samedi 21 avril 2012

Fernando DÍAZ DE QUIJANO/ El paraíso como ciencia exacta


El paraíso como ciencia exacta
Por Fernando DÍAZ DE QUIJANO

Llega a Madrid el II Congreso de la Felicidad de Coca-Cola con científicos, divulgadores y "el hombre más feliz del mundo"

Matemática, fórmula, método, ecuación... En una sociedad que se pirra por las estadísticas, términos como éstos generan confianza y nos acercan al terreno de lo abstracto, al que pertenecen -o eso creíamos- conceptos como la felicidad. A la ciencia ya no se le escapa casi nada y ha concluido que el mayor anhelo del ser humano es cuestión de números, gráficos y tablas, así que está en condiciones de trazarnos el mapa para llegar a él. Con este objetivo llega el II Congreso de la Felicidad, organizado por Coca-Cola, que se celebra entre el lunes y el martes en los Teatros del Canal de Madrid. Por él pasarán investigadores y divulgadores de diversas disciplinas científicas, como el psiquiatra Luis Rojas Marcos, el paleontólogo Juan Luis Arsuaga o el afamado divulgador Eduardo Punset, que dirige el encuentro.

En busca de una definición

Empecemos por el principio: ¿qué es la felicidad? Para Luis Rojas Marcos, profesor de psiquiatría de la Universidad de Nueva York, es “un sentimiento positivo de satisfacción con la vida en general”. La definición de Punset es aún más concreta: “Es la ausencia del miedo”.

“Hace un poco más de un siglo la esperanza de vida seguía siendo de treinta años: lo justo para aprender a sobrevivir, si se contaba con la suerte, y culminar el propósito evolutivo de reproducirse. No había futuro ni, por lo tanto, la posibilidad de plantearse un objetivo tan insospechado como el de ser felices. Ésta era una cuestión que se aparcaba para después de la muerte”, decía el divulgador catalán en su libro El viaje a la felicidad. Hoy, la esperanza de vida en España casi alcanza los 82 años y la gente quiere ser feliz y ahora. “Sólo cuando se es consciente de la finitud de un proceso se puede disfrutar o vivir con la intensidad necesaria. Lo importante es tomar conciencia de que hay vida antes de la muerte; la gente tiende a olvidarlo”, asegura el divulgador.

Aunque el aumento de la esperanza y la calidad de vida nos ha dado más tiempo para pensar en la felicidad, su búsqueda es inherente al ser humano. Juan Luis Arsuaga, catedrático de Paleontología de la Universidad Complutense de Madrid y codirector de los yacimientos de Atapuerca, asegura que la evolución nos hizo sociables y por eso necesitamos a los demás para ser felices: “Más que ninguna otra especie, estamos diseñados para vivir en grupo. Por este motivo no hay más cielo posible en este mundo que los demás”.

La báscula de la felicidad

Según Punset, “existen fórmulas para medir la felicidad que funcionan adecuadamente si no se olvida que en ciencia, lo que es verdad de un promedio puede no serlo de un individuo”. Para Rojas, el método más efectivo es también el más antiguo del mundo: preguntar. Esa es, precisamente, una de las tareas delInstituto de la Felicidad, que en su última encuesta, realizada en 2011, determinó que el 69% de los españoles se declara feliz pese a la crisis.Este instituto, creado por Coca-Cola en 2008 y dirigido también por Punset, es una buena muestra del auge que en los últimos años ha experimentado la llamada Responsabilidad Social Corporativa (recordemos que la multinacional se asoció casi desde su nacimiento al concepto de felicidad cuando nadie sabía aún qué era eso de la imagen de marca). Los objetivos del instituto son “la investigación y la difusión de conocimientos sobre la felicidad con el fin de contribuir, en la medida de nuestras posibilidades, a mejorar la calidad de vida de los españoles”, según reza en su página web. Entre sus colaboradores figuran investigadores y divulgadores como Alejandra Vallejo-Nágera, Javier Urra o Jesús Sánchez Martos.

Para el psiquiatra afincado en Nueva York, donde ha ejercido importantes cargos en la sanidad pública, la búsqueda de la felicidad se parece a las finanzas: “Lo mismo que los inversores no colocan todo su capital en un sólo negocio, no debemos depender de una sola fuente para abastecer nuestra satisfacción con la vida”. 

