samedi 10 mars 2012

Patricio TAPIA/ El sonido de las tijeras de Max ERNST


Relatos gráficos: Sus tres “novelas-collage”
El sonido de las tijeras de Max ERNST
Por Patricio TAPIA

Quizá un precursor de la “novela grafica”, Max Ernst (1891-1976) publico, entre 1929 y 1934, mas de cuatrocientos collages para conformar sus tres novelas en imágenes. Atalanta las reúne ahora en un libro, rescatando así una de las obras más importantes del surrealismo.

En el verano de 1933, el artista alemán Max Ernst se encontraba veraneando, invitado al castillo de Vigoleno, en Italia. Cuenta Valentine Hugo – la pintora e ilustradora casada con el bisnieto de Victor Hugo, Jean – que coincidió con él en esa estadía, que Ernst se pasaba horas encerrado en su habitación, desde la cual se sentía un ruido constante: “A través de la puerta cerrada sonada un duro clic metálico. No comprendí lo que pasaba hasta el día en que tomé un libro grande y deteriorado de los estantes, y lo hojeé. Se trataba de un «Paraíso perdido» con grandes ilustraciones de Gustave Doré. Observé que todos los grabados habían sido arrancados y cortados en grandes pedazos. Así que Max recortaba todo lo que le gustaba de las ilustraciones para componer sus collages. Y, por cierto, el ruido lo producía Max con sus tijeras, cada vez que las dejaba sobre la mesa”.

Ernst estaba componiendo parte de su novela-collage «Una semana de bondad». Era ya un artista consagrado, con el prestigio de su experiencia dadaísta: ayudo a crear el movimiento en Colonia. En 1921 expuso en Paris y entusiasmo a los surrealistas al punto que ese mismo ano Paul Éluard y su esposa – Helena Diakanova, conocida como Gala, con quien se caso en 1917 -  visitaron Colonia con el propósito de conocer a Ernst.

En 1922 ya empieza el «menaje à trois» que llega a ser de conocimiento publico y que duraría hasta 1927. En agosto de 1922, Ernst abandona a su mujer e hijo, e ilegalmente (con el pasaporte de Éluard) se establece junto a la pareja en Paris. Nunca volverá a vivir en Alemania. Ernst, algo mayor que Bretón, Éluard y Dalí, constituyo el puente mas claro entre el Dadá alemán y el surrealismo francés.

“Alquimia de la imagen”

En su texto teórico “Mas allá de la pintura, Ernst dice que el collage es algo parecido a la alquimia de la imagen visual, el milagro de la transfiguración total de los seres y objetos”. Con los métodos del montaje, entre1919 y 1929 experimento con todas sus posibilidades, las que determinaron el desarrollo de sus propias técnicas, como el frottage y el grattage (frotar un papel con un lápiz blando o un lienzo con capas de pintura contra una superficie con relieve).

Hacia 1920 se interesa por las láminas de libros de matemáticas, anatomía, botánica, zoología o novelas, que utilizaban una técnica ya en desuso: el grabado en madera o xilografía. El primer collage impreso en base a antiguos grabados en madera es de 1921. También utiliza esa técnica en dos libros de 1922 elaborados junto a Paul Éluard, «Répétitions» y «Les malheurs des immortels»: en el primero Éluard eligió diez collages de Ernst; en el segundo, los textos fueron creados por ambos inspirándose en las ilustraciones de Ernst. Fueron libros importantes. En «Répétitions» (1922) la portada es un ojo atravesado por una cuerda, lo que seguramente influyo en la famosa imagen inicial de “Un perro andaluz” de Buñuel: un ojo de mujer cortado con una navaja.

