo no estoy  de acuerdo con eso. Es el remedio peor que la enfermedad. A mi me desmoralizo ese pesimismo de Popper sobre le medios, pero que es bastante comprensible, porque se llega a veces a extremos. Por ejemplo, el caso de la TV inglesa. Yo viví muchos años en Inglaterra y recuerdo lo que era la TV, llego a ser de muy alto nivel desde el punto de vista cultural, etcétera; y de exactamente igual a la de Perú, o la de España, o cualquier otro país. La banalización de la cultura es un rasgo central de nuestro tiempo y uno de los mas ominosos de cara al futuro”.

Articulo:  http://www.mer.cl 18/03/2012

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