samedi 21 avril 2012

Andrea BLANQUÉ/ Vivir antes de Auschwitz


Cultural: LOS DIARIOS DE RUTH MAIER
Vivir antes de Auschwitz
Por Andrea BLANQUÉ

La Historia depara sorpresas. Siguen apareciendo, de puño y letra, escritos de víctimas del nazismo. Un ejemplo lo constituyen los diarios íntimos que, a diferencia de las autobiografías, mantienen una relación casi de piel con el tiempo y espacio de los trágicos acontecimientos.

Ahora aparece en español El diario de Ruth Maier. Rescatado de los papeles póstumos de la gran poeta noruega Gunvor Hofmo (1919-1995), se devuelve al mundo esta voz acallada en Auschwitz en 1942. Es la escritura libre en ocho cuadernos de una chica austríaca refugiada en Noruega. El nazismo la alcanzó como a tantos judíos testigos de la Noche de los Cristales rotos, que lograron huir pero provisoriamente. Como una mancha voraz, gran parte de Europa fue ocupada y también llegó a Ruth el exterminio.

El diario de Ruth Maier es un libro extraño, incomparable, inclasificable. Es verdad que muchos de los diarios íntimos son así, creados por escritores no profesionales en la intimidad, que no es lo mismo que privacidad. Lo íntimo implica penetrar en los entresijos de sí mismo. Pero en verdad un diario no suele ser una mera exposición de meditaciones o sentimientos: el que escribe un diario registra su relación con aquello que lo rodea. Y si lo que está a su alrededor es una de las mayores catástrofes de la historia humana -el Nazismo y el antisemitismo- entonces las páginas se vuelven profundamente perturbadoras.

Balsa que se hunde. Algo que hace peculiar este género literario es que es póstumo. El futuro lector conoce el final del escritor y su historia. En el caso de Ruth Maier, nacida en Viena en 1920 y refugiada en Noruega en enero de 1939, el final fue rápido. Consiguió una familia noruega que la acogiera para poder exiliarse, pero en este país -ocupado- también se impuso la "Solución Final". Ruth cayó en la redada del 26 de noviembre de 1942 cuando nazis, fascistas noruegos y policías apresaron 532 judíos de Noruega, embarcándolos inmediatamente en el barco Donau, con destino a Stettin, un puerto báltico que los llevaría a Auschwitz. Salvo 186 hombres en condiciones de trabajar, los demás -mujeres, niños- fueron gaseados de inmediato.

Ruth Maier logró hacer salir una carta del Donau, para su "amiga y amante", su "alma gemela" Gunvor Hofmo, que como noruega "aria" había quedado en tierra: "¿Por qué no íbamos a sufrir, cuando hay tanto sufrimiento? -le decía en ella-. No te preocupes por mí. Puede que no quisiera cambiarme por ti". Antes, cuando estaban los prisioneros a punto de subir, Gunvor Hofmo quiso acompañar a Ruth a la deportación. Según la poeta contó luego, un soldado alemán le gritó: "¡Alto, largo de aquí!". Es posible imaginar la lucha de Gunvor con aquellos que la expulsaban, en la oscuridad de la madrugada, mientras gritaba: "¿Es tu amiga o la mía?".

La muerte de Ruth Maier en la Shoá se considera el gran acontecimiento de la vida de Gunvor Hofmo, la bisagra que marca el antes y el después. Ella ya escribía poemas y viviendo con Ruth había publicado "Las palabras". Pero desde Auschwitz la escritura surgió como un torrente. Entre 1946 y 1955 publicó cinco libros de poesía. En gran cantidad de poemas que escribió a lo largo de su vida, el fantasma de su "amiga judía que asesinaron" recorría los versos.

En 1943 Gunvor Hofmo enloqueció. Durante años luchó contra la locura, más tarde pasó dos décadas internada y sin publicar. Logró recuperarse y continuó escribiendo y publicando hasta su muerte. Entre los papeles que dejó, el poeta Jan Erik Vold encontró en 1996 los diarios de Ruth que, si bien no era una escritora en sentido estricto sino una devoradora de cultura contumaz, que estudiaba pintura y había hecho teatro, constituyen un texto insólito por su belleza, su crudeza y su capacidad para mostrar la intrahistoria.

En los 50, Gunvor, que estaba siendo reconocida como poeta, intentó publicar un extracto de los diarios de su amiga muerta, en la editorial que la publicaba a ella. Los editores lo rechazaron como un material "demasiado íntimo". Cuando Jan Erik Vold medio siglo después se lo encontró en el legado de Hofmo, se abocó también a reconstruir la vida y la correspondencia de Ruth Maier con su hermana en Inglaterra, para llenar los vacíos de los cuadernos que se habían perdido. En efecto, en 1938 la ruleta rusa del azar había encontrado refugio para Judith, la hermana menor, en Inglaterra, pero Ruth recaló en un país nórdico neutral y democrático, aunque reconociendo en su diario que "solo un trocito de agua separa a Noruega de Alemania".