Pero las novelas-collage es un género absolutamente original de Ernst. La primera “novela visual” enteramente realizada por él es «La mujer de 100 cabezas» (1929). Las diferencias entre los grabados de 1922 y los de 1929 han sido señaladas tanto por Werner Spies, uno de los mayores expertos en la obra de Ernst (comparando el cubismo analítico con el sintético en Picasso) como por el critico español Juan Antonio Ramírez (quien ve el predominio del “emblema” en los primeros y la narración en los segundos). Al ano siguiente publica otra, «Sueno de una niña que quiso entrar en el Carmelo» (1930), y finalmente «Una semana de bondad» (1934). Todas ellas se publican por primera vez juntas en el volumen «Tres novelas en imágenes» (Atalanta). Lo común en ellas es la delicadeza de su ejecución, las proporciones equilibradas y la densa acumulación de referencias. Ernst recorta minuciosamente lo que le interesa y monta con tal perfección que, para quien no cuente con los grabados originales, no siempre es fácil saber en qué partes ha intervenido Ernst. Spies cuenta que a simple vista no se veían los ensamblajes y  e artista pedía que pasaran su mano para que vieran que eran distintas texturas.

“Novelas-collage”

Más de 400 imágenes conforman el conjunto de las novelas. Son 147 collages, divididos en nueve capítulos, los de «La mujer de 100 cabezas»; 79 collages, divididos en 4 partes, en «Sueno de una niña que quiso entrar en el Carmelo»; por ultimo, «Un semana de bondad», 184 collages (en la edición final se descartaron 2), divididos en siete fascículos.

Aunque cada grabado lleva una lectura abajo, desde un párrafo breve a una sola palabra, rara vez hay una asociación entre imagen y texto, y difícilmente entre las imágenes sucesivas, salvo la unidad estilística y las obsesiones comunes. Con todo, Juan Antonio Ramírez señala en el postfacio del libro que las novelas también tienen argumentos distintos, como “relatos” equiparables en algún grado a la literatura tradicional; él cree que podría encontrarse alguna ilación entre los grabados.

«La mujer de 100 cabezas», por ejemplo, contaría el nacimiento milagroso de un “hombre completo”, que pasa por las diversas etapas –infancia, crecimiento, muerte-  de un hombre (a ratos parece un ser andrógeno), con las turbulencias de una educación católica tradicional (como la de Ernst) y también las amorosas y sexuales. En el ultimo capitulo de la novela se reproduce el nacimiento.

La narración es mas clara en «Sueno de una niña que quiso entrar en el Carmelo», precedida de una breve introducción con el argumento general: “? Qué suenan las muchachitas que quieren entrar en el Carmelo?”. Una joven de 16 anos, Marcelina-María, violada cuando niña, pretende autoinmolarse entregándose a Dios: amores incestuosos, animales furibundos, cuchillos, un “novio celeste”, forman parte de esas entonaciones.

«Una semana de bondad», por su parte, es mas compleja a la vez que supone la culminación de la novela-collage: la novela grafica mas elaborada y mejor lograda de Ernst.

“Una semana de bondad”

La publicación de «Una semana de bondad» se debió al interés de la galerista Jeanne Bucher y la ayuda de Roland Penrose. Ernst pensó publicarla en siete cuadernos independientes, que correspondían a cada día de la semana. Las cuatro primeras entregas siguieron ese plan, pero no tuvieron el éxito esperado, de manera que los tres “días” restantes fueron reunidos apresuradamente en un quinto y ultimo cuaderno. Los libros fueron publicados entre abril y diciembre de 1934, cada uno encuadernado en un color diferente: púrpura, verde, rojo, azul y amarillo, que se guardaban en un estuche de cartoné gris.

A cada cuaderno le asigno un color y lo asocia a un elemento (suerte de símbolo común a las imágenes que vendrán) y un ejemplo (figura o tema que se repetirá). Así, comienza el domingo y su color es el púrpura; su elemento, el barro, y su ejemplo, el León de Belfort. El león representaría, a la vez, el poder mundano y las pasiones descontroladas incluidas formas violentas del amor. El lunes esta protagonizado por una mujer que suena, se baña o se desliza en las olas. El martes (color: rojo; elemento: fuego) encierra lo demoniaco. Suelen mostrarse interiores burgueses, ultradecorados con tapices. Alfombras, muebles, cuadros o aprovechar los recargados vestidos para añadirles alas: de dragón, de murciélagos, a veces también de ángel.

El miércoles (color: azul; elemento: la sangre; ejemplo: Edipo) esta protagonizado por un hombre-párajo que se esfuerza por llegar a su enamorada. Las imágenes reflejan su historia: el asesinato del padre, el enigma de la esfinge (en algún momento se ve la esfinge de Gizeh).

