samedi 21 avril 2012

Pedro GANDOLFO/ Honestidad poética


Honestidad poética
Por Pedro GANDOLFO

La poesía de Claudio Bertoni es una poesía ágil, directa, desenvuelta, irreverente, a veces sordamente trágica, otra, hilarantemente cómica.

Bertoni cultiva un estilo sencillo y eficaz –que no puede dejar de recordar algunas de las lecciones de Nicanor Parra-, estilo que se guarda de adoptar las convenciones mas típicas de lenguaje que usualmente se llama “poético”: así, rara vez aparecen metáforas rebuscadas, imágenes visuales sugerentes y complejas, símiles extraños; rara vez su sintaxis se aparta de lo que es familiarmente “inteligible”; siempre emplea, por el contrario, un vocabulario llano, seleccionando con extremo cuidado las palabras y modos de uso en sus acepciones mas conocidas. La poesía de Bertoni huye, así, de todo amaneramiento, a tal punto de que se puede advertir un amaneramiento al revés, un ascetismo, un horror ante el decorado y el lirismo. Ello ocurre porque el ámbito de la vida que esta antología cubre –una antología muy representativa de su obra- es aquello que se halla mas cercano al lector: lo familiar y domestico, el propio yo, su cuerpo y sus pasiones abordados, para serles fiel, en su materialidad mas descarnada y visible. Una parte importante de los logros –por cierto, indudables- de la poesía de Claudio Bertoni es su espontaneidad, acierto y concreción para dar cuenta de esos aspectos de la vida que otros poetas no consideran dignos de ser poetizados. El lenguaje que emplea es, en este sentido, el ajustado y su poesía posee un temple saludable, cercano al lector y fácil de acceder, sin hermetismo impostado ni nada que se le asemeje, lo cual no quiere decir que sus sentidos sean fáciles, por entero expuestos sean fáciles, por entero expuestos, sin quedar zumbando en la cabeza del lector. Se podría decir, usando una terminología ya un tanto pasada de moda, que Bertoni es, a su modo, más un clásico que un romántico.

En toda la obra de Bertoni que reúne Que culpa tengo yo se percibe concreción, observación exacta y reflexión personal, que se trasuntan, y deslenguado, cuyo punto de vista tiene algo en común con las grandes pensadores cínicos de la antigüedad tardo clásica: un decir desnudo que se arroja sin temor a la trasgresión de las pequeñas convenciones sociales, sobre todo en el plano del erotismo y la sexualidad, un decir sin ambages ni recovecos que recuerda, en su tono y desparpajo, a poetas latinos tales como Catulo o Marcial.

Bertoni elude –casi siempre con pleno éxito- el peligro de la banalidad trivial y, al contrario, sorprende con su simplicidad acojonada. Sus versos logran rango poético a partir de lo compacto y límpido de frases y del juego de contrastes entre los contenidos y la forma de expresión, de un lado, y el ritmo, cadencia y metros, del otro. Bertoni tiene oficio para poetizar pero no se jacta de ello en sus poemas: la costura y urdimbre de sus versos es casi invisible (lo cual contribuye a su aparente espontaneidad, aunque su ritmo, metros y cadencias se despliegan con gran afinamiento e indudable buen oído en su ejecución: sus versos nunca renquean y se hallan poderosamente (si bien de manera no visible) trabajados.

El talento de Bertoni resplandece en su poesía erótica. Quien escribe no teme en mostrarse como un adulto, ya mas bien vieron, al que le gustan las mujeres jóvenes, que se lleva pensando en ellas, deseándolas, de una manera en que lo amoroso y lo sexual forman un todo obsesivo, cómico y un poco decadente. El uso del garabato, del chilenismo procaz, de la grosería no solo esta perfectamente justificado, sino que Bertoni alcanza allí los puntos mas altos de su poetizar. Es quizás aquí, en este ámbito de lo erótico y de la procacidad, donde una poesía con los rasgos formales de la suya puede hacer contribuciones en nuestra tradición literaria y estragos dentro de una sensibilidad más pacata.

