samedi 7 avril 2012

Daniel GIGENA/ Psicología y política


Arte / Muestras
Psicología y política
Por Daniel Gigena 

Bye Bye American Pie reúne un dream team de artistas estadounidenses ya canónicos: Larry Clark, Barbara Kruger, Jean-Michel Basquiat, Nan Goldin, Cady Noland, Jenny Holzer y Paul McCarthy, seleccionados por Philip Larratt-Smith, curador internacional de Malba

En su flamante rol como curador del programa internacional del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires, Philip Larratt-Smith habla con entusiasmo acerca de Bye Bye American Pie, la exposición colectiva que reúne un dream team de artistas estadounidenses ya canónicos. Las obras de Larry Clark, Barbara Kruger, Jean-Michel Basquiat, Nan Goldin, Cady Noland, Jenny Holzer y Paul McCarthy, distribuidas en siete salas del segundo piso, funcionan como episodios de un largometraje que acerca al público argentino los fragmentos de una cultura -la estadounidense- en disolución. Fechadas entre inicios de los años setenta y 2009, las fotos, pinturas, serigrafías y esculturas documentan las tensiones pulsionales, de la melancolía de las instantáneas de Goldin a la obscenidad alegórica de la obra de McCarthy, que atraviesan el arte del último imperio occidental. Desde la época de la contracultura y las luchas de las minorías por los derechos civiles hasta los años posteriores al atentado a las Torres Gemelas, la reacción xenófoba y el gobierno de George W. Bush (quien protagoniza por partida doble la espectacular obra final de la muestra, Tren ), los avatares sociales, políticos, económicos y en gran parte subjetivos de Estados Unidos desfilan transformados por las múltiples retóricas visuales congregadas por Larratt-Smith. Ironía, ingenio, maximalismo (como en el caso de Kruger); drama sentimental con trasfondo de cocaína y crack (Goldin, que probablemente visite Buenos Aires para ofrecer charlas en compañía del curador) o constelación virtuosa de arte callejero y refinamiento estético (Basquiat) comparten espacio -y el espacio es un factor clave en la obra de estos artistas- con las máquinas crueles de Noland y los ambiguos aforismos de Holzer ("Tener dos o tres personas enamoradas de vos es como tener plata en el banco").

Con un aparato hermenéutico que conjuga la teoría psiconalítica de Sigmund Freud con las fábulas apocalípticas de J. G. Ballard, la crítica cultural de los años 70 y las visiones antiautoritarias de Julia Kristeva, Larratt-Smith ha diseñado una muestra única e insoslayable que, entre otras obras maestras del arte contemporáneo, incluye La balada de la dependencia sexual, de Goldin, Sin título, de Basquiat, y Tulsa, de Clark.

-¿Cuánto tiempo te llevó organizar la muestra?
-Un año. Al principio, se me ocurrió hacer una exposición de obras de McCarthy y Clark, y al mismo tiempo estaba pensando en la obra de otros artistas, en un conjunto más grande. Luego añadí a Holzer, Kruger y Goldin. Ellos nunca han expuesto juntos antes. Además, el tema es muy relevante y actual porque en meses recientes han salido muchos libros sobre el declive de Estados Unidos y de los imperios, como el romano y el soviético. Estamos viviendo un momento muy raro en la historia de Estados Unidos, hay cierto sentimiento de fracaso, de desconfianza. Aunque la economía parece estar mejorando un poco, no se sabe si será algo permanente o transitorio. Esta exposición revisa cierta tendencia en la cultura de Estados Unidos. Relacioné mi ensayo con la pulsión de muerte analizada por Freud y con la tendencia a la desorganización y el desorden. Después de los años sesenta ha ocurrido una crisis del ego, del yo, que ha dejado expuesta la cultura a las fuerzas del ello y del superyó, que critican y se esfuerzan por imponer autoridades externas y extremas.

-¿Estarían estas tres fuerzas representadas por los artistas elegidos?
-Holzer tiene mucho que ver con el superyó en el sentido de que sus frases son como prohibiciones o instrucciones críticas, pero a la vez tiendo a verla como una histérica. Su obra es una sucesión de indicaciones muy fuertes pero sin poder. Por otro lado, siempre hay un cambio, no existe una posición fija. Así como la histérica tiende a identificarse con su analista, la obra de Holzer se identifica con la hegemonía cultural. A la vez, la obra de Clark parece estar operando en el reino del ello: no hay sentido del castigo ni de las consecuencias de las acciones. En las obras de Goldin y la pintura de Basquiat también hay un balance entre las fuerzas del ello y del superyó. En esta muestra lo que hay son siete fragmentos de una cultura en proceso de fragmentación. Es además una especie de retrospectiva, de cronología, de recorte muy específico para subrayar esta tendencia de pulsión de muerte en una cultura.

