dimanche 13 mai 2012

Amelia CASTILLA & Luis MAGÁN/ Las lágrimas de Lorca a su último amor


Las lágrimas de Lorca a su último amor
Por Amelia CASTILLA & Luis MAGÁN 


El poeta granadino dedicó unos dibujos a Juan Ramírez de Lucas hasta ahora inéditos

El periodista Juan Ramírez de Lucas proyectaba publicar los dibujos que conservaba de su relación sentimental con Federico García Lorca como complemento de un poemario suyo, pero falleció antes de llevarlo a cabo. Su delicada salud pudo más que el peso de los recuerdos que le habían acompañado durante casi 70 años.

La última carta del poeta, la poesía y sus cuadernos de notas podían resultar altamente comprometedores, pero el uso de los dibujos no tenía por qué resultar chocante, en un profesional que vivió entregado al mundo del arte. Conoció a Picasso y a Dalí y tenía una buena relación con César Manrique, Antonio López y Miró. Para el autor de Doña Rosita la soltera, el dibujo constituía una forma íntima de comunicarse. Con la misma pluma con la que derramaba versos, completaba su visión dramática, una metáfora, un estado de ánimo o un símbolo. Para un creador tan versátil, capaz de componer o de interpretar al piano algo que acababa de escuchar, el dibujo era un complemento artístico. Y, seguramente, en alguno de esos contextos fueron realizados los bocetos que ahora saca EL PAÍS a la luz, como las lágrimas del dibujo de esta página..

No hubiera sido el primer título en el que Juan Ramírez de Lucas relacionaba arte, poesía y dibujo. Entre otros, con la editorial Nausica publicó Homenajes pictóricos: poemas y dibujos, dedicado a algunos de los más destacados pintores. Desde que se instaló en Madrid, tras su paso por la División Azul con la intención de rehacer su vida y matricularse en la Escuela de Periodismo, fue ese en el ámbito que se movió durante toda su vida. José Miguel Santiago Castel, presidente del consejo editorial y asesor de Abc, lo trató durante muchos años, en el periódico donde ambos desarrollaron buena parte de su profesión, y todavía hoy no sale de su asombro. “En Mallorca, donde yo trabajé muchos veranos como corresponsal y donde tenía una casa su hermana, compartimos muchas madrugadas de copas, de esas en las que se habla muy libremente, y nunca dijo nada, aunque ocasiones hubo muchas. Ahora me doy cuenta que era muy amigo de Luis Rosales y encuentro cosas que encajan pero entonces llevaba su pasado con un pudor exquisito”, cuenta al teléfono desde su domicilio. Le apasionaba la música clásica y sentía devoción por la música popular. “Era uno de esos tímidos que ganan mucho en la distancia corta. Divertido e ingenioso, lo mismo tarareaba un cuplé que hacía una crítica literaria acertadísima. Además, era una bella persona”.

Alto, serio, discreto, elegante, guapo, culto. El circuito periodístico del mundo del arte y la arquitectura, con el que compartió viajes y noticias, lo describe con todos esos adjetivos y no se trata de un gremio especialmente generoso con los halagos. A ninguno se le pasó por la cabeza que, en sus años jóvenes, hubiera tenido una experiencia tan arrebatadora como dramática con García Lorca. Ahora ya no quedan apenas testigos del turbulento Madrid republicano donde sostuvo su idilio de juventud con el poeta, a espaldas de su familia. Pero en los años cincuenta, cuando regresó de Albacete a Madrid, cuando empezaban a volver algunos de los exiliados, sobre todo actores con los que había coincidido en La Barraca o en el montaje de algunas de las obras en las que hizo pinitos como actor, como Peribáñez y el comendador de Ocaña, tuvo que dar más de una explicación. A esos les contaba que solo había sido “amigo” de García Lorca tres meses. Ni en los años de la República ni en el franquismo se hablaba libremente de la homosexualidad. Hasta los propios gais eran homófobos y al que se despistaba le aplicaban la ley de vagos y maleantes. Ramírez de Lucas, como García Lorca, carecía de eso que luego se conoció como pluma. Podían ser muy extrovertidos pero de su vida personal se sabía muy poco. “Creo que ni siquiera Luis Rosales tenía una conciencia clara de los amores de Lorca”, dice Luis María Anson, su director en Abc durante muchos años con el que mantuvo relación hasta el final, cuando las secuelas del cáncer de próstata le redujeron la movilidad. Sus recuerdos sobre Ramírez de Lucas y la época fluyen con soltura. “Hablaba con mucha naturalidad de Luis Rosales, pero pocas veces citaba a Lorca. Cuando se refería a él, siempre era para abordar temas relacionados con su obra y especialmente su poesía”. Para Ramírez de Lucas, el autor del Romancero gitano siempre fue el mejor poeta del mundo. Superior a Cernuda, a Guillén o a Machado. “Jamás tocó el tema de la homosexualidad, pero hablaba de Lorca de manera muy entregada, se notaba que conocía su poesía a la perfección aunque, en algunas ocasiones, trascendía lo profesional, y nos llevaba la contraria sobre observaciones personales que, a su juicio, estaban equivocadas, como que Lorca no era triste sino la persona más amable del mundo”.

