vendredi 2 mars 2012

Luis VARGAS SAAVEDRA/ Kenzaburo OÉ: ante la bomba atómica


Kenzaburo Oé: ante la bomba atómica
Por Luis Vargas Saavedra

Este no es un libro literario en el sentido de que aspire a un logro estético, es, más bien, un manifestó-ensayo-reportaje, desgarrado y desgarrador:
«La gran lección que debemos extraer del drama de Hiroshima es la dignidad del hombre, tanto de los hombres y mujeres que murieron en aquel instante, como los supervivientes que sufrieron el impacto de la radiación en la piel y que durante anos padecieron un sufrimiento extremo, que espero haya sido capaz de reflejar en algunos de mis escritos.»

El concepto de dignidad, señala Oé, no pertenece al idioma ni a la cultura japonesa. Él lo aprendió de la literatura francesa. En el sufrido silencio y la magnifica solidaridad de las victimas de la bomba atómica, en ese atávico estoicismo, él encuentra un equivalente a la dignidad occidental. Pero Oé, japonés total, desprecia al cobarde que se aferra a la vida, claudicando de sus principios, y admira la peculiar dignidad japonesa de rechazar una humillación mediante el suicidio.

La bombe atómica es la catapulta psíquica de la vida y la obra de Oé, desesperación. Carente de religiosidad, sin amparo ni del budismo ni del shintoismo, no cuenta con auxilios espirituales y se bate a pura ley natural: « ¿Cuales son los principios morales que deben regir en nuestros días?».

Nos propone que la dignidad heroica de las victimas y de sus médicos siembra, por su solidaridad admirable, una esperanza en el futuro: los casos de caridad equilibrarían el ultraje atómico. «Si uno cree que existe una especie de armonía humana u orden en este mundo, entonces debe creer también que los esfuerzos de los médicos de Hiroshima fueron suficientes, de alguna manera, para contrarrestar el enorme peso de la maldad de la bomba».

Oé imagina que los atacantes suponían que Japón se restauraría y que «confiaron en la fortaleza humana de su enemigo». (Pero, ¿la conocían antes de que se manifestara? Y, ¿piensan así los destructores? Más bien, esperan la invalidación del derrotado, tal como los agresores de Pearl Habor).

«Para combatir ese mal absoluto fue necesario disponer de un bien absoluto que ayudase a recuperar el equilibrio humano del mundo». Sin su contexto, esa frase cobra visos cristianos y maniqueos, pero Oé no cree en ninguno de los dos, en cambio, esta pidiendo que la humanidad se una contra las armas nucleares. De no hacerlo, arriesga tornarse inhumana.

«? Por qué tiene que seguir sufriendo la gente de Hiroshima incluso después de que haya terminado la guerra?». Ni Oé ni el doctor a quien un suicida le clavara esa pregunta tienen respuesta, aunque los efectos de la radiación responden fisiológicamente con la poderosa porfía del uranio contra las células.

Inepta la forma en que estos “cuádrenos” estos escritos. Como reportaje son un fracaso, carecen de síntesis y de amenidad, no logran el propósito de Oé: mostrarnos “de qué manera piensan y viven los habitantes de Hiroshima”. Como ensayo da un zigzagueo desordenado, con repeticiones innecesarias. Muchas conclusiones y propuestas adolecen de obviedad, incluso de simplismo: «la humanidad entera comparte un sentimiento de culpabilidad hacia Hiroshima».

Qué extraño que un novelista no sea capaz de infundirle más narratividad a los caos que asfixia entre acopios de datos históricos, citas de documentos, descripciones de debates y discursos resecos. El usual laconismo japonés, ejemplificado en los mensajes de los suicidas, no aparece en estas paginas.

Cuadernos de Hiroshima
Kenzaburo OÉ
Editorial anagrama, Barcelona, 2011
224 paginas, $ 16.420

Articulo: http://www.mer.cl 26/02/2012

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