La grosería, la vulgaridad, “las palabras cochinas” tienen una acogida esmerada –no casual ni desprolija- en sus poemas, bien encapsuladas en formas estrictas y al compás de ritmos y cadencias que no titubean. La comicidad, el humor acido (aplicado también y antes que nada sobre si mismo) y la ocurrencia divertida puebla de vitalidad su poesía. El hallazgo, la elocución sorprendente, cómica y precisa se luce en los poemas mas breves que los extensos, como si en las carreras de largo aliento, se diluyeran la potencia que se advierte en los poemas más cortos o de metros breves. Con todo, el carácter risueño y chispeante de sus poemas mas conocidos no debería engañar respecto del aliento hondamente melancólico de un poemario que incesantemente se asombra por la fragilidad de la vida, de la amistad y del amor.

Claudio BERTONI (1946) es poeta, fotógrafo y artista visual chileno. Desde principios de los anos setenta sus dedicaciones han sido la música, la fotografía y la poesía. Vivió en Europa (principalmente en Londres y Paris). En Gran Bretaña, en 1973, publico su primer libro, El cansador intrabajable. Otros libros son: El cansador intrabajable II (1986), Ni yo (1996), Rápido antes de llorar (2007) y ¿A quién matamos ahora? (2011).

POEMAS de Claudio BERTONI
MI PADRE Y YO

Mi padre y yo
íbamos de viaje entre Valparaíso y Santiago.
Pasado el túnel Zapata, un poco antes de llegar a Curacaví,
nos detuvimos a orinar. Bruno abrió el capot del auto
mientras yo miraba el cielo y las nubes juntarse con los cerros
de la Cordillera de la Costa. Eran como las dos de la tarde
un día de semana y no había mucho tráfico en la carretera.
Yo me puse los anteojos ahumados y Bruno se puso las manos
en la cintura. El asfalto sudaba detrás nuestro y no decíamos
nada. Bruno se acercó un poco a la cerca de alambre de púas
para ver pasar una acequia. Yo me volví a mirar un camión
que pasaba. Bruno estaba cerca de los tapabarros delanteros
y yo de los traseros. La tapa del radiador estaba dando vuelta
junto a su boca y la carrocería del auto ardía como el asfalto.
Nos mirábamos a la pasada, sin darnos cuenta, cuando nuestras miradas
se tocaban en los cerros, en el cielo, en un potrero. "Vamos chico",
dijo mi padre. "Ya voy", le contesté. Retrocedí hasta el auto.
Abrí la puerta y me senté. Bruno vino después. Lo vi parado
delante del tapabarro derecho. Escuché rodar el hilo de la tapa
del radiador en el hilo de su boca. Ahora veía con claridad.
Cerró el capot de un golpe. Y lo aseguró con la presión unísona
de sus manos. Sin que me viera verlo miré su pelo. Y cuando levantó
la frente le vi la cara. Abrió la puerta y le ofrecí los anteojos.
Se los puso sin decir nada. Un rato después lo volví a mirar.
Le vi la oreja derecha. Y volví a mirar el camino.


MI MADRE Y YO

Llevamos una vida
perfectamente triste
y tranquila.
Yo voy de compras
ella cocina
y yo lavo las ollas.
Vemos televisión
desde las dos de la tarde
hasta la una de la madrugada
haciendo intermedios para comer y orinar.
De noche aseguro las puertas
apago las luces
y vuelvo a mi pieza
no sé si desvestirme
y tampoco me decido a leer ni hago abdominales
no tengo ánimos para pensar en nadie
y sentado al borde de la cama
siento nostalgia del tiempo
en que solía masturbarme.


ES PRIMAVERA

Hace frío
y cierro una
ventana
-con cuidado-
para que un
heladero
(que toca debajo
una campana)
no crea
que lo rechazo.


ASI EN FORMA DE MONEDAS

Una vez
que viajábamos
en el mismo bus
Yo y un músico
al que admiraba
compré unos chocolates
para ofrecerle
y así poder
entablar conversación.
Pero
no me atreví
Y pasé todo el proyecto
a punto de estirar la mano
y decirle "¿Quieres uno?"
-con naturalidad-
como si recién lo hubiera pensado
y no hacía 200 Km.
Pero
no lo hice
y me transpiraban las manos
y yo me comí unos pocos
y los demás se derritieron
embadurnándome los dedos


ESCARAMUZA

Hace unos días
cambié la mesa endeble
en que tenía una serie
de papeles acumulando polvo,
para el otro lado
de la cama.
Así podría escribir
sentado en la misma
sobre una mesa que recibiera
la luz de la ventana.
Al día siguiente
Berta movió la cama
hacia el poniente
dejando un espacio
de un metro y más
entre su flanco derecho
y la ventana
Además cupo entonces la silla.