Anson, que consiguió publicar en exclusiva los Sonetos del amor oscuro —”son de una perfección total”—, tiene clara la relación sentimental del que fuera su crítico de arte con el poeta, pero le cuesta creer que el periodista que trabajó a sus órdenes fuera el protagonista de esos versos encendidos donde el amor homosexual aumentaba por momentos. “Estaban escritos en las hojas de los hoteles por los que pasaba con La Barraca, en la que Rafael Rodríguez Rapún, del que estuvo muy enamorado, era el secretario. Me dijo Neruda que Lorca se los leyó en 1936… Ustedes [en referencia a EL PAÍS por la carta y el poema de Lorca dedicados a su último amor] han sembrado una duda y lo interesante ahora es esa interrogación que se ha creado”.

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La última carta de García Lorca
Por Amelia CASTILLA & Luis MAGÁN 


EL PAÍS saca a la luz la misiva dirigida desde Granada a su novio, Juan Ramírez de Lucas. Querían viajar a México pero el asesinato del poeta lo impidió

“En tu carta hay cosas que no debes, que no puedes pensar. Tú vales mucho y tienes que tener tu recompensa. Piensa en lo que puedas hacer y comunícamelo enseguida para ayudarte en lo que sea, pero obra con gran cautela. Estoy muy preocupado pero como te conozco sé que vencerás todas las dificultades porque te sobra energía, gracia y alegría, como decimos los flamencos, para parar un tren”. Sobre la cuartilla blanca, fechada el 18 de julio de 1936 en Granada, Federico García Lorca trataba de consolar a su enamoradoJuan Ramírez de Lucas.

La pareja se encontraba llena de ilusiones y de proyectos. Lorca había decidido aceptar la invitación de Margarita Xirgu para viajar a México pero quería marcharse con el estudiante de 19 años, que soñaba con ser actor y que ya había hecho sus primeros pinitos en el Club Teatral Anfistora. La complicidad era mutua pero necesitaban la aprobación del padre del muchacho, un reputado médico albaceteño. El poeta había cumplido 38 años pero a su amante le faltaban dos para alcanzar la mayoría de edad. Podrían haberse fugado. Seguramente Lorca tenía los contactos necesarios para que pudieran salir de España con papeles falsificados pero se negó a hacerlo. Ramírez de Lucas debía convencer a su familia para marcharse juntos pero las cosas no estaban saliendo bien: “Yo pienso mucho en ti y esto lo sabes tú sin necesidad de decírtelo pero con silencio y entre líneas tú debes leer todo el cariño que te tengo y toda la ternura que almacena mi corazón”, prosigue el poeta.

Los tres folios, escritos a mano, con palabras subrayadas y alguna tachadura, llegaron a su destino cuatro días después, antes de que se cortaran las comunicaciones entre la zona republicana y la nacional. Ese mismo día se conocía el alzamiento franquista, la sublevación militar no tardaría en convertirse en guerra civil y empezaba el reinado del horror.

El valor documental de estos folios, junto con el poema, los dibujos y los cuadernos, en los que Ramírez de Lucas cuenta sus recuerdos sobre la relación de ambos, deberá ser determinado por los historiadores pero para eso hace falta que los herederos den el visto bueno a la publicación. Hermanos y sobrinos se debaten sobre qué hacer con los documentos, que ya han merecido el interés de un gran sello editorial. Para los partidarios de sacarlos a la luz se trata de una cuestión de tiempo pero otro sector de la familia se niega a utilizar el histórico material. La trascendencia de los documentos podría ser de enorme importancia, puesto que aportarían nuevos datos sobre los últimos días del poeta.

La resonancia internacional de lo publicado estos días por EL PAÍS, con una reproducción de un poema de amor inédito de Lorca dedicado a su novio, ha sido enorme, como casi todo lo que se relaciona con el poeta español más traducido de todos los tiempos. Desde Nueva York, Laura García Lorca ultima los detalles técnicos de una exposición sobre el poeta que se realizará en la Biblioteca Municipal, cuanta cómo ha sido requerida por algunos de los periódicos más prestigiosos para hablar del tema. Y lo mismo Ian Gibson. Ayer mismo, desde un tren camino de Córdoba, el biógrafo más conocido de Lorca destacaba la importancia de que afloren nuevos documentos y de que se remuevan las vías de investigación sobre el escritor. En su opinión, los documentos deberían publicarse cuanto antes para ser estudiados.

