samedi 7 avril 2012

Francia FERNANDEZ/ Capturar el tiempo


Personalidades / Luis Poirot
Capturar el tiempo
Por Francia Fernández 

Importante fotógrafo chileno, retrató a Neruda en su casa de Isla Negra, y a otros personajes como Víctor Jara y Salvador Allende. A los 71 años, sigue apasionado por su oficio y fiel a la obra en blanco y negro

Dice que la fotografía lo encontró a él. Y que ese "encuentro bendito" se convirtió en una pasión que lo ha acompañado por casi 50 años. Luis Poirot, uno de los fotógrafos chilenos más destacados, era un veinteañero que había terminado de cursar teatro en la Universidad de Chile cuando hizo sus primeras tomas, en 1963.

Entonces, antes de partir con una beca a estudiar cine y TV en la Radio Televisión Francesa (RTF), le pidió una cámara a un amigo para fotografiar a la chica de la que estaba enamorado y llevarse las imágenes consigo. De vuelta en su país, un año después, con una máquina comprada en Francia comenzó a registrar los ensayos teatrales de compañías como el Ictus, en las que también participó como actor y dirigió algunas obras. Sus colegas le pedían copias y le hacían encargos. Y así, lentamente, se transformó en lo que es: un fotógrafo de retratos en blanco y negro.

"El blanco y negro es más sugerente que el color, aporta misterio. El color da la ilusión de realidad, pero la foto no es la realidad, es un mundo a partir de ella, que emerge con sus códigos y claves", señala Poirot por teléfono, con una voz que le resta edad (tiene 71 años). Al retrato, en cambio, lo define como "un encuentro entre seres humanos, en que el tiempo de conversación es más importante que la foto en sí, porque la imagen surge de una comunicación, de un compartir algo", detalla.

A lo largo de su carrera, de su "diálogo" con personajes relevantes de la cultura chilena, han salido fotos de Raúl Ruiz, Roberto Matta, José Donoso, Nicanor Parra, Isabel Allende y, sobre todo, Pablo Neruda. Julio Cortázar y Arthur Miller también se cuentan entre los escritores de renombre internacional que posaron para él.

Nacido en Santiago de Chile a fines de 1940, este artista ha sido testigo de hechos determinantes de la historia trasandina, como el golpe de 1973. Entonces, él era un militante socialista que, además, se había encargado de sacar las fotos de la campaña presidencial de Salvador Allende. Cuando ocurrió el "tanquetazo", el fallido intento de derrocamiento, en junio de aquel año, Poirot consiguió llegar a La Moneda. "Fui el único fotógrafo en el lugar y tomé muchas fotos. El día del golpe intenté hacer lo mismo, pero como Santiago estaba dividida en ?bolsas' militares, era imposible pasar de una a otra. Y no pude", relata.

Al igual que para muchos otros artistas, lo que vino después para Poirot fue el exilio. Primero en París y luego en Barcelona. Allí vivió, en 1975, la muerte de Franco, y tuvo que "deshacer las maletas" definitivamente, porque se dio cuenta de que la dictadura militar chilena estaba instaladísima y la posibilidad de regresar se relegaba a un futuro lejano e incierto.

Neruda en el corazón

Cuando llegó por primera vez a la casa de Pablo Neruda en Isla Negra, Poirot no imaginaba cuán unida estaría la figura del poeta a su carrera y a su propia historia. A fines de los años 60 lo conoció por un encargo editorial: la tapa de una edición de lujo de Veinte poemas de amor y una canción desesperada , libro publicado originalmente en 1924.

El segundo encuentro de produjo a comienzos de los años 70. Poirot y otros fotógrafos iban a montar una exposición y se les ocurrió pedirle al Nobel chileno que les escribiera el prólogo de la muestra. "Yo fui muy sinvergüenza y atrevido como para llamarlo. Me citó en su casa. Le mostré las fotos y le pedí un prólogo escrito a mano", rememora. Ese día, Neruda también dejó que lo retratara. "En realidad, siempre fue muy generoso para mostrarme todo, pero con una condición: que no le pidiera posar para las fotos."

Al principio, Poirot se sintió intimidado por el personaje, si bien echó mano a sus estudios de teatro y dirección. "Como yo era director de actores, utilizaba eso en mis retratos. Neruda me facilitó bastante la situación, porque al igual que toda gran persona, era tranquilo y accesible. No tenía que subrayar que era importante? Yo lo sabía."

