samedi 28 avril 2012

Camilo MARKS/ Un hombre siempre es un hombre


Un hombre siempre es un hombre
Por Camilo Marks 

Crímenes, primer libro de Ferdinand von Schirach, ha tenido un éxito arrollador en Alemania y está en curso de traducción a 30 idiomas no por su valor literario, algo modesto, sino por la posición única del autor para narrar los hechos que configuran el material temático del volumen.

Desde 1994, Von Schirach ejerce como abogado defensor penalista en la capital germana y ha actuado, según sus propias palabras, en unos 700 casos, sea gratis o de oficio, sea de manera privada o por cuenta de su bufete. El texto, recreación de unos pocos juicios seleccionados entre la inmensa cantidad que ha conocido, es apasionante por varios motivos. La terminología jurídica, las etapas procesales, la densidad legal, están desterradas en favor de versiones simplificadas, accesibles a cualquier lector y, en lugar de caer en la peligrosa pomposidad en que suelen incurrir los letrados, tenemos una escritura sobria y clara, que confía en los personajes retratados y su destino.

No es un logro menor, porque se trata de juicios que deben haber tenido miles de fojas y muchos tomos. Von Schirach los reduce a su esencia y los resume en historias que nunca sobrepasan las 20 páginas: lo que se pierde en complejidad, se gana en inmediatez y tensión. Huelga decirlo, los once episodios que componenCrímenes abarcan un amplio espectro socioeconómico, con un énfasis particular en los sectores más desprotegidos de la sociedad: mendigos, prostitutas, traficantes de la calle, inmigrantes, minorías. Ineludiblemente, el texto posee connotaciones políticas y el escritor insinúa con discreción sus tendencias, pero jamás es vociferante o explícito; tampoco lo son los acusados que defiende, por lo general demasiado hundidos en sus tragedias, casi siempre poco educados y carentes de los elementos que les permitirían tener una visión articulada del mundo.

Resulta tentador citar un fragmento de la crítica que Le Figaro hizo a este trabajo: "Lo más perturbador es que, situados en las mismas circunstancias, nosotros quizá habríamos cometido los mismos crímenes". Es la pura verdad, ya que los delincuentes de estas crónicas matan, en ocasiones de forma horrible, para sobrevivir o porque a ello los conduce una concatenación fatal de sucesos. Von Schirach sólo reconstruye situaciones de homicidios y asesinatos -en Chile, homicidios con agravantes específicas-. Desde luego, deben haber pasado por sus manos centenares de estafas, robos, falsificaciones y otros quebrantamientos a las normas vigentes, pero está claro que lo que le interesa sobremanera -y lo que nos interesa a todos- es quitarle la vida a otro ser humano y por qué se hace eso. Aquí se presenta el dilema moral más serio para un abogado, porque si bien todos los imputados tienen derecho a defensa, es muy fácil cruzar la delgada línea que transforma a estos profesionales en cómplices de graves fechorías. Von Schirach parece no hacerse problemas y sus métodos pueden ser heterodoxos: preguntar lo menos posible, saber lo mínimo, dejar el asunto de la culpa o la inocencia para el final. En Crímenes no hay culpables o, si los hay, nunca lo sabremos, ya que únicamente conocemos desenlaces felices, es decir, procesados absueltos.

"Legítima defensa" es una de las crónicas más enigmáticas, en la medida en que presenta el dilema de la proporcionalidad de los medios empleados para repeler una agresión: no da igual contestar a un insulto con un disparo que rechazar a patadas o con armas un intento de acuchillamiento. Dos neonazis aburridos agreden irracionalmente a alguien que parece un indefenso pasajero en una estación de tren. Al contraatacar, a la víctima se le pasa la mano. "Fähner" culmina en la liquidación de una mujer que, por años de años, ha sometido a su marido a un infierno doméstico. "Suerte" reúne a dos parias, Irina, obligada a prostituirse, y Kalle, vagabundo que subsiste durmiendo bajo las tiendas de la Kurfürstendamm, los cuales forman una pareja entrañable. A través de las demás aventuras, se nos entrega un lienzo de Berlín, una de las ciudades más abiertas y tolerantes del mundo y también una de las más peligrosas.

Se ha dicho algo que no es exagerado con respecto a Crímenes : el gran logro de Von Schirach es mostrar que un robo no siempre es un robo, una manzana no siempre es una manzana y que, por muy monstruosos que puedan parecernos sus actos a primera vista, un hombre siempre es un hombre. Quien lea este conciso ejemplar, pensará dos veces sobre la verdad, la culpabilidad o la justicia.

En "Crímenes", la terminología jurídica, la densidad legal, están desterradas en favor de versiones simplificadas, accesibles a cualquier lector. Tenemos así una escritura sobria y clara, que confía en los personajes retratados y su destino.

Articulo : http://diario.elmercurio.com 22/04/2012

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