Pero si hay un especialista en aplicar métodos de economía a la búsqueda de la felicidad, ése es Manel Baucells, catedrático de economía y empresa de la Universidad Pompeu Fabra, que acaba de publicar junto al profesor Rakesh Sarin de la Universidad de California el libro La fórmula de la felicidad(Planeta). Ambos son expertos en la toma de decisiones y afirman que la felicidad depende única y exclusivamente de nosotros. “Hay gente que piensa que la felicidad no depende de nosotros, y que tratar de ser más feliz es como tratar de ser más alto. Nosotros pensamos que la felicidad es como un barco, que se puede pilotar con el timón. Las circunstancias externas son como el viento y las corrientes, que empujan el barco, pero sin embargo uno puede retener el control del barco si sabe pilotar el timón”.

Científicos y monjes

Aunque el encuentro nace con vocación científica, la gran estrella del congreso es Matthieu Ricard, que se autodenomina “el hombre más feliz del mundo”. Este francés de 65 años es escritor, fotógrafo y monje budista. Desde 1989 es asesor personal del decimocuarto Dalai Lama, Tenzin Gyatso. Al terreno espiritual pertenece también Sor Lucía Caram, monja de clausura dominica del convento de Santa Clara de Manresa, galardonada con el premio Joan XXIII por la Paz. En la lista de ponentes figuran también Rafael Matesanz, fundador de la Organización Nacional de Trasplantes; Jaume Santllorente, fundador de la ONG Sonrisas de Bombay; y el cirujano y conferenciante Mario Alonso Puig. 

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Mario Alonso Puig
"La felicidad vive en todo nuestro cuerpo"
Por Javier LÓPEZ REJAS 

El lunes comienza en Madrid el II Congreso Internacional sobre la Felicidad. Organizado por el Instituto Coca-Cola de la Felicidad, reunirá a personalidades del mundo de la ciencia como Luis Rojas Marcos, Rafael Matesanz, Juan Luis Arsuaga, Eduard Punset o el cirujano Mario Alonso Puig, con el que hemos hablado sobre los mecanismos de este estado de ánimo.

Felicidad y crisis parecen términos contradictorios pero para Mario Alonso Puig (Madrid, 1955) no lo son tanto. Médico especialista en Cirugía General y del aparato digestivo y miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York, se ha especializado en el estudio del impacto que tienen los procesos mentales en los niveles de salud, energía y bienestar. Para Alonso, es durante estas coyunturas cuando la gente está más dispuesta a salir de su “zona de confort”, a probar cosas nuevas y tomar decisiones que antes nunca se había atrevido a realizar. Para ello recuerda la cita de Einstein: “La creatividad nace en las crisis como el amanecer nace de la noche oscura”.

-Como especialista en el aparato digestivo, ¿diría que la felicidad también vive en el estómago?
-La felicidad vive en la totalidad del cuerpo y no sólo en el cerebro. No podemos hablar del cerebro o del cuerpo como si fueran órganos aislados. Somos una totalidad y, por tanto, todos nuestros órganos están estrechamente interconectados. La membrana que recubre los tres trillones de células de nuestro organismo tiene receptores para las moléculas de las emociones y, por eso, tanto los estados emocionales negativos como los positivos afectan a todas las células del cuerpo, aunque lo hagan en grado diferente. Tenemos también un cerebro en el tubo digestivo que tiene unos cien millones de neuronas y que, como todo el mundo sabe, reacciona a cualquier estado emocional intenso.

-¿Es la felicidad, por tanto, una cuestión de química? 
-En una persona hay siempre varias dimensiones: vegetativa, sensorial, emocional, intelectual, social y espiritual. Ninguna de ellas se puede separar de las otras, ya que están profundamente entrelazadas, del mismo modo que estarían entrelazados los colores amarillo y azul en algo que ante nuestros ojos es de color verde. Los cambios químicos, los pensamientos, el entorno, forman parte de esa percepción íntima y personal que denominamos felicidad.

