dimanche 25 mars 2012

Manuel CRUZ/'Love is in the air'


EL LIBRO DE LA SEMANA
'Love is in the air'
Por Manuel CRUZ

'Amor es un sentimiento desordenado' es el nuevo libro del autor alemán Richard David Precht
Analiza la peculiar lógica del proceso amoroso y los costos que sufren sus protagonistas

Incluso al lector menos versado en sociología de las ideas se le hace evidente que el tema del amor ha cobrado últimamente una destacada actualidad editorial, siendo notable el número de títulos al respecto que se vienen publicando de un tiempo a esta parte, tanto en nuestro país como en otros de nuestro entorno cultural. Quien no se conforme con esta sola constatación y le apetezca preguntarse por la causa del fenómeno, puede seguir reflexionando en dos direcciones. Una, la más cómoda, sería la de considerar a éste como una mera moda en parte orquestada desde departamentos editoriales en busca de temas susceptibles de interesar a un máximo de lectores y en parte producida como efecto bola de nieve a la vista del aparente buen rendimiento de alguno de los primeros títulos sobre temática amorosa.

Habría una segunda vía, tal vez menos cómoda pero ciertamente más interesante, que sería la de, sin cuestionar lo que pudiera haber de válido en la primera, plantearse las razones de dicha moda o, mejor dicho, las razones por las que lo que pudo ser diseñado como mera estrategia de reclamo para atraer a las librerías al mayor número posible de compradores ha conseguido su objetivo (a la vista de que ésta parece ser una moda que está lejos de haber cesado). No voy a decir que plantearse tales razones equivalga a abrir la caja de los truenos, pero sí que al menos obliga a empezar a hablar de la cosa misma, esto es, a preguntarse qué está pasando hoy con el amor que hace que los libros sobre él conciten tanto interés.

A dicha tarea se aplica Richard David Precht —filósofo, periodista y escritor alemán, cuyo libro ¿Quién soy y… cuántos? Un viaje filosófico obtuvo un enorme éxito en su país natal— en un libro brillante e inteligente que, aunque en su título pueda evocar el de Bruckner y Finkielkraut (El nuevo desorden amoroso), aborda la cuestión desde un enfoque bien diferente del de los filósofos franceses. Para nuestro autor, precisamente porque estamos, según su propia expresión, ante un sentimiento desordenado, se impone aproximarse a él con una mirada en gran angular, intentando que quede fuera de nuestra percepción el mínimo de elementos, procurando incorporar al análisis las aportaciones de cualesquiera discursos que nos puedan resultar de utilidad.

De ahí que su recorrido transite por los territorios de la biología, la sociología y la filosofía, en busca de los materiales y los criterios que permitan introducir un poco de orden en lo que sin duda los protagonistas de la experiencia amorosa tienden a registrar como acontecimiento ciego, caótico y sinsentido. Pero que nadie se llame a engaño a este respecto. Los capítulos dedicados a tal búsqueda (que ocupan las dos primeras partes del volumen, tituladas ‘Mujer y hombre’ y ‘El amor’, estando dedicada la tercera a ‘El amor hoy’) huyen de la habitual retórica cientificista, que acostumbra a representar, prácticamente siempre, una burda reedición del más rancio determinismo al servicio del rechazo de cualquier cosa que suene a incontrolable. La opción escogida aquí es la de adentrarse en la reflexión sobre la experiencia amorosa a través de algunas de las cuestiones que inevitablemente se plantea cualquiera que se ponga a pensar sobre ella. Cuestiones como la de la base genética de nuestro egoísmo, las diferencias en la forma de pensar entre hombres y mujeres, la separación del amor y el sexo, o el carácter (libre o necesario) del amor, por mencionar solo algunas de las abordadas.

El propósito final del texto resulta inequívoco a este respecto: en ningún caso se persigue enfriar ninguna pasión, ni menos aún, domesticar una de las intensidades más perturbadoras que puede llegar a vivir el ser humano. El autor, por otra parte, tampoco se suma al clamor de tantos criptomoralistas que, con excusas diversas (por ejemplo, la de distinguir metodológicamente enamoramiento y amor), sólo buscan reintroducir categorías y planteamientos con inequívoco olor a naftalina. En este aspecto Precht se encuentra más cómodo bajo el cobijo de citas como las del gran Woody Allen: “¿Es sucio el sexo? Sí, cuando se hace bien”. En definitiva, no se trata de embridar nada, sino de ser capaz de evaluar la peculiar lógica (irreductible a otras) que subyace al proceso amoroso y, desde luego, los costos que tiene para sus protagonistas.

Esta dimensión del asunto, planteada en la tercera y última parte, resulta una de las más sugestivas del libro. Porque si algo parece estar poniendo en peligro el futuro del amor en nuestra sociedad no es su manifiesta ineficacia, su obsolescencia, sino, por el contrario, su desmesurado atractivo (y la consiguiente dificultad para materializarlo). En la experiencia amorosa, tal y como ha ido cobrando forma en los últimos tiempos, alcanza su culminación un proceso de búsqueda de la autorrealización largamente perseguido por los seres humanos. El problema, como dejó señalado el filósofo italiano Umberto Galimberti y recoge Precht, es en qué medida en esa autorrealización mediante el otro que se da en el amor el tú se convierte en el medio para el yo. O, como decía con mucha más gracia y rotundidad aquel grafito urbano, “no es tu media naranja: es tu exprimidor”. 

'Amor. Un sentimiento desordenado'
Richard David Precht
Traducción de Isidoro Reguera
Madrid. Siruela, 2012
392 páginas. 24,95 euros (electrónico: 13,99)

Articulo:  http://cultura.elpais.com 23/03/2012

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