vendredi 2 mars 2012

Macarena GARCIA/ Gustav KLIMT, el pintor rupturista que cada día se torna más popular


Aniversario: A 150 anos de su nacimiento:
Gustav KLIMT, el pintor rupturista que cada día se torna más popular
Por Macarena García

Viena celebra a su artista icono con nada menos que diez exposiciones. Alfred Weidinger, el mayor experto en su obra, asegura que “El Beso” es la obra de arte mas reproducida en la actualidad, pero que la obra de Klimt no dejo una huella perceptible en historia del arte.

El ambiente en la sala del museo Belvedere donde se aloja “El Beso”, la obra mas conocida del artista austriaco Gustav Klimt, se parece al que se vive en torno al el “Guernica” del reina Sofía, la “Mona Lisa” del Louvre, o la “Nefertiti” del Neues Museum. Hay quien saca la cámara – o el iPhone – y trata de obtener su propia imagen de esa imagen tantas veces ya vista, tantas veces ya reproducida.

Alfred Weidinger, curador del museo, dice que la atmosfera es religiosa. “Yo paso por allí cada tanto y me gusta mirar a quiénes miran la obra. Uno puede ver sus miradas de devoción, el encandilamiento que provoca. Una quietud, un silencio contemplativo”.

«El Beso», la obra maestra de Klimt, es uno de los mayores atractivos turísticos ve Viena y, según Weidinger, es la obra de arte mas reproducida en nuestros días. Pero ¿qué importancia tuvo para la historia del arte? “Poca”, responde Weidinger, “Klimt es un artista que avanzo por una vía que no tuvo salida. Pero hay que pensar en el contexto…”

El contexto es la historia del arte y del mundo. Klimt murió al final de la Primera Guerra Mundial, una guerra que se detono con el asesinato del archiduque Francisco Fernando y acabo con la disolución del Imperio Austro-Húngaro, hasta entonces una de las grandes potencias de Europa. “Fue el fin de la Viena que había sido. Después vino la crisis económica y los artistas jóvenes se quedaron sin base. Para peor, en 1918 no solo murió Klimt, sino también (Egon) Schiele, (Koloman) Moser, (Otto) Wagner. Murieron los artistas vieneses y murió Austria”, dice Weidinger.

El curador agrega que en generaciones posteriores se pueden rastrear sus influencias, pero no seguidores ni menos una escuela. Klimt no comenzó algo, sino que más bien parece haberlo terminado. Y eso, a comienzos del siglo XX, el tiempo en que las vanguardias artísticas estaban redefiniendo los limites del arte. “Klimt no llego a ser un artista internacional. Es lo que pasa si lo comparamos con Picasso, por ejemplo. Cuando Klimt esta pintando «El Beso», Picasso esta haciendo sus primeras pinturas abstractas. Frente a ellas, la obra de Klimt esta pasada de moda”.

Aunque, según el curador austriaco, “para apreciar las cosas en su medida tenemos que entender que Klimt no era solo un pintor, él no hizo miles de pinturas como Picasso. Él pinto alrededor de 250 lienzos, que no es tanto para un artista. Pero su trabajo si satisface sus propias expectativas y tenemos un periodo de su obra – el periodo dorado -  donde su obra llega a su punto final. No tuvo seguidores como Picasso, pero es una obra que realiza su potencial” explica el curador.

Escándalo y censura

Gustav Klimt (1862-1918) comenzó como pintor de interiores de grandes edificios públicos, desarrollando un estilo personal muy ornamentado. Pronto se convirtió en figura clave del movimiento modernista vienés, conocido como La Secesión, que irrumpió en 1897 criticando el arte académico de la época. Klimt no solo fue uno de los artistas icono de esa corriente «Art Nouveau austriaca», sino también un personaje clave de la vida vienesa en el cambio de siglo, cuando Viena era capital mundial del arte.

Su arte se caracterizo por el trabajo con la alegoría y la representación del desnudo femenino, muy sensualizado para la sociedad de entonces. Sus pinturas fueron recibidas con escándalo y censura en varias oportunidades, pero algunas de ellas – como la famosa «El Beso» - lograron cautivar al público de inmediato. «El Beso» se considera la obra cumbre de su “etapa dorada”, su madurez creativa.

Klimt fue bastante reticente a hablar de si mismo y dejo muy pocos escritos sobre su obra: “No existe ningún autorretrato mío. No me interesa mi propia personalidad como objeto de un cuadro, sino mas bien me interesan otras personas, en especial mujeres, otras apariencias”.

