samedi 7 avril 2012

Pedro Pablo GUERRERO/ Christopher DOMINGUEZ, el influyente crítico liberal mexicano


PANORAMA Literario | estado actual de la crítica
Christopher DOMINGUEZ, el influyente crítico liberal mexicano
Por Pedro Pablo GUERRERO

De paso en Chile, el ensayista converso con Revista de Libros acerca del estado actual de la critica, los caminos de la narrativa de su país y del libro de ensayos “El XIX en el XXI”, que publicara con Ediciones UDP.

A propósito de Chateaubriand y sus Memorias de ultratumbas (“libro-ouija”, lo llama), Christopher Domínguez Michael (1962) anota que “leer es escuchar a los muertos”. Muy temprano aprendió el crítico mexicano a comunicarse con ellos. De Sade a Trotsky, devoro la biblioteca de su padre médico cuando todavía era niño; publico sus primeras reseñas de libros en la prensa a los 18 años, y a los 27 ya formaba parte del consejo de redacción de la revista Vuelta, que dirigía Octavio Paz. “Su influencia era devastadora sobre mi”, admitiría mas tarde.

Después de la muerte de su mentor y el fin de la publicación, en 1998, Domínguez ingreso al consejo editorial de Letras Libres, revista desde la que ejerce hoy la critica literaria, sin dejar sus colaboraciones en el suplemento cultural EL Ángel, del periódico Reforma.

Autor de libros como José Vasconcelos. Obra selecta (1992), la novela William Pescador (1997), el estudio Vida de fray Servando (Premio Xavier Villaurrutia 2005) y de varias colecciones de ensayos, fue, sin embargo, la publicación de su Antología de la narrativa mexicana del siglo XX (1989) la que desato las mayores controversias: se enojaron los que no fueron invitados a la fiesta y también los que, admitidos, ocuparnos una mesa que no les parecía a su altura. Los disgustos se repitieron, en menor escala, con el Diccionario critico de la literatura mexicana (2007). Algo a lo que Christopher Domínguez ya esta acostumbrado, pues cree que “un critico al que no interesa la polémica debe dedicarse a otra cosa”.

En Chile, Domínguez participo en el homenaje que le rindió el Centro de Estudios Públicos a Jorge Edwards, autor que lo había impresionado con Persona non grata. “Me pareció magnifico poderme leer su obra entera. Había libros que no conocía y ha sido una experiencia muy instructiva. En la lista de intelectuales públicos, como les dicen ahora, lo que es medio redundante porque un intelectual es por definición publico, Edwards ocupa un lugar muy importante. No lo tenia tan claro y leerlo ha sido una oportunidad para continuar de ustedes”, declara.

Literatura de frontera

Forma parte de este dialogo, marcado por frecuentes visitas, la próxima edición en Chile del libro El XIX en el XXI, que reúne sus ensayos dedicados a escritores románticos como Chateaubriand, Saint-Beuve y Nerval, pero también a los “reformadores” –así los llama- Tolstói, Victor Hugo, Chéjov y Karl Marx, y “decadentes”, entre los que incluye a Huysmans, Pierre Loti, Alphonse Daudet, Henry James y Machado de Assis. Publicado originalmente por Sexto Piso en 2010, la versión local de El XIX en el XXI agrega artículos sobre el doctor Samuel Johnson, Baudelaire, Coleridge, Gogol y Chesterton, entre otros. El libro aparecerá en Ediciones Universidad Diego Portales, sello que ya le había publicado La sabiduría sin promesa. Vidas y letras del siglo XX (2009).

-Del siglo XX retrocedes al XIX. ¿Estas alejándote de la crítica de contemporáneos?
-Son las dos cosas. Si revisas lo que publico cada semana en la Ciudad de México, obviamente nunca dejo de ocuparme de autores mexicanos, argentinos, chilenos. Trato de equilibrar lo actual con el pasando. Prefiero escribir sobre autores muertos, pero también, como todos, estoy en un mercado y el mercado se ocupa de las novedades y la actualidad literaria.