La tercera vez, el fotógrafo fue a buscar el prólogo de la exposición y Poirot estuvo toda una tarde haciéndole retratos. "Tuvo mucha paciencia, porque en ese tiempo a mí no me conocía nadie. Años después, Matilde Urrutia, su última mujer, me permitió sacar fotos de la casa de Isla Negra. Entonces, por orden de un juez, la casa estaba cerrada, porque la Marina chilena quería quedársela... Durante una semana, me lo pasé entrando y saliendo, a escondidas", cuenta.

Esto fue a fines de 1982, en plena dictadura. Sus fotos, que exploran cada rincón de la casa, donde Neruda ubicó los objetos que "rescataba" en sus viajes (como mascarones de proa y caracolas), aparecerían en un libro, cinco años después. "Él decía que coleccionaba cosas no por lo que valieran, sino porque hablaban de la presencia de las personas que las habían tenido. Y eso fue lo que encontré en su casa: objetos impregnados de su presencia. Neruda estaba muerto, ausente, y, sin embargo, presente. Por eso el libro se llamó Retratar la ausencia. "

Estimulado por la viuda de Neruda para terminar el libro, y también por la figura del poeta, Poirot volvió a Chile a mediados de los años 80. Fue una especie de "conjuro personal" frente al horror de Pinochet. "Yo no quería vivir en dictadura. Creo que entonces Neruda me dio la mano, porque él encarnaba las mejores cualidades de los chilenos y de mi país. Eso hizo más soportable mi regreso", sostiene.

Además del "refugio" de Isla Negra, Poirot fotografió las otras dos casas de Neruda: "La Sebastiana", en Valparaíso, y "La Chascona", en Santiago. "Para mí, todas son una mezcla de emoción y recuerdo", comenta al respecto quien ha sido premiado en dos ocasiones con el Nikon Photo Contest International y el FotoPres España, ha participado de unos 40 libros y ha montado más de 50 exposiciones individuales en diferentes partes del mundo.

Vida "ephemera" y flores

Un sobreviviente. Así se considera Poirot. Y con razón. En 2001 le diagnosticaron un cáncer en el lagrimal. Estuvo a punto de perder el ojo y quedar ciego, que era lo peor que le podía pasar como fotógrafo. Se negó a una extirpación y salió airoso de la enfermedad, gracias a una cirugía reconstructiva (que incluyó "sacarle" la mitad de la cara y rellenársela con silicona y titanio) y a la radioterapia.

Esa operación se sumó a un infarto que lo dejó con tres by-pass . Entonces el artista exorcizó sus temores a través de una serie de fotos de flores marchitas llamada Ephemera (2003). Y combatió el mal tiempo con buen humor. Después del remezón, llegó Aurora, la hijita (de 5) que tiene junto con su actual pareja, Fernanda Larraín. Esta última también es el centro de su proyecto más personal: cien fotografías que le tomó en los últimos 12 años y que espera exponer y publicar próximamente.

En la Feria del Libro de Guadalajara de 2012, se expondrán 20 retratos de su autoría a escritores chilenos. Sus proyectos no terminan ahí, claro. "Siempre estoy buscando. Yo tomo fotografías todos los días. Es una necesidad física. Si no, ando como de mal genio", dice Poirot, quien además de personajes famosos, persigue con su cámara espacios urbanos, iglesias rurales, rincones con historia y vida, adonde vaya. Y luego "sólo" dispara. Dispara. Dispara.

TE RECUERDO VÍCTOR

"Conocí a Víctor Jara en la facultad. Él estaba en tercer año y dirigía obras de teatro. Le pedí trabajar como ayudante de dirección, y me dijo que sí. A veces, también era su confidente (del amor que sentía por Joan Jara, quien entonces era su profesora, no su mujer). Yo era muy inmaduro. Él, no. Me ayudaba a mantenerme centrado. Le hice las primeras fotos por amistad, porque necesitaba imágenes para un disco. Después de que lo mataron, tardé 20 años en sacarlas a la luz, porque era algo muy doloroso? Yo a Víctor lo quise mucho? Se lo arrebataron a la cultura chilena, porque no sólo era un folklorista destacado sino también un importante director de teatro. En Chile se habla mucho de no mirar atrás, de olvido y perdón. Pero yo no olvido ni perdono a quienes mataron a Víctor Jara."

Articulo: http://www.lanacion.com.ar 06/04/2012

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