Mario Alonso Puig subraya que los estudios médicos que más nos han acercado a la felicidad han utilizado una tecnología llamada resonancia funcional magnética. “Lo que han constatado estos trabajos -explica- es que la percepción de felicidad se asocia a una mayor actividad de la región prefrontal izquierda, vinculada a la experiencia de las denominadas emociones positivas. También se ha visto una marcada reducción de la actividad de una región del lóbulo parietal del cerebro relacionada con la orientación espacial”.

-¿Podemos poner a trabajar estas regiones cerebrales con sólo llegar a proponérnoslo? 
-Bueno, no creo que ser feliz sea algo que uno logre a base de esforzarse para conseguirlo. Para mí, la felicidad es algo que nos envuelve cuando las personas favorecemos ciertas condiciones. Los antiguos definían la felicidad como “la paz del sabio”. Hay personas que atraviesan momentos muy complejos y aun así se mantienen serenos, confiados e incluso alegres. Estas personas nos demuestran que una cosa es el bienestar subjetivo que atañe a los sentidos y otra muy diferente es la felicidad que colma el corazón. La ciencia ha podido constatar la relación entre el estado de felicidad y la activación de ciertas regiones cerebrales. Sin embargo, aunque la investigación puede explicar esta conexión no puede hacerlo sobre su naturaleza. 

Según el científico, también ameno divulgador en televisión o en libros como Vivir es un asunto urgente y Reinventarse: tu segunda oportunidad la búsqueda de la verdad es algo intrínseco a nosotros. Por eso considera que el pesimismo de grandes pensadores, como Schopenhauer, Nietzsche, Dovstoiesky e incluso Unamuno, muestra sólo una forma parcial de enfrentarse a la verdad existencial. 

“Desde la época presocrática hasta la postmodernidad -matiza- muchos seres humanos han dedicado sus vidas a reflexionar sobre esta cuestión. Desde el punto de vista de la epistemología, la verdad es la adecuación del entendimiento a la cosa. Muchas veces, esa búsqueda de la verdad está muy distorsionada porque tenemos esquemas mentales que no nos hacen nada fácil descubrir lo que en ontología se denomina la verdad encerrada en la cosa', es decir aquello que no se puede ser captado por los sentidos. Muchos filósofos y literatos, ante la presencia de las imperfecciones que nos rodean y del sufrimiento humano que afecta incluso a los más inocentes han abrazado este “sentimiento trágico de la vida”, sin considerar que, tal vez, si bien esas imperfecciones y sufrimientos son reales, esa visión trágica sólo muestra una visión parcial de lo que es una realidad más amplia que nos trasciende.

-¿Está nuestro cerebro preparado para afrontar este tipo de incertidumbres? 
-Está perfectamente adaptado para afrontar la incertidumbre. Para lo que no está preparado es para poner en marcha unos mecanismos que sólo tendrían que activarse ante amenazas a nuestra supervivencia física y que, sin embargo, se activan ante situaciones de peligro que son única y exclusivamente creaciones de nuestra mente.

-¿Es el caso del estrés?
-Bueno, el estrés no es malo en sí mismo, ya que es una energía que se pone en marcha para ayudarnos a proteger la vida o a adaptarnos a un nuevo entorno. No hay que confundir una situación nueva con una situación peligrosa. Si las confundimos, nos pondremos a la defensiva y dejaremos de explorar, aprender y evolucionar. Por eso es tan importante creerse de verdad que en toda situación compleja puede haber peligros, pero que también puede haber oportunidades. 

El nieto del nazi 

Hace poco, Martin Davidson recordaba el impacto que tuvo en su familia su empeño en hacer público el pasado nazi del abuelo Langhben: “Mi madre -explicó- reaccionó con angustia, furia e incomprensión, pero a medida que el proyecto fue creciendo, comprendió que no se trataba de un ajuste de cuentas sensacionalista, y su actitud cambió completamente. Descubrir que su padre había subordinado los intereses de la familia al ideario nazi le irritó tanto que acabó maldiciéndolo. Y el éxito del libro terminó por convencerla de que había hecho bien revelándome los secretos familiares, porque al fin era verdaderamente libre”.

Articulo: http://www.elcultural.es 06/04/2012

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