samedi 7 avril 2012

Felipe FERNANDEZ/ La novela perdida de SARAMAGO


Libros y autores
La novela perdida de Saramago
Por Felipe Fernández  

Claraboya, primera ficción del Nobel portugués, nunca antes publicada, explora minuciosamente el microcosmos social de la Lisboa de medio siglo atrás

Un edificio de seis departamentos fue el espacio elegido por José Saramago (1922-2010) para desarrollar su novelaClaraboya , novela temprana y "perdida" del escritor portugués que se da a conocer dos años después de su muerte. En el entresuelo derecho viven dos personas mayores, el zapatero Silvestre y Mariana, que llevan treinta años de casados. Del otro lado habita la familia formada por Emilio Fonseca (un encargado de comercio), su esposa Carmen y Enrique, el hijo de seis años. Arriba de ellos residen el linotipista Caetano Cunha y su mujer Justina. La otra unidad de ese piso se halla ocupada por Lidia, una "mantenida" que recibe las visitas de su amante, el empresario Paulino Morais. Uno de los departamentos del segundo piso alberga a dos viudas, las hermanas Amelia y Cándida, y a las hijas de ésta: Isaura y Adriana. El otro es el hogar del oficinista Anselmo, su esposa Rosalía y María Claudia, una hija de diecinueve años.

La obra va ensamblando un minucioso microcosmos social en la Lisboa de 1952 a través de las relaciones que se dan entre los vecinos, de la intimidad cotidiana de los diferentes grupos familiares y de los anhelos secretos de cada uno de los personajes. La hipocresía determina un juego de apariencias que se corresponde con la metáfora del espacio, señalada en la cita del escritor portugués Raul Brandão: "En todas las almas, como en todas las casas, además de la fachada, hay un interior escondido". En ese sentido, la claraboya del título puede entenderse como lo que busca iluminar aquello que está tapado u oculto.

La estructura combina sutiles observaciones con extensos diálogos, para componer una serie de situaciones que retratan psicologías, conductas y conflictos. La infelicidad conyugal surge como una de las constantes del relato. El matrimonio de Emilio y Carmen es un perpetuo campo de batalla. Ella se arrepiente de haber dejado su Galicia natal, donde podría haberse casado con un primo rico. La existencia de Rosalía se somete a los designios de un esposo cuya única pasión se centra en el fútbol.

Caetano, un asiduo cliente de los prostíbulos, desprecia a Justina, a la que califica de momia asexuada. Al referirse a la muerte de una hermosa niña, fruto de la unión de estas dos personas tan diferentes y "nada bonitas", Saramago concluye con crudeza que la naturaleza se equivocó al hacerla nacer y que, "más tarde, descubriendo el engaño, trató de enmendarlo haciendo desaparecer a la criatura".

Sólo en la pareja de Silvestre y Mariana hay un sentimiento de ternura: después de tanto tiempo juntos -se sugiere- quizá su amor sea mayor porque ya no se alimenta "de perfecciones reales o imaginadas".

Claraboya -cuenta en el prólogo Pilar del Río, viuda del autor, presidenta de la Fundación José Saramago y traductora del libro- fue escrita entre los años 40 y 50. Una editorial la recibió en 1953. Desde entonces estuvo perdida, hasta que en 1989 reapareció durante una mudanza. La empresa devolvió los originales a Saramago, pero éste se negó obstinadamente a publicarla. Del Río atribuye esa resolución a la humillación que supuso para el joven literato la actitud de la editorial, que ni siquiera se molestó en mandarle unas líneas para informarle su falta de interés en la obra. Quienes lo rodeaban no insistieron más en convencerlo de lo contrario y el manuscrito quedó abandonado entre mil papeles. La gravedad del trauma relacionado con ese libro no suena exagerada. Desde la entrega del manuscrito hasta que volvió a publicar pasaron veinte años.

La novela ofrece un costumbrismo vital muy alejado del esquema alegórico presente en ficciones posteriores de Saramago, como Ensayo sobre la ceguera (1995) o La caverna (2000). Muestra al futuro Premio Nobel en una etapa formativa en la cual, si bien todavía no ha plasmado la plenitud del estilo que lo haría famoso, ya se perciben con absoluta claridad sus inquietudes éticas y filosóficas, la afinidad por cierto tipo de personajes y una sensibilidad poética que moldea el lenguaje para ahondar el sentido de la narración. El argumento no apunta a un desenlace categórico ni busca una evolución catártica de los protagonistas. La crítica a la sociedad de su época no se dirige al régimen político, a excepción de un par de alusiones a la dictadura de António de Oliveira Salazar. Su blanco son las convenciones burguesas que deshumanizan a la gente y la despojan de su capacidad de amar. Así le sucede a Emilio, que se encuentra "tan distante del amor" que incluso su propio hijo le parece un extraño.

Podría decirse que la trama ensaya una austera exploración del amor en todas sus formas. En el caso de Lidia y Paulino, se trata de un cariño que puede ser vendido y comprado respectivamente. La importancia del dinero en los vínculos afectivos interviene también en el destino de María Claudia. Un incidente revela, de modo fugaz, la repentina atracción erótica que su hermana despierta en Isaura, cuando una noche de insomnio siente que "aberraciones más repugnantes" y "furores subterráneos" se apoderan de su pensamiento y de su voluntad, acicateados por la perturbadora lectura de La religiosa , de Diderot.

Pilar del Río cree que el fuerte contenido transgresor del libro, "para las pacatas costumbres del momento", debe de haber influido en la decisión de dejarlo inédito. Los fragmentos más arriesgados exponen la tortuosa sexualidad de Caetano, que lo conduce a la violencia de género, le impide diferenciar el asco del deseo y lo inclina a un contradictorio masoquismo. El análisis evita con lucidez caer en el estereotipo y no hace concesiones a una moralidad superficial. Contrapone las oscuras pulsiones del linotipista a los sentimientos de Justina que, a pesar del odio que siente hacia su marido, luego de ser violada por éste percibe con horror "una extraña sensación de plenitud indefinible, localizada en ciertas regiones de su anatomía".

En las conversaciones que Silvestre mantiene con Abel, un muchacho que se hospeda en su departamento, el tema del amor finalmente traspasa el círculo de lo individual y se debate su validez en el ámbito colectivo. Abel asume un perfil existencialista que cuestiona la irrealidad de la vida. Afirma padecer el yugo de su monotonía adormecedora y huye de las ataduras. "La vida es un pulpo con muchos tentáculos", declara. Frente a su escepticismo, Saramago propone un cierre idealista en su novela a través de las palabras del zapatero, que confía en el poder transformador de un "amor lúcido y activo" para cambiar la sociedad, porque "¡todo lo que no sea construido sobre el amor generará odio!".

Hay quienes se oponen a la edición póstuma de una obra que el autor decidió no publicar en vida. Los argumentos a favor y en contra suelen encauzarse hacia un debate interminable. Los testimonios sobre Claraboya parecerían indicar que la negativa del escritor portugués obedeció a factores emocionales y no a razones estéticas. Es justo entonces que los lectores de Saramago puedan descubrir un mojón nuevo en su ruta literaria, que había permanecido invisible durante tantas décadas. Sus páginas confirman un punto de partida fiel a un ideario en el cual el sueño de una utopía comunitaria nunca reniega de los aspectos más frágiles de la condición humana..

CLARABOYA
Por José Saramago
Alfaguara
Trad.: Pilar del Río
417 páginas
$ 99

Articulo: http://www.lanacion.com.ar 06/04/2012

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