samedi 17 mars 2012

Felipe FERNANDEZ/ Fantasma de pocas palabras


Fantasma de pocas palabras
Por Felipe Fernández 

Fiel a la tradición gótica británica, La dama de negro, de la inglesa Susan Hill, propone una misteriosa narración con un argumento tan sólido como sencillo

Arthur Kipps, el narrador de La dama de negro, es un abogado que vive retirado en el campo. Una Nochebuena su esposa Esmé y los hijos que ella ha tenido en su primer matrimonio le proponen narrar cuentos de fantasmas, pero Arthur se niega a participar porque en su juventud le tocó vivir una experiencia con aparecidos que lo marcó para siempre.

Luego de este marco introductorio, la novela se interna con absoluta convicción en una clásica historia de terror. Cuando tenía veintitrés años, Kipps fue enviado por su bufete a Crythin Gifford, un remoto pueblo situado en la costa este de Inglaterra, para asistir al funeral de una clienta llamada Alice Drablow y traer sus papeles privados. Durante el servicio religioso y el entierro, el abogado nota la presencia de una mujer vestida de negro que padece "una enfermedad terrible y devoradora". Ante la mención de la señora Drablow y de la misteriosa mujer, los habitantes de Crythin Gifford reaccionan con aprensión y hacen oscuros comentarios.

Una de las atracciones del libro radica en un argumento tan sólido como sencillo, que la autora expone con destreza y brevedad. No se dejan cabos sueltos, no sobran personajes ni hay exceso de situaciones. Otro acierto es la elaborada gradación en la presentación de los elementos de la trama. Se nota una cuidada alternancia entre los momentos de terror y los momentos de calma, cuyo vaivén emocional contribuye a cimentar el suspenso. El escalonamiento de revelaciones conduce sin tropiezos hasta el clímax y un epílogo que termina de enmarcar el relato.

El estilo mantiene una sobria fidelidad a la tradición gótica británica. La casa de la difunta señora Drablow se encuentra alejada del pueblo, rodeada de marismas, y sólo es posible llegar a ella durante la bajamar. Este escenario desolado se caracteriza por su ambigüedad: produce rechazo y atracción a la vez. Allí el pobre Kipps pasa noches angustiosas, atormentado por una serie de hechos inexplicables de los cuales se desprende una atmósfera "de odio opresivo, malevolencia, perversidad y de pena y aflicción atroces". Allí comprende que la mujer de negro es un fantasma y más adelante se entera de que sus apariciones, desde hace cincuenta años, forman parte de una terrible maldición.

La escritora inglesa Susan Hill nació en 1942. Dentro de su obra son muy conocidas las novelas policiales protagonizadas por el detective Simon Serrailler. La dama de negro se publicó originalmente en 1983 y desde entonces ha disfrutado de una gran popularidad. Fue adaptada al teatro, a la televisión y la radio. En febrero de este año se estrenó una versión cinematográfica dirigida por James Watkins.

Conviene aclarar que la criatura sobrenatural del libro no se parece en nada a los fantasmas de varias series y películas, que son muy conversadores y buscan ayuda para encontrar la famosa luz blanca y abandonar definitivamente este mundo. El espectro de Hill fascina porque no dice una palabra y se muestra tan implacable en su deseo de venganza que actúa como una fuerza impersonal, ajena a todo sentido de justicia y conciliación.

A los amantes del género no les costará leer de un tirón La dama de negro, una narración que encajaría a la perfección en la Antología de la literatura fantástica compilada por Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo, o en la Antología del cuento extraño, de Rodolfo Walsh.

La Dama de Negro 
Por Susan Hill 
Edhasa
Trad.: Margarita Cavándoli, 188 páginas, $ 65.

Articulo: http://www.lanacion.com.ar 15/03/2012

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