vendredi 2 mars 2012

Emma RODRIGUEZ/ Cómo no querer a LONGARES


LITERATURA | I Premio Francisco Umbral
Cómo no querer a Longares
Por Emma RODRIGUEZ

'Las cuatro esquinas' recibe el trofeo para la mejor obra de ficción del año

Hace 27 años, cuando EL MUNDO superaba sus primeros meses de vida, Manuel Longares dirigía el suplemento de libros del periódico y recibía las visitas de Francisco Umbral, a quien le gustaba oler el ambiente de aquella primera redacción, de la calle Sánchez Pacheco, en el madrileño barrio de Prosperidad. Cosas de la vida, del destino, de las afinidades literarias. Todo se ha conjurado para hermanar los nombres de estos dos seguidores del enorme afluente de la tradición literaria española y de las innovadoras vanguardias; de estos dos seres fascinados por los escenarios y atmósferas de Madrid. Una pasión en la que comparten viaje con otros autores de ayer y de hoy, desde Mesonero Romanos y Corpus Barga hasta Juan Eduardo Zúñiga, pasando por el Cela de La colmena y tantos otros.

Manuel Longares recibió ayer el I premio Francisco Umbral, organizado por la Fundación que lleva el nombre del escritor, y que nace con el deseo, como el Goncourt en Francia, de elegir la mejor obra de ficción publicada en español durante el último año. En este caso, la memorable 'Las cuatro esquinas' (Círculo de Lectores / Galaxia Gutemberg), homenajeada en un solemne acto celebrado en la Real Casa de Correos, sede de la Comunidad de Madrid. Un encuentro social y literario en el que una y otra vez asomó la complicidad. Umbral y Longares, Longares y Umbral recorriendo juntos los lugares de la memoria, las atmósferas de una capital que transitaron a través de la ficción.

El director de EL MUNDO, Pedro J. Ramírez, hizo el nexo: aunó a ambos autores como fundadores del periódico y repasó algunos artículos, extraídos del archivo, en los que el premiado se refirió al autor de 'Leyenda del César visionario' como retratista de Madrid, de sus ambientes urbanos, de sus cotidianidades. "El próximo mes de agosto se cumplirán cinco años de la muerte de Francisco Umbral y este acto, así como la reciente celebración de un Congreso Internacional, demuestran que su figura y su obra no han dejado de crecer. A ello tenemos que seguir contribuyendo muchas de las personas que él convirtió en personajes de su particular zoo literario", señaló, refiriéndose muy especialmente a Esperanza Aguirre.

Después, la académica Carmen Iglesias, presidenta del jurado del premio, hizo el elogio de 'Las cuatro esquinas', reivindicando el papel de la literatura para llegar allí, a esos espacios interiores, cotidianos, que no aparecen en los manuales de Historia. "Manuel Longares está inmerso en la gran tradición del realismo. Leyendo Las cuatro esquinas he revivido lecturas de mi primera juventud, obras de Max Aub, Arturo Barea o Ramón J. Sender", señaló, aludiendo a la conciencia histórica una y otra vez, "la conciencia de saber que somos herederos de unos antepasados, que la Historia está recorrida por el dolor y que, pese a ello, como decían los griegos, el hombre es más fuerte que el destino y es capaz de seguir adelante". "Franco murió firmando penas de muerte y esa historia nos ha marcado y sigue marcando el presente", señaló Carmen Iglesias. «Los relatos de Longares hablan de la supervivencia, del miedo, del desastre y del dolor, pero en ellos también hay humor y piedad», resaltó, refiriéndose a la capacidad del escritor para sacar a la luz esas heridas personales que no cambian el mundo, pero que sí pueden cambiar la vida de las personas.

Por esa misma línea se pronunció el secretario de Estado de Cultura, José María Lassalle: "En estos tiempos difíciles es necesario volver al ámbito de la reflexión que nos propone Manuel Longares en sus relatos, aprender de los errores del pasado para no volver a repetirlos, darnos la oportunidad de construir una nación que no se resigne, que mire adelante y que vea en el futuro su propia razón de ser", dijo, emparentando al autor de obras como 'Romanticismo' y 'La novela del corsé' con el mismísimo Joseph Conrad por la capacidad de ambos para demostrar el desasosiego de lo cercano, el abismo de "lo inquietante que está en nosotros mismos".

Así nació un premio que queda sellado con una imagen. Esperanza Aguirre entregando la escultura en bronce de Alberto Corazón a Longares. Éste se limitó a dar las gracias y a rendir homenaje a su amigo, el editor y escitor Carlos Pujol, fallecido al tiempo que él recibió el galardón.

Articulo: http://cultura.elpais.com 29/02/2012

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