Su vida sexual ha sido producto de elucubraciones. Tuvo una compañera por más de dos décadas – Emilie Flöge – pero también tuvo otras relaciones con sus modelos, con quienes habría legado al mundo un total de 14 “Klimts” no reconocidos. Murió en 1918, dejando tras de si un buen numero de pinturas inacabadas que años mas tarde serian confiscadas por los nazis y de las que hoy solo se conservan bocetos. En los últimos años, su obra ha aumentado su valoración en el mercado, llegando a batir récords en las subastas.


Klimt y el diseño

Weidinger explica que para entender el legado de Gustav Klimt en la historia del arte hay que rastear su impacto en las artes aplicadas, especialmente el diseño. Klimt fue el líder de la Secesión Vienesa, una versión del Art Nouveau a la que se acogieron diseñadotes, arquitectos, escultores y pintores austriacos en los primeros años del siglo XX. Un movimiento sin manifiesto cuya obra cumbre es un edificio en cuyo frontis se lee: “a cada época, su arte; al arte, su libertad”.

Los artistas de la Secesión se unían en su ruptura del arte tradicional y buscaban crear un nuevo estilo libre de influencia histórica. Es un movimiento fraguado en el espíritu iconoclasta de la efervescente Viena de cambio de siglo, una ciudad revolucionada por los primeros escritos de Freud. “A Klimt no le interesaba la Academia; él siempre quiso trabajar con las artes aplicadas. Quería estudiar el efecto de distintos materiales en la obra y como hacer ilustraciones, grabados a gente que quería hacer diseño y es de eso se trata su obra”, dice Weidinger.

El curador austriaco fue quién decidió que el Belvedere, el palacio-museo donde esta «El Beso», celebrara los 150 años de Klimt con una exposición sobre sus relaciones con el diseño. El foco es la colaboración entre Klimt y Josef Hoffmann, un arquitecto vienés con quién trabajo para una de las obras cumbre de la arquitectura modernista: el Palacio Stoclet, en Bruselas. “Es una obra fundamental para entender el trabajo de Klimt”, asegura Weidinger, a quién le costo anos de negociaciones y diplomacia conseguir fotografiar el palacio y otros mas, los permisos para exhibir esas fotos en esta muestra. El Palais Stoclet fue comisionado por un millonario belga a Hoffmann y la Wiener Werkstätte – una asociación de los artistas de la Secesión -  en 1904 y se entrego en 1911. Los secesionistas tuvieron total libertad para realizar su anhelada Gesamtkunstwerk, la “obra de arte total”, donde las distintas artes se fundirían en un todo.

El resultado fue una de las mansiones más lujosas del siglo XX, designada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El palacio sigue hoy en manos de la familia que lo encargo y no esta abierto para visitas. Weidinger espera que nunca se transforme en un museo – “la ornamentación y toda la superficie es muy delicada” – pero confía en que en algún momento se abra a los investigadores”. Allí podemos ver qué era capaz de hacer Klimt cuando no había límite en los gastos. Trabajo con el mármol más caro, con plata, con cristales. Eligio cada uno de los materiales, materiales carísimos en la época. En esos mismos anos esta pintando «El Beso» en Viena, una pintura que si esta limitada por el dinero”, explica.

Aun con estrecheces, la clave de «El Beso» también esta en los materiales, y sobre todo en uno de ellos: el oro. Los mosaicos bizantinos que vio durante un viaje a Venecia lo habrían inspirado a ornamentar con oro una pintura. ”Él definitivamente tenia la idea de un icono. Y claramente la reacción de la gente es la de estar frente a un altar”, dice el curador austriaco. Weidinger dice que aquel es el momento culmine de este artista-diseñado que pensó su obra mas en términos decorativos que intentando romper con la historia del arte como sus contemporáneos en otras capitales europeas. Probablemente sea justo ésa la clave de su popularidad.

Según Weidinger, «El Beso» es hoy la obra de arte mas reproducida. Un equipo del Belvedere trabaja en una investigación al respecto para una muestra sobre la recepción de la obra de Klimt que inauguraran en julio. Allí intentaran responder desde cuando y por qué es «El Beso» tan popular: “Ahora no lo sé, pero te puedo decir que hasta los 70 o 80, la obra mas reproducida era la «Mona Lisa». Pero no más. Ahora es «El Beso», que puedes ver hecho póster en las habitaciones de adolescentes en el mundo entero; yo lo tengo en mi refrigerador”.

¿Qué tiene «El Beso» que no tenga la «Mona Lisa»? “Es erótico, bello, sensible y moderno” adjetiva Weidinger. Por alguna razón, parece ser también muy contemporáneo.

Articulo: http://www.mer.cl 26/02/2012

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