RECORD

Es quizá un record.
No podría asegurarlo
-y lo reconozco-
me enorgullecería.
Pero que yo sepa
nadie tiene callo
en este dedo (el
índice). Y menos
por la razón
que yo lo tengo:
Darle vueltas
a una perilla de radio.


9/72

Salí a caminar
antes de que oscureciera.
Estuve casi una hora
sentado en la plaza Pedro de Valdivia.
Un perro color barquillo
se me acercó tímidamente
y me lamió la mano,
yo le hice cariño
y se tendió
a mi lado.
Minutos después
lo despertó una sirena de incendios,
caminó despacio hasta el pasto
y se tendió de nuevo.
Calculé
que se hubiera dormido,
me levanté con cautela
y me fui.


RESULTA

Ahora resulta que tengo cáncer
Ahora resulta que voy a la gruta
de Lourdes
Ahora resulta que no tengo
cáncer
Ahora resulta que tengo fe
Ahora resulta que voy a
una orgía
Ahora resulta que no tengo fe
Ahora resulta que
soy un desprejuiciado
Ahora resulta que soy
un desgraciado
Ahora resulta que tengo cáncer
de nuevo
Ahora resulta que voy a la gruta de Lourdes de nuevo
Ahora resulta que no resulta
¡Ahora resulta que Dios
es un picado!


CANCER

El cáncer
es tan profundo
que ni siquiera el cáncer a la piel
es superficial. 


EL CIEGO

llamo y llamo
y tú no estás
sé que no estás
pero sigo llamando
por lo menos el teléfono suena ahí donde no estás
pero donde sueles estar
en el espacio que sueles ocupar
en el aire que sueles llenar
en las sillas que sueles tocar
en los muebles que sueles tocar
en la cama que sueles ocupar
en el teléfono que sueles contestar
y tomar en tu mano
y acercar a tu boca.
llamo y toco ése lugar.
yo soy el alma el corazón y el ¡ay!
del grito que toca ese lugar.
Soñar no cuesta nada

siempre miraba en la puerta
en el suelo a la entrada
por si había algún papelito
por si se te había ocurrido pasar
por si habías sentido la necesidad de pasar
y siempre que volvía de Viña
tenía el sueño de encontrarte ahí
sentada en la puerta
sentada en la escalera
y siempre te saludaba
y así me aliviaba,
en una ínfima medida me aliviaba.

también cuando los perros ladraban mucho
pensaba que eras tú
que podías ser tú
porque así le ladran los perros a las personas que no conocen
y el viento en las ramas del damasco
y en las hojas
y el viento en las plantas
también eras tú
también podías ser tú
y los perritos que vienen a pedir cáscaras de queso
también podías ser tú
pero nunca fuiste tú
nunca en ninguno de estos casos fuiste tú
siempre fue el viento
y los perritos
y los pasos de otras personas
y los ladridos para otras personas
y ya no te confundo con los pies de los perritos
y ya no te confundo con el viento entre las ramas
y ya no te confundo con el viento entre las hojas
y ya no te confundo con el viento entre las plantas
y ya no te confundo conmigo
y ya no me confundo contigo
y ya no nos confundo a los dos

DINERO

si lo pienso
todo el tiempo
lo que más quiero es dinero
quiero libros
y los libros cuestan dinero
quiero compactos
y los compactos cuestan dinero
quiero una casa para vivir contigo
y una casa cuesta dinero
quiero un taller para mis esculturas
y un taller cuesta dinero
quiero un impermeable
y un impermeable cuesta dinero
quiero un auto para sacarte a pasear
y un auto cuesta dinero
quiero que vayas a la Universidad
y la Universidad cuesta dinero
quiero que comas bien
y la comida cuesta dinero
quiero que viajes a Tánger
y viajar cuesta dinero
te quiero a ti
y tú quieres dinero.
¿Qué más puedo querer
si no es dinero

¡eres una endomorfa!

Articulo: http://www.mer.cl 08/04/2012

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