Hoy, el libro que Jan Erik Vold compuso con la escritura, fotos y dibujos de la joven austríaca se suma a la literatura en forma de diario que jóvenes judíos dejaron como huella humana: la serie comenzada por Ana Frank, sigue por la francesa Hélène Berr, el checo Pietr Ginz, la polaca Rutka Laskier y otros escritos de víctimas que se encontraron y tal vez se continuarán hallando. Se cumplió lo que la aún adolescente Ruth preveía: "Hay dos tipos de personas que escriben diarios. Unos escriben verdaderamente desde lo profundo e íntimo de su espíritu, mientras que los otros lo hacen con la secreta esperanza de que su diario sea descubierto algún día por un mecenas desconocido y cause sensación al ser considerado como un ejemplo de no sé qué sensibilidad virginal y pudorosa. Yo misma a veces formo parte de los primeros y a veces de los segundos."

Y, efectivamente, la joven Ruth, de 22 años, murió virgen pese a su continua obsesión por "aparearse" luego de haber deseado a tantos extraños en trenes o muelles, durante sus vagabundeos. Pero no llegó a ser exactamente pudorosa: a menudo se siente una "degenerada" -alude a la masturbación- y relata su primera noche en brazos de Gunvor. Aunque, como en los más bellos diarios íntimos, es también lo que no se dice lo que magnetiza al lector. Porque escribir es elegir de la vida qué mencionar y qué silenciar.

DIFERENCIAS CON Ana Frank. Se ha dicho que quien lee diarios íntimos es un lector necrófilo: el diario íntimo se edita cuando el escritor ha muerto, claro que recortado y censurado por la editorial, eliminando lo monótono y transformándolo en una literatura más "normal".

En el caso de estos diarios llevados a cabo durante el nazismo, cuyos autores murieron incinerados en la nada, los lectores saben cómo acabó la historia: de la peor manera posible. No es lo mismo que un escritor famoso muera de viejo y sus herederos publiquen los papeles del difunto. Esta peculiar situación histórica y humana es la de una chica vienesa que convirtió un diario tontuelo de quinceañera en el de una transgresora joven que observa cómo el mundo se convierte en un inmenso manicomio.

Molesta que la editorial, en una faja rotunda, vea a Ruth Maier como una nueva Ana Frank. Con ello se desea ganar algo de la fama de uno de los libros más vendidos del mundo.

Pero Ruth y Ana son opuestas. Ruth no tiene fantasías de escritora, ni de tener éxito, ni de salir del agujero del nazismo, casarse, formar una familia o ser feliz. En la mayor parte del diario -salvo en sus comienzos infantiles de Viena- carece de una familia que la proteja. Está abismalmente sola en Noruega, su hermana adorada y su madre están lejos, bajo las bombas, en Inglaterra. Se siente de más en la casa que la acoge, es rechazada en el liceo con grafitis antisemitas, posee un intenso deseo sexual insatisfecho pero no logra romper la castidad como si esta fuera una coraza. Ningún Peter la ama en silencio.

El admirado padre de Ruth, un licenciado en Filosofía que hablaba nueve idiomas, murió en 1933. La familia Maier era laica y no festejaban Januka sino Navidad: formaban parte de la intelectualidad judía vienesa (180.000 personas que murieron o escaparon, entre ellos Freud). Pero Ruth apenas piensa en Dios, y solo con la aplicación de las leyes de Nüremberg en su país, Austria, y al ser testigo de masacres, palizas, quemas de libros y grafitis siniestros, comprende qué es ser judía. Porque el hasta ahora "su pueblo", el austríaco, la expulsa. La terrible herida de los judíos alemanes -"¿quién soy, cuál es mi identidad, mi lengua?"- también desgarra a Ruth. De nada le valió ser asimilada en su "patria", como tampoco le valdrá serlo en Noruega, en la que solo en un año se convirtió en bilingüe, terminó el bachillerato y asistió a comunas de trabajo de mujeres.

En el escondrijo de los Frank, estaba prohibido hablar alemán -formaba parte de las reglas-. Ruth, en cambio, en la Noruega ocupada, se estremece de placer al escuchar su lengua natal, el alemán cantarín hablado por los soldados austríacos que pasan a su lado. Ve a los jóvenes alemanes acercarse a las chicas noruegas, ve sus bellos torsos desnudos, y piensa "¡mi pobre pueblo!", porque, de algún modo, siente a los victimarios como víctimas de sí mismos: "carne de cañón", "cerebros lavados" por la basura nazi, muerte.

Pero una y otra vez regresa a su condición judía, medita atrozmente sobre ella, incluso inserta sádicos poemas en donde salpica la sangre de "el judío" y donde se imagina escupida y arrodillada frente al verdugo, gritando: "¡No me peguéis!".