-¿Esta preferencia se debe a que no te satisface la actual producción literaria?
-No. Simplemente al gusto de estar en el pasado. No hay un juicio de valor, porque tampoco el hecho de ser del pasado los vuelve buenos per se. Hay muchos escritores malísimos, entre los que seguramente estaremos varios de nosotros cuando desaparezcamos. Los defectos de un autor muerto pueden ser muy ilustrativos para nosotros.

-¿Entre los escritores mexicanos de los últimos anos ves alguno que ya alcance una madurez narrativa?
-Hay autores nuevos muy relacionados con lo que esta pasando en México. Por ejemplo, Yuri Herrera, un escritor que trabaja todo el terrible caos de la frontera entre México y Estados Unidos. De esta situación tan amarga ha logrado destilar una realidad lingüística que, yo creo, vas a sobrevivir. Es un autor que se conoció masivamente primero en España que en México.

-¿Te parece que la producción literaria mas interesante forma parte de la llamada “narrativa de frontera”?
-Es evidente que es la zona más vital de la literatura mexicana en este momento. También porque todo el norte es una zona de guerra, entonces es lógico que la atención del público se vaya sobre lo que pasa en esa región. La fertilidad de esa literatura no es nueva, ya lleva 25 a 30 años. Justamente acaba de morir Daniel Sada, que fue, desde principios de los 80, uno de los escritores, junto con Jesús Gardea, que pusieron en el mapa una zona que no estaba registrada en la literatura de Latinoamérica. Hoy siguen apareciendo autores tan interesantes como Yuri Herrera o Carlos Velazquez.

-¿La narcoliteratura es una deriva de esa narrativa del norte?
-Un colega la llama una literatura de la “hematopeya” (imitación de la sangre). Es el problema de las relaciones conflictivas entre la realidad y la literatura. Por un lado, la literatura tiene una función moral y de registro, también de protesta; entonces era imposible que un fenómeno de dimensiones tan atroces, que concentra con justas razones tanta atención publica, no derivase en la literatura. Pero la gran mayoría de los libros sobre el narco, como suele suceder con la gran mayoría de los libros sobre la actualidad, es literatura perentoria, comercial, periodismo muchas veces malo, presentado de manera falaz como literatura. Por fortuna, si espigamos en esa gran cantidad de material, casi siempre aparecen dos o tres escritores que uno apuesta que perduraran. Supongo que si hacemos un estudio comparativo con el caso colombiano de los 90, debe haber sido bastante similar.

La situación de la crítica

-¿Cuál dirías que es el estado actual de la critica literaria?
-La critica literaria forma parte de los fenómenos que siempre crean la sensación de estar amenazados. Pero su gran época –quizá lo ocurrido entre Sainte-Beuve y Barthes- ya paso. Primero arremetió contra ella la escolástica universitaria del post estructuralismo y luego la extinción del periodismo literario en los medios. En México, por ejemplo, el resenismo se ha ido extinguiendo junto con los suplementos literarios. Hay que defenderla en los blogs, en las viejas revistas literarias, donde sea.

-¿Qué opinas del estatus del critico? ¿Ha perdido morder o influencia?
-El critico clásico esta asociado a la cultura del libro impreso y esta parece declinar. Conserva su influencia en el mundo anglosajón, en el periodismo literario. Al encerrarse, o ser encerrada, en las universidades, la critica quedo aislada, malherida. Pero no soy del todo pesimista: mientras haya buenos lectores, aunque sean pocos, los críticos tendremos con quien hablar. El problemas es si la vieja idea de lectura, el dialoga prolongado y silencio entre un hombre y un libro, va a sobrevivir. Tengo mis dudas.

-¿Se profundiza el divorcio entre critica académica y critica de medios?
-Hubo grandes críticos universitarios, casi siempre los mejores, Béguin, Bloom, Muschg, Curtius, Auerbach. Uno de los grandes, Kermode, murió hace poco. Era, significativamente, un crítico que se hizo, también, en las revistas literarias, como Steiner. También cultivo ambos lados Edward Said, que no es santo de mi devoción. El problema no es la dicotomía, saludable, no es la dicotomía, saludable, entre el critico-catedrático y el critico-periodístico, sino que se hayan separado uno de otro de manera tan radical. Se olvida que Sainte-Beuve no solo escribía sus largas reseñas y ensayos cada lunes, sino dio clases en Suiza y escribió Port-Royal, un momento de historia literaria “académica”.