-¿Te parece que la muestra es también un gesto activista de tu parte?
-Siempre estuve muy involucrado a nivel visual con la presentación de las muestras, pero también creo que pasa por una especie de identificación entre el curador y los artistas. Es como una transferencia psicoanalítica. Tiene que haber una identificación con ellos, no sólo con sus ideas sino también con la manera de representar, de expresarse. Creo en una curaduría muy activista. Mi recorte refleja mis preocupaciones, una mezcla de psicología y política. Hay que advertir que son todos artistas consagrados y que pertenecen al establishment . Antes, por supuesto, pertenecían a la contracultura, ahora la contracultura es parte del mainstream . Es difícil hablar de contracultura porque todo parece formar parte del mercado, del mismo sistema de civilización y consumo. Sin embargo, Bye Bye? no es una muestra anticapitalista.

-¿Como imaginás la recepción del público argentino?
-Hay algo para cada paladar: tenemos la pintura de Basquiat, las fotografías de Clark o de Goldin; es una muestra muy completa en ese sentido, de medios, de identidades, de sensibilidades. No me puedo imaginar que artistas como ellos, que siempre tienen una convocatoria muy grande en otros países, no la tengan aquí, especialmente entre la juventud. Buenos Aires es una ciudad muy sofisticada, pero que no ha recibido antes una muestra de esta clase por diferentes problemas, económicos o políticos. Tengo mucha confianza en la sofisticación de los porteños. Es parte de una nueva orientación en Malba, el comienzo de un programa internacional más ambicioso. Creo que es importante hacer exposiciones que no sean sólo biográficas sino que el espacio museístico se posicione como un centro de ideas, de cuestiones editoriales, de significados.

-La muestra tiene el nombre de una canción pop.
-Sí, los títulos son muy importantes para mi trabajo curatorial, son como puntos de partida. Primero estuvo el título y la idea de un conjunto de artistas, aunque no muy bien definido. La actitud de la exposición es muy rockera, no pretende ser académica. Tiene una concepción que confronta y a la vez es una muestra muy accesible. Es una especie de secuela de la visión pop de Warhol. En ese sentido, los artitas tienen mucho en común con Warhol, son herederos de Warhol. El gesto de Goldin de fotografiar a sus amigos es algo muy warholiano. Las serigrafias de Cady Noland, el uso del espacio público de Jenny Holzer, la deconstrucción de los mitos de Hollywood de McCarthy, todos mantienen relación con Warhol y al mismo tiempo es una crítica a Warhol por su ideología. Es como la lucha contra el padre. Son los hijos de Warhol, podría decirse.

-¿Cuál será la próxima exposición internacional?
-Tenemos planificada cuatro obras en video de Tracey Emin muy potentes, en las que habla de su aborto, de sus problemas amorosos, de su vida de pobreza en Inglaterra. Malba tiene la obligación de acercar artistas de esta calidad, y mi trabajo va a ser un complemento del que hizo Marcelo Pacheco durante años, de construcción de una identidad. La cultura de los museos es algo bastante joven en la Argentina y vamos a trabajar mucho con el equipo educativo; la educación es parte clave de lo que estamos haciendo.

Ficha. Bye Bye American Pie , en Malba , Av. Figueroa Alcorta 3415. Hasta el 4 de junio. Auspicia Citi

Adn Larratt-Smith, Toronto, 1979, Escritor y curador, vive y trabaja en Nueva York, en Londres y, a partir de este año, también en Buenos Aires, ya que programará dos muestras internacionales por año para Malba. Fue el curador de la muestra Louise Bourgeois: el retorno de lo reprimido en 2011 y de Andy Warhol-Mr America en 2010. Ha escrito sobre la obra de varios artistas contemporáneos: Milton Resnick, Iran do Espírito Santo, Jenny Holzer, Roni Horn y Guillermo Kuitca, entre otros. Para fin de año, montará una exposición de la artista inglesa Tracey Emin con cuatro videos de corte autobiográfico sobre el aborto, la vida en los barrios pobres y el desamor. Además, prepara la edición completa de los escritos de Bourgeois.

Articulo: http://www.lanacion.com.ar 06/04/2012

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