Premoniciones de Auschwitz. La amenaza de la muerte es lógica en un diario íntimo escrito durante una guerra en la que murieron 50 millones de personas. Pero El diario de Ruth Maier impresiona al lector contemporáneo por la cantidad de alusiones y presagios de lo que le ocurrirá. Muchos presentimientos parecen recorrer las páginas, desde la intuición de la homosexualidad, que finalmente la hace feliz en su relación con Gunvor -en los últimos días de su vida- hasta la sensación permanente de que nunca más verá a su familia.

Intuye también que morirá demasiado joven antes de haber hecho algo de verdadero valor artístico. Por momentos percibe la locura como una furia que se cierne sobre ella y sobre Gunvor. En efecto, Ruth también estuvo internada en un psiquiátrico en 1941, dos meses, y varias de las mejores páginas de su diario incluyen la descripción y piedad por la locura de las mujeres enfermas. También prevé la futura locura de Gunvor, que se desataría después de su propia muerte.

Hay referencias a la muerte por asfixia, a túneles, a seres que van hacia la oscuridad. En una carta a su hermana cita cómo la niña de la casa noruega, mientras ambas queman papeles en la chimenea, le dice: "Imagínate si yo fuera un papel y tuviera que arder de esta manera". Ni siquiera el amor por Gunvor y la bondad con que ésta la trataba eliminaban su desesperación ante el futuro dentro de su psiquis: "Tengo la vida por delante como un monstruo inquietante contra el cual resulta ridículo intentar defenderse. ¡O no! Como una noche negra... y no tengo ninguna luz. No hay nada que hacer, salvo quedarse en un lugar y estar lo menos atemorizada posible".

Así como Ruth oscila entre la lucidez y la locura, entre la soledad absoluta y el amor por Gunvor y por la familia lejana, entre la atracción y el odio hacia los alemanes, así como medita una y otra vez sobre si ser socialista ciudadana del mundo o volver a los orígenes y convertirse en sionista, así como mira su cuerpo en el espejo anhelando tener sexo con un hombre, pero se derrite de ternura ante el rostro de Gunvor y el contacto de sus dedos, esta mujer andrógina, paria, errante, escaladora de montañas y pintora de tristes paisajes, sabe muy bien por qué escribe.

La conciencia de sus propios textos es distinta a otro gran escritor de diarios, el alemán Víctor Klemperer -el autor de La lengua del Tercer Reich- el cual escribió a escondidas cada día porque quería "dar testimonio hasta el final". Klemperer sobrevivió al Holocausto y permaneció en Alemania del Este, recuperando su cátedra de Filología Románica. Durante la guerra vivió en un gueto y escribió sin cesar para salvar la Historia, la memoria del instante humano bajo el dolor del nazismo.

Ruth es diferente: "Escribo mucho sobre mí. Mientras, ahí afuera suceden muchas cosas: transcurre la historia, que es la manera de llamar a ciertas marranadas con un nombre ampuloso. Cuando Hitler entra en Praga, a eso le llaman historia. Y también es historia cuando dan palizas a judíos. (...) Escribo para dar rienda suelta a unos sentimientos que, si quedaran reprimidos, podrían ahogarme. Se trata de hurgar en las heridas para que permanezcan abiertas."

Dos poemas

Gunvor Hofmo

LAS PALABRAS

Palabras que resplandecen en el silencio
yo las encontraré
te las daré a ti,
reuniré algunos instantes
en el marco de la eternidad
para que nunca me olvides.
Imágenes, espíritu y tierra,
es lo que tú eres,
dolor, inquietud y esperanza,
es lo que soy yo.
Con esa palabra, que entre todas las palabras,
nunca encontraremos,
con nuestros ojos que buscan a ciegas
demuéstrame que el fuego no puede apagarse.

(1941)

* * * *
DESDE OTRA REALIDAD

Una se pone enferma del grito que pide realidad
Estuve demasiado cerca de las cosas
de manera que me quemé al atravesarlas
y estoy al otro lado de ellas,
donde la luz no está separada de la oscuridad,
donde no se ha puesto ningún límite,
solo un silencio que me lanza a un universo de soledad,
de incurable soledad.
Mira, me refresco la mano en hierba fría.
Esta será la realidad,
será suficiente realidad para tus ojos
pero yo estoy al otro lado
donde las briznas de hierbas son campanas
sonoras de pena y amarga expectativa.
Tengo en las manos la mano de una persona,
miro los ojos de un ser humano,
pero yo estoy al otro lado
donde el hombre es bruma de soledad y angustia.
Ay, si yo fuera una piedra
que pudiese sostener el peso de este vacío,
si yo fuese una estrella
que pudiese beber el dolor de este vacío,
pero yo soy un ser humano arrojado país fronterizo
y oigo rugir al silencio
desde mundos más profundos que este.

(1948)

Articulo: http://www.elpais.com.uy 20/04/2012

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