Por mencionar otros casos: el jueves, uno de los ejemplos es Isla de Pascua y aparece un personaje con cara de Moai; y el sábado aparecen mujeres en trance, levitando, basadas en imágenes tomadas de las publicaciones de Jean-Martin Charcot sobre histéricas.

Los originales de «Una semana de bondad» se expusieron por primera vez en el Museo de Arte Moderno, entre abril y marzo de 1936, en Madrid, justo antes de que estallara la Guerra Civil. Se mostraron 184 de los 189 collages originales (cinco fueron censurados como blasfemos). Neruda estuvo en esa muestra – según las memorias de Dionisio Ridruejo que coincidió con él allí, parecieron no interesarle - . Y Neruda solo mencionara mas tarde el descubrimiento de Ernst de Isla de Pascua para una exposición surrealista en 1972.

 Política y surrealismo

Aunque hay explicaciones de orientación sicoanalítica, las novelas de Ernst (y sobre todo «Una semana de bondad») encierran una sátira antiburguesa, anticlerical a veces y una dimensión política (la política de la época caminaba hacia la violencia irracional). Los motivos que aparecen en los muros expresan los miedos ocultos de la burguesía (en uno de los grabados el cuadro de la pared muestra un desprendimiento de rocas). Por otra parte, es innegable la impronta del grupo surrealista: el León de Belfort – una estatua gigantesca en esa ciudad, reproducida mas pequeña en Paris – o la Isla de Pascua habían sido mitificadas por los surrealistas, quienes también sentían fascinación por la histeria (enfermedad que André Bretón no consideraba tal, sino algo liberador).

Las novelas-collage de Ernst encierran una visión fragmentaria del mundo moderno, lo mismo que irreverencia, sentido del humor y del horror. Como dijo el poeta Robert Desnos comentando en 1930, en la revista Documents, «La mujer de 100 cabezas: “Sometido al destino de todo poeta, Max Ernst arranca un jirón a lo maravilloso y lo restituye a las ropas desgarradas de lo real”.

***
Max Ernst: vida, mujeres y falsificaciones

“Mas que por amor al arte pinta por pereza y por tradición milenaria”, escribe Max Ernst en su «Autobiografía» de 1919. Nacido cerca de Colonia, estudio filosofía y psiquiatría en Bonn. Se alisto en el Ejército alemán durante la Primera Guerra Mundial.

En 1918 se caso con la historiadora del arte Luise Straus (tuvo un hijo con ella, Jimmy). El matrimonio duro poco. Se divorciaron en 1926. Ella seria curadora de museos hasta la llegada de los nazis: judía y de la resistencia, fue encarcelada y enviada a Auschwitz, donde murió.

En 1927, se casa con Marie-Berthe Aurenche. En 1937 conoce a Leonora Carrington y se va a vivir con ella en 1938.  Al estallar la Segunda Guerra Mundial es arrestado como extranjero enemigo en Francia. Huye a España y conoce a Peggy Guggenheim (1898-1979), la rica heredera y coleccionista, quien ayudo a Ernst a escapar a Estados Unidos en 1941, y se caso con él en 1942, para divorciarse en 1946. En 1942 conoció a Dorothea Tanning y se caso con ella – su cuarta y ultima esposa – en 1946, en una ceremonia de matrimonio doble, pues también se caso Man Ray y Juliette Browner. Ernst murió en 1976. El 31 de enero de 2012 murió, a los 101 anos – había nacido en 1910-, Dorothea Tanning. Quizá la ultima surrealista.

Por otra parte, el historiador del arte Wolfang Spies, gran experto en la obra de Ernst y su amigo, se vio involucrado en falsificaciones de la obra del artista. El escándalo exploto en 2011: entre 1999 y 2004 él verifico siete obras de Ernst que demostraron ser obras de Wolfgang Beltracchi y su grupo. En una entrevista que dio a la revista alemana Stern, en febrero de 2012, Spies cuenta que incluso pensó en quitarse la vida.

Tres novelas en imágenes
Max Ernst
Traducción de Héctor Sanz
Editorial Atalanta, Girona
518 paginas
$62.500

Articulo:  http://www.mer.cl 04/023/2012

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