samedi 28 avril 2012

Horacio BILBAO & Ivanna SOTO/ Tomás GONZÁLEZ: "No hay novelas que no sean autobiográficas"


LITERATURA
Tomás González: "No hay novelas que no sean autobiográficas"
Por Horacio BILBAO & Ivanna SOTO

El escritor colombiano llegó a la Argentina para presentar en la Feria su nuevo libro "La luz difícil", que indaga en el dolor de un padre que vivencia la muerte inminente de su hijo.

En La luz difícil, del colombiano Tomás González, se cuenta una muerte planificada, pero no desde la misma persona que decide morir, sino de quienes deben quedarse. Quien lo hace es David, que a sus 78 años escribe sobre cuando casi veinte años atrás su hijo Jacobo decidió planificar su muerte luego de un accidente de tránsito que lo dejó paralítico. El narrador va y vuelve en el tiempo, del presente al pasado, fuente de esos recuerdos más bellos y tristes, y escribe en una suerte de diario en el que, mientras se lee, se vive la espera de lo inevitable. 

-El origen de su novela es autobiográfico, pero pensada en el futuro. ¿Cómo hace para imaginarse en esa situación?
-El libro es autobiográfico casi como son todos los libros. Uno toma lo que ha sentido y lo que ha vivido y lo edita, le da otra forma. Lo que dices de la parte que es como futurista fue una intención del libro tratar de explorar lo que podría ser mi ancianidad, por eso termina en esos años. Ese es el juego.

-¿Es como se piensa usted en el futuro o como querría llegar a sus 78 años, como tiene David?
-David logra cierta serenidad como yo quisiera lograr en el futuro, cierta ecuanimidad. Pero me parece que es algo que uno sólo podría lograr a esa edad cuando ya no hay futuro, cuando ya uno vivió todo y puede ver el paisaje de lo que fue su vida.

-¿Lo autobiográfico fue intencional desde el principio o apareció en algún momento?
-Yo no creo que haya novelas que no sean autobiográficas. Aquí no esquivo tomar casi segmentos completos de lo que fue mi vida en Nueva York, por ejemplo. Todo lo del apartamento, toda la vida en el barrio, lo tomo casi literal. Pero hay unos montajes que se hacen en la novela. Mientras más pueda tomar de lo que he vivido –porque es lo que más conozco- mejor para mí, porque siento que le da más inmediatez a la narración. Pero ahí hay licencias muy grandes que se deben tomar para que el texto tenga forma de novela.

-¿Por qué este personaje, David, alter ego suyo, aparece en todas sus novelas?
-Se fue dando. Apareció desde las primeras novelas como personaje secundario, y a medida que escribía las otras novelas, seguía apareciendo. Y llegó un punto en que vi que podía hacer el desarrollo completo del personaje a través de las distintas novelas y tener el retrato de él entre todas ellas.

-Al momento de narrar la muerte panificada, ¿por qué decide contarla desde la perspectiva de los que quedan y no del que decide morir?
-Porque me interesaba hacer la exploración del sufrimiento, pero no del sufrimiento extremo de la persona que padece la catástrofe, sino de las que lo padecen de forma indirecta, del padre en este caso. Me interesaba más que el propio sufrimiento del hijo, que alcanzaba tanta intensidad que casi no se puede abordar, porque es demasiado. Para uno poderlo abordar debe ser de forma indirecta. Si lo hubiera intentado hacer de manera directa, tal vez no hubiera podido escribir el libro.

-En el libro se nota bastante esa necesidad de tomar distancia, del paso de los años para poder narrar, de intercalar ese dolor con otras vivencias que lo antecedieron o que lo sucedieron... 
-Hacerlo de inmediato no es posible porque es demasiado, entonces no permite expresión. Hay que dejar pasar tiempo para poder expresar algo así.

-¿Es una dificultad propia?
-Es mía personal pero diría que es de todos nosotros. En el momento en que uno está en un paso difícil como ese, no tiene la presencia de ánimo, ni la perspectiva ni el tiempo de escribirlo. Hay que poder dejar pasar el tiempo para poderlo ver.

-Cómo tema social, legal, en su libro está este asunto de la muerte digna. ¿Tiene una posición personal?
-Cuando decidí escribir el libro, pensé que no me convenía meterme en el debate, porque corría peligro de que entrara en el libro y se volviera un libro de debate sobre la eutanasia, lo cual no era mi interés. Doy como un hecho lo que pasa, pero no tomo partido, no debato el tema. En cuanto a mi posición personal, creo que si se llega a un punto en el que el sufrimiento es tal que lo único que lo termina es la muerte, es la vía más éticamente obligatoria casi. Hay que parar el sufrimiento, no tiene sentido que una persona siga sufriendo si no hay posibilidad de paliar ese dolor, es cruel. 

-¿Es por esta necesidad de que el libro no se vuelva un libro de debate que no se cuenta el procedimiento ni las discusiones previas a la muerte?
-Para llegar a esa decisión, mucho tuvieron que hablar y decidir. Pero no quise tampoco tocar eso, lo di por supuesto. No quería convertir el libro en un terreno de debate sobre la eutanasia. Más que eso me interesaba contar la capacidad de una persona de alcanzar los límites del sufrimiento y superarlo.

-¿Cómo fue el tratamiento del español, al haber vivido tanto usted como los personajes tanto tiempo en Estados Unidos?
-Traté de cuidar que el español de David y Sara fuera el español de personas que han vivido mucho tiempo en Nueva York. En las novelas donde las personas viven en Colombia, el español es mucho más acentuado, pero el español de David es más neutro. 

-A David le cuesta pintar y en muchos momentos se nota que pinta sólo porque lo necesita económicamente, ¿le pasa con la escritura?
-No por la parte económica, esa parte la di por perdida hace mucho tiempo, casi desde el principio. (Risas) Así que yo tengo libertad en ese sentido.

-¿Está escribiendo un libro nuevo?
-Tomé un tema completamente distinto, una historia en el Golfo de Morrosquillo. Está escrito en tercera persona, para descansar de esta primera persona muy intensa del libro de David. Descansé de lo emocionalmente exigente. 

Articulo: http://www.revistaenie.clarin.com 27/04/2012

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