-¿Te consideras un critico liberal?
-Si, me considero un crítico liberal.

-¿Alguna vez fuiste marxista?
-Me toco formarme en los años anteriores a la caída del muro de Berlín, cuando las herejías eran el pan y la sal del marxismo; tuve maestros heterodoxos formidables. Me alegra haberme formado en una de las grandes escuelas del pensamiento moderno –nunca había yo leído a Marx con tanto interés y tanta libertad como ahora; nos pasa a mucho-, aun cuando me haya tocado pasar por allí en su etapa decadente, alejandrina, lo cual tiene su sabor. Políticamente, como medio mundo, descreí de esa fe, pero haber pasado por el comunismo, como haber pasado por la Compañía de Jesús, es algo que para bien o para mal, no se borra.

-Suele hablarse, con pesimismo, del retroceso de la lectura y del libro. ¿Te parece una ilusión o un hecho real?
-Se lee mucho hoy día. Pero es un tipo de lectura transversal, dinámica, celular, muy distinta al lector pintado por Chardin, que como lo dice Steiner, fue el modelo hasta los ochenta del siglo pasado. Pero los defensores de la vieja noción de lectura, de su glorioso y aparente estatismo, damos la batalla y nos moriremos dándola. Hay que infiltrar, dice Baricco, las filas de los bárbaros. Si todo va bien, la cultura del libro, de Gutenberg la epopeya de Gilgamesh, la Acrópolis, los códices mesoamericanos y seguirá alimentando a los happy few.

-¿Coincides con que los relatos y el talento narrativo han emigrado desde la literatura a las series de televisión?
-Si, claro. Así como la pintura cambio con la fotografía y la novela con el cine, la narrativa escrita deberá cambiar ante la competencia formidable de la nueva narración de las teleseries, que le debe mucho a la novela del siglo XX, de ella se nutre. En cultura, habitualmente todo se va amestizado. Hay un Joyce en el futuro, debe haberlo.

-Si la lectura es, como planteas, una posibilidad de comunicarse con los muertos, ¿la escritura y la crítica son un ejercicio de invocación?
-Desde luego, uno sueña con eso, pero es un sueño megalomanazo. Uno aspira a que lo que escriba forme parte aunque sea de manera minima de esa necrópolis que es la literatura. La gran relación que le ofrece un libro a un lector es esa famosa condición tan sobada y aplaudida que es la inmortalidad. Creo que el crítico es como alguien que limpia y ordena un cementerio. No me parece una mala función y creo que los autores que llegan ahí son los que importan. El crítico es una especie de criado de los inmortales.

***
“Ojala le dieran el Premio Nobel a Nicanor Parra”

El crítico mexicano sabe de lo que se publica en Chile fundamentalmente gracias a los envíos de Ediciones UDP. “De los autores que no conocía me impresiono mucho Armando Uribe, autor de Pound y Léautaud. También Martín Cerda. Los leo con el entusiasmo de una verdadera novedad. También estoy leyendo hace varios meces Zurita, una obra muy ambiciosa, de un gran poeta latinoamericano. Yo creo que va a ser un libro importantísimo para la poesía en lengua española”, dice.

-¿Crees que el Premio Nobel a Vargas Llosa le quita el cupo de Latinoamérica a Nicanor Parra?
-Nunca se sabe con la Academia Sueca. Acuérdate que cuando se lo dieron a Octavio Paz, el ano anterior se lo habían dado a Camilo José Cela. Parecía imposible que dos escritores de lengua española lo ganaran dos anos seguidos. Ojala le dieran el Nobel a Parra o a españoles que perfectamente lo merecerían, como Enrique Vila-Matas o Fernando Savater. Hace mucho que no lo ganan pensadores. Pero esto del Nobel es una lotería, inventada para que los escritores y los lectores hagamos cabalas.

Articulo: http://www.mer.cl/ 01/04/2012

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