samedi 21 avril 2012

Raquel SAN MARTIN/ El lado oscuro de Internet


Libros y autores
El lado oscuro de Internet
Por Raquel SAN MARTIN 

Jaron Lanier advierte sobre cierto "totalitarismo cibernético" y se pregunta si los usuarios no estarán bajando su exigencias con respecto a la Red

Los críticos más agudos de una idea suelen ser quienes alguna vez la compartieron. En el campo de la tecnología informática, tan dado a los vaticinios apocalípticos como a las promesas optimistas, no es tan frecuente encontrar "arrepentidos" que, tras haber participado en el diseño o la implementación del mal, vuelvan de allí para denunciar lo que los aparatos están haciendo con las personas que los utilizan.

Jaron Lanier es uno de ellos. Experto en informática, conocido por sus trabajos sobre realidad virtual, músico y artista gráfico, de largos cabellos estilo rasta y prosa punzante, es una de las cien personas más influyentes del mundo según el listado de la revista Time de 2011, y causó buen revuelo en Estados Unidos con la publicación, ese año, de No somos computadoras. Un manifiesto (el título original, en inglés, habla de "artefactos", algo más cercano al sentido del texto). El libro es un alegato contra el "deterioro" que está sufriendo Internet desde los años 90, caracterizado por la supremacía de la Red, concebida como "una criatura sobrehumana". La culpa, sostiene Lanier, es de una tribu de tecnólogos y diseñadores de programas, que califica como "totalitarios cibernéticos", "maoístas digitales" o "partidarios de la mente colmena", y que describe con notable precisión -con algunos nombres y apellidos, blogs preferidos y revistas electrónicas en las que difunden sus ideas- como "gente del mundo de la cultura abierta, Linux, la inteligencia artificial aplicada a la informática, la Web 2.0 y los usuarios que intercambian y mezclan archivos".

El lector debe tener en mente que, tal como se advierte en la tapa del libro, está frente a "un manifiesto" y que el texto respeta en buena medida las convenciones de ese tipo de escritura. En ese sentido, no hay argumentaciones matizadas, dudas ni concesiones. Lanier intenta convencer de su humanismo digital, y es en general persuasivo. Sin embargo, como a pesar de su vocación difusora también escribe para "la tribu", hay que saltear tecnicismos varios y consideraciones filosóficas algo confusas hacia el final del libro.

Fuera de eso, es casi imposible no sentirse, en algún momento del texto, con la sensación de que al fin alguien lo está diciendo. Por ejemplo, cuando el autor se pregunta si no estaremos bajando nuestro nivel de exigencia para que un buscador, que sólo actúa por agregación, parezca "inteligente". O cuando señala la preeminencia de material intrascendente en espacios como YouTube ("un desfile interminable de noticias raras, estúpidos trucos de mascotas y videos caseros graciosos"); cuando advierte sobre el trabajo de diseño de uno mismo que exigen redes sociales como Facebook; cuando señala la homogeneización que recorre la Web, o cuando alerta sobre los escasos beneficios que la cultura abierta de la Webproporciona, por ejemplo, a los músicos o escritores.

Claro que Lanier es crítico, pero no apóstata. La solapa del libro cuenta que el autor "trabaja en Microsoft en proyectos aún secretos"...

No somos computadoras
Por Jaron Lanier
Debate
Trad.: Ignacio Gómez Calvo
255 páginas
$ 75

Articulo : http://www.lanacion.com.ar 13/04/2012

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