Dado que se trata de una carta fechada el mismo 18 de julio de 1936, Gibson considera que podría tratarse de la última misiva del poeta de la que se tiene constancia, aunque sea difícil determinarlo al cien por cien. “Según mis datos, el pintor Pepe Caballero le escribe una carta a Lorca en esos días y se la devuelven diciendo que en esa dirección ya no vivía nadie”, añade. A sus 73 años, el escritor considera que su cabeza se encuentra repleta de nombres y de fechas pero le bastó escuchar los apellidos Ramírez de Lucas para situarse en el tiempo: “¿Vive todavía? Hice todo lo posible por entrevistarme con él pero fue imposible. Sabía que era fundamental su relación con Lorca pero no logré hablar con él y eso supuso una gran frustración. Cuando conseguí hablar con él me dijo que no quería verme, que él mismo preparaba su propia versión de los hechos, pero supongo que era una manera de quitarme de en medio”.

Tres cuartos de siglo después, Federico García Lorca sigue siendo noticia. Resulta casi un milagro que el histórico material haya sobrevivido a tantos avatares. Ramírez de Lucas, al que algunos han comparado en las fotos que se conservan de cuando era joven con el galán de cine Alan Ladd, guardó durante años los recuerdos que le unían a Lorca sobreponiéndose a todos los peligros que conllevaba haber tenido relaciones con un poeta tan estigmatizado por el franquismo. En la carta de tres folios quedaban las últimas palabras que le enviaba el poeta. A los pocos días de recibirla, Albacete quedaba bajo el mando republicano y Granada en poder de los nacionales, lo que agravó la situación de Lorca.

El poeta, tan famoso como carismático, se encontraba en la cumbre de su fama. Bodas de sangrese estaba traduciendo al francés y estaba a punto de publicarse Poeta en Nueva York. Margarita Xirgu lo había invitado a México pero en los planes de Lorca también se encontraba la idea de regresar en otoño a Madrid para estrenar Doña Rosita la soltera. Sin embargo, en el otro bando solo importaba su fama de rojo y de homosexual. La situación en Granada se volvía insostenible. Su cuñado, el alcalde socialista de la ciudad, Fernández Montesinos, fue arrestado el 20 de julio en el Ayuntamiento y fusilado el 16 de agosto, dos días antes del asesinato de su cuñado Lorca.

Durante un registro en la Huerta de San Vicente, en busca de uno de los empleados de la familia, el padre del poeta fue golpeado brutalmente por números de la Guardia Civil. Ante el peligro evidente y la posibilidad de que el poeta fuera el siguiente, Lorca se esconde en casa de la familia Rosales, cuyos hijos, y en especial Luis, eran íntimos del autor deYerma. El poeta no quiso que Luis Rosales y Pepinique Rosales lo pasasen en su propio coche al bando republicano, como habían hecho con otros amenazados. Fue detenido el 16 de agosto, tras ser denunciado por Ramón Luis Alonso, exdiputado de la CEDA, que odiaba tanto a Garcia Lorca como a la familia Rosales por no querer admitirlo en la Falange de Granada.

Queipo de Llano, gobernador militar de Andalucía Occidental, fue informado telefónicamente del arresto que se acababa de llevar a cabo. “¡Que le den café!” fue su respuesta. La madrugada del 18 de agosto era fusilado “por rojo y por maricón”. La noticia, pese a los rumores y las protestas internacionales que ocasionó, no se confirma hasta el 20 de septiembre, un mes y dos días después de su asesinato.

Como algunos españoles que no podían acreditar un pasado glorioso al lado del bando nacional, Ramírez de Lucas se alistó en la División Azul, donde fue herido grave en la batalla del río Lovat y condecorado posteriormente. Todavía se encuentra en Internet una de las cartas que mandó a su casa desde el frente ruso. Con la ayuda de Luis Rosales buscó trabajo en ABC. Se ganó la vida como periodista y crítico de arte y arquitectura, rehizo su vida sentimental con un compañero con el que compartió treinta años. Ni siquiera a él le contó nada sobre ese amor de juventud.

Mucho tiempo después, seguramente cuando la herida dejada por esa relación frustrada de manera tan dramática, Ramírez de Lucas comenzó a verter todos sus recuerdos en unos cuadernos, en los que cuenta la época que le tocó vivir, los momentos junto a Federico y sus ideas políticas. Todo ello podría ser de enorme valor para los historiadores. Hace dos años, poco antes de fallecer en un hospital madrileño, legó los documentos a una de sus hermanas. Su última voluntad fue que los documentos en su poder se conocieran.

Articulo: http://cultura.elpais.